Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog
El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

Posts con #el santo grial categoría

Los Cataros y el Catarismo

Publicado en 16 Diciembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en El Santo Grial

 

El catarismo es la doctrina de los cátaros (o albigenses), un movimiento religioso de caráctergnóstico que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X, logrando asentarse hacia elsiglo XIII en tierras del Mediodía francés, especialmente el Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón.

Con influencias del maniqueísmo en sus etapas pauliciana y bogomila, el catarismo afirmaba una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaba la salvación mediante el ascetismo y el estricto rechazo del mundo material, percibido por los cátaros como obra demoníaca.

En respuesta, la Iglesia Católica consideró sus doctrinas heréticas. Tras una tentativa misionera, y frente a su creciente influencia y extensión, la Iglesia terminó por invocar el apoyo de la corona deFrancia, para lograr su erradicación violenta a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense. A finales del siglo XIII el movimiento, debilitado, entró en la clandestinidad y se extinguió poco a poco.

 

El nombre «cátaro» viene probablemente del griego καθαρός (kazarós): ‘puro’. Otro origen sugerido es el término latino cattus: ‘gato’, el alemán ketter o el francés catiers, asociado habitualmente por la Iglesia a "adoradores del diablo en forma de gato" o brujas y herejes. Una de las primeras referencias existentes es una cita de Eckbert von Schönau, el cual escribió acerca de los herejes de Colonia en 1181: «Hos nostra Germania cátharos appéllat».

Los cátaros fueron denominados también albigenses. Este nombre se origina a finales del siglo XII, y es usado por el cronista Geoffroy du Breuil of Vigeois en 1181. El nombre se refiere a la ciudad occitana de Albi (la antigua Álbiga). Esta denominación no parece muy exacta, puesto que el centro de la cultura cátara estaba en Tolosa (Toulouse) y en los distritos vecinos. También recibieron el nombre de «poblicantes», siendo este último término una degeneración del nombre de los paulicianos, con quienes se les confundía.

También era llamada "la secta de los tejedores" por el hecho de ser los tejedores y vendedores de tejidos sus principales difusores en Europa occidental.

 

El catarismo llegó a Europa occidental desde Europa oriental a través de las rutas comerciales, de la mano de herejías maniqueas desalojadas por Bizancio. Estas herejías se asentaron en Occidente y se propagaron por distintos países. Por ello, los albigenses recibían también el nombre de búlgaros (Bougres) y mantenían vínculos con los bogomilos de Tracia, con cuyas creencias tenían muchos puntos en común y aún más con la de sus predecesores, los paulicianos. Sin embargo, es difícil formarse una idea exacta de sus doctrinas, ya que existen pocos textos cátaros. Los pocos que aún existen (Rituel cathare de Lyon y Nouveau Testament en provençal) contienen escasa información acerca de sus creencias y prácticas.

Los primeros cátaros propiamente dichos aparecieron en Lemosín entre 1012 y 1020. Algunos fueron descubiertos y ejecutados en la ciudad languedociana de Toulouse en 1022. La creciente comunidad fue condenada en los sínodos de Charroux (Vienne) (1028) y Tolosa (1056). Se enviaron predicadores para combatir la propaganda cátara a principios del siglo XII. Sin embargo, los cátaros ganaron influencia en Occitania debido a la protección dispensada por Guillermo, duque de Aquitania, y por una proporción significativa de la nobleza occitana. El pueblo estaba impresionado por los Perfectos y por la predicación antisacerdotal de Pedro de Bruys y Enrique de Lausanne en Périgord.

 

La herejía cátara tenía sus raíces religiosas en formas estrictas del gnosticismo y el maniqueísmo. En consecuencia, su teología eradualista radical, basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en absoluto conflicto, uno espiritual creado porDios y otro material forjado por Satán.

Los cátaros creían que el mundo físico había sido creado por Satán, a semejanza de los gnósticos que hablaban del Demiurgo. Sin embargo, los gnósticos del siglo I no identificaban al Demiurgo con el Diablo, probablemente porque el concepto del Diablo no era popular en aquella época, en tanto que se fue haciendo más y más popular durante la Edad Media.

Según la comprensión cátara, el Reino de Dios no es de este mundo. Dios creó cielos y almas. El Diablo creó el mundo material, las guerras y la Iglesia Católica. Ésta, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era según los cátaros una herramienta de corrupción.

Para los cátaros, los hombres son una realidad transitoria, una “vestidura” de la simiente angélica. Afirmaban que el pecado se produjo en el cielo y que se ha perpetuado en la carne. La doctrina católica tradicional, en cambio, considera que aquél vino dado por la carne y contagia en el presente al hombre interior, al espíritu, que estaría en un estado de caída como consecuencia del pecado original. Para los católicos, la fe en Dios redime, mientras que para los cátaros exigía un conocimiento (gnosis) del estado anterior del espíritu para purgar su existencia mundana. No existía para el catarismo aceptación de lo dado, de la materia, considerada un sofisma tenebroso que obstaculizaba la salvación.

Los cátaros también creían en la reencarnación. Las almas se reencarnarían hasta que fuesen capaces de un autoconocimiento que les llevaría a la visión de la divinidad y así poder escapar del mundo material y elevarse al paraíso inmaterial. La forma de escapar del ciclo era vivir una vida ascética, sin ser corrompido por el mundo. Aquellos que seguían estas normas eran conocidos como Perfectos. Los Perfectos se consideraban herederos de los apóstoles, con facultades para anular los pecados y los vínculos con el mundo material de las personas.

Normalmente la ceremonia de eliminación de los pecados, llamada consolamentum, se llevaba a cabo en personas a punto de morir. Después de recibirlo, el creyente era alentado para dejar de comer a fin de acelerar la muerte y evitar la "contaminación" del mundo (laendura, suicidio ritual por inanición).

Negaban el bautismo por la implicación del agua, elemento material y por tanto impuro, y por ser una institución de Juan Bautista y no deCristo. También se oponían radicalmente al matrimonio con fines de procreación, ya que consideraban un error traer un alma pura al mundo material y aprisionarla en un cuerpo. Rechazaban comer alimentos procedentes de la generación, como los huevos, la carne y la leche (sí el pescado, ya que entonces era considerado un "fruto" espontáneo del mar).

Siguiendo estos preceptos, los cátaros practicaban una vida de férreo ascetismo, estricta castidad y vegetarianismo. Interpretaban la virginidad como la abstención de todo aquello capaz de “terrenalizar” el elemento espiritual.

Vista del Castillo de Montségur, fortaleza-santuario del catarismo.

Otra creencia cátara opuesta a la doctrina católica era su afirmación de que Jesús no se encarnó, sino que fue una aparición que se manifestó para mostrar el camino a Dios. Creían que no era posible que un Dios bueno se hubiese encarnado en forma material, ya que todos los objetos materiales estaban contaminados por el pecado. Esta creencia específica se denominaba docetismo. Más aún, creían que el dios Yahvé descrito en el Antiguo Testamento era realmente el Diablo, ya que había creado el mundo y debido también a sus cualidades («celoso», «vengativo», «de sangre») y a sus actividades como «Dios de la Guerra». Los cátaros negaban por ello la veracidad del Antiguo Testamento.

El consolamentum era el único sacramento de la fe cátara, con excepción de una suerte deEucaristía simbólica, el Melioramentum, sin transubstanciación (si Cristo era una entidad exclusivamente espiritual, no encarnada, el pan no podía convertirse en el cuerpo de Cristo).

Los cátaros también consideraban que los juramentos eran un pecado, puesto que ligaban a las personas con el mundo material.

La cruzada contra la herejía

Expulsión cátara de Carcasona.

En 1207, al mismo tiempo que Inocencio III renovaba las llamadas a la cruzada contra los herejes, dirigidas ahora no sólo al rey de Francia, sino también al duque de Borgoña y a los condes deNeversBar y Dreux, entre otros, el legado papal Pedro de Castelnau dictó sentencia de excomunión contra Raimundo VI, ya que el conde de Tolosa no había aceptado las condiciones de paz propuestas por el legado, en el que se obligaba a los barones occitanos no admitir judíos en la administración de sus dominios, a devolver los bienes expoliados a la Iglesia y, sobre todo, a perseguir a los herejes. A raíz de la excomunión, Raimundo VI tuvo una entrevista con Pedro de Castelnau en Sant Geli en enero de 1208, muy tempestuosa y conflictiva, de la que no salió ningún acuerdo.

Ante lo inútil de los esfuerzos diplomáticos el Papa decretó que toda la tierra poseída por los cátaros podía ser confiscada a voluntad y que todo aquel que combatiera durante cuarenta días contra los "herejes", sería liberado de sus pecados. La cruzada logró la adhesión de prácticamente toda la nobleza del norte de Francia. Por tanto, no es sorprendente que los nobles del norte viajaran en tropel al sur a luchar. Inocencio encomendó la dirección de la cruzada al rey Felipe II Augusto de Francia, el cual, aunque declina participar, sí permite a sus vasallos unirse a la expedición.

La llegada de los cruzados va a producir una situación de guerra civil en Occitania. Por un lado, debido a sus contenciosos con su sobrino,Ramón Roger Trencavel —vizconde de Albí, Béziers y Carcasona—, Raimundo VI de Tolosa dirige el ejército cruzado hacia los dominios del de Trencavel, junto con otros señores occitanos, tales como el conde de Valentines, el de Auvernia, el vizconde de Anduze y los obispos deBurdeos, Bazas, Cahors y Agen. Por otro lado, en Tolosa se produce un fuerte conflicto social entre la «compañía blanca», creada por el obispo Folquet para luchar contra los usureros y los herejes, y la «compañía negra». El obispo consigue la adhesión de los sectores populares, enfrentados con los ricos, muchos de los cuales eran cátaros.

La batalla de Béziers, que, según el cronista de la época Guillermo de Tudela, obedecía a un plan preconcebido de los cruzados de exterminar a los habitantes de las bastidas o villas fortificadas que se les resistieran, indujo al resto de las ciudades a rendirse sin combatir, excepto Carcasona, la cual, asediada, tendrá que rendirse por falta de agua. Aquí, sin embargo, los cruzados, tal como lo habían negociado los cruzados con el rey Pedro el Católico (señor feudal de Ramón Roger Trencavel), no eliminaron a la población, sino que simplemente les obligaron a abandonar la ciudad. En Carcasona muere Ramón Roger Trencavel. Sus dominios son otorgados por el legado papal al noble francés Simón de Montfort, el cual entre 1210 y 1211 conquista los bastiones cátaros de Bram, Minerva, Termes, Cabaret y Lavaur (este último con la ayuda de la compañía blanca del obispo Folquet de Tolosa). A partir de entonces se comienza a actuar contra los cátaros, condenándoles a morir en la hoguera.

La batalla de Muret

La batalla de Beziers y el expolio de los Trencavel por Simón de Montfort van a avivar entre los poderes occitanos un sentimiento de rechazo hacia la cruzada. Así, en 1209, poco después de la caída de Carcasona, Raimundo VI y los cónsules de Tolosa van a negarse a entregarle a Arnaldo Amalric los cátaros refugiados en la ciudad. Como consecuencia, el legado pronuncia una segunda sentencia de excomunión contra Raimundo VI y lanza un interdicto contra la ciudad de Tolosa.

Para conjurar la amenaza que la cruzada anticátara comportaba contra todos los poderes occitanos, Raimundo VI, después de haberse entrevistado con otros monarcas cristianos –el emperador del Sacro Imperio Otón IV, los reyes Felipe II Augusto de Francia y Pedro el Católico de Aragón- intenta obtener de Inocencio III unas condiciones de reconciliación más favorables. El papa accede a resolver el problema religioso y político del catarismo en un concilio occitano. Sin embargo, en las reuniones conciliares de Saint Gilles (julio de 1210) y Montpellier (febrero de 1211), el conde de Tolosa rechaza la reconciliación cuando el legado Arnaldo Amalric le pide condiciones tales como la expulsión de los caballeros de la ciudad, y su partida a Tierra Santa.

Después del concilio de Montpellier, y con el apoyo de todos los poderes occitanos –príncipes, señores de castillos o comunas urbanas amenazadas por la cruzada-, Raimundo VI vuelve a Tolosa y expulsa al obispo Folquet. Acto seguido, Simón de Montfort comienza el asedio de Tolosa en junio de 1211, pero tiene que retirarse ante la resistencia de la ciudad.

Para poder enfrentarse a Simón de Montfort, visto en Occitania como un ocupante extranjero, los poderes occitanos necesitaban un aliado poderoso y de ortodoxia católica indudable, para evitar que el de Montfort pudiera demandar la predicación de una nueva cruzada. Así pues, Raimundo VI, los cónsules de Tolosa, el conde de Foix y el de Comenge se dirigieron al rey de Aragón, Pedro el Católico, vasallo de la Santa Sede tras su coronación en Roma en 1204 y uno de los artífices de la victoria cristiana contra los musulmanes en las Navas de Tolosa(julio de 1212). También, en 1198, Pedro el Católico había adoptado medidas contra los herejes de sus dominios.

En el conflicto político y religioso occitano, Pedro el Católico, nunca favorable ni tolerante con los cátaros, intervino para defender a sus vasallos amenazados por la rapiña de Simón de Montfort. El barón francés, incluso después de pactar el matrimonio de su hija Amicia con el hijo de Pedro el Católico, Jaime –el futuro Jaime I (1213-1276), continuó atacando a los vasallos occitanos del rey aragonés. Por su parte, Pedro el Católico buscaba medidas de reconciliación, y así, en 1211, ocupa el castillo de Foix con la promesa de cederlo a Simón de Montfort sólo si se demostraba que el conde no era hostil a la Iglesia.

A principios de 1213, Inocencio III, recibida la queja de Pedro el Católico contra Simón de Montfort por impedir la reconciliación, ordena a Arnaldo Amalric, entonces arzobispo de Narbona, negociar con Pedro el Católico e iniciar la pacificación del Languedoc. Sin embargo, en el sínodo de Lavaur, al cual acude el rey aragonés, Simón de Montfort rechaza la conciliación y se pronuncia por la deposición del conde de Tolosa, a pesar de la actitud de Raimundo VI, favorable a aceptar todas las condiciones de la Santa Sede. En respuesta a Simón, Pedro el Católico se declara protector de todos los barones occitanos amenazados y del municipio de Tolosa.

A pesar de todo, viendo que ese era el único medio seguro de erradicar la "herejía", el papa Inocencio III se pone de parte de Simón de Montfort, llegándose así a una situación de confrontación armada, resuelta en la batalla de Muret el 12 de septiembre de 1213, en la que el rey aragonés, defensor de Raimundo VI y de los poderes occitanos, es vencido y asesinado. Acto seguido, Simón de Montfort entra en Tolosa acompañado del nuevo legado papal, Pedro de Benevento, y de Luis, hijo de Felipe II Augusto de Francia. En noviembre de 1215, el Cuarto Concilio de Letrán reconocerá a Simón de Montfort como conde de Tolosa, desposeyendo a Raimundo VI, exiliado en Cataluñadespués de la batalla de Muret.

El 1216, en la corte de París, Simón de Montfort presta homenaje al rey Felipe II Augusto de Francia como duque de Narbona, conde de Tolosa y vizconde de Beziers y Carcasona. Fue, sin embargo, un dominio efímero. En 1217, estalla en Languedoc una revuelta dirigida por Raimundo el Joven —el futuro Ramón VII de Tolosa (1222-1249), que culmina en la muerte de Simón— en 1218 y en el retorno a Tolosa de Raimundo VI, padre de Raimundo el Joven.

El fin de la guerra

Estela situada en el Camp dels Cremats (campo de los quemados), recordando la pira en la que ardieron 200 cátaros defensores de Montsegur.

La guerra terminó definitivamente con el tratado de París (1229), por el cual el rey de Francia desposeyó a la Casa de Tolosa de la mayor parte de sus feudos y a la de Beziers (los Trencavel) de todos ellos. La independencia de los príncipes occitanos tocaba a su fin. Sin embargo, el catarismo no se extinguió.

La Inquisición se estableció en 1229 para extirpar totalmente la herejía. Operando en el sur de Tolosa, Albí, Carcasona y otras ciudades durante todo el siglo XIII y gran parte del XIV, tuvo éxito en la erradicación del movimiento. Desde mayo de 1243 hasta marzo de 1244, la ciudadela cátara deMontsegur fue asediada por las tropas del senescal de Carcasona y del arzobispo de Narbona.

El 16 de marzo de 1244 tuvo lugar un acto, en donde los líderes cátaros, así como más de doscientos seguidores, fueron arrojados a una enorme hoguera en el prat dels cremats (prado de los quemados) junto al pie del castillo. Más aún, el Papa (mediante el Concilio de Narbona en 1235 y la bula Ad extirpanda en 1252) decretó severos castigos contra todos los laicos sospechosos de simpatía con los cátaros.

Perseguidos por la Inquisición y abandonados por los nobles, los cátaros se hicieron más y más escasos, escondiéndose en los bosques y montañas, y reuniéndose sólo subrepticiamente. El pueblo hizo algunos intentos de liberarse del yugo francés y de la Inquisición, estallando en revueltas al principio del siglo XIV. Pero en este punto la secta estaba exhausta y no pudo encontrar nuevos adeptos. Tras 1330, los registros de la Inquisición apenas contienen procedimientos contra los cátaros.

Consideraciones

El movimiento cátaro, con sus luces y sombras, debe analizarse en su contexto histórico. No fue un hecho aislado sino parte de un conjunto de alternativas religiosas de la época, entre las que destacó por su gran difusión y por lo radical de su propuesta. Dichos movimientos heréticos contradecían dogmas establecidos del catolicismo, por lo que la Iglesia se esforzó en vigilarlos, regularlos y/o perseguirlos. Más allá de los intereses implicados en la cruzada y de la obvia injusticia que ésta representó, la fe cátara fue especial objeto de persecución porque (oponiéndose frontalmente al catolicismo) predicaba un dualismo absoluto, un espíritu y una materia irreconciliabes, a diferencia de otras sectas gnósticas que eran más moderadas y que recibieron una tolerancia significativamente mayor por parte de la Iglesia.

La realidad histórica del catarismo ha sido a menudo objeto de distorsión, en sentido negativo o positivo, bajo perspectivas ideológicas diversas. Algunos, como la Iglesia y otros poderes de la época, no comprendieron el descontento con el materialismo y los abusos de las instituciones religiosas y políticas subyacente en el éxito de estas herejías. Otros han idealizado a los cátaros y los describen como "cristianos verdaderos" o "cristianos evolucionados", una religión supuestamente avanzada a su época, que despreciaba completamente la materia). 

También se discute el papel de la mujer en el catarismo, ya que si bien existía cierto igualitarismo, así como Perfectos y Perfectas, esto no respondía a ideas avanzadas sino al rechazo total del sexo y la procreación, expresiones impuras de la materia para los cátaros y por tanto no merecedoras de consideración.

La visión, muy difundida, de una sociedad cátara languedociana pacífica y armoniosa en contraste con el resto de la sociedad feudal, dominada por nobles crueles y ambiciosos y una Iglesia embrutecida por intereses terrenales, también debe ser matizada. La sociedad civil cátara pudo ser relativamente permisiva (más por la indiferencia total hacia los asuntos mundanos que por una mentalidad abierta), pero los cátaros, como la Iglesia y los nobles, no renunciaron a ejercer sus propias formas de intolerancia y violencia religiosa. En cuanto a las simpatías de la nobleza local por los herejes, éstas se debieron al interés más que a la convicción, relación análoga a la que mantenía la aristocracia del resto de Europa con el clero católico.

La literatura esotérica ha otorgado a los cátaros el papel de guardianes de supuestos secretos legendarios (como el Santo Grial) y los ha relacionado equívocamente con los Templarios y los Hospitalarios. Algunos sectores románticos del nacionalismo occitano y catalán también han idealizado el pasado cátaro, contribuyendo todavía más a la alterada imagen que a menudo se tiene hoy de este movimiento religioso. 

Movimientos similares

Antiguo templo bogomilo en Bosnia.

Los Paulicianos eran una secta semejante. Habían sido deportados desde Capadocia a la región deTracia en el sureste europeo por los emperadores bizantinos en el siglo IX, donde se unieron con -o más probablemente- se transformaron en los bogomilos. Durante la segunda mitad del siglo XII, contaron con gran fuerza e influencia en BulgariaAlbania y Bosnia. Se dividieron en dos ramas, conocidas como los albanenses (absolutamente duales) y los garatenses (duales pero moderados). Estas comunidades heréticas llegaron a Italia durante los siglos XI y XII. Los milaneses adheridos a este credo recibían el nombre de patarini (patarinos) (o patarines), por su procedencia de Pataria, una calle de Milán muy frecuentada por grupos de menesterosos (pataro o patarro aludía al andrajo). El movimiento de los patarines cobró cierta importancia en el siglo XI como movimiento reformista.

 


 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

La Lanza de longinus

Publicado en 13 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en El Santo Grial

De acuerdo a la leyenda, la lanza Sagrada (también conocida como lanza del Destinolanza de Longino o lanza de Cristo) es el nombre que se dio a la lanza con la que un soldado romano, llamado Longino según un texto bíblico apócrifo, atravesó el cuerpo de Jesús cuando estaba en la cruz.

La lanza se menciona solo en el Evangelio de Juan (19:33-34) y no aparece en ninguno de los evangelios sinópticos. En el evangelio se indica que los romanos planearon romper las piernas de Jesús, una práctica conocida como crurifragium, que era un método doloroso de acelerar la muerte durante la crucifixión de los condenados a este tipo de castigo. Momentos antes de que los soldados romanos así lo hicieran, vieron que él ya había muerto y por eso pensaron que no había ninguna razón para romperle las piernas. Para cerciorarse de que estaba muerto, un soldado le clava su lanza en un costado.

Pero al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.
Juan, (19:33-34)

El fenómeno de la sangre y el agua era considerado como un milagro de acuerdo a Orígenes (aunque el agua se puede explicar biológicamente por la perforación del seno pericardial) sin embargo, para los católicos tiene un significado más profundo: Representa la Iglesia (específicamente los sacramentos del bautismo y la eucaristía) que fluyen del costado de Cristo, así como Eva surgió del costado de Adán.

Archivo:Fra Angelico 027.jpg

 

El nombre del soldado que atraviesa el costado de Cristo no es mencionado en la Biblia pero en las referencias más antiguas que se tienen de la leyenda, el evangelio apócrifo de Nicodemo, de fecha desconocida, alrededor del siglo IV, también llamado Hechos de Pilatos, el soldado es identificado como un centurión llamado «Longinos» («Longinus» en latín) en el que además se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas.

Una forma del nombre Longinos también aparece en una miniatura en los Evangelios ilustrados por Rábula en 586 d. C.(actualmente en la Biblioteca Laurenciana, en Florencia).

En la ilustración, el nombre Longinos está escrito en griego sobre la cabeza del soldado que perfora el costado de Cristo. Ésta es una de las primeras referencias del nombre, si es que no es una inscripción hecha posteriormente.

La tradición cristiana, refiriéndose a la novela La lanza de Louis de Whol (1955), lo identifica como Cayo Casio Longinos ("Gaius Cassius Longinus", en latín)

En la Fe cristiana la lanza sagrada es la lanza usada en la crucifixión, que fue identificada más adelante como una reliquia. Muchas reliquias han sido identificadas como la lanza Sagrada, o partes de ella.

La lanza del Vaticano

Ilustración de Ademaro de Monteil en la que se narra cómo se porta la lanza sagrada.

La lanza era desconocida hasta que San Antonio de Piacenza (DC 570), describiendo los lugares santos de Jerusalén, nos dice que él había visto en la Basílica del monte de Sion «la corona de espinas con la cual coronaron a nuestro Señor y la lanza con la cual lo perforaron en el costado». Una mención de la lanza también se hace en el Breviario la Iglesia del Santo Sepulcro. La presencia en Jerusalén de esta importante reliquia es atestiguada por Casiodoro (485–585) así como en Los viajes de Gregorio (538–594), quien nunca estuvo en Jerusalén.

En 615 Jerusalén y sus reliquias fueron capturados por las fuerzas persas de rey Cosroes II. Según el Chronicon Paschale, la punta de la lanza, que se había quebrado, fue dada en el mismo año a Nicetas que la llevó a Constantinopla y la depositó en la iglesia de Santa Sofía. Esta punta de lanza, que fue fijada en un ycona, o ícono, en 1244 fue vendido por Balduino II de Constantinopla a Luis IX de Francia y fue guardado con la corona de espinas en la Sainte Chapelle de París. Durante la revolución francesa estas reliquias fueron llevadas a la Bibliothèque Nationale y posteriormente desaparecidas (la actual «corona de espinas» es una guirnalda).

En cuanto a la porción más grande de la lanza, Arculpus la vio en la iglesia del Santo Sepulcro alrededor de 670 en Jerusalén; sin embargo no hay otra mención de ella tras el saqueo de 615. Algunos dicen que la porción más grande de la reliquia se llevó a Constantinopla en algún momento durante el siglo VIII, posiblemente al mismo tiempo que la corona de espinas. En algún momento, su presencia en Constantinopla parece ser claramente atestiguada por varios peregrinos, particularmente de origen ruso. Y aunque posteriormente fue depositada en varias iglesias , parece ser posible rastrearla a diferencia de la reliquia de la punta. Sir Juan Mandeville declaró en 1357,que había visto la cuchilla de la lanza Sagrada en París y también en Constantinopla, y que la reliquia de esta última ciudad era mucho más grande que la de París. 

Cualquiera que haya sido la reliquia de Constantinopla, cayó en las manos de los turcos, y en 1492, bajo circunstancias minuciosamente descritas en la Historia de los Papas (escrita por Pastor), el sultán Bayaceto envió la reliquia a Inocente VIII para forzar al Papa a que continuase guardando preso a su hermano Zizim (Cem). En este punto hubo en Roma grandes dudas de su autenticidad, según relataJohann Burchard, por la presencia de otras lanzas rivales en París (la punta que había sido separada), Núremberg (la lanza de Viena) y Armenia (la lanza de Etschmiadzin). A mediados de 1700, el Papa Benedicto XIV dijo que obtuvo un dibujo exacto de la punta de la lanza de París, y que comparándola con la reliquia en la basílica de San Pedro estaba satisfecho de que las dos formaran una sola cuchilla.

La reliquia nunca ha salido de Roma donde se encuentra preservada bajo el domo de la basílica de San Pedro aunque la Iglesia Católica Romana no ha hecho declaraciones sobre su autenticidad.

La lanza de Etschmiadzin

La lanza que se encuentra en Echmiadzin, Armenia, fue descubierta durante la Primera Cruzada. En 1098 el Cruzado Pedro Bartolomé dijo tener una visión en la que San Andrés le decía que La Lanza Sagrada estaba enterrada bajo la catedral de San Pedro en Antioquía. Tras mucho excavar en la catedral, la lanza fue descubierta. Esto se consideró un milagro por parte de los cruzados quienes fueron capaces de derrotar al ejército musulmán que repelía el asedio a la ciudad y capturaron decisivamente Antioquía. Tiempo después de expulsar al ejército musulmán hubo sospechas de que la lanza de Pedro no era la lanza de Cristo y para desmentir esto Pedro caminó en fuego portando la lanza; al entrar en el fuego Pedro murió.

La lanza de Viena (La Lanza Hofburg)

Detalle de la Inscripción de La Lanza de Viena.
Lanza de Vienaexpuesta en el Museo Schatzkammer.

Los emperadores del Sacro Imperio Romano tenían su propia Lanza, atestiguada desde el tiempo de Otón I (912–973). En el año 1000 Otón III le dio a Boleslao I el Bravo una réplica de la Lanza en el Congreso de Gniezno.

En 1084 Enrique IV le agregó una banda de plata con la inscripción «Clavus Domini» («El clavo del Señor»). Esto se basaba en la creencia de que esta era la lanza de Constantino el Grandeque encerraba como reliquia un clavo usado para la crucifixión. En 1273 se utilizó por primera vez en la ceremonia de coronación.

Alrededor de 1350 Carlos IV mandó ponerle una banda de oro sobre la de plata con una inscripción que dice «Lancea et Clavus Domini» («La lanza y el clavo del Señor»). En 1424, el emperador Segismundo del Sacro Imperio Romano tenía una colección de reliquias, incluida La Lanza, que trajo de su capital en Praga a su natal Núremberg y decretó que ahí se guardara por siempre. A esta colección se le conoce como Reichskleinodien o la Regalía Imperial.

Cuando el ejército revolucionario francés se aproximó a Núremberg en la primavera de 1796 los consejeros de la ciudad decidieron mover el Reichskleinodien a Viena, Austria, para mantenerlo seguro. La colección fue confiada al entonces barón Von Hügel, quien prometió devolver todos los objetos en cuanto la paz fuere restaurada y la seguridad de la colección estuviera asegurada. Sin embargo, el Sacro Imperio Romano fue disuelto en 1806 y von Hügel aprovechó la confusión sobre quién era el legítimo dueño y vendió la colección entera, incluyendo la lanza, a los Habsburgo. Cuando los consejeros de la ciudad descubrieron la venta solicitaron que les fuera devuelto el Reichskleinodien pero fueron rechazados. Como parte de la Regalía Imperial, la lanza fue almacenada en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena y se le conoció como "la lanza de San Mauricio".

Durante la Anschluss, cuando Austria se anexó a AlemaniaAdolfo Hitler tomó la lanza, la cual fue devuelta a Austria por el General Norteamericano George S. Patton al terminar la Segunda Guerra Mundial y fue guardada temporalmente en el Museo Kunsthistorisches y devuelta al Schatzkammer.

En 2003 el metalúrgico inglés y escritor de Ingeniería Técnica, el Dr. Robert Feather, obtuvo permisos extraordinarios no solo para examinar la lanza en un ambiente de laboratorio, sino también para quitar cuidadosamente las bandas de oro y plata que la mantienen unida. En la opinión del Dr. Feather y de otros expertos, la creación aproximada de la cuchilla de la Lanza es del siglo VII, un poco anterior a lo que el Schatzkammer estimaba.

Se encuentra expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), que es una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, considerada como parte del Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum).

Otras lanzas

Otra lanza se ha preservado en Cracovia, Polonia, desde 1200. Aunque se alega que ha estado en esa ciudad por ocho siglos, los registros alemanes indican que es una copia de la lanza de Viena. El emperador Enrique II la mandó a hacer con pequeñas astillas de la Lanza original. Otra copia le fue entregada al Rey de Hungría al mismo tiempo.

Sin embargo otra historia escrita por William de Malmesbury cuenta que Hugo Capeto entregó la lanza Sagrada al rey Athelstan de Inglaterra; sin embargo parece deberse a una idea errónea.

El artista Jeffrey Vallance creó ilustraciones é hizo varios duplicados de la lanza y los distribuyó alrededor del mundo, proponiéndose confundir la identidad de la lanza verdadera para las generaciones futuras.

La lanza del Destino

Hay muchos prototipos y análogos de la lanza en otras leyendas, puede ser comparada a la arma irlandesa antigua, la lanza Luin, y es similar a la lanza de sangría en la mitología del Santo Grial, que fue demandada eventualmente de ser la lanza del destino.

Varios libros populares de "la nueva Era" y de teorías de la Conspiración han popularizado la leyenda de la lanza del Destino.

La lanza del destino de Ravenscroft

El bestseller de 1973 de Trevor Ravenscroft La lanza del destino ha fijado hoy en día en las mentes de muchos su versión de la Leyenda. Él declara que Adolfo Hitler comenzó la segunda Guerra Mundial para capturar la lanza, presumiendo que el interés de Hitler en la reliquia, originada probablemente con su interés en la ópera "Parsifal" de 1882 —por el compositor preferido de Hitler, Ricardo Wagner— que refiere a un grupo de caballeros y su protección del santo Grial, así como la recuperación de la lanza. Aunque un número de dudas de los historiadores en la obsesión de Hitler con la lanza, como fue divulgada por Trevor Ravenscroft y otros, el trabajo reciente del investigador y del autor Alec MacLellan tiene material descubierto de la fuente original de Ravenscroft que parece validar algunas de las aserciones más extrañas.

Ravenscroft mantuvo que la lanza entró en territorios estadounidenses el 30 de abril de 1945; específicamente, bajo el control del tercer ejército conducido por el general George S. Patton.

Más adelante se cumple la leyenda de que la pérdida de la Lanza significaba la muerte, al suicidarse Hitler. Patton se fascinó por el arma antigua e hizo verificar su autenticidad, mas no pudo utilizar la lanza, pues tenía órdenes del general Dwight Eisenhower de que la regalía completa de Habsburgo incluyendo la lanza de Longinos debía ser devuelta al palacio de Hofburg. Es interesante observar que George Patton, en su poema «A través de un cristal oscuro», curiosamente se postula como Longinos en el transcurso de alguna vida anterior.

Ravenscroft procuró en varias ocasiones definir las “energías misteriosas” que la leyenda dice que provee la lanza. Él encontró que la poseía algún espíritu hostil y malvado, a los que él refirió como el Anticristo. Smith y Piccard encuentran semejanzas al identificar lo que perciben también como un espíritu malo que llega a través de la lanza. En una mezcla de física cuántica, de cristianismo y de ideas de la nueva Era, de que la lanza trae al "Dios enojado del viejo testamento", al que transfiere de alguna manera una parte de la Crucifixión a la lanza, con la lanza convirtiéndose en un Doppelgänger (algo parecido a un “gemelo malvado”) para el Espíritu santo, convirtiéndose, como lo ponen, en un espíritu impuro.

Según algunos autores (Navarro, Fernando. Diccionario Biográfico de Nazismo y III Reich, 2010), "las fantásticas teorías de Ravenscroft (cuya falsedad fue demostrada por el periodista de investigación Eric Wynants), fueron aún más exageradas por autores todavía más “creativos” que Ravenscroft, tales como Alec MacLellan o Howard A. Buechner". A pesar de su manifiesta ahistoricidad, esta novela fantastica de Ravenscroft ha sido citada de obra en obra, generando una enorme confusión entre los lectores.

Libros de Buechner

El Dr. Howard A. Buechner, M.D., profesor de medicina en Tulane y L.S.U., agregó un capítulo extraño a la leyenda de la Lanza en sus dos libros. Él declara que entró en contacto con un submarino anterior a los U-Boats que declaró haber ayudado a la toma la lanza del Destino en la Antártida cerca de 1945, y haber ayudado a recuperarla en 1979. Buechner era un coronel jubilado del ejército estadounidense que desempeñó servicios en la segunda Guerra Mundial, y había escrito un libro sobre la matanza de Dachau como testigo del acontecimiento.

El “capitán Wilhelm Bernhart” lo presentó con el registro de la expedición de 1979 de Hartmann y las fotos de algunos de los objetos que se recuperaron.

Según Buechner, la lanza que está exhibición en el Schatzkammer en Viena es actualmente una falsificación. Él dice que él tenía evidencia de que Heinrich Himmler, jefe de la oficina Ocultista de las SS (Anherbe) , había formado un círculo de caballeros dedicados a la Lanza Santa y comenta, que hizo que el fabricante de espadas más grande de Japón creara un duplicado exacto de la lanza.

Buechner dijo que el duplicado se encuentra en exhibición en Nüremberg mientras que la verdadera fue utilizada en ceremonias de magia negra en un castillo especialmente designado en Wewelsburgo, Alemania. Incluso él escribió que Hitler había seleccionado personalmente las cenizas del coronel Maximiliano Hartmann para enviarlas junto con varias de sus posesiones más estimadas, incluyendo la lanza, a la Antártida. Según él, el coronel Hartmann recuperó “la lanza del Destino” del hielo en 1979 y ahora se encuentra oculta en alguna parte en Europa, en posesión de los caballeros de la lanza Santa.

El coronel Buechner se convenció de que las declaraciones eran ciertas y eso para él era o, la víctima de una broma elaborada, o que la lanza del Destino realmente residió durante algún tiempo en la Antártida y puede que esté en las manos de uno o más individuos que creen en ella, pues el Coronel Hartmann posiblemente dijo: «La punta de la lanza Santa será la columna de nuestra Alemania eterna».

San Longinos o Longino de Cesarea fue, según algunas tradiciones cristianas, el soldadoromano que traspasó el costado del cuerpo de Jesús con su lanza; conocida como La Santa Lanza. El individuo no tiene nombre en los evangelios que relatan el hecho, pero suele identificarse con el centurión que, ante la muerte de Jesús, exclamara: “En verdad este era el Hijo de Dios”.1 La leyenda de Longino se originó en la Baja Antigüedad y el Medioevo, agregando datos sobre su vida, su conversión al cristianismo y su muerte, hasta llegar a ser considerado un santo por la Iglesia Católica y otras comuniones cristianas.

La Iglesia Católica, la Ortodoxa Oriental y la Armenia veneran a Longino como mártir. En el Martirologio Romano se lee: Día 16 de octubre; En Jerusalén, conmemoración de San Longino, quien es venerado como el soldado que abrió el costado del Señor crucificado con una lanza.6 No se mencionan ni lugar del martirio, ni fecha. Los armenios lo conmemoran el día 22 de octubre.7 En la Basílica de San Pedro, Vaticano, se halla una estatua de Longino esculpida por Bernini. En la misma basílica se conserva el fragmento de una punta de hierro que, según se asegura, pertenece a la Santa Lanza.

 

 

Comentarios

Otto Rahn - Un buscador en tiempos dificiles

Publicado en 8 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en El Santo Grial

Un buscador en tiempos difíciles

Nació en Michelstadt, en el Odenwald (región de Hesse), el 18 de febrero de 1904. De familia burguesa -su padre llegó a ser juez de Maguncia- y protestante. En Giessen asiste al gimnasio humanístico, alternando sus estudios de bachillerato (que acabaría en 1922) con los de música, convirtiéndose en buen pianista. Luego estudio Derecho durante ocho semestres en Giessen, Freiburg, Heidelberg, asistiendo también a clases de Filosofía alemana e Historia; orienta sus estudios universitarios hacia la Romanística, la investigación sobre la cultura, la historia y la lengua de los países románicos y especialmente del Languedoc, la occitania provenzal.

Rahn decide desarrollar su tesis doctoral sobre la herejía cátaro-albigense y sobre el poema «PARZIVAL», de Wolfram von Eschenbach, y sobre aquel extraño personale, KYOT (¿Guyot de Provins?) que, según Wolfram, le comunicó la leyenda del Graal.

En 1929 -y hasta 1932- comenzó a hacer investigaciones más precisas en el sur de Francia, efectuando extensas investigaciones sobre el terreno y practicando exhaustivas exploraciones espeleológicas en las grutas del Ariége, a la vez que estudiaba directamente las fuentes en los universidades de Tolouse, París y Friburgo. También mantuvo incontables conversaciones con nativos, investigadores regionales e intelectuales como Deódat Rodé, Maurice Magre y
 Antonin Gadal.

A su regreso a Alemania, Rahn escribe un libro de carácter científico, «CRUZADA CONTRA EL GRIAL», cuya primera edición es publicada por la editorial Urban, de Friburgo, en 1933. En el prólogo anuncia un segundo libro titulado «Konrad von Marburg, el inquisidor germano» -sobre la persecución de herejes y paganos en la Alemania de la Edad Media-, libro que no llegaría a escribir.

En 1934, y gracias al profesor de la Universidad de Burdeos, Robert Pitrou, aparece la primera traducción francesa de «Cruzada contra el Grial», bajo el título de «Croisade contre le Graal (Grandeur et chute des albigeois)».

En 1937 publica en Leipzig su segunda y última obra, «La corte de Lucifer», subtitulada «viaje a los buenos espíritus de Europa». Este libro es de carácter más literario que científico, donde presenta un extracto de los resultados obtenidos de éstos y otros estudios. Más tarde el impulso científico termina siendo absorbido por la actividad literario-periodística: Artículos, charlas, conferencias, alocuciones radiofónicas...

Según la tesis más verosímil, Otto Rahn murió de frío, practicando el Endura cátaro en las cimas del «Wildes Kaiser», cerca de Kufstein, el 13 de marzo de 1939. El sepelio tuvo lugar en Darmstadt.

Antes del comienzo de sus investigaciones, intuía Rahn una estrecha relación entre la Occitania medieval y el mito del Graal, intención que sin saberlo al principio le habría de llevar a las más insospechadas conclusiones.

Hasta Rahn, el mito del Graal, convenientemente manipulado, se presentaba a la luz desprovisto de su contenido legendario primordial; se le había dado una historia y significado próximos a una ideología externa. Rahn devuelve al Graal su verdadera esencia como leyenda, mito y símbolo y determina quiénes habían, si no, seguido el camino de tantos mitos de la tradición pagana que fueron asimilados por el cristianismo.

El remoto origen del Graal viene confirmado ya por Wolfram von Eschenbach, cuya versión de la leyenda es unánimente reconocida como la más autorizada:

Kyot es un provenzal,
el encontró la leyenda de Parzival
narrada en un libro pagano...»
...¡«Guyot, el maestro de alto renombre,
encontró, en escritura pagana enrevesada,
la leyenda que alcanza la fuente primera de leyendas...»


Las primeras huellas de esta historia, que se remonta a los orígenes hiperbóreos de la humanidad, se encuentra ya en la cultura zoroástrica. Para los iranios y arios de la India, la tradición recuerda el Gran Norte como origen de sí mismos, país que habiéndose helado en el pasado, obligó a emigrar a sus antepasados hacia el Sur. Nace a partir de ahí toda una tradición que por razones históricas y lingüísticas está perfectamente emparentada con la tradición del Graal. Palabras como «Parsiwal», «Gamuret», «Lohenrangrin», «Mujavat».... de origen iranio toman vida en el poema de Wolfram von Eschenbach con alguna modificación, poniendo de manifiesto un paralelismo increíble que enlaza con toda la tradición cátara.

También creyó Rahn que, en un momento determinado, la herencia graálica fue a parar a manos de los cátaros albigenses de Occitania, de la misma manera en que éstos tomaban como suyo el legado de la doctrina mazdeísta.

http://perso.wanadoo.es/ricardo.cob/otto.htm

 

 

Esoterismo nazi - Otto Rahn y la búsqueda del Grial

http://www.ivoox.com/esoterismo-nazi-otto-rahn-busqueda-audios-mp3_rf_762676_1.html

 

 

Comentarios

El Grial Templario de Toledo

Publicado en 8 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en El Santo Grial

TRAS LAS HUELLAS DE LA ORDEN EN ESPAÑA

El grial templario de Toledo

Aunque los misteriosos caballeros desaparecieron hace casi siete siglos, la monumental ciudad de Toledo podría esconder aún hoy pistas sobre la fascinante relación entre los templarios y el recipiente sagrado. Una modesta iglesia cargada de simbología, extrañas leyendas sobre los misteriosos guerreros y una enigmática virgen negra nos ponen tras la pista de la reliquia.

Rafael Alarcón.


Entre los numerosos misterios que todavía guarda la ciudad de Toledo hay uno referido al Grial. ese símbolo enigmático de la sabiduría y el poder regenerador de la Divinidad, tanto en el plano físico como espiritual, que según los trovadores medievales era custodiado por templarios y tenía su origen en España (ANOCERO, 47).

El trovador templario alemán Wolfram von Eschenhach (1170-1220), en sus principales epopeyas, Parzival y Títurel, describe una Orden religioso-militar de caballeros que persigue fines místicos, basados en el mito del Imperio Universal, la tierra Santa y el Templo Espiritual: dicha organización recibe el nombre de "Orden del Grial" y sus miembros el de "Caballeros Templarios". Aunque parece que Wolfram no inventó nada. Él mismo se encarga de aclararnos que no es el autor original de su relato sobre el Grial. El Parzival traduce a otro autor: Kyot el Provenzal.

Nadie sabe quién puede ser este Kyot. Wolfram no lo trata como su igual un juglar que le ha proporcionado materia para un poema, sino como un maestro con autoridad esotérica, que le ha legado una enseñanza valiosa. Lo llama "maestro bien conocido", y habla de él como de la única autoridad que conviene invocar a propósito del Grial: "Kyot es el nombre del encantador. Todo lo que él contó en lengua francesa, yo voy a repetíroslo en alemán". De Provenza vino este cuento, en su forma auténtica, a país alemán. Un maestro que por el carácter de sus revelaciones que implican a la Orden del Temple en la historia del Grial, pudiera pertenecer a la caballería templaría o a su entorno inmediato. Un personaje que inspira y controla el trabajo de Wolfram, y que también era templario. Aunque, para nuestra sorpresa, el propio Wolfram declara que el origen último de la historia del Grial se encuentra en España. Según este trovador templario:

"Kvot, encontró en Toledo, entre unos Manuscritos abandonados, esta aventura en escritura arábiga. Fue preciso que aprendiese a distinguir los caracteres. Resultó muy ventajoso para él haber recibido el bautismo, pues de lo contrario esta historia habría quedado ignorada. ya que no existe pagano tan sabio como para revelarnos la naturaleza del Grial". El autor de estos manuscritos era "un musulmán, Flegetanis, famoso por sus conocimientos". Este extraño sabio era astrólogo y descubrió "un Objeto, una piedra, que se llamaba Grial. Había leído claramente su nombre en las estrellas. Una legión de ángeles lo había bajado a la tierra. Desde entonces habían de ocuparse de él hombres tan puros como los ángeles. Kvot buscó, en los libros dónde habría un pueblo lo bastante puro como para poder ser el custodio del Grial hasta que encontró lo que buscaba" que la morada del Grial entre los humanos estaba en los confines de España, y que "dicho Templo, construido según los planos del propio Dios, era una construcción edificada siguiendo el modelo poligonal, ternario e irradiante, de los santuarios de la Orden del Temple, consagrado al Espíritu Santo y guardado por templarios".

Por extraño que pueda parecer, en Toledo aún quedan señales de esa relación entre los templarios y el Grial. Como en la leyenda de Wolfram, se trata de una piedra depositada dentro de un octógono, en un santuario custodiado por templarios.

El Temple en Toledo

Dependiendo de la poderosa encomienda de Montalbán, la Orden del Temple se asentó, extramuros de Toledo, en el pequeño monasterio mozárabe dedicado a los santos gemelos Servando y Germano, obtenido hacia 1152 y conocido como "Cigarral del Alcázar", y cuyas ruinas fueron demolidas en 1927. Dentro de la ciudad poseyeron una antigua mezquita, próxima al Alcázar, que convirtieron en iglesia de san Miguel el Alto. Esta iglesia estaba unida a la hospedería y residencia de los caballeros, conocidas como "Casas del Temple", un conjunto de edificios de los que aún quedan importantes restos en las calles contiguas de la Soledad, san Miguel y plaza del Seco. Levantado en el siglo XII sobre restos romanos y visigodos, la riqueza decorativa, como artesonados mudéjares de vigas talladas con leyendas arábigas, yeserías morunas y arcos de herradura, demuestra que debió ser mansión de musulmanes acomodados antes de pasar a la Orden. Lo más curioso es que los templarios conservasen las inscripciones coránicas de los muros, mezclándolas con sus propios latines en honor de Nuestra Señora y con sus escudos de cruces rojas. Bajo estas casas existen laberínticas galerías y estancias, excavadas en la roca viva, que las comunicarían con la iglesia y bajarían luego hasta el río según una tradición inmemorial. Son conocidas como "Bodegas de Vázquez", "Cuevas de San Miguel" o "de los Candiles". La fantasía popular las hace escenario de las más fabulosas y esotéricas tradiciones, contando que allí escondieron los templarios sus tesoros antes del arresto. Desde ellas iniciaba su ronda espectral la "Procesión de las Ánimas", cuando a las doce de la noche la campana de san Miguel tocaba sola para avisar a los vecinos, a fin de que no saliesen de sus casas, mientras los fosforescentes espíritus templarios vagaban por el barrio bajando hasta el río y regresando a la iglesia antes del amanecer.

Un rico simbolismo

La iglesia de san Miguel el Alto todavía conserva símbolos templarios en su interior, a pesar de haber sido abandonada en 1842, de sufrir los bombardeos del cercano Alcázar en 1936, y padecer una "reconstrucción" en los años cuarenta, cuando se derribó su claustro para levantar una escuela parroquia¡. La torre mudéjar delata su origen islámico, aunque una de las campanas sea todavía templaría. En sendos pilares de la nave, los capiteles muestran escudos con la cruz roja del Temple, a pesar de que el esoterismo de sus esculturas está cubierto por una gruesa capa de cal. En el pavimento, diversas lápidas sirvieron de sepultura a olvidados donantes de la Orden. Y en el arruinado claustro se ha salvado milagrosamente el gran "Cuadrado Mágico" del patio, compuesto por losas negras, en todo semejante al existente en San Pedro de Arlanza (Burgos), que una leyenda dice fue colocado allí por un sabio del monasterio templario de Alveinte, donde hubo otro igual, para robar su ciencia al Diablo (AÑO/CERO, 33 y 133). No menos curiosa es la lauda funeraria del claustro, de 1194, perteneciente al judío Zabalab quien, tras bautizarse, llegó a ser presbítero de la iglesia templaría.

El símbolo que más nos interesa se encuentra en el baptisterio. Allí podemos ver un recipiente gótico de piedra negra pulida, con forma de gran copa, cuyo borde muestra una cabalística inscripción, con la cruz del Temple, y cuyo pie descansa sobre una figura octogonal compuesta por ocho losas negras... Es la pila bautismal, del siglo XIII, de los caballeros templarios. ¿Estamos ante el símbolo del Grial, dentro del octógono radiante, tal como afirman los manuscritos toledanos encontrados por el maestro Kyot según la epopeya de Wolfram? El milagro ocurrido en esta pila bautismal, un milagro griálico, así parece indicarlo.

Este insólito prodigio se narra en la vieja leyenda toledana conocida como "El bautismo de sangre" o "La cruz del arzobispo Tenorio", aunque dicho prelado no adquirió la cruz hasta sesenta y tres años después de suprimido el Temple. En 1375, nada más acceder al cargo, el arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, mandó registrar los subterráneos existentes bajo la iglesia y Casas del Temple tentado por la tradición del tesoro oculto. Aunque tan sólo encontró allí la preciosa "Cruz del Milagro" y un puñado de cuerpos momificados como los existentes en otras iglesias toledanas. Dicha cruz o "Cristo del Milagro", era una pieza románica de Limoges, de doble brazo, semejante a la templaria de Caravaca que, decían perteneció al comendador del Temple. Los cuerpos correspondían a los caballeros templarios de la casa, pues era frecuente enterrar en estas catacumbas debido a la escasez de suelo y porque la sequedad de la roca conservaba los cadáveres de forma natural; allí siguen todavía, aunque el clero los oculte celosamente e impida su visita. Ambos elementos, cruz y momias, constituyen junto con la pila bautismal los actores de la antedicha leyenda de tintes griálicos.

Templarios momificados

Cuentan los viejos que, tras la derrota cristiana de Alarcos, en 1195, las avanzadillas almohades se presentaron amenazadoras ante los muros de Toledo. Los templarios se aprestaron para defender su sector de la muralla, correspondiente al barrio de San Miguel y, la noche anterior a la batalla, el comendador reunió en la iglesia a los caballero para poner sus vidas en manos de Dios. A verlos rezar, su corazón se entristeció, pensando cuántos morirían al día siguiente defendiendo la ciudad, y pidió a Dios una señal para saber quiénes caerían en combate En ese instante, sobre la cruz roja que lo monjes-guerreros portaban en sus capas apareció la imagen del Cristo que el comendador tenía en su cruz de mando. Entendió que, por ese medio, Dios le señalaba quiénes iban a morir al día siguiente.

Creyendo el comendador que hacía u bien con ello, pues más falta le hacían guerreros vivos que santos muertos, al amanecer tan sólo destinó a las murallas a los caballeros que no habían recibido en sus cruces el aviso divino. Marchó con ellos al combate y dejó a los señalados orando en la iglesia. Rechazado el ataque musulmán, regresaron los templarios sin haber sufrido una sola baja, para comunicar a sus compañeros la feliz jornada, y los encontraron muertos sobre las losas de la iglesia, con los cuerpos secos, momificados. A mayor milagro, el agua que llenaba la copa de la pila bautismal se había convertido en sangre, la de aquellos templarios escogidos para recibir el martirio por su fe y alcanzar el cielo de los justos. El agua sólo recuperó su verdadera naturaleza cuando el comendador bañó su cruz en ella, bautizando en la sangre de los mártires templarios la imagen del Cristo.

Comprendieron que el Señor había querido castigar así la soberbia del comendador, que creyó poder burlar los designios de Dios. A pesar de todo, los "elegidos" habían recibido el bautismo de sangre del martirio que les estaba destinado. Sus cuerpos momificados recibieron sepultura en uno de los subterráneos del templo y el crucificado de la cruz de mando fue conocido desde entonces como "Cristo del milagro". Expuesto en la Capilla del Bautismo, junto a la griálica pila recibió el fervor de los templarios y del pueblo toledano, que lo tenía atosigado con sus peticiones y exvotos. Las gentes tomaron costumbre de santiguarse con el agua aquella pila, y aún de llevarla en recipientes porque decían que era mano de santo para curar heridas de arma blanca.

Otro misterio, quizá mayor que el "milagro de la sangre", ronda todavía por los muros de San Miguel el Alto. Me refiero al de la imagen de Nuestra Señora que allí veneraban los templarios, citada al menos desde 1174. En la caballería tradicional, tan definida por el místico Ramón Lull en su Libro del Orden de Caballería (fines del siglo XIII), el verdadero honor está basado en la búsqueda de la perfección interior puesta al servicio de una idea trascendente: la entrega a Dios en la persona de los desvalidos, por quienes el caballero debe pelear para restituirles la justicia. Y la lucha verdadera no era contra el rival, sino contra uno mismo para derrotar su parte negativa, subiendo un peldaño más en el camino de la perfección. Perfección interior que permite una pureza de espíritu imprescindible para acercarse al Grial, la copa del Conocimiento absoluto, que estaba en la cima de la iniciática búsqueda caballeresca primitiva. Y la Dama sin nombre, objeto del amor cortés de aquellos caballeros espiritualmente combativos, no era sino el símbolo de Nuestra Dama, Nuestra Señora la Virgen Negra, la Dama del Saber Eterno, a quien el caballero griálico debía encomendarse y a quien debía ofrecer sus trabajos para que le ayudara en la búsqueda de sí mismo.

Los templarios -con más razón pues eran a un tiempo guerreros y monjes elegidos por el cielo para custodiar el Grial-, veneraban a la Dama Negra, la Virgen Madre, y tenían esta devoción especial, en forma de imagen de Virgen Negra en algunas de sus iglesias, como Nuestra Señora de la Encina en Ponferrada (León), Nuestra Señora de la Vid en Castillejo de Robledo (Soria), Nuestra Señora del Temple en Ceinos (Valladolid), Faro (Ourense), Toro (Zamora) y un largo etcétera. En la provincia de Toledo sabemos que poseyeron vírgenes negras en Talavera de la Reina y Montalbán, hoy desaparecidas, y una que vistió el hábito del Temple, por lo que se la conoce todavía como Nuestra Señora de la Monjía, en Novés (Toledo), la cual afortunadamente conserva su color negro, su leyenda mistérica y la ancestral fuente iniciática, sincretismo de viejos cultos a las hadas del agua, las wouivres o melusinas célticas.

Dice la tradición que en su toledana iglesia de san Miguel veneraban una imagen de María, de nombre ignorado. Lo que parece atestiguado por las inscripciones latinas que, en la Casa del Temple, los caballeros colocaron en alabanza a la Virgen Madre, situándolas junto a las inscripciones coránicas que alaban a Dios. Sin embargo, la imagen mariana de su iglesia ha desaparecido. ¿Realmente? Por los indicios simbólicos, debió ser una Virgen Negra. La única imagen de estas características existente en Toledo no se halla entronizada en ninguna iglesia y nadie conoce su origen. Pegada al ábside catedralicio se alza la gran sala capitular; al exterior del muro sur, a media altura, se halla una hornacina protegida por cristal emplomado y reja, alumbrado todo por un pequeño farol. Allí se oculta una imagen, popularmente conocida como "Virgen del Tiro". Extraño nombre que según antiguos cronistas parece proviene del "tiro" de cuerda, accionado por una polca, que estuvo situado sobre ella para introducir en el obrador de cera los materiales. Es una Virgen Negra de advocación olvidada, que nadie sabe de dónde ha salido. Allí está desde tiempo inmemorial, al menos desde que Enrique Egas construyó la sala capitular entre 1504 y 1512 por orden del cardenal Cisneros. ¿Procede quizá de la iglesia templaría, tras haber estado arrinconada en las bóvedas catedralicias junto a otras muchas obras medievales?.

No deberíamos olvidar que la grandiosa catedral de Toledo fue comenzada por al arzobispo-cronista don Rodrigo Jiménez de Rada, en gratitud a la Virgen por la victoria de Las Navas de Tolosa (1212) sobre los musulmanes, batalla ganada con la colaboración de las Órdenes Militares, entre las que figuraba un fuerte contingente templario, y con la ayuda celestial de Nuestra Señora. Y no perdamos de vista que don Rodrigo era amigo de la Orden y nieto del comendador templario de Novillas (Zaragoza), don Pedro Tizón (a mediados del siglo XII).

La Virgen del Tiro tiene todos los caracteres de una Dama Negra del Grial. Por su color, postura, atributos y tamaño, parece una imagen de fines del siglo XII o comienzos del XIII. Muy estilizada, la vestimenta de la madre y la postura lateral del niño los asemejan a la imagen de la Mare de Dèu del Claustre, en Solsona (Lleida), que dicen es una copia de la Virgen Negra de la Daurade, en Toulouse (Francia). Y es la única en Toledo sobre la que no quedan datos, pues de todas las demás, incluidas otras dos que tienen ciertos caracteres de Virgen Negra: la del Sagrario (en la catedral) y la de la Esperanza (en San Cipriano) -que por cierto dicen que son "primas"-, se conserva algún recuerdo de sus orígenes y andanzas. ¿Estamos ante la imagen perdida que recibió culto en la iglesia templaría, junto con la prodigiosa pila bautismal y el milagroso Cristo del comendador?.

Cuando el Temple fue extinguido, el arzobispo toledano don Gutierre Gómez de Toledo tomó posesión de sus, riquezas, tras perseguir, encarcelar y hacer torturar a los caballeros. Los bienes fueron empleados según conveniencia; generalmente los utensilios del culto como cálices, crucifijos e imágenes eran reutilizados tras un examen minucioso para borrar posibles símbolos templarios. Aunque no sería hasta la época barroca cuando se darían los procesos más descarados de ocultación. A veces, en el caso de las imágenes de santos o de vírgenes, sobre todo si eran famosas y de gran veneración, se retiraban del culto por un tiempo. Luego volvían a aparecer, cambiados sus hábitos, su color. sus símbolos e, incluso, sus tradiciones v leyendas. Otras eran relegadas a destinos humildes, poco destacados, como ermitas, humilladeros y hornacinas.

Es constante la tradición popular sobre el despojo sufrido por esta posesión toledana del Temple, a partir de 1312. La iglesia fue convertida en parroquia, las Casas del Temple se transformaron en casas de vecindad y sus mejores objetos sagrados e imágenes se los apropió el clero catedralicio.
Y este pillaje continuó durante siglos. Aunque no sin consecuencias. A principios de los años setenta del pasado siglo, la anciana custodia de la torre catedralicia, doña Sagrario, además de narrarnos la leyenda de "El bautismo de sangre", nos contó la de "La venganza del Temple". Cuando en 1756 se colocó en la catedral su gigantesca "campana gorda" al tocarla se rompieron todos los cristales de Toledo y muchos cacharros de barro y cerámica en cocinas y salones. Ello no fue debido al desmesurado tamaño de la campana sino a que, para completar el bronce de su fundición, se emplearon las campanas de la torre de san Miguel el Alto. Y sí la venganza del Temple no causó mayor desastre, es porque en la iglesia de los caballeros dejaron una de las viejas campanas templarías marcada con su "cruz de hábito".

También el viejo guarda del Teatro Rojas, don Luis, nos contó por aquellas fechas, además de la leyenda de "La cruz del arzobispo Tenorio" una conseja sobre "La maldición de la alacena templaría". Según este relato, hacia 1845, unos vecinos quisieron hacer una obra en su parte de la vieja Casa del Temple; apareció entonces una alacena mudéjar de yesería, conocida pronto como "Botica de los Templarios", y los felices descubridores se frotaron las manos ante aquel pequeño "tesoro". Primero la ofrecieron al Museo Arqueológico Nacional y, al no ser aceptada por éste organismo, fue comprada para el Museo South Kensington de Londres (hoy se encuentra en el Museo Victoria y Alberto de la capital británica), por su agente en España, J. F. Riaño, Director General de Archivos y Académico de San Fernando. Dicen que los codiciosos vecinos no pudieron disfrutar su "tesoro" pues acabaron desahuciados. Además, los obreros que realizaron la obra murieron poco después por diversos "accidentes" e incluso el intermediario padeció varios "contratiempos de salud". El saqueo de este templo del Grial no podía quedar sin castigo.

En la actualidad, la Casa de los Templarios ha sido rehabilitada parcialmente y sus propietarios han habilitado algunos salones como restaurante. Lo que aquellas estancias han perdido en misterio y esoterismo lo han ganado nuestros ojos, que pueden volver a contemplar algunos jirones de su esplendor y nuestros estómagos que pueden solazarse con buenos vinos y manjares.

El caso de la iglesia de San Miguel el Alto es distinto. Todavía conserva intacto el aura de inquietante espiritualidad que dejaron m ella los caballeros. Y todavía espera una profunda restauración que saque a la luz los diversos símbolos que rodeaban al "símbolo" maestro del Temple: el Grial, la piedra cósmica, piedra negra de luz, copa de la sangre regeneradora, que solo los espíritus puros podían contemplar y a los que ella concedía el Conocimiento supremo. Muchos enigmas, históricos y esotéricos, apenas rozados por los investigadores, planean inquietantes sobre este fabuloso emplazamiento templario, que se manifiesta como auténtica "Morada Filosofal", cuyos elementos son otras tantas páginas repletas de sugerentes pasajes simbólicos. Algunas de estas páginas han sido arrancadas y otras emborronadas, pero el conjunto todavía puede ser leído, y su texto resulta elocuentemente esotérico e iniciático.

Uno de esos párrafos es bien significativo, pues deja entrever que en la casa toledana de los caballeros hubo una de aquellas enigmáticas comunidades de hermanas templarías. Según la leyenda de "La rama de laurel", en la hospedería del Temple daban a los pobres la "caridad", un cuenco de sopa y un trozo de pan. A cierto mendigo le pareció un día que la sopa estaba demasiado clara y porfió con la hermana templaría que la repartía. Discutieron y el pordiosero, arrancando la rama de un laurel que asomaba por las tapias del huerto, arremetió contra la templaría. Ésta aguantó cuanto pudo hasta que, colmada su paciencia, le arrebató la rama de las manos para devolver los golpes al mendigo. Arrepentida luego de su cólera, en la soledad de su celda se azotó con ella en penitencia durante siete noches. Después ofreció la rama manchada con su sangre a la Virgen Morena de san Miguel y la plantó en el claustro de los caballeros. Allí la regó cada día, tanto con agua como con lágrimas de arrepentimiento hasta que, por milagro divino, echó raíces y creció para convertirse con los años en un frondoso árbol que recordaba a todos que Dios prefiere mansedumbre a ira. ¿No se trata acaso de un nuevo milagro griálico, la sangre derramada que hace brotar la vida en un laurel, símbolo de la inmortalidad y ello por intercesión de la Virgen Negra?.

Doña Sagrario afirmaba que conocía esta leyenda, como todas, por su bisabuela, que se las contaba de niña. No tenemos confirmación documental, pero lo cierto es que en una guía de Toledo del Patronato Nacional de Turismo, editada en francés en 1932, aparece un mapa en el que, junto a la iglesia de San Miguel figura la "Casa de las Templarías". Y el texto afirma: "junto a san Miguel están las llamadas Casas del Temple o también Casa de las Templarías". ¿Quizá la tradición templaría de Toledo no está todavía perdida, a pesar de lo que quieren hacernos creer?.

 

"Casas del Temple", en la actualidad simples viviendas, en la Plaza del Seco, Toledo, España

 

 

Comentarios