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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

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La Partera en el nacimiento de Jesùs ,el Cristo

Publicado en 31 Agosto 2012 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

Hay un relato muy profundo y muy emocionante, por lo menos para mi, de un instante que es tomado a las apuradas en los evangelios tradicionales, pero que en el "Evangelio Armenio de la Infancia" se describe muy detalladamente.

No les anticipare nada y aqui se los comparto para que lo disfuten tanto como yo:

 

Del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en la caverna

Capitulo 8

1. En aquellos días, llegó un decreto de Augusto, que ordenaba hacer un empadronamiento por toda la tierra, y entregar al emperador los impuestos debidos al tesoro, teniendo cada cual que pagar anualmente un diezmo calculado sobre el estado nominativo de las personas pertenecientes a su casa. En vista de ello, José resolvió presentarse con María al censo, para ser inscritos en él ambos, así como las demás personas de su familia. E inmediatamente enjaezó su montura, y preparó todo lo preciso para su subsistencia corporal. Y, tomando consigo a su hijo menor José colocó a María sobre el asno, y juntos partieron, siguiendo la ruta que se dirige hacia el Sur.

2. Y, cuando estuvieron a quince estadios de Nazareth, lo que hace nueve millas, José miró a María, y vio que su semblante estaba alterado, sombrío y melancólico. Pensó entre sí: Hállase en gestación, y, a causa de su embarazo, no puede sostenerse bien sobre su cabalgadura. Y preguntó a María: ¿Por qué está triste y turbada tu alma? Y María repuso: ¿Cómo podría estar alegre, encontrándome, como me encuentro, encinta, y no sabiendo adónde voy? José dijo: Tienes razón, María. Pero bendito sea el Señor Dios de Israel, que nos ha librado de la calumnia y de la denigración de los hombres. Y María replicó: ¿No te dije tiempo ha, en la esperanza de que me creyeses, que yo no era consciente de falta alguna, y que me juzgabas con ligereza temeraria, a pesar de mi inocencia? Pero el Señor de todas las cosas es quien me ha librado de mortales peligros.

3. Y, después de haber caminado una hora, José volvió a mirar a María, y vio con júbilo que ésta se estremecía de regocijo. Y María lo interrogó: ¿Por qué me miras, y por qué tu insistencia en preguntarme? José dijo: Es que me admiran los cambios de tu rostro, tan pronto triste como alegre. María dijo: Me exalto gozosamente, porque Dios me ha preservado de las emboscadas del enemigo. Mas quiero, para instrucción tuya, revelarte una cosa nueva. José dijo: Veamos. María dijo: Me alegro y me entristezco, porque contemplo dos ejércitos compuestos de numerosos batallones: uno a la derecha y otro a la izquierda. Los soldados del que se encuentra a la derecha, se muestran alegres, y los del que se encuentra a la izquierda, tristes.

4. Al oír esto, José quedó asombrado, y, sumiéndose en reflexión, se dijo: ¿Qué significa tan extraña visión? Y, en el mismo momento, un ángel se dirigió a María, y le dijo: Regocíjate, virgen y sierva del Señor. ¿Ves la señal que te ha aparecido? María dijo: Sí. El ángel dijo: Hoy día, los dolores de tu liberación están próximos. Las tropas que divisas a la derecha las componen todas las multitudes del ejército de los ángeles incorporales, que observan y esperan tu parto santo, para ir a adorar al niño recién nacido, hijo del rey divino y soberano de Israel. Las tropas que divisas a la izquierda son los batallones reunidos de la legión de los demonios de negros vestidos, los cuales aguardan el acontecimiento con gran turbación, porque van a ser derrotados. Y, habiendo oído estas palabras del ángel, José y María quedaron confortados, y rindieron vivas acciones de gracia a Dios.

5. Y así caminaban, en un frío día de invierno, el 21 del mes de tébéth, que es el 6 de enero. Y, como llegaron a un pasaje desolado, que había sido otrora la ciudad real llamada Bethlehem, a la hora sexta del día, que era un jueves, María dijo a José: Bájame del asno, porque el niño me hace sufrir. Y José exclamó: ¡Ay, qué negra suerte la mía! He aquí que mi esposa va a dar a luz, no en un sitio habitado, sino en un lugar desierto e inculto, en que no hay ninguna posada. ¿Dónde iré, pues? ¿Dónde la conduciré, para que repose? No hay aquí, ni casa, ni abrigo con techado, a cubierto del cual pueda ocultar su desnudez.

6. Al cabo de mirar mucho, José encontró una caverna muy amplia, en que pastores y boyeros, que habitaban y trabajaban en los contornos, se reunían, y encerraban por la noche sus rebaños y sus ganados. Allí habían hecho un pesebre para el establo en que daban de comer a sus animales. Mas, en aquel tiempo, por ser de invierno crudo, los pastores y los boyeros no se encontraban en la caverna.

7. José condujo a ella a María. La introdujo en el interior, y colocó cerca de la Virgen a su hijo José, en el umbral de la entrada. Y él salió, para ir en busca de una partera. 

8. Y, mientras caminaba, vio que la tierra se había elevado, y que el cielo había descendido, y alzó las manos, como para tocar el punto en que se habían reunido tierra y cielo. Y observó, en torno suyo, que los elementos aparecían entorpecidos y como en estado bruto. Los vientos, inmóviles, habían suspendido su curso, y los pájaros habían detenido su vuelo. Y, mirando al suelo, divisó un jarro nuevo, cerca del cual, un alfarero amasaba arcilla, haciendo ademán de juntar sus dos manos, que no se juntaban. Todos los demás seres tenían los ojos puestos en lo alto. Contempló también rebaños, que un pastor conducía, pero que no marchaban. El pastor blandía su cayado, mas no podía pegar a los carneros, sino que su mano permanecía tensa y elevada hacia arriba. Por un barranco irrumpía un torrente, y unos camellos que pasaban por allí, tenían puestos sus labios en el borde del barranco, peros no comían. Así, en la hora del parto de la Virgen Santa, todas las cosas permanecían como fijadas en su actitud.

9. Mirando más lejos, José vio a una mujer, que venía de la montaña, y cuyos hombros cubría una larga túnica. Y fue a su encuentro, y se saludaron. Y José preguntó: ¿De dónde vienes, y adóndo vas, mujer? Y ella repuso: ¿Y qué buscas tú, que me interrogas así? José dijo: Busco una partera hebraica. La mujer dijo: ¿Quién es la que ha parido en la caverna? José dijo: Es María, que ha sido educada en el templo, y que los sacerdotes y todo el pueble me concedieron en matrimonio. Mas no es mi mujer según la carne, porque ha concebido del Espíritu Santo. La mujer dijo: Está bien, pero indícame dónde se halla. José dijo: Ven y ve.

10. Y, mientras caminaban, José preguntó a la mujer: Te agradeceré me des tu nombre. Y la mujer repuso: ¿Por qué quieres saber mi nombre? Yo soy Eva, la primera madre de todos los nacidos, y he venido a ver con mis propios ojos mi redención, que acaba de realizarse. Y, al oír esto, José se asombró de los prodigios de que venía siendo testigo, y que no se daban vagar unos a otros.

11. Habiendo llegado a la caverna, se detuvieron a cierta distancia de la entrada. Y, de súbito, vieron que la bóveda de los cielos se abría, y que un vivo resplandor se esparcía de alto a abajo. Una columna de vapor ardiente se erguía sobre la caverna, y una nube luminosa la cubría. Y se dejaba oir el coro de los seres incorporales, ángeles sublimes y espíritus celestes que, entonando sus cánticos, hacían resonar incesantemente sus voces, y glorificaban al Altísimo. De cómo Eva, nuestra primera madre, y José llegaron a la caverna con premura, y vieron el parto de la muy Santa Virgen María

Capitulo 9

 

1. Y, cuando José y nuestra primera madre vieron aquello, se prosternaron con la faz en el polvo, y, alabando a Dios en voz alta, lo glorificaban, y decían: Bendito seas, Dios de nuestros padres, Dios de Israel, que, por tu advenimiento, has realizado la redención del hombre; que me has restablecido de nuevo, y levantado de mi caída; y que me has reintegrado en mi antigua dignidad. Ahora mi alma se siente engrandecida y poseída de esperanza en Dios mi Salvador.

2. Y, después de haber hablado así, Eva, nuestra primera madre, vio una nube que subía al cielo, desprendiéndose de la caverna. Y, por otro lado, aparecía una luz centelleante, que estaba puesta sobre el pesebre del establo. Y el niño tomó el pecho de su madre, y abrevó en él leche, después de lo cual volvió a su sitio, y se sentó. Ante este espectáculo, José y nuestra primera madre Eva alabaron y glorificaron a Dios, y admiraron, estupefactos, los prodigios que acababan de ocurrir. Y dijeron: ¿Quién ha oído de boca de nadie una cosa semejante, ni visto con sus ojos nada de lo que nosotros estamos viendo?

3. Y nuestra primera madre entró en la caverna, tomó al niño en sus brazos, y lo acarició con ternura. Y bendecía a Dios, porque el niño tenía un semblante resplandeciente, hermoso y de rasgos muy abiertos. Y, envolviéndolo en pañales, lo depositó en el pesebre de los bueyes, y luego salió de la gruta. Y, de pronto, vio a una mujer llamada Salomé, que procedía de la ciudad de Jerusalén. Y, yendo hacia ella, le dijo: Te anuncio una feliz y buena nueva. En esta gruta, ha traído al mundo un hijo una virgen que no ha conocido en absoluto varón.

 

Bueno espero que les haya gustado.

Hasta la pròxima. 

Comentarios

La Ascenciòn de Isaias (Apòcrifo)

Publicado en 3 Agosto 2012 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

Ascensión de Isaías

(fragmento) (1)

 

 

Por Antonio Piñero

 

 

 

 

 

Martirio de Isaías.

Testamento del rey Ezequías.

Visión y ascensión de Isaías.

 

 

Los tres títulos corresponden a partes de una obra heterogénea que se conoce de forma global como Ascensión de Isaías. El producto literario que ha llegado hasta nosotros no es una obra judía, sino cristiana. Sin embargo, al analizar el escrito en su conjunto, la investigación moderna ha llegado a descubrir que dentro de él se han amalgamado tres obras distintas:

1 – El llamado Martirio de Isaías, de origen judío, que anuncia la perversidad de Manasés y la muerte del profeta Isaías. Se ha conservado en una traducción etíope clásico. El autor del Martirio de Isaías era un judío palestinense. Es posible que el original, redactado en hebreo o arameo, se compusiera entre el siglo I a. de C. y el siglo I d. de C.

2 – Un Testamento de Ezequías, que es una visión o apocalipsis de origen cristiano, que anuncia a Cristo y previene contra los efectos de la llegada del Anticristo, encarnado en el emperador Nerón vuelto a la vida. Pero este apocalipsis se basa en una obra anterior, probablemente judía, este Testamento/visión se ha conservado dentro, y mezclado, con la obra anterior. El ultimo autor, cristiano, es desconocido. Es probable que su escrito proceda del siglo II d. de C.

3 – La titulada Visión y ascensión de Isaías, es de origen cristiano. En ella se relata una segunda visión del profeta en la que este cuenta su visita a los siete cielos, guiado por un ángel, y su visión de la vida de Jesús. Su autor o redactor final es quizá el mismo que el de la obra anterior.

Además del etíope clásico, fragmentos de estas tres obras se han transmitido en un papiro de lengua griega (denominado Papiro Amherst).

 

 

(1) Lamentablemente por el momento me es imposible publicar el texto completo como siempre fue mi proceder, pero dado la importancia de esta obra, juzgue conveniente hacerlo así.

Espero que el lector sepa comprender y valorizar el texto ofrecido, comprometiéndome, en un futuro, publicarlo en forma completa. – Sergio (Nuestros Antepasados)

 

 

 

 

I

MARTIRIO DE ISAIAS

(Ascensión de Isaías)

 

 

Instrucciones de Ezequías a Manasés. Profecía de Isaías.

 

 

En el año vigésimo sexto del reinado de Ezequías, rey de Judá, llamó este a su hijo Manasés (era el único que tenía) en presencia del profeta Isaías, hijo de Amós, y de Jasub, hijo de Isaías, para transmitirle el mensaje justo que el propio rey había tenido en visión. Quería entregarle las sentencias eternas, los castigos del infierno y del príncipe de este mundo y sus ángeles –dominaciones y potestades- y el mensaje de fe del Amado, que él mismo había recibido también en visión en el año decimoquinto de su reinado, durante su enfermedad […]. Dijo entonces Isaías al rey Ezequías, pues no habló solo ante Manasés:

-Vive Dios, cuyo nombre no ha sido revelado a este mundo, vive el Amado, mi Señor, y vive el Espíritu que por mí habla, que todos estos preceptos y mensajes serán vanos para Manasés, tu hijo, por obra de sus manos, en medio de suplicios, habré de perecer. Semayel Melkira (jefe de los demonios) servirá a Manasés y ejecutará todos sus deseos; este se hará seguidor de Beliar (otro nombre del jefe de los demonios) en lugar de serlo mío, apartará de la fe recta a muchos de Jerusalén y Judea, y Beliar morará en Manasés, por cuyas manos seré aserrado.

Al oír Ezequías estas palabras prorrumpió en grandísimo llanto, se rasgó las vestiduras, se echó ceniza en la cabeza y cayó de bruces. Le dijo Isaías:

-Firmes son los designios de Samayel contra Manasés; nada te aprovechará.

En aquel día pensó Ezequías en su fuero interno matar a su hijo Manasés, mas le dijo Isaías:

-El Amado ha hecho vano tu designio; no ha de ser lo que tu mente piensa, pues a esta vocación he sido llamado y he de recibir la herencia del Amado.

 

 

Impiedad de Manasés. Huida de Isaías al desierto

 

 

Tras la muerte de Ezequías reinó Manasés, quien no recordó los mandamientos de su padre echándolos al olvido […]. Manasés inclinó su corazón a servir a Beliar […].

Cuando vio Isaías, hijo de Amós. La iniquidad que se perpetraba en Jerusalén y el culto de Satanás y sus vanidades, se retiró de la ciudad y moró en Belén de Judea. Mas también allí había gran iniquidad; alejándose, pues, de Belén, moró en el monte, en despoblado. El profeta Miqueas, el anciano Ananías, Joel, Habacuc, su propio hijo Jasub y muchos fieles, creyentes en la ascensión celestial, se retiraron (asimismo) y moraron en el monte. Todos ellos vestían saco, todos eran profetas; nada tenían consigo, sino que estaban desnudos, mientras hacían gran duelo por el extravío de Israel. Dos años permanecieron en los montes y collados.

 

 

El falso profeta Belkira denuncia y acusa a Isaías

 

 

Luego, mientras estaban en el desierto, apareció un hombre de Samaria llamado Belkira, del linaje de Sedecias, hijo de Canaán, falso profeta que moraba en Belén […].

Belkira se había enterado del lugar donde estaban Isaías y los profetas, sus compañeros, pues moraba en la tierra de Belén y era adicto a Manasés. Profetizaba falsamente en Jerusalén y muchos de allí se le habían unido, aunque era de Samaria […].

Belkira acusó a Isaías y a sus compañeros de este modo:

-Isaías y los suyos profetizan contra Jerusalén y las ciudades de Judá, que serán destruidas (contra los hijos de Judá); y Benjamín, que partirán a la cautividad; incluso contra ti, señor rey Manasés, que habrás de marchar en grillos y cadenas […]. Y acusó con insistencia a Isaías y a los profetas ante Manasés.

 

 

Martirio de Isaías

 

 

A causa, pues, de estas visiones se irritó Beliar contra Isaías, moró en el corazón de Manasés y lo aserró con una sierra de madera. Mientras Isaías era aserrado, Belkira estaba acusándolo y todos los falsos profetas estaban riéndose y regocijándose a causa de Isaías, pues Belkira y el demonio Metembuco se burlaban de él […].

E Isaías no lloró ni gritó mientras lo aserraban, sino que hablaba por su boca el Espíritu Santo, hasta que fue partido en dos. Esto hizo Beliar a Isaías por mano de Belkira y Manasés, pues estaba Semeyel sobremanera enojado con aquel desde los días de Ezequías, rey de Judá, a causa de las visiones que había tenido acerca del Amado, y también de la ruina de Semeyel que había visto por mediación del Señor cuando aún reinaba Ezequías, su padre. Así obró (Manasés) según la voluntad de Satanás.

 

 

II

TESTAMENTO DE EZEQUIAS

(Ascensión de Isaías)

 

 

Profecías sobre los últimos tiempos

 

 

Dijo Isaías:

-En esos días serán muchos los que deseen cargos, aunque estén desprovistos de sabiduría; habrá muchos superiores inicuos y pastores opresores de sus ovejas, al no parecerse a los santos pastores. Muchos cambiarán el honor de sus vestiduras de santos por la indumentaria de los codiciosos; habrá mucha acepción de personas en esos días y amantes de la gloria de este mundo. Abundarán los calumniadores y la vanagloria al acercarse el Señor, y se retirará el Espíritu Santo de muchos.

“En esos días no habrá muchos profetas ni quienes digan cosa fidedigna, sino uno aquí y otro allá en diversos lugares. A causa del espíritu de error, fornicación, vanagloria y codicia, que existirá en los que se llaman siervos de aquel y los que escuchen a ese, habrá gran odio mutuo entre ellos, los pastores y superiores. Habrá gran envidia en los últimos días y dirá cada cual lo que bien le parezca; declararán vanas las profecías de los profetas anteriores a mí, e incluso rechazarán estas visiones mías, para dar expresión al impulso de sus corazones.

 

 

Dominio del anticristo Beliar

 

 

“Así pues, Ezequías y Jasub, hijo mío, tales serán los días del fin del mundo. Tras su consumación descenderá el gran príncipe Beliar, rey de este mundo, que lo ha poseído desde que existió. Bajará de su firmamento en forma humana el rey inicuo y matricida (Nerón) que es ese (mismo) rey, perseguirá la planta que los doce apóstoles del Amado habrán plantado, uno de los cuales será entregado en su mano. Este príncipe vendrá bajo la forma de ese rey, y con él llegarán todos los poderes de este mundo y le obedecerán en todo lo que desee. Por su palabra saldrá el sol de noche y hará aparecer la luna a la hora sexta. Hará todo lo que quiera en el mundo; obrará y hablará como el Amado. Afirmará: “Yo soy Dios; antes de mi nadie existió”, y toda la gente en el mundo creerá en él, le sacrificarán y servirán mientras dicen: “Este es Dios, no hay otro como él”, y tornará tras sí a la mayoría de los que se unieron para recibir al Amado. El poder de sus prodigios estará en cada ciudad y país, y erigirá sus imágenes ante sí en todas las ciudades, dominando por tres años, siete meses y veintisiete días. De entre los muchos creyentes y santos, y de entre los que creen en él, pocos en esos días seguirán siendo sus siervos, errantes de desierto en desierto, esperando su venida.

 

 

Derrota del Anticristo por parte del Amado

 

 

“Mas, tras mil trescientos treinta y dos días, vendrá el Señor con sus ángeles y ejércitos de santos desde el séptimo cielo con la gloria de este lugar y arrastrará al infierno a Beliar y a sus fuerzas. Concederá entonces descanso a los piadosos que encuentre en vida en este mundo, y a todos los que a causa de su fe maldijeron a Beliar y a sus reyes. Los santos vendrán con el Señor, con sus vestiduras, de arriba, del séptimo cielo. Con El vendrán aquellos cuyos espíritus están ya vestidos, descenderán y estarán en el mundo, y El fortalecerá a los que se encuentren en vida justamente con los santos, en vestidura de tales. El Señor servirá a los que fueron vigilantes en este mundo, y luego volverán a lo alto con sus vestiduras, y serán dejados sus cuerpos en el mundo.

“Entonces la voz del Amado increpará encolerizada a los seres del cielo y la tierra, montes, collados, ciudades, desiertos y selvas, al ángel del sol y la luna, y a todas las cosas en las que se manifestó y declaró Beliar en este mundo, y ocurrirá la resurrección y el juicio en esos días. El Amado exhalará de si fuego que consumirá a todos los impíos, y será como si no hubieran sido creados.

 

 

III

VISION Y ASCENCION DE ISAIAS

(Ascensión de Isaías)

 

 

Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós

 

 

En el año vigésimo del reinado de Ezequías, rey de Judá, vinieron desde Gálgala Isaías, hijo de Amós, y Jasub, hijo de Isaías, a Ezequías, a Jerusalén. Entró Isaías y se sentó en el estrado del rey; aunque le habían traído un asiento, no quiso sentarse en el. Comenzó Isaías a hablar con el rey Ezequías sobre fe y justicia […].

Mientras este pronunciaba palabras verdaderas, le sobrevino el Espíritu Santo, y todos veían y oían las palabras de este Espíritu. El rey había llamado a todos los profetas y a todo el pueblo que se encontraba allí, y vinieron; Miqueas, el anciano Ananías, Joel y Jasub estaban sentados a su derecha. Y ocurrió que cuando oyeron todos la voz del Espíritu Santo, se pusieron de rodillas y alabaron al Dios justo, al Altísimo que está en el excelso mundo. Al Santo que mora en lo alto, al que descansa en los santos. Y dieron gloria al que ha concedido al hombre en el mundo tamaña excelencia de palabra.

Mientras hablaba por el Espíritu Santo, y todos lo escuchaban, enmudeció, cayó en éxtasis y no veía ni siquiera a los que estaban ante él. Aunque sus ojos estaban abiertos, su boca callaba y su pensamiento corporal había sido arrebatado a lo alto. Pero su respiración seguía en él, pues [solo] estaba teniendo una visión. El ángel enviado a mostrársela no era de este firmamento, ni uno de los ángeles gloriosos de los (seis cielos que hay sobre) este mundo, sino que había venido del séptimo cielo. No imaginaba el pueblo que el santo Isaías estaba en éxtasis; solo lo sabía el círculo de los profetas. Mas la visión que tuvo el santo Isaías no era de este mundo, sino de lo oculto a la carne […].

 

 

Ascenso al firmamento

 

 

Dijo Isaías:

-Tomándome el ángel de la mano, me hizo ascender. Le dije: “¿Quién eres, cuál es tu nombre, y a donde me haces subir?”, pues me fue dada fuerza para hablarle. Me respondió: “Cuando te haya hecho ascender los diversos niveles y mostrado la visión para la cual he sido enviado, entonces comprenderás quien soy […]”.

“Y subimos al firmamento él y yo. Allí vi a Semeyel y sus fuerzas; gran guerra había allí por la envidia que mutuamente se tenían los ángeles de Satanás, igual en las alturas que en la tierra, pues semejante a lo del firmamento es lo que hay aquí en la tierra. Dijo el ángel: “¿Qué es esta guerra y esta envidia?”. Me respondió: “Así ha sido desde que el mundo existió hasta ahora, y esta guerra (seguirá) hasta venga el que has de ver y lo destruya”.

 

 

Ascenso a los cinco primeros cielos

 

 

“Luego me subió por encima del firmamento, que es el primer cielo. Allí vi un trono en medio, a cuya derecha e izquierda había ángeles. (Los ángeles que estaban a la izquierda) no eran como los de la derecha, ya que estos tenían mayor gloria, pero todos alababan a una voz. El trono estaba en medio, y lo alababan también los de la izquierda tras los de la derecha, pero su voz no era como la de estos, ni tampoco sus alabanzas. Pregunté al ángel que me guiaba: “¿A quién se dirigen estas alabanzas?”. Respondió: “A la gloria del séptimo cielo, al Santo que eternamente descansa, y a su Amado, desde donde he sido enviado a ti, allá se dirigen”.

“Y nuevamente me hizo subir, al segundo cielo; la altura de este es como la que hay del cielo a la tierra. (Allí vi como) en el primer cielo, ángeles a la derecha e izquierda, un trono en medio, y las alabanzas de estos ángeles del segundo cielo. Y el que se sentaba en el trono de este era mucho más glorioso que el resto. Había gran gloria en el segundo cielo, y la alabanza no era como la de aquellos que estaban en el primer cielo. Caí de bruces para adorarle, pero no me dejó el ángel que me guiaba. Me dijo: “Por esto he sido enviado, para instruirte; no adores a ningún trono ni ángel de los seis cielos hasta que yo de lo diga en el séptimo cielo. Pues encima de todos los cielos y sus ángeles está dispuesto tu trono, tus vestiduras y tu corona, que has de ver”. Me regocijé sobremanera, pues los que aman al Altísimo y a su amado ascenderán allí en sus postrimerías por obra del ángel del Espíritu Santo.

“Me subió al tercer cielo, e igualmente vi a los (ángeles) de la derecha e izquierda, y también había un trono en medio, solo que allí no se hace mención a este mundo. Se transfiguraba mi rostro gloriosamente según iba ascendiendo a cada cielo. Pregunté entonces al ángel que estaba conmigo: “¿Nada de aquel mundo vano se menciona aquí?”. Me respondió así: “Nada se menciona a causa de su insignificancia, pero nada queda oculto de lo que allí se hace”. Quise averiguar cómo se sabe, mas me respondió así: “Cuando te suba al séptimo cielo –de donde he sido enviado-, que está por encima de estos, conocerás que nada se oculta a los tronos, a los que moran en los cielos, ni a los ángeles”. La alabanza que cantaban y la gloria del que se sentaba en el trono eran superiores, y los ángeles de la izquierda y la derecha tenían más gloria que los del cielo inferior.

“Y me hizo ascender de nuevo, al cuarto cielo, cuya altura sobre el tercero es más que de la tierra al firmamento. Allí también vi a los ángeles de la derecha e izquierda, y el que se sentaba en el trono estaba en medio. También allí recitaban alabanzas, y la gloria y el honor de los ángeles de la derecha eran mayores que los de la izquierda. También la gloria del que se sentaba en el trono era mayor que la de los ángeles de la derecha, cuya gloria, empero, superaba a los de abajo.

“Me subió al quinto cielo, y de nuevo vi a los ángeles a derecha e izquierda. El que se sentaba en el trono tenía mas gloria que el del cuarto cielo, y la gloria de los de la derecha era mayor que la de los de la izquierda. La gloria del que se sentaba en el trono era mayor que la de los ángeles de la derecha, y su alabanza más gloriosa que la del cuarto cielo. Alabé entonces al Inefable, al Único, que habita en los cielos, cuyo nombre no es conocido a ningún mortal, al que ha dado tal gloria a los (ángeles de) los distintos cielos, el que magnifica la gloria de los ángeles y multiplica la del que se sienta en el trono.

 

 

Isaías en el sexto cielo

 

 

“Todavía me hizo subir a la atmosfera del sexto cielo, y vi una gloria que no había visto en el quinto. Vi ángeles que eran de gran gloria, y la alabanza allí era santa y admirable. Dije al ángel que me guiaba: “¿Qué es lo que veo, mi Señor?”. Me respondió: “No soy tu señor, sino tu compañero”. Nuevamente le pregunte: “¿Cómo es que no hay ángeles compañeros (a la izquierda)?”. Volvió a responder: “A partir del sexto cielo ya no hay ángeles de izquierda ni trono en medio. (Las ordenes las reciben) del poder del séptimo cielo, donde mora el Inefable y su Elegido, cuyo nombre no es conocido ni puede saberlo ninguno de los cielos, pues solo El es Aquel a cuya voz todos los cielos y tronos responderán. He recibido poder y he sido enviado para hacerte ascender aquí, para que veas esta gloria” […].

“Me hizo subir al sexto cielo […]. Allí todos nombraban al Padre primero, a su Amado (Cristo), y al Espíritu Santo, todos al unísono. Su voz no era como la de los ángeles de los cinco cielos, ni como sus palabras, sino que era allí otra. Había mucha luz. Cuando estaba en el sexto cielo se antojaron tinieblas las luces que había visto en los otros cinco.

“Me regocijé y alabé al que ha concedido semejantes luces a los que esperan su promesa, e imploré al ángel que me guiaba no volver más al mundo carnal. Pues he de deciros, Ezequías, Jasub, hijo mío, y Miqueas, que es mucha aquí la tiniebla. Mas el ángel que me guiaba supo lo que yo había pensado y dijo: “Si te has regocijado con estas luces, cuánto más gozarás en el séptimo cielo cuando veas […] las vestiduras, tronos y coronas dispuestas para los justos (que creen en ese Señor que bajará en vuestra forma, pues la luz de allí es grande y maravillosa). Y en cuanto a lo de no volver tú a la carne, aún no se han cumplido tus días para venir aquí”. Oyendo esto, me entristecí, mas él me dijo: “No te entristezcas”.

 

 

Isaías en el séptimo cielo

 

 

“Y me condujo a la atmosfera del séptimo cielo, donde, además, oí una voz que decía: “¿Hasta dónde va a ascender el que mora en la carne?”. Me asusté y me eché a temblar. Mas cuando ya me encontraba en este estado, oí otra voz que partía de allí y me decía: “Permitido está subir al santo Isaías, pues aquí está su vestidura” […].

“Me subió al séptimo cielo, y allí vi una luz maravillosa, así como innumerables ángeles. Vi en aquel lugar a todos los justos (desde Adán; allí vi al santo Abel y a todos los justos; a Henoc y a todos los que estaban con él), despojados del ropaje carnal. Los vi en sus excelsas vestiduras (y eran como los ángeles que allí) tenían gran gloria, pero no estaban sentados en sus tronos, ni llevaban sus coronas gloriosas. Pregunté al ángel que estaba conmigo cómo habían recibido las vestiduras, pero por qué no estaban en los tronos con las coronas. Me dijo: “No recibirán las coronas y tronos gloriosos hasta que descienda el Amado en la forma en la que lo verás (pues descenderá al mundo en los días postreros el Señor que ha de llamarse el Cristo). Sin embargo, verán y sabrán de quiénes serán los tronos y coronas, luego que El haya descendido, haciéndose cono de vuestra forma, (y siendo tenido por carne mortal). El príncipe de este mundo extenderá su mano contra el Hijo; lo inmolarán, crucificándolo en un madero, sin saber quién es. Así será su descenso como tú lo verás; a los mismos cielos quedará oculto para que no se sepa quién es. Y cuando se haya apoderado del ángel de la muerte, ascenderá al tercer día (y permanecerá en ese mundo quinientos cuarenta y cinco días). Entonces subirán con él muchos de los justos, cuyos espíritus no recibirán vestiduras hasta el día en que ascienda el Señor Cristo, y ellos con él. Entonces, pues, recibirán sus vestiduras, tronos y coronas, cuando El haya subido al séptimo cielo”.

“Insistí acerca de lo que le había preguntado en el tercer cielo: “Muéstrame cómo se sabe aquí todo lo que se hace en aquel mundo”. Estaba todavía hablándole cuándo he aquí que uno de los ángeles que allí había, más glorioso que aquel que me había subido desde el mundo, me mostró un libro y lo abrió. Estaba escrito, mas no como los libros de este mundo. Me lo dio, lo leí y resultó que allí estaban escritas las acciones de los hijos de Israel, y las de otros que yo no conozco, Jasub, hijo mío. Dije: “Verdaderamente nada hay que quede oculto al séptimo cielo de cuanto se hace en este mundo”.

 

 

Adoración de la Trinidad

 

 

“Allí vi muchas vestiduras dispuestas, muchos tronos y muchas coronas. Dije entonces al ángel: “¿De quién son esta vestiduras, tronos y coronas?”. Me respondió: “Muchos de ese mundo serán los que reciban estas vestiduras, al creer en la palabra de Aquel que se llamará como te dije (guardándola, creyendo en ella y en su cruz; para ellos están preparadas)”. Y vi a Uno que estaba allí, cuya gloria excedía a todos, grande y maravillosa era su gloria. Después, todos los justos que había visto así como los ángeles se llegaron a El (Adán, Abel, Set y todos los justos se acercaron hacia adelante), lo adoraron y alabaron todos al unísono. Yo también me uní a ellos, y mi alabanza era como la suya. Entonces se acercaron todos los ángeles, lo adoraron y alabaron.

“Yo me transfiguré, haciéndome como un ángel […]. Vi que estaban allí el Señor y el segundo ángel, pero este situado a la izquierda de mi Señor. Pregunté: “Quien es este?”. Me respondió: “Adóralo, pues este es el ángel del Espíritu Santo, que habla por ti y los otros justos”. Vi entonces la gran gloria al abrirse los ojos de mi espíritu, pero no pude continuar contemplándola, ni tampoco el ángel que iba conmigo, ni ninguno de sus semejantes a los que había visto adorar a mi Señor, mas vi a los justos que con gran poder contemplaban la gloria de Aquel.

“Se acercaron a mí mi Señor y el ángel del Espíritu, y dijo El: “Mira como te ha sido dado ver a Dios, y por tu causa ha recibido poder el ángel que está contigo”. Y vi como mi Señor y el ángel del Espíritu adoraban y alababan juntos a Dios. Entonces todos los justos se acercaron y lo adoraron, y los ángeles hicieron lo mismo. Y todos los ángeles lo alabaron.

“Entonces oí voces de alabanza que había escuchado en los seis cielos, que subían y se oían allí; todas eran enviadas a aquel Ser glorioso, cuya gloria no pude contemplar. Yo mismo oía y veía sus alabanzas, y el Señor y el ángel del Espíritu oían y veían todo. Todas las alabanzas que se enviaban de los seis cielos no solo se oían, sino que se veían. Oí decir al ángel que me guiaba: “Este es más excelso que los excelsos, el que mora en el mundo sagrado y descansa en los santos, el que ha de ser llamado por el Espíritu Santo, en boca de los justos, Padre del Señor” […].

Estas cosas vio Isaías y las contó a los que estaban ante él, quienes prorrumpieron en alabanzas. Dirigiéndose al rey Ezequías, dijo Isaías:

-Estas cosas he dicho: el fin de este mundo y toda esta visión se cumplirán en la última generación.

E Isaías le hizo jurar que no lo diría al pueblo de Israel, ni daría estas palabras a copiar a nadie. Vosotros, por vuestra parte, manteneos vigilantes en el Espíritu Santo para que recibáis vuestras vestiduras, tronos y coronas de gloria que están ya dispuestos en el séptimo cielo […].

 

Termina la visión del profeta Isaías con su ascensión.

 

 

Traducción del etíope de Federico Corriente

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Carta de Aristeas ( Apocrifo )

Publicado en 25 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

La conocida como Carta de Aristeas o Carta a Filócrates es una obra helenística del siglo III a.C., incluida entre los libros apócrifosFlavio Josefo, que la parafrasea, la atribuye a un tal Aristeas como dirigida a Filócrates. La obra describe la traducción al griego de la ley hebrea por parte de setenta y dos traductores enviados a Egipto desde Jerusalén a petición del bibliotecario de Alejandría, lo que resultó en la traducción conocida como los Septuaginta. Aunque se ha argumentado que la historia es ficticia, éste es el primer texto que meciona laBiblioteca de Alejandría.

Se conservan unos veinte manuscritos de la carta. Se supone que el autor era un cortesano de Ptolomeo II Filadelfo y a menudo recibe el nombre de Pseudo-Aristeas.

La obra cuenta cómo el rey de Egipto, supuestamente Ptolomeo II, recibe de su bibliotecario Demetrio de Falero la petición de traducir al griego la biblia hebrea: el Pentateuco. El rey da su apoyo a la iniciativa, libera a los judíos reducidos a la esclavitud por sus antecesores y envía regalos al Templo de Jerusalén. El sumo sacerdote elige seis hombre de cada una de las doce tribus, lo que da un total de setenta y dos traductores. Éstos viajan hasta Alejandría, donde el rey los recibe y, durante siete días, les formula preguntas de carácter filosófico, cuyas respuestas se consignan por extenso. Los 72 traductores acaban su tarea exactamente en 72 días. Cuando los judíos de Alejandría oyen que la ley hebrea se ha traducido al griego, piden copias y dictan una maldición contra cualquiera que cambie la traducción. El rey premia a los traductores y los envía de vuelta a su patria.

Uno de los objetivos principales del autor del siglo II parece ser la de establecer la superioridad del texto griego de los Septuaginta sobre cualquier otra versión de la Biblia hebrea. El autor es notablemente pro-griego: retrata a Zeus como otro nombre de Yaveh y, aunque critica la idolatría y la ética sexual griega, no se trata de una ataque frontal sino de una invitación a cambiar. La forma en que el autor se concentra en describir el judaísmo, y en particular su templo en Jerusalén puede verse como un intento de proselitismo.

El humanista Luis Vives, basándose en un análisis filológico, afirma en sus XXII libri de Civitate Dei Commentaria (1522) que la carta es una falsificación. Humphrey Hody publicó Contra historiam Aristeae de LXX interpretibus dissertatio, en la que afirma que fue una falsificación tardía de un judío helenizado, escrita para dar autoridad a la versión de los Septuaginta. Aunque Isaac Vossius (1618-1689), bibliotecario de la reina Cristina de Suecia, publicó una refutación en el apéndice a su edición de Pomponio Mela, los estudiosos modernos se posicionana unánimemente con Hody.

 

Aqui les dejo el texto de la misma:

. INTRODUCCIÓN ( 1-8)

 

1Filócrates: Puesto que el informe de la entrevista que tuvimos con Eleazar, el sumo sacerdote de los judíos, es de interés; porque te gusta mucho escuchar con todo detalle el contenido y objeto de la embajada, me he propuesto exponértelo con claridad, consciente de tu ansia de saber. 2En efecto, lo más grande para el hombre es «aprender y recibir siempre algo», bien sea por narraciones históricas o por propia experiencia. De esta manera se consigue pureza de espíritu para asimilar lo mejor; e inclinándonos hacia lo más importante, la piedad, nos gobernamos por una norma que no yerra.

3Dado mi interés por las cuestiones religiosas, me ofrecí para la embajada ante dicho personaje, muy honrado de sus conciudadanos y demás gente por sus excelentes cualidades y su posición y que ha rendido un gran servicio a propios y extraños, cuyo objeto era la traducción de la ley divina, pues sólo cuentan con pergaminos escritos en lengua hebrea. 4Al punto puse manos a la obra aprovechando la ocasión para interceder ante el rey en favor de los que habían sido deportados de Judea a Egipto por su padre, cuando se apoderó de la ciudad y conquistó Egipto. Vale la pena que te informe sobre este punto. 5Estoy convencido de que tu gran respeto hacia la piedad y la actitud de los hombres que viven según la ley venerable, te llevará a escuchar con esto lo que vaya contarte, ahora que acabas de llegar aquí desde la Isla, deseoso de oír todo lo que reporta provecho al espíritu. 6Ya antes te envié un escrito sobre los asuntos que en mi opinión valía la pena reseñar, escrito que recibí de los sumos sacerdotes más instruidos del doctísimo Egipto acerca de la raza de los judíos.

7 Y es preciso que te lo comunique a ti, celoso como eres de todo lo que pueda serte útil, y de una manera especial a todos los que se te parecen, pero con mayor razón a ti, que tienes nobles propósitos, que no sólo eres un hermano mío de raza por tu conducta, sino que eres igual que yo por tu inclinación al bien. 8El atractivo del oro o de cualquier otra cosa de las que aprecian los frívolos no tiene las mismas ventajas que el ejercicio de la instrucción y el cuidado por estas materias. Pero, para no causar ningún tedio alargándonos con prolegómenos, vamos a volver al núcleo de la narración

 

II. PREPARATIVOS

1.- Proyecto del bibliotecario real (§§ 9-11)

9Demetrio de Falerón, encargado de la biblioteca real, recibió un enorme presupuesto para reunir, si fuera posible, todos los libros de la tierra. Mediante compras y transcripciones llevó adelante, en cuanto de él dependía, el proyecto del rey.

 

2 La cita forma en griego un trímetro yámbico y pertenece probablemente a una tragedia. Perdida (así, Thackeray y Pelletier), o bien está tomada del material escolar resultante de dos citas de Sófocles ensambladas en una. Cf., p. ej., los fragmentos 779 y 622 de Poetae scenici graeci (ed. Dindorf).

3 Se refiere a los judíos de Jerusalén.

4 su padre: Tolomeo I Lagos (322-285 a. C.).

5 Isla: Aunque, en general, se supone referido a la isla de Faros, probablemente alude a Chipre. Si la traducción de los LXX se sitúa en la isla de Faros (Aunque no se mencione expresamente en la carta, cf. § 301), no se explica cómo Filócrates podía ignorar el contenido de esta narración.

6 Probablemente, el autor quiere asociarse aquí con el historiador judeo helenístico del mismo nombre que escribió una obra peri. jIoudaivwn de la que sólo conservamos fragmentos en Eusebio, Praep. ev., 430d. Sobre la sabiduría proverbial de los egipcios, cf. Herótodo, Hist. II, 3.

9 Demetrio: Del demo ateniense de Falerón, nació en torno al 350 a. C. Vivió a partir del año 298/7 en la corte de Tolomeo I Lagos. A pesar de haber ejercido un enorme influjo sobre él, nunca fue su bibliotecario. En consecuencia, la asociación de Demetrio con la restauración de la biblioteca de Alejandría bajo Tolomeo Filadelfo es una ficción literaria, puesto que dicho rey lo desterró en 285 por haberse opuesto a su subida al poder.

 

10Me hallaba yo presente cuando le preguntó: « ¿Cuántos millares de libros hay?». Y respondió: «Más de veinte, rey; pero me estoy apresurando a completar en poco tiempo los quinientos mil que faltan. Se me ha dicho que las leyes de los judíos deberían ser transcritas y formar parte de tu biblioteca». 11« ¿Y qué impide, dijo, que hagas esto? A tu disposición tienes todo lo necesario». Pero Demetrio replicó: «Hay que traducirlas, pues en Judea utilizan una escritura peculiar, como los egipcios, en cuanto a la disposición de sus letras y también tienen su propia pronunciación. Se supone que emplean el siriaco; pero no exactamente, sino un dialecto diferente».

Cuando el rey se informó de los pormenores, dio orden de escribir al sumo sacerdote de los judíos con el fin de llevar a cabo lo convenido.

 

2. Liberación de los esclavos judíos (§§ 12-27)

 

12Pensé entonces que había llegado el momento oportuno para un asunto sobre el que había insistido muchas veces a Sosibio el de Tarento a Andrés, los más incondicionales de su escolta privada, en favor de la manumisión de los que habían sido deportados desde Judea por el padre del rey, ya que al invadir toda la zona de Celesiria y de Fenicia su buena fortuna y su valentía, a unos los deportaba y a otros los hacía prisioneros, sometiendo y atemorizando a toda la región. Deportó a Egipto, también por entonces, a más de cien mil del país de los judíos 13y armó a unos treinta mil de entre ellos, bien escogidos, instalándolos en los controles de su nación (antiguamente con el «Persa» habían venido bastantes, e incluso antes que éstos habían sido enviados ya otros aliados para luchar con Psamético en contra del rey de los etíopes. Pero no habían afluido tantos como deportó Tolomeo Lagos). 14Como acabamos de decir, tomó a los de mejor edad para las armas y a los más vigorosos y los equipó. Y permitió que esclavizaran a la multitud restante de viejos y muchachos e incluso de mujeres, no tanto por propia voluntad cuanto presionado por los soldados y por los servicios que éstos habían prestado en las campañas militares.

Puesto que yo, como he indicado, había tomado cierto pretexto para su manumisión, me serví de las siguientes palabras con el rey: 15«No caigamos en la locura de ser reprendidos por los hechos mismos, oh rey. La ley que nos proponemos transcribir y traducir está puesta para todos los judíos; ¿qué excusa vamos a tener para la embajada mientras sigan de esclavos en tu reino una suma considerable de ellos? En consecuencia, libera con espíritu intachable y generoso a los que están presos en miserable situación, puesto que, tras ardua investigación, he concluido que el Dios que les dio la

 

10 transcritas: Persiste la ambigüedad de los términos empleados por Aristeas para «traducción» y «transcripción». Cf. G. Zuntz, op. cit., 111-114.

11 siriaco: Es decir, el arameo en terminología helenística.

12 escolta privada: Sobre el sentido del término ajrciswmatofuvlaxen la corte de los Lágidas, puede consultarse A. Pelletier, Flavius Josephe adaptateur..., 106-108. Los nombres de Sosibio y Andrés están suficientemente atestiguados en la corte de los Tolomeos. Sobre Sosibio, cf. D. Daube, Alexandrian Methods of Interpretationand the Rabbis, en Hom. Hans Lewald (Basilea 1953) 27-44, espec. 29ss.

Celesiria: Nombre de la provincia de Palestina bajo los Seléucidas. Se refiere probablemente a la campaña de Tolomeo I, que culminó con la batalla de Gaza (312 a.C.).

13 La inmigración de judíos a Egipto bajo Tolomeo I es histórica. El «persa»Parece indicar a Cambises, que conquistó Egipto en el año 525 a.C. Psamético, que reinó ca.671-617, fue el primer rey egipcio que empleó mercenarios griegos en sus campañas militares (cf. Heródoto, Hist. II, 151ss).Hubo refugiados judíos en Egipto con motivo de la invasión asiria (722) Y caldea (597) de Palestina. –Los papiros de Elefantina (494-400a.C.) prueban, Al menos, la existencia de una colonia militar judía en Egipto en el s. V antes de Cristo.

15 esclavos: Aristeas da por supuesto que el rey considera la esclavitud como Injusticia. Las únicas protestas judías contra la esclavitud en la Antigüedad Proceden de ambientes helenísticos o pietistas. Cf. A. Pe1letier, Lettre d'Aristée, ad loc.

leyes el mismo que gobierna tu reino. 16Estos adoran al Dios que ve todas las cosas y las crea, al que todos veneran sólo que nosotros, rey, lo llamamos de forma diferente Zena y Día. Y con gran acierto los antiguos afirmaron que aquel por el que todas las cosas son, reciben la vida y existen, es el que rige y domina sobre todas ellas; de modo que supera a todos los hombres en generosidad y libera a los que están sometidos a esclavitud». 17Reflexionó un instante, y yo suplicaba a Dios en mi interior que dispusiera su mente para liberar a todos; por ser el género humano criatura de Dios, se transforma y modifica por medio de él; por eso invocaba yo de muchas y muy variadas formas al que es Señor del corazón para que fuera movido a realizar lo que yo pedía.

18Al exponer una iniciativa relacionada con la liberación de los hombres, tenía gran esperanza de que Dios cumpliría mis peticiones. Porque cuando los hombres creen realizar algo honestamente, preocupándose de la justicia y de las buenas obras, el Dios Señor de todas las cosas dirige con éxito sus proyectos y sus logros. 19Entonces el rey, alzando la cabeza y mirándome con rostro sonriente, dijo: «¿Cuántos millares supones que son?». Y Andrés, que se hallaba presente, respondió: «Algo más de cien mil». Y el rey añadió: «Poca cosa en verdad nos pide Aristeas». Pero Sosibio y algún otro de los presentes dijeron: «Con todo, es digno de tu esplendidez ofrecer al gran Dios la liberación de éstos como sacrificio de acción de gracias. Como el Señor de todas las cosas te honra y enaltece por encima de tus progenitores, aunque hagas los más grandes sacrificios de acción de gracias, te sienta bien». 20Entusiasmado, ordenó añadir una paga extraordinaria a los sueldos: 20 dracmas por cada esclavo, promulgar un decreto sobre ello y actualizar los censos. Manifestaba un celo enorme, puesto que Dios cumplía todo nuestro deseo y le constreñía a liberar no sólo a los que habían llegado con el ejército de su padre, sino también a algunos que ya estaban allí o se habían introducido en el reino posteriormente. Le indicaron que el gasto sobrepasaba los 400 talentos. 21Me parece conveniente reproducir la copia del decreto, ya que la magnificencia del rey al que Dios hizo capaz de convertirse en salvación de una población numerosa quedará más clara y patente. 22Era del siguiente tenor:

«Decreto real: Todos los que hicieron la expedición con mi padre contra las zonas de Siria y Fenicia y que al atravesar la región judía se apoderaron de esclavos judíos y los trasladaron a la ciudad y al país, o los vendieron a otros; asimismo si hay algunos de antes o deportados después de estos hechos: que los que los tienen inmediatamente los suelten y recibirán al punto 20 dracmas por cada esclavo: los soldados de la paga de los sueldos y el resto del erario real, 23pues pensamos que fueron hechos prisioneros injustamente y contra la voluntad de nuestro padre. Es más, la destrucción de su tierra y la deportación de los judíos a Egipto se produjo por el desenfreno de los soldados; el botín que sacaron los soldados, más del que convenía, hubiera sido suficiente. Por eso es del todo abusivo apoderarse de los hombres. 24Nosotros hacemos gala de distribuir lo justo a todos los hombres, pero mucho más a los sometidos sin razón, y buscamos por todos los medios lo que corresponde a la justicia y a la piedad para con todos, y hemos decretado que a todos los judíos que sean esclavos en cualquier

 

 

 

16 Zena y Día: Doble forma de acusativo del nombre de Zeus. Sobre la imagen universalista de Dios que aquí se expone, cf. la Introducción. En la época Helenística, estas dos etimologías populares eran un lugar común: Zhna se vinculaba etimológicamente con zhn = vivir, y Divacon la preposición homónima (= «a través de»), que convertía a la divinidad en la causa de todas las cosas. Cf., por ejemplo, el peri; qewn de Crisipo, en Stoic. Vet. fragm. II, 1076.

20 decreto: Cf. E. Bickermann, Notes sur la Chancellerie des Lagides: «Archives d'Histoire du Droit Oriental et Revue Internationale des Droits de I'Antiquité» 2 (1953) 258-265, donde, a partir de este pasaje, reconstruye el procedimiento seguido por los Tolomeos para la expedición de un decreto escrito.

talento: Equivalía a unas 6.000 dracmas. El precio de los esclavos en el Egipto del s. III a.C. se conoce especialmente por el Papiro Zenon (Zenon papyri. Business Papers of the Third Century B. C. Dealing with Palestine and Egypt I (ed. W. L. Westermann y E. S. Hasenoehrl; 1934); II (ed. W. L. Westermann, C. W. Keyes y H. Liebesny; 1940, Nueva York). Las Esclavas podían costar de 50 a 300 dracmas, y los esclavos, de 112 hasta 300.

parte del reino y de la forma que fuere los suelten los que los retienen y recibirán a cambio la suma estipulada. Que nadie escamotee en nada la aplicación de estas ordenanzas. Tres días después de la publicación de este decreto se harán las listas y se mostrarán inmediatamente, juntos con los esclavos, a los que están constituidos a dichos efectos. 25Pues hemos comprendido que nos conviene a nosotros y al bien común el realizado. El que quiera puede denunciar a los desobedientes a condición de que disponga del que resulte culpable. Los bienes de los tales serán confiscados para el erario real».

26Una vez emitido el decreto para que el rey lo leyera, contenía todo lo otro, salvo la cláusula «si hay algunos de antes o deportados después de estos hechos». Esto último lo añadió el rey en persona por su extraordinaria magnanimidad y ordenó que se distribuyera la cantidad total de los gastos a los encargados de los regimientos y a los tesoreros reales. 27Expedido el decreto de esta forma fue ratificado a los siete días. La paga ascendía a más de 660 talentos, porque fueron liberados muchos niños de pecho con sus madres. Planteado si también habría que dar 20 dracmas por éstos, el rey dio orden de incluirlos escrupuloso como era en cumplir íntegramente todos los puntos de resolución.

 

3. Informe del bibliotecario (§§ 28-32)

 

28Cuando se terminaron estas gestiones, dio orden a Demetrio de entregarle un informe sobre la trascripción de los libros judíos, pues estos reyes administraban todos los asuntos por medio de decreto y con mucha precaución, sin que nada se les escapara o quedara al azar. Por eso he reproducido lo del informe, las copias de las cartas, el número de los presentes y la índole de cada uno, porque cada uno de ellos es una obra maestra de magnificencia y artesanía. Esta es la copia del informe:

29 «Al gran rey de parte de Demetrio:

A propósito de tu decreto, oh rey, de reunir los libros que faltan para completar tu biblioteca y de sustituir de forma adecuada y tras diligente examen los que se hayan perdido, te presento los siguientes resultados:

30Faltan los libros de la ley de los judíos junto con otros pocos. Se leen con caracteres y pronunciación hebreos, pero están escritos de forma descuidada y no como son en realidad, según aducen los expertos, pues les ha faltado la supervisión real. 31Por tanto, es preciso que los tengas junto

 

26 enpersona: Al parecer, la ausencia de esta cláusula en el documento que sirvió de modelo a Aristeas (P. Rainer 24.552) es lo que motivaría el atribuirla a una intervención personal del rey.

28 estos reyes administraban: Expresión con la que el autor de la carta parece distanciarse de los primeros Tolomeos y de la época en que se tradujo el Pentateuco.

29 perdido: diapeptwcovtaPelletier traduce «qui sont en mauvais état», y Meisner, «die beschädigten Bände». Con todo, es preferible, a mi entender, el sentido de mi traducción. Cf. Thackeray y Andrews, ad loc.

30 están escritos: gr. seshvmantai En este pasaje radica una vieja polémica en torno al origen de los LXX. Si este verbo no significara «están escritos», sino «están traducidos», ello favorecería la hipótesis de P. Kahle de que circulaban diversas traducciones griegas de la Biblia a la manera de los targumes arameos. En este supuesto, la carta haría referencia al acto de imposición oficial de una de las traducciones frente a las demás, en tomo al año 100 a. C. Pero, en mi opinión y en la de otros muchos especialistas (Gooding, Marcus, Tcherikover, Bickermann, Pelletier, etc.), seshvmantaise refiere al modo como están escritos, y el pasaje intenta resaltar el mal estado de los manuscritos de Alejandría frente a las excelencias del ejemplar que van a traer de Jerusalén.

31 libros: Cf. §§ 313-316, donde se insiste una vez más en el carácter sacro e intocable de la ley, lo que se demuestra con la narración de dos milagros de escarmiento. Este tabú explica etiológicamente el hecho de que no haya sido citada por los autores griegos. En el Pap. Oxyr. XI, 1381, del s. II d.C., se encuentra el mismo recelo de divulgar, mediante traducción a lengua vernácula, los relatos sobre las intervenciones divinas.

Vivido: cai.politeuomevnwn posiblemente glosa actualizadora.

 

 

a ti suficientemente enmendados, porque esta ley, por ser divina, es la más sabia y perfecta. De ahí que los escritores, poetas y numerosos historiadores hayan evitado mencionar dichos libros y a los hombres que han vivido conforme a ellos, puesto que la imagen que ofrecen es santa y venerable, como dice Hecateo de Abdera. 32Si te parece, oh rey, se puede escribir al sumo sacerdote de Jerusalén para que envíe a los hombres que se han conducido con mayor honradez, a los ancianos expertos en su ley, seis de cada tribu, con el fin de examinar el acuerdo de la mayoría y obtener la interpretación exacta, y la pondremos en un sitio de honor a la altura de tus proyectos y tus realizaciones. Buena suerte en todo».

4. Intercambio de cartas entre Tolomeo y Eleazar (§§ 33-46)

 

33 Una vez presentado este informe, el rey dio orden de escribir a Eleazar sobre el asunto y que le indicaran lo de la liberación concedida a los prisioneros. Y entregó un peso de oro de cincuenta talentos, setenta talentos de plata y bastantes piedras preciosas para la fabricación de cráteras, copas, una mesa y vasos de libación; ordenó a. los tesoreros que dieran a escoger a los artesanos lo que prefirieran, dinero para los sacrificios y otros cien talentos más. 34Pero lo de la fabricación te lo contaré cuando hayamos pasado las copias de las cartas. La carta del rey era de este tenor:

35«El rey Tolomeo al sumo sacerdote Eleazar: Alégrate y que tengas buena salud.

Muchos judíos viven en nuestro país arrancados de Jerusalén por los persas cuando éstos dominaban, y también prisioneros que llegaron a Egipto con mi padre: 36a muchos de ellos los colocó en el ejército con sueldos elevados; asimismo, pensando que los que ya estaban antes le eran adictos, fundó guarniciones y se las entregó, para que por medio de ellos el pueblo egipcio estuviera sometido. Y nosotros, que hemos heredado el reino, tratamos a todos con suma benignidad, pero muy especialmente a tus ciudadanos. 37Acabamos de liberar a más de cien mil prisioneros de guerra tras entregar a los que les retenían el precio justo en dinero y reparar todo lo que hayan podido padecer por la vejación del pueblo, convencidos de que así obramos piadosamente y de que dedicamos una ofrenda de acción de gracias al Dios más grande, que nos ha conservado el reino con paz y el más alto honor a lo largo de todo el mundo habitado. En el ejército pusimos a los que estaban en la flor de la edad, y colocamos en cargos a los que podían cuidarse de nosotros y eran dignos de confianza para la corte. 38Y porque queremos favorecer a éstos, a todos los judíos del mundo y a los que vengan detrás, nos decidimos a traducir vuestra ley, de la que vosotros llamáis lengua hebrea, a la lengua griega,

 

 

 

Hecateo: Sigue debatiéndose todavía si el autor de la carta se refiere a los Aijguptiacav. De Hecateo de Abdera (ca. 350-290 a.C.) o al tratado peri.jIoudaivwn del historiador judeohelenistico conocido como Pseudo-Hecateo.

32 Si te parece: Thackeray analiza esta fórmula de cortesía en los papiros y llega a la conclusión de que la carta no puede ser anterior a la mitad del S. II antes de Cristo, puesto que emplea la expresión eja.n oun faivnetai Cf. The Letter of Aristeas, ad loc.

ancianos: Un titulo, cuerpo de notables, más que una referencia a la edad. Cf. J.-B. Frey, Corpus Inscriptionum Iudaicarum. I: Europe. Prolegómenon de B. Lifshitz (Nueva York 1975) LXXXVI.

Interpretación exacta: Estas palabras nos dan una idea de la metodología seguida por entonces en la crítica textual alejandrina: consiste en buscar el acuerdo de la mayoría de los testigos para obtener la lectura genuina.

36 estuviera sometido: Los manuscritos leen «no tuviera miedo» (fovbon (mh.) e;ch) Pero Eusebio y Josefo omiten el mh.. Correctamente lo ponen entre paréntesis Wendland, Thackeray y Pelletier.

37 pueblo: Sobre este significado de o;cloj d. P. Joüon, ;ocloj au sens de 'peuple, population' dans le grec du Nouveau Testament et dans la Lettre d'Aristée: RScR 27 (1937) 618ss.

38 librosreales: En realidad, lo que motivó la traducción no fue sólo mejorar la biblioteca real (cf. § 29), sino la necesidad de una traducción que experimentaba la comunidad judía de Alejandría, una vez que se había perdido el uso del hebreo.

 

para poder tenerla también junto a nosotros en la biblioteca con los demás libros reales. 39Nos harás un favor digno de nuestro celo si eliges ancianos que hayan vivido honestamente, expertos en la ley y capaces de hacer una traducción, seis de cada tribu, el fin de encontrar el acuerdo entre la mayoría, pues se trata de una investigación de primera importancia. Y nos reportará un gran honor. 40Con esta misión despachamos a Andrés y Aristeas, los más incondicionales de nuestra escolta privada, y muy estimados entre nosotros, para dialogar contigo. Llevan cien talentos de plata en regalos y ofrendas para el templo, los sacrificios y lo demás. Escríbenos tú también de lo que se te ofrezca; te portarás como un amigo y tendrás buena acogida. Cualquier cosa que prefieras se hará realidad al instante. ¡Buena salud!».

41A esta carta respondió Eleazar oportunamente en estos términos:

«Eleazar, sumo sacerdote, al rey Tolomeo, amigo sincero: ¡Alégrate! Que tengas buena salud tú y la reina Arsinoe, tu hermana, y tus hijos. Que os vaya bien como es nuestro deseo. También nosotros gozamos de buena salud.

42Al recibir tu carta, nos alegramos mucho por tus proyectos y tu excelente determinación; reunimos a toda la gente y se la leímos para que conocieran los sentimientos religiosos que tienes para con nuestro Dios. Expusimos también las copas que enviaste, veinte de oro y treinta de plata, cinco cráteras, la mesa de las ofrendas y los cien talentos de plata para la adquisición de los sacrificios y para los enseres que necesita el templo; 43todo lo que trajeron Andrés, uno de tus preferidos, y Aristeas, hombres honrados y cultos que destacan por su instrucción y dignos bajo todos los aspectos de tu conducta y justicia. Ellos nos transmitieron tu comunicado y a su vez escucharon de nosotros un asentimiento completo a tu carta, 44 ya que todo lo que sirve a tu interés, aunque sea contrario a la naturaleza lo obedeceremos, pues esto es señal de amor y amistad. Porque también tú has favorecido de muchas maneras a nuestros conciudadanos con grandes beneficios que no pueden olvidarse. 45Así que al punto ofrecimos sacrificios por ti, tu mujer, tus hijos y tus amigos. Todo el pueblo rezó para que te acontezca siempre conforme deseas y para que el Dios Señor de todas las cosas te mantenga el reino en paz y con honor y para que la trascripción de la ley santa redunde en provecho tuyo y sea realizada sobre seguro. 46Hemos escogido en presencia de todos a ancianos distinguidos, seis de cada tribu, a los que hemos enviado con la ley, de modo que harás bien, Oh rey, si ordenas que dichos hombres, tan pronto como ejecuten la trascripción de los libros, nos sean restituidos sanos y salvos. Buena Salud». 

 

41 oportunamente: ejndecomevnwjEn mi opinión, esta traducción es preferible a la interpretación de Wendland: «en cuanto le era posible», relacionándola con la dificultad para escribir en griego del sumo sacerdote de Jerusalén. Aparte de que la helenización de Palestina es mayor de lo que se pensaba a principios de siglo (cf. G. Mussies, Greek in Palestine and the Diaspora, en The Jewish People in the First Century II (ed. S. Safrai y M. Stern; Amsterdam 1976) 1040-1065), no me parece que se refiera a eso, ya que la carta es ficción literaria del Pseudo-Aristeas, quien la inserta en el momento que le conviene. 

 

 

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El Evangelio de Nicodemo (2)

Publicado en 13 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

El Evangelio de Nicodemo es un Evangelio apócrifo encontrado en Nag Hammadi. se le conoce también como Evangelio Copto de los Egipcios.

Escrito para la comunidad gnóstica egipcia. En él, se relata el episodio de la Anastasis o descendimiento de Cristo a los infiernos.

Se conoce otro Evangelio de los Egipcios, éste escrito en griego, considerado herético por Clemente AlejandrinoOrígenes y San Epifanio, escrito posiblemente hacia el año 150.

Anastasis (Aναστασις) es un calco de la palabra griega para Resurrección de Cristo.

En un significado más restringido, se refiere al descenso de Cristo a los infiernos, o al Limbo de los Patriarcas, con el fin de permitir su entrada en el cielo. Este episodio se describe ampliamente en el Evangelio Apócrifo de Nicodemo, y de manera mucho más breve en elNuevo Testamento (Mateo 27:52-53). Ha sido un tema muy común en la iconografíabizantina del periodo ortodoxo post-iconoclasta.

En la liturgia cristiana a menudo se ha usado esta palabra, consagrándose incluso iglesias a la Anástasis, siendo la más famosa la de Constantinopla.

También a la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén se la denomina de la Anástasis.

Su similitud con el nombre de Anastasia, ha dado lugar a que se ponga en duda la veracidad de la existencia de Anastasia de Sirmio, que algunos pensaron que sería la personificación de la Resurrección de Cristo.

En la teología católica el Limbo de los Patriarcas fue el lugar donde residieron las almas de los justos anteriores a la redención de la cruz hasta que fueron rescatados por Jesús resucitado

El Seno de Abraham es un concepto de judaísmo en el período del segundo templo.

El término seno de Abraham es común en las fuentes judías.El concepto también aparece en el Apocalipsis de Sofonías,5 y en el cuarto libro de los Macabeos.

La Parábola del rico y Lázaro (Lucas 16,19-31)contiene muchas conexiones con el judaísmo.

El término Seno de Abraham fue adoptado por la iglesia primitiva. Tertuliano lo considera como un lugar de espera hasta la resurrección.

Dice Tomás de Aquino: «…los justos del Antiguo Testamento entraban en el limbo de los patriarcas, donde tuvieron que permanecer hasta que Cristo redimió al mundo pagando con su sangre el rescate de la humanidad pecadora».

El descenso de Cristo a los infiernos es una idea basada en el discurso del apóstol Pedro en Hechos 2:

Hechos 2:31 "Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno (Hades), ni su carne vio corrupción." (Reina Valera 1909)

La misma idea se encuentra en el Credo de los Apóstoles: "Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos."

Más tarde el tema se convirtió en el foco de muchas leyendas cristianas, y obras de arte. A pesar de que el descenso de Cristo a los infiernos es un episodio apenas sugerido en el Nuevo Testamento, despertó una gran curiosidad entre los primeros cristianos.

Tomás de Aquino escribió sobre el descenso en su Suma Teológica.

 

 

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El Evangelio de Nicodemo (1) El Texto

Publicado en 13 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

EL EVANGELIO DE NICODEMO

Hechos de Pilatos (Acta Pilati)

Acusado por los príncipes de los judíos, Jesús comparece ante Pilatos realizado a su entrada en el pretorio

1. Yo, Emeo, israelita de nación, doctor de la ley en Palestina, intérprete de las Divinas Escrituras, lleno de fe en la grandeza de Nuestro Señor Jesucristo, revestido del carácter sagrado del santo bautismo, e investigador de las cosas que acaecieron, y que hicieron los judíos, bajo la gobernación de Cneo Poncio Pilatos, trayendo a la memoria el relato de esos hechos, escrito por Nicodemo en lengua hebrea, lo traduje en lengua griega, para darlo a conocer a todos los que adoran el nombre del Salvador del mundo. 
2. Y lo he hecho bajo el imperio de Flavio Teodosio, en el año decimoctavo de su reinado y bajo Valentiniano. 
3. Y os suplico a cuantos leáis tales cosas, en libros griegos o latinos, que oréis por mí, pobre pecador, a fin de que Dios me sea favorable y que me perdone todas las culpas que haya cometido. Con lo cual, y deseando paz a los lectores, y salud a los que entiendan, termino mi prefacio. 
4. Lo que voy a contar ocurrió el año decimoctavo del reinado de Tiberio César, emperador de los romanos, y de Herodes, hijo de Herodes, monarca de Galilea, el año decimoctavo de su dominación, el ocho de las calendas de abril, que es el día 25 del mes de marzo, bajo el consulado de Rufino y de Rubelión, el año IV de la olimpíada 202, cuando Josefo y Caifás eran grandes sacerdotes de los judíos. Entonces escribió Nicodemo, en lengua hebrea, todo lo sucedido en la pasión y en la crucifixión de Jesús. 
5. Y fue que varios judíos de calidad, Anás, Caifás, Sommas, Dathan, Gamaliel, Judas, Levi, Nephtalim, Alejandro, Siro y otros príncipes visitaron a Pilatos, y acusaron a Jesús de muchas cosas malas, diciendo: Nosotros lo conocemos por hijo de José el carpintero y por nacido de María. Sin embargo, él pretende que es hijo de Dios y rey de todos los hombres, y no sólo con palabras, mas con hechos, profana el sábado y viola la ley de nuestros padres. 
6. Preguntó Pilatos: ¿Qué es lo que dice, y qué es lo que quiere disolver en vuestro pueblo? 
7. Y los judíos contestaron: La ley, confirmada por nuestras costumbres, manda santificar el sábado y prohíbe curar en este día. Mas Jesús, en él, cura ciegos, sordos, cojos, paralíticos, leprosos, poseídos, sin ver que ejecuta malas acciones. 
8. Pilatos repuso: ¿Cómo pueden ser malas acciones ésas? 
9. Y ellos replicaron: Mago es, puesto que por Beelzebuh, príncipe de los demonios, expulsa los demonios, y por él también todas las cosas le están sometidas. 
10. Dijo Pilatos: No es el espíritu inmundo quien puede expulsar los demonios, sino la virtud de Dios. 
11. Pero uno de los judíos respondió por todos: Te rogamos hagas venir a Jesús a tu tribunal, para que lo veas y lo oigas. 
12. Y Pilatos llamó a un mensajero y le ordenó: Trae a Jesús a mi presencia y trátalo con dulzura. 
13. Y el mensajero salió, y habiendo visto a Jesús, a quien muy bien conocía, tendió su manto ante él y se arrojó a sus pies, diciéndole: Señor, camina sobre este manto de tu siervo, porque el gobernador te llama. 
14. Viendo lo cual, los judíos, llenos de enojo, se dirigieron en son de queja a Pilatos, y le dijeron: Debieras haberlo mandado traer a tu presencia no por un mensajero, sino por la voz de tu heraldo. Porque el mensajero, al verlo, lo adoró, y extendió ante Jesús su manto, rogándole que caminase sobre él. 
15. Y Pilatos llamó al mensajero y le preguntó: ¿Por qué obraste así? 
16. El mensajero, respondiendo, dijo: Cuando me enviaste a Jerusalén cerca de Alejandro, vi a Jesús caballero sobre un asno y a los niños de los hebreos que, con ramas de árbol en sus manos, gritaban: Salve, hijo de David. Y otros, extendiendo sus vestidos por el camino, decían: Salud al que está en los cielos. Bendito el que viene en nombre del Señor. 
17. Mas los, judíos respondieron al mensajero, exclamando: Aquellos niños de los hebreos se expresaban en hebreo. ¿Cómo tú, que eres griego, comprendiste palabras pronunciadas en una lengua que no es la tuya? 
18. Y el mensajero contestó: Interrogué a uno de los judíos sobre lo que quería decir lo que pronunciaban en hebreo y él me lo explicó. 
19. Entonces Pilatos intervino, preguntando: ¿Cuál era la exclamación que pronunciaban en hebreo? Y los judíos respondieron: Hosanna. Y Pilatos repuso: ¿Cuya es la significación de ese término? Y los judíos replicaron: ¡Señor, salud! Y Pilatos dijo: Vosotros mismos confirmáis que los niños se expresaban de ese modo. ¿En qué, pues, es culpable el mensajero? 
20. Y los judíos se callaron. Mas el gobernador dijo al mensajero: Sal, e introdúcelo. 
21. Y el mensajero fue hacia Jesús, y le dijo: Señor, entra, porque el gobernador te llama. 
22. Y, al entrar Jesús en el Pretorio, las imágenes que los abanderados llevaban por encima de sus estandartes se inclinaron por sí mismas y adoraron a aquél. Y los judíos, viendo que las imágenes se habían inclinado por sí mismas, para adorar a Jesús, elevaron gran clamoreo contra los abanderados. 
23. Entonces Pilatos dijo a los judíos: Noto que no rendís homenaje a Jesús, a pesar de que ante él se han inclinado las imágenes para saludarlo, y, en cambio, despotricáis contra los abanderados, como si ellos mismos hubiesen inclinado sus pendones y adorado a Jesús. Y los judíos repusieron: Los hemos visto proceder tal como tú indicas. 
24. Y el gobernador hizo que se aproximasen los abanderados y les preguntó por qué habían hecho aquello. Mas los abanderados respondieron a Pilatos: Somos paganos y esclavos de los templos. ¿Concibes siquiera que hubiéramos podido adorar a ese judío? Las banderas que empuñábamos se han inclinado por sí mismas, para adorarlo. 
25. En vista de esta contestación, Pilatos dijo a los jefes de la Sinagoga y a los ancianos del pueblo: Elegid por vuestra cuenta hombres fuertes y robustos, que empuñen las banderas, y veremos si ellas se inclinan por sí mismas. 
26. Y los ancianos de los judíos escogieron doce varones muy fornidos de su raza, en cuyas manos pusieron las banderas, y los formaron en presencia del gobernador. Y Pilatos dijo al mensajero: Conduce a Jesús fuera del Pretorio, e introdúcelo en seguida. Y Jesús salió del Pretorio con el mensajero. 
27. Y Pilatos, dirigiéndose a los que empuñaban las banderas, los conminó, haciendo juramento por la salud del César: Si las banderas se inclinan cuando él entre, os haré cortar la cabeza. 
28. Y el gobernador ordenó que entrase Jesús por segunda vez. Y el mensajero rogó de nuevo a Jesús que entrase, pasando sobre el manto que había extendido en tierra. Y Jesús lo hizo y, cuando entró, las banderas se inclinaron y lo adoraron.

Testimonios adversos y favorables a Jesús

II  1. Viendo esto, Pilatos quedó sobrecogido de espanto y comenzó a agitarse en su asiento. Y, cuando pensaba en levantarse, su mujer, llamada Claudia Prócula, le envió un propio para decirle: No hagas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho en sueños esta noche a causa de él. 
2. Pilatos, que tal oyó, dijo a todos los judíos: Bien sabéis que mi esposa es pagana y que, sin embargo, ha hecho construir para vosotros numerosas sinagogas. Pues bien: acaba de mandarme a decir que Jesús es un hombre justo y que ha sufrido mucho en sueños esta noche a causa de él. 
3. Mas los judíos respondieron a Pilatos: ¿No te habíamos dicho que era un encantador? He aquí que ha enviado a tu esposa un sueño. 
4. Y Pilatos, llamando a Jesús, le preguntó: ¿No oyes lo que éstos dicen contra ti? ¿Nada contestas? 
5. Jesús repuso: Si no tuviesen la facultad de hablar, no hablarían. Empero, cada uno puede a su grado abrir la boca y decir cosas buenas o malas. 
6. Los ancianos de los judíos replicaron a Jesús: ¿Qué es lo que decimos? Primero, que has nacido de la fornicación; segundo, que el lugar de tu nacimiento fue Bethlehem y que, por causa tuya, fueron degollados todos los niños de tu edad; y tercero, que tu padre y tu madre huyeron contigo a Egipto, porque no tenían confianza en el pueblo. 
7. Pero algunos judíos que allí se encontraban, y que eran menos perversos que los otros, decían: No afirmaremos que procede de la fornicación, porque sabemos que María se casó con José y que, por ende, Jesús no es hijo ilegítimo. 
8. Y Pilatos dijo a los judíos que mantenían ser Jesús producto de fornicación: Vuestro discurso es mentiroso, puesto que hubo casamiento, según lo atestiguan personas de vuestra clase. 
9. Empero Anás y Caifás insistieron ante Pilatos, diciendo: Toda la multitud grita que ha nacido de la fornicación y que es un hechicero. Y esos que deponen en contra son sus prosélitos y sus discípulos. 
10. Preguntó Pilatos: ¿Qué es eso de prosélitos? Y ellos respondieron: Son hijos de paganos, que ahora se han hecho judíos. 
11. Mas Lázaro, Asterio, Antonio, Jacobo, Zaro, Samuel, Isaac, Fineo, Crispo, Agripa, Amenio y Judas dijeron entonces: No somos prosélitos, sino hijos de judíos, y decimos la verdad, porque hemos asistido a las bodas de María. 
12. Y Pilatos, dirigiéndose a los doce hombres que así habían hablado, les dijo: Os ordeno, por la salud del César, que declaréis si decís la verdad y si Jesús no ha nacido de la fornicación. 
13. Y ellos contestaron a Pilatos: Nuestra ley nos prohíbe jurar, porque es un pecado. Ordena a ésos que juren, por la salud del César, ser falso lo que nosotros decimos y habremos merecido la muerte. 
14. Anás y Caifás dijeron a Pilatos: ¿Creerás a estos doce hombres, que pretenden que no ha nacido de la fornicación y no nos creerás a nosotros, que aseguramos que es un mago, y que se llama a sí mismo hijo de Dios y rey de los hombres? 
15. Entonces Pilatos ordenó que saliese todo el pueblo, y que se pusiese aparte a Jesús y, dirigiéndose a los que habían aseverado que éste no era hijo de la fornicación, les preguntó: ¿Por qué los judíos quieren hacer perecer a Jesús? Y ellos le respondieron: Están irritados contra él, porque opera curaciones en día de sábado. Pilatos exclamó: ¿Quieren, pues, hacerlo perecer, por ejecutar una buena obra? Y ellos confirmaron: Así es, en efecto.

Diálogo entre Jesús y Pilatos

III 1. Lleno de cólera, Pilatos salió del Pretorio, y dijo a los judíos: Pongo al sol por testigo de que nada he encontrado de reprensible en ese hombre. 
2. Mas los judíos respondieron al gobernador: Si no fuese un brujo, no te lo hubiéramos entregado. Pilatos dijo: Tomadlo y juzgadlo según vuestra ley. Mas los judíos repusieron: No nos está permitido matar a nadie. Y Pilatos redarguyó: Es a vosotros, y no a mí, a quien Dios preceptuó: No matarás. 
3. Y, vuelto al Pretorio, Pilatos llamó a Jesús a solas, y lo interrogó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y Jesús respondió: ¿Dices esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 
4. Pilatos repuso: ¿Por ventura soy judío yo? Tu nación y los príncipes de los sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 
5. Contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí. 
6. Pilatos exclamó: ¿Luego rey eres tú? Replicó Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que oye mi palabra la verdad escucha. 
7. Dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad? Y Jesús respondió: La verdad viene del cielo. Pilatos le preguntó: ¿No hay, pues, verdad sobre esta tierra? Y Jesús dijo: Mira cómo los que manifiestan la verdad sobre la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra.

Nuevos cargos de los judíos contra Jesús

IV 1. Dejando a Jesús en el interior del Pretorio, Pilatos salió, y se fue hacia los judíos, a quienes dijo: No encuentro en él falta alguna. 
2. Mas los judíos repusieron: Él ha dicho que podía destruir el templo, y reedificarlo en tres días. 
3. Pilatos les preguntó: ¿Qué es el templo? Y los judíos contestaron: El que Salomón tardó cuarenta y seis años en construir, y él asegura que, en sólo tres días, puede aniquilarlo y volver a levantarlo otra vez. 
4. Y Pilatos afirmó de nuevo: Inocente soy de la sangre de este hombre. Ved lo que os toca hacer con él. 
5. Y los judíos gritaron: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 
6. Entonces Pilatos, llamando a los ancianos, a los sacerdotes y a los levitas, les comunicó en secreto: No obréis así, porque nada hallo digno de muerte en lo que le reprocháis de haber violado el sábado. Mas ellos opusieron: El que ha blasfemado contra el César es digno de muerte. Y él ha hecho más, pues ha blasfemado contra Dios. 
7. Ante esta pertinacia en la acusación, Pilatos mandó a los judíos que saliesen del Pretorio y, llamando a Jesús, le dijo: ¿Qué haré a tu respecto? Jesús dijo: Haz lo que debes. Y Pilatos preguntó a los judíos: ¿Cómo debo obrar? Jesús respondió: Moisés y los profetas han predicho esta pasión y mi resurrección. 
8. Al oír esto, los judíos dijeron a Pilatos: ¿Quieres escuchar más tiempo sus blasfemias? Nuestra ley estatuye que, si un hombre peca contra su prójimo, recibirá cuarenta azotes menos uno, y que el blasfemo será castigado con la muerte. 
9. Y Pilatos expuso: Si su discurso es blasfematorio, tomadlo, conducidlo a vuestra Sinagoga, y juzgadlo según vuestra ley. Mas los judíos dijeron: Queremos que sea crucificado. Pilatos les dijo: Eso no es justo. Y, mirando a la asamblea, vio a varios judíos que lloraban, y exclamó: No es voluntad de toda la multitud que muera. 
10. Empero, los ancianos dijeron a Pilatos: Para que muera hemos venido aquí todos. Y Pilatos preguntó a los judíos: ¿Qué ha hecho, para merecer la muerte? Y ellos respondieron: Ha dicho que era rey e hijo de Dios.

Defensa de Jesús por Nicodemo

1. Entonces un judío llamado Nicodemo se acercó al gobernador y le dijo: Te ruego me permitas, en tu misericordia, decir algunas palabras. Y Pilatos le dijo: Habla. 
2. Y Nicodemo dijo: Yo he preguntado a los ancianos, a los sacerdotes, a los levitas, a los escribas, a toda la multitud de los judíos, en la Sinagoga: ¿Qué queja o agravio tenéis contra este hombre? Él hace numerosos y extraordinarios milagros, tales como nadie los ha hecho, ni se harán jamás. Dejadlo, y no le causéís mal alguno, porque si esos milagros vienen de Dios, serán estables y, si vienen de los hombres, perecerán. Moisés, a quien Dios envió a Egipto, realizó los milagros que el Señor le había ordenado hacer, en presencia del Faraón. Y había allí magos, Jamnés y Mambrés, a quienes los egipcios miraban como dioses, y que quisieron hacer los mismos milagros que Moisés, mas no pudieron imitarlos todos. Y, como los milagros que operaron no provenían de Dios, perecieron, como perecieron también los que en ellos habían creído. Ahora, pues, dejad, repito, a este hombre, porque no merece la muerte. 
3. Mas los judíos dijeron a Nicodemo: Te has hecho discípulo suyo y por ello levantas tu voz en su favor. 
4. Nicodemo replicó: ¿Es que el gobernador, que habla también en su favor, es discípulo suyo? ¿Es que el César no le ha conferido la misión de ser su ejecutor de la justicia? 
5. Mas los judíos, estremecidos de cólera, tremaron los dientes contra Nicodemo, a quien dijeron: Crees en él, y compartirás la misma suerte que él. 
6. Y Nicodemo repuso: Así sea. Comparta yo la misma suerte que él, según que vosotros lo decís.

Nuevos testimonios favorables a Jesús

VI 1. Y otro de los judíos avanzó, pidiendo al gobernador permiso para hablar. Y Pilatos repuso: Lo que quieras decir, dilo. 
2. Y el judío habló así: Hacía treinta años que yacía en mi lecho, y era constantemente presa de grandes sufrimientos, y me hallaba en peligro de perder la vida. Jesús vino, y muchos demoníacos y gentes afligidas de diversas enfermedades fueron curadas por él. Y unos jóvenes piadosos me llevaron a presencia suya en mi lecho. Y Jesús, al yerme, se compadeció de mí y me dijo: Levántate, toma tu lecho, y marcha. Y, en el acto, quedé completamente curado, tomé mi lecho y marché. 
3. Mas los judíos dijeron a Pilatos: Pregúntale en qué día fue curado. Y él respondió: En día de sábado. Y los judíos exclamaron: ¿No decíamos que en día de sábado curaba las enfermedades y expulsaba los demonios? 
4. Y otro judío avanzó y dijo: Yo era un ciego de nacimiento, que oía hablar, pero que a nadie veía. Y Jesús pasó, y yo me dirigí a él, gritando en alta voz: ¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí! Y él tuvo piedad de mí, y puso su mano sobre mis ojos, e inmediatamente recobré la vista. 
5. Y otro avanzó y dijo: Yo era leproso, y él me curó con una sola palabra.

Testimonio de la Verónica

VII 1. Y una mujer, llamada Verónica, dijo: Doce años venía afligiéndome un flujo de sangre y, con sólo tocar el borde de su vestido, el flujo se detuvo en el mismo momento. 
2. Y los judíos exclamaron: Según nuestra ley, una mujer no puede venir a deponer como testigo.

Testimonio colectivo de la multitud

VIII 1. Y algunos otros de la multitud de los judíos, varones y hembras, se pusieron a gritar: ¡Ese hombre es un profeta, y los demonios le están sometidos! Entonces Pilatos preguntó a los acusadores de Jesús: ¿ Por qué los demonios no están sometidos a vuestros doctores? Y ellos contestaron: No lo sabemos. 
2. Y otros dijeron a Pilatos: Ha resucitado a Lázaro, que llevaba cuatro días muerto, y lo ha sacado del sepulcro. 
3. Al oír esto, el gobernador quedó aterrado, y dijo a los judíos: ¿De qué nos servirá verter sangre inocente?

Las turbas prefieren la libertad de Barrabás a la de Jesús. Pilatos se lava las manos

IX 1. Y Pilatos, llamando a Nicodemo y a los doce hombres que decían que Jesús no había nacido de la fornicación, les habló así: ¿Qué debo hacer ante la sedición que ha estallado en el pueblo? Respondieron: Lo ignoramos. Véanlo ellos mismos. 
2. Y Pilatos, convocando de nuevo a la muchedumbre, dijo a los judíos: Sabéis que, según costumbre, el día de los Ázimos os concedo la gracia de soltar a un preso. Encarcelado tengo a un famoso asesino, que se llama Barrabás, y no encuentro en Jesús nada que merezca la muerte. ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y todos respondieron a voz en grito: ¡Suéltanos a Barrabás! 
3. Pilatos repuso: ¿Qué haré, pues, de Jesús, llamado el Cristo? Y exclamaron todos: ¡Sea crucificado! 
4. Y los judíos dijeron también: Demostrarás no ser amigo del César si pones en libertad al que se llama a sí mismo rey e hijo de Dios. Y aun quizá deseas que él sea rey en lugar del César. 
5. Entonces Pilatos montó en cólera y les dijo: Siempre habéis sido una raza sediciosa, y os habéis opuesto a los que estaban por vosotros. 
6. Y los judíos preguntaron: ¿Quiénes son los que estaban por nosotros? 
7. Y Pilatos respondió: Vuestro Dios, que os libró de la dura servidumbre de los egipcios y que os condujo a pie por la mar seca, y que os dio, en el desierto, el maná y la carne de las codornices para vuestra alimentación, y que hizo salir de una roca agua para saciar vuestra sed, y contra el cual, a pesar de tantos favores, no habéis cesado de rebelaros, hasta el punto de que Él quiso haceros perecer. Y Moisés rogó por vosotros, a fin de que no perecieseis. Y ahora decís que yo odio al rey. 
8. Mas los judíos gritaron: Nosotros sabemos que nuestro rey es el César, y no Jesús. Porque los magos le ofrecieron presentes como a un rey. Y Herodes, sabedor por los magos de que un rey había nacido, procuró matarlo. Enterado de ello José, su padre, lo tomó junto con su madre, y huyeron los tres a Egipto. Y Herodes mandó dar muerte a los hijos de los judíos, que por aquel entonces habían nacido en Bethlehem. 
9. Al oír estas palabras, Pilatos se aterrorizó y, cuando se restableció la calma entre el pueblo que gritaba, dijo: El que buscaba Herodes ¿es el que está aquí presente? Y le respondieron: El mismo es. 
10. Y Pilatos tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo. Pensad bien lo que vais a hacer. Y los judíos repitieron: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 
11. Entonces Pilatos ordenó que se trajese a Jesús al tribunal en que estaba sentado, y prosiguió en estos términos, al dictar sentencia contra él: Tu raza no te quiere por rey. Ordeno, pues, que seas azotado, conforme a los estatutos de los antiguos príncipes. 
12. Y mandó en seguida que se lo crucificase en el lugar en que había sido detenido, con dos malhechores, cuyos nombres eran Dimas y Gestas.

Jesús en el Gólgota

1. Y Jesús salió del Pretorio y los dos ladrones con él. Y cuando llegó al lugar que se llama Gólgota, los soldados lo desnudaron de sus vestiduras y le ciñeron un lienzo, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas y colocaron una caña en sus manos. Y crucificaron igualmente a los dos ladrones a sus lados, Dimas a su derecha y Gestas a su izquierda. 
2. Y Jesús dijo: Padre, perdónalos, y déjalos libres de castigo, porque no saben lo que hacen. Y ellos repartieron entre sí sus vestiduras. 
3. Y el pueblo estaba presente, y los príncipes, los ancianos y los jueces se burlaban de Jesús, diciendo: Puesto que a otros salvó, que se salve a sí mismo. Y si es hijo de Dios, que descienda de la cruz. 
4. Y los soldados se mofaban de él, y le ofrecían vinagre mezclado con hiel, exclamando: Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 
5. Y un soldado, llamado Longinos, tomando una lanza, le perforó el costado, del cual salió sangre y agua. 
6. Y el gobernador ordenó que, conforme a la acusación de los judíos, se inscribiese sobre un rótulo, en letras hebraicas, griegas y latinas: Éste es el rey de los judíos. 
7. Y uno de los ladrones que estaban crucificados, Gestas, dijo a Jesús: Si eres el Cristo, líbrate y libértanos a nosotros. Mas Dimas lo reprendió, diciéndole: ¿No temes a Dios tú, que eres de aquellos sobre los cuales ha recaído condena? Nosotros recibimos el castigo justo de lo que hemos cometido, pero él no ha hecho ningún mal. Y, una vez hubo censurado a su compañero, exclamó, dirigiéndose a Jesús: Acuérdate de mí, señor en tu reino. Y Jesús le respondió: En verdad te digo que hoy serás conmigo en el paraíso.

Muerte de Jesús

XI 1. Era entonces como la hora de sexta del día y grandes tinieblas se esparcieron por toda la tierra hasta la hora de nona. El sol se oscureció, y he aquí que el velo del templo se rasgó en dos partes de alto abajo. 
2. Y hacia la hora de nona, Jesús clamó a gran voz: Hely, Hely, lama zabathani, lo que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 
3. Y en seguida murmuró: Padre mío, encomiendo mi espíritu entre tus manos. Y, dicho esto, entregó el espíritu. 
4. Y el centurión, al ver lo que había pasado, glorificó a Dios, diciendo: Este hombre era justo. Y todos los espectadores, turbados por lo que habían visto, volvieron a sus casas, golpeando sus pechos. 
5. Y el centurión refirió lo que había ocurrido al gobernador, el cual se llenó de aflicción extrema y ni el uno, ni el otro comieron, ni bebieron, aquel día. 
6. Y Pilatos, convocando a los judíos, les preguntó: ¿Habéis sido testigos de lo que ha sucedido? Y ellos respondieron al gobernador: El sol se ha eclipsado de la manera habitual. 
7. Y todos los que amaban a Jesús se mantenían a lo lejos, así como las mujeres que lo habían seguido desde Galilea. 
8. Y he aquí que un hombre llamado José, varón bueno y justo, que no había tomado parte en las acusaciones y en las maldades de los judíos, que era de Arimatea, ciudad de Judea, y que esperaba el reino de Dios, pidió a Pilatos el cuerpo de Jesús. 
9. Y, bajándolo de la cruz, lo envolvió en un lienzo muy blanco, y lo depositó en una tumba completamente nueva, que había hecho construir para sí mismo, y en la cual ninguna persona había sido sepultada.

Los judíos amenazan a Nicodemo y encierran en un calabozo a José de Arimatea

XII 1. Sabedores los judíos de que José había pedido el cuerpo de Jesús, lo buscaron, como también a los doce hombres que habían declarado que Jesús no naciera de la fornicación, y a Nicodemo y a los demás que habían comparecido ante Pilatos, y dado testimonio de las buenas obras del Salvador. 
2. Todos se ocultaban y únicamente Nicodemo, por ser príncipe de los judíos, se mostró a ellos, y les preguntó: ¿Cómo habéis entrado en la Sinagoga? 
3. Y ellos le respondieron: Y tú, ¿cómo has entrado en la Sinagoga, cuando eras adepto del Cristo? Ojalá tengas tu parte con él en los siglos futuros. Y Nicodemo contestó: Así sea. 
4. Y José se presentó igualmente a ellos y les dijo: ¿Por qué estáis irritados contra mí, a causa de haber yo pedido a Pilatos el cuerpo de Jesús? He aquí que yo lo he depositado en mi propia tumba, y lo he envuelto en un lienzo muy blanco, y he colocado una gran piedra al lado de la gruta. Habéis obrado mal contra el justo, y lo habéis crucificado, y lo habéis atravesado a lanzadas. 
5. Al oír esto, los judíos se apoderaron de José y lo encerraron, hasta que pasase el día del sábado. Y le dijeron: En este momento, por ser tal día, nada podemos hacer contra ti. Pero sabemos que no eres digno de sepultura y abandonaremos tu carne a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. 
6. Y José respondió: Esas vuestras palabras son semejantes a las de Goliath el soberbio, que se levantó contra el Dios vivo, y a quien hirió David. Dios ha dicho por la voz del profeta: Me reservaré la venganza. Y Pilatos, con el corazón endurecido, lavó sus manos en pleno sol, exclamando: Inocente soy de la sangre de ese justo. Y vosotros habéis contestado: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Y mucho temo que la cólera de Dios caiga sobre vosotros y sobre vuestros hijos, como habéis proclamado. 
7. Al oír a José expresarse de este modo, los judíos se llenaron de rabia, y, apoderándose de él, lo encerraron en un calabozo sin reja que dejara penetrar el menor rayo de luz. Y Anás y Caifás colocaron guardias a la puerta y pusieron su sello sobre la llave. 
8. Y tuvieron consejo con los sacerdotes y con los levitas, para que se reuniesen todos después del día del sábado, y deliberasen sobre qué genero de muerte infligirían a José. 
9. Y cuando estuvieron reunidos, Anás y Caifás ordenaron que se les trajese a José. Y, quitando el sello, abrieron la puerta y no encontraron a José en el calabozo en que lo habían encerrado. Y toda la asamblea quedó sumida en el mayor estupor, porque habían encontrado sellada la puerta. Y Anás y Caifás se retiraron.

Los soldados atestiguan la resurrección de Jesús. Temor de los judíos, al saberlo

XIII 1. Y, mientras ellos no salían de su asombro, uno de los soldados a quienes habían encomendado la guardia del sepulcro entró en la Sinagoga y dijo: Cuando vigilábamos la tumba de Jesús, la tierra tembló y hemos visto a un ángel de Dios, que quitó la piedra del sepulcro y que se sentó sobre ella. Y su semblante brillaba como el relámpago y sus vestidos eran blancos como la nieve. Y nosotros quedamos como muertos de espanto. Y oímos al ángel que decía a las mujeres que habían ido al sepulcro de Jesús: No temáis. Sé que buscáis a Jesús el crucificado, el cual resucitó, como lo había predicho. Venid, y ved el lugar en que había sido colocado, y apresuraos a avisar a sus discípulos que ha resurgido de entre los muertos, y que va delante de vosotros a Galilea, donde lo veréis. 
2. Y los judíos, convocando a todos los soldados que habían puesto para guardar a Jesús, les preguntaron: ¿Qué mujeres fueron aquellas a quienes el ángel habló? ¿Por qué no os habéis apoderado de ellas? 
3. Replicaron los soldados: No sabemos qué mujeres eran, y quedamos como difuntos, por el mucho temor que nos inspiró el ángel. ¿Cómo, en estas condiciones, habríamos podido apoderarnos de dichas mujeres? 
4. Los judíos exclamaron: ¡Por la vida del Señor, que no os creemos! Y los soldados respondieron a los judíos: Habéis visto a Jesús hacer milagros, y no habéis creído en él. ¿Cómo creeríais en nuestras palabras? Con razón juráis por la vida del Señor, pues vive el Señor a quien encerrasteis en el sepulcro. Hemos sabido que habéis encarcelado en un calabozo, cuya puerta habéis sellado, a ese José que embalsamó el cuerpo de Jesús, y que, cuando fuisteis a buscarlo, no lo encontrasteis. Devolvednos a José, a quien aprisionasteis, y os devolveremos a Jesús, cuyo sepulcro hemos guardado. 
5. Los judíos dijeron: Devolvednos a Jesús y os devolveremos a José, porque éste se halla en la ciudad de Arimatea. Mas los soldados contestaron: Si José está en Arimatea, Jesús está en Galilea, puesto que así lo anunció a las mujeres el ángel. 
6. Oído lo cual, los judíos se sintieron poseídos de temor y se dijeron entre sí: Cuando el pueblo escuche estos discursos, todos en Jesús creerán. 
7. Y reunieron una gruesa suma de dinero, que entregaron a los soldados, advirtiéndoles: Decid que, mientras dormíais, llegaron los discípulos de Jesús al sepulcro y robaron su cuerpo. Y, si el gobernador Pilatos se entera de ello, lo apaciguaremos en vuestro favor y no seréis inquietados. 
8. Y los soldados, tomando el dinero, dijeron lo que los judíos les habían recomendado.

Intrigas de los judíos para invalidarla resurrección de Jesús

XIV 1. Y un sacerdote llamado Fineo, y el maestro de escuela Addas, y el levita Ageo llegaron los tres de Galilea a Jerusalén, y dijeron a todos los que estaban en la Sinagoga: A Jesús, por vosotros crucificado, lo hemos visto en el Monte los Olivos, sentado entre sus discípulos, hablando con ellos y diciéndoles: Id por el mundo, predicad a todas las naciones, y bautizad a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y el que crea y sea bautizado será salvo. Y, no bien hubo dicho estas cosas a sus discípulos, lo vimos subir al cielo. 
2. Al oír esto, los príncipes de los sacerdotes, los ancianos del pueblo y los levitas dijeron a aquellos tres hombres: Glorificad al Dios de Israel, y tomadlo por testigo de que lo que habéis visto y oído es verdadero. 
3. Y ellos respondieron: Por la vida del Señor de nuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, declaramos decir la verdad. Hemos oído a Jesús hablar con sus discípulos y lo hemos visto subir al cielo. Si callásemos ambas cosas, cometeríamos un pecado. 
4. Y los príncipes de los sacerdotes, levantándose en seguida, exclamaron: No repitáis a nadie lo que habéis dicho de Jesús. Y les dieron una fuerte suma de dinero. 
5. Y los hicieron acompañar por tres hombres, para que se restituyesen a su país, y no hiciesen estada alguna en Jerusalén. 
6. Y, habiéndose reunido todos los judíos, se entregaron entre sí a grandes meditaciones, y dijeron: ¿Qué es lo que ha sobrevenido en Israel? 
7. Y Anás y Caifás, para consolarlos, replicaron: ¿Es que vamos a creer a los soldados, que guardaban el sepulcro de Jesús, y que aseguraron que un ángel abrió su losa? ¿Por ventura no han sido sus discípulos los que les dieron mucho oro para que hablasen así, y los dejasen a ellos robar el cuerpo de Jesús? Sabed que no cabe conceder fe alguna a las palabras de esos extranjeros, porque, habiendo recibido de nosotros una fuerte suma, hayan por doquiera dicho lo que nosotros les encargamos que dijesen. Ellos pueden ser infieles a los discípulos de Jesús lo mismo que a nosotros.

Intervención de Nicodemo en los debates de la Sinagoga. Los judíos mandan llamar a José de Arimatea y oyen las noticias que éste les da

XV 1. Y Nicodemo se levantó y dijo: Rectamente habláis, hijos de Israel. Os habéis enterado de lo que han dicho esos tres hombres, que juraron sobre la ley del Señor haber oído a Jesús hablar con sus discípulos en el monte de los Olivos, y haberlo visto subir al cielo. Y la Escritura nos enseña que el bienaventurado Elías fue transportado al cielo, y que Eliseo, interrogado por los hijos de los profetas sobre dónde había ido su hermano Elías, respondió que les había sido arrebatado. Y los hijos de los profetas le dijeron: Acaso nos lo ha arrebatado el espíritu, y lo ha depositado sobre las montañas de Israel. Pero elijamos hombres que vayan con nosotros, y recorramos esas montañas, donde quizá lo encontremos. Y suplicaron así a Eliseo, que caminó con ellos tres días, y no encontraron a Elías. Y ahora, escuchadme, hijos de Israel. Enviemos hombres a las montañas, porque acaso el espíritu ha arrebatado a Jesús, y quizá lo encontremos, y haremos penitencia. 
2. Y el parecer de Nicodemo fue del gusto de todo el pueblo, y enviaron hombres, que buscaron a Jesús, sin encontrarlo, y que, a su vuelta, dijeron: No hemos hallado a Jesús en ninguno de los lugares que hemos recorrido, pero hemos hallado a José en la ciudad de Arimatea. 
3. Y, al oír esto, los príncipes y todo el pueblo se regocijaron, y glorificaron al Dios de Israel de que hubiesen encontrado a José, a quien habían encerrado en un calabozo, y a quien no habían podido encontrar. 
4. Y, reuniéndose en una gran asamblea, los príncipes de los sacerdotes se preguntaron entre sí: ¿Cómo podremos traer a José entre nosotros, y hacerlo hablar? 
5. Y tomando papel, escribieron a José por este tenor: Sea la paz contigo, y con todos los que están contigo. Sabemos que hemos pecado contra Dios y contra ti. Dígnate, pues, venir hacia tus padres y tus hijos, porque tu marcha del calabozo nos ha llenado de sorpresa. Reconocemos que habíamos concebido contra ti un perverso designio, y que el Señor te ha protegido, Iibrándote de nuestras malas intenciones. Sea la paz contigo, José, hombre honorable entre todo el pueblo. 
6. Y eligieron siete hombres, amigos de José, y les dijeron: Cuando lleguéis a casa de José, dadle el saludo de paz, y entregadle la carta. 
7. Y los hombres llegaron a casa de José, y lo saludaron, y le entregaron la carta. Y luego que José la hubo leído, exclamó: ¡Bendito sea el Señor Dios, que ha preservado a Israel de la efusión de mi sangre! ¡Bendito seas, Dios mío, que me has protegido con tus alas! 
8. Y José abrazó a los embajadores, y los acogió y regaló en su domicilio. 
9. Y, al día siguiente, montando en un asno, se puso en camino con ellos, y llegaron a Jerusalén. 
10. Y, cuando los judíos se enteraron de su llegada, corrieron todos ante él, gritando y exclamando: ¡Sea la paz a tu llegada, padre José! Y él repuso: ¡Sea la paz del Señor con todo el pueblo! 
11. Y todos lo abrazaron. Y Nicodemo lo recibió en su casa, acogiéndolo con gran honor y con gran complacencia. 
12. Y, al siguiente día, que lo era de la fiesta de Preparación, Anás, Caifás y Nicodemo dijeron a José: Rinde homenaje al Dios de Israel, y responde a todo lo que te preguntemos. Irritados estábamos contra ti, porque habías sepultado el cuerpo de Jesús, y te encerramos en un calabozo, donde no te encontramos, al buscarte, lo que nos mantuvo en plena sorpresa y en pleno espanto, hasta que hemos vuelto a verte. Cuéntanos, pues, en presencia de Dios, lo que te ha ocurrido. 
13. Y José contestó: Cuando me encerrasteis, el día de Pascua, mientras me hallaba en oración a medianoche, la casa quedó como suspendida en los aires. Y vi a Jesús, brillante como un relámpago, y, acometido de terror, caí por tierra. Y Jesús, tomándome por la mano, me elevó por encima del suelo, y un sudor frío cubría mi frente. Y él, secando mi rostro, me dijo: Nada temas, José. Mírame y reconóceme, porque soy yo. 
14. Y lo miré, y exclamé, lleno de asombro: ¡Oh Señor Elías! Y él me dijo: No soy Elías, sino Jesús de Nazareth, cuyo cuerpo has sepultado. 
15. Y yo le respondí: Muéstrame la tumba en que te deposité. Y Jesús, tomándome por la mano otra vez, me condujo al lugar en que lo había sepultado, y me mostró el sudario y el paño en que había envuelto su cabeza. 
16. Entonces reconocí que era Jesús, y lo adoré, diciendo: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 
17. Y Jesús, tomándome por la mano de nuevo, me condujo a mi casa de Arimatea, y me dijo: Sea la paz contigo, y, durante cuarenta días, no salgas de tu casa. Yo vuelvo ahora cerca de mis discípulos.

Estupor de los judíos ante las declaraciones de José de Arimatea

XVI 1. Cuando los sacerdotes y los levitas oyeron tales cosas, quedaron estupefactos y como muertos. Y, vueltos en sí, exclamaron: ¿Qué maravilla es la que se ha manifestado en Jerusalén? Porque nosotros conocemos al padre y a la madre de Jesús. 
2. Y cierto levita explicó: Sé que su padre y su madre eran personas temerosas del Altísimo, y que estaban siempre en el templo, orando, y ofreciendo hostias y holocaustos al Dios de Israel. Y, cuando Simeón, el Gran Sacerdote, lo recibió, dijo, tomándolo en sus brazos: Ahora, Señor, envía a tu servidor en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto al Salvador que has preparado para todos los pueblos, luz que ha de servir para la gloria de tu raza de Israel. Y aquel mismo Simeón bendijo también a María, madre de Jesús, y le dijo: Te anuncio, respecto a este niño, que ha nacido para la ruina y para la resurrección de muchos, y como signo de contradicción. 
3. Entonces los judíos propusieron: Mandemos a buscar a los tres hombres que aseguran haberlo visto con sus discípulos en el monte de los Olivos. 
4. Y, cuando así se hizo, y aquellos tres hombres llegaron, y fueron interrogados, respondieron con unánime voz: Por la vida del Señor, Dios de Israel, hemos visto manifiestamente a Jesús con sus discípulos en el monte de las Olivas, y asistido al espectáculo de su subida al cielo. 
5. En vista de esta declaración, Anás y Caifás tomaron a cada uno de los testigos aparte, y se informaron de ellos separadamente. Y ellos insistieron sin contradicción en confesar la verdad, y en aseverar que habían visto a Jesús. 
6. Y Anás y Caifás pensaron: Nuestra ley preceptúa que, en la boca de dos o tres testigos, toda palabra es válida. Pero sabemos que el bienaventurado Enoch, grato a Dios, fue transportado al cielo por la palabra de Él, y que la tumba del bienaventurado Moisés no se encontró nunca, y que la muerte del profeta Elías no es conocida. Jesús, por lo contrario, ha sido entregado a Pilatos, azotado, abofeteado, coronado de espinas, atravesado por una lanza, crucificado, muerto sobre el madero, y sepultado. Y el honorable padre José, que depositó su cadáver en un sepulcro nuevo, atestigua haberlo visto vivo. Y estos tres hombres certifican haberlo encontrado con sus discípulos en el monte de los Olivos, y haber asistido al espectáculo de su subida al cielo.

Descenso de Cristo al Infierno (Descensus Christi ad Inferos)

Nuevas y sensacionales declaracionesde José de Arimatea

XVII 1. Y José, levantándose, dijo a Anás y a Caifás: Razón tenéis para admiraros, al saber que Jesús ha sido visto resucitado y ascendiendo al empíreo. Pero aún os sorprenderéis más de que no sólo haya resucitado, sino de que haya sacado del sepulcro a muchos otros muertos, a quienes gran número de personas han visto en Jerusalén. 
2. Y escuchadme ahora, porque todos sabemos que aquel bienaventurado Gran Sacerdote, que se llamó Simeón, recibió en sus manos, en el templo, a Jesús niño. Y Simeón tuvo dos hijos, hermanos de padre y de madre, y todos hemos presenciado su fallecimiento y asistido a su entierro. Pues id a ver sus tumbas, y las hallaréis abiertas, porque los hijos de Simeón se hallan en la villa de Arimatea, viviendo en oración. A veces se oyen sus gritos, mas no hablan a nadie, y permanecen silenciosos como muertos. Vayamos hacia ellos, y tratémoslos con la mayor amabilidad. Y, si con suave insistencia los interrogamos, quizá nos hablen del misterio de la resurrección de Jesús. 
3. A cuyas palabras todos se regocijaron, y Anás, Caifás, Nicodemo, José y Gamaliel, yendo a los sepulcros, no encontraron a los muertos, pero, yendo a Arimatea, los encontraron arrodillados allí. 
4. Y los abrazaron con sumo respeto y en el temor de Dios, y los condujeron a la Sinagoga de Jerusalén. 
5. Y, no bien las puertas se cerraron, tomaron el libro santo, lo pusieron en sus manos, y los conjuraron por el Dios Adonaí, Señor de Israel, que ha hablado por la Ley y por los profetas, diciendo: Si sabéis quién es el que os ha resucitado de entre los muertos, decidnos cómo habéis sido resucitados. 
6. Al oír esta adjuración, Carino y Leucio sintieron estremecerse sus cuerpos, y, temblorosos y emocionados, gimieron desde el fondo de su corazon. 
7. Y, mirando al cielo, hicieron con su dedo la señal de la cruz sobre su lengua. 
8. Y, en seguida, hablaron, diciendo: Dadnos resmas de papel, a fin de que escribamos lo que hemos visto y oído. 
9. Y, habiéndoselas dado, se sentaron, y cada uno de ellos escribió lo que sigue.

Carino y Leucio comienzan su relato

XVIII 1. Jesucristo, Señor Dios, vida y resurrección de muertos, permítenos enunciar los misterios por la muerte de tu cruz, puesto que hemos sido conjurados por ti. 
2. Tú has ordenado no referir a nadie los secretos de tu majestad divina, tales como los has manifestado en los infiernos. 
3. Cuando estábamos con nuestros padres, colocados en el fondo de las tinieblas, un brillo real nos iluminó de súbito, y nos vimos envueltos por un resplandor dorado como el del sol. 
4. Y, al contemplar esto, Adán, el padre de todo el género humano, estalló de gozo, así como todos los patriarcas y todos los profetas, los cuales clamaron a una: Esta luz es el autor mismo de la luz, que nos ha prometido transmitirnos una luz que no tendrá ni desmayos ni término.

Isaías con/irma uno de sus vaticinios

XIX 1. Y el profeta Isaías exclamó: Es la luz del Padre, el Hijo de Dios, como yo predije, estando en tierras de vivos: en la tierra de Zabulón y en la tierra de Nephtalim. Más allá del Jordán, el pueblo que estaba sentado en las tinieblas, vería una gran luz, y esta luz brillaría sobre los que estaban en la región de la muerte. Y ahora ha llegado, y ha brillado para nosotros, que en la muerte estábamos. 
2. Y, como sintiésemos inmenso júbilo ante la luz que nos había esclarecido, Simeón, nuestro padre, se aproximó a nosotros, y, lleno de alegría, dijo a todos: Glorificad al Señor Jesucristo, que es el Hijo de Dios, porque yo lo tuve recién nacido en mis manos en el templo e, inspirado por el Espíritu Santo, lo glorifiqué y dije: Mis ojos han visto ahora la salud que has preparado en presencia de todos los pueblos, la luz para la revelación de las naciones, y la gloria de tu pueblo de Israel. 
3. Al oír tales cosas, toda la multitud de los santos se alborozó en gran manera. 
4. Y, en seguida, sobrevino un hombre, que parecía un ermitaño. Y, como todos le preguntasen quién era, respondió: Soy Juan, el oráculo y el profeta del Altísimo, el que precedió a su advenimiento al mundo, a fin de preparar sus caminos, y de dar la ciencia de la salvación a su pueblo para la remisión de los pecados. Y, viéndolo llegar hacia mí, me sentí poseído por el Espíritu Santo, y le dije: He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Y lo bauticé en el río del Jordán, y vi al Espíritu Santo descender sobre él bajo la figura de una paloma. Y oí una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo todas mis complacencias, y a quien debéis escuchar. Y ahora, después de haber precedido a su advenimiento, he descendido hasta vosotros, para anunciaros que, dentro de poco, el mismo Hijo de Dios, levantándose de lo alto, vendrá a visitarnos, a nosotros, que estamos sentados en las tinieblas y en las sombras de la muerte.

La profecía hecha por el arcángel Miguel a Seth

XX 1. Y, cuando el padre Adán, el primer formado, oyó lo que Juan dijo de haber sido Jesús bautizado en el Jordán, exclamó, hablando a su hijo Seth: Cuenta a tus hijos, los patriarcas y los profetas, todo lo que oíste del arcángel Miguel, cuando, estando yo enfermo, te envié a las puertas del Paraíso, para que el Señor permitiese que su ángel diera aceite del árbol de la misericordia, que ungiese mi cuerpo. 
2. Entonces Seth, aproximándose a los patriarcas y a los profetas, expuso: Me hallaba yo, Seth, en oración delante del Señor, a las puertas del Paraíso, y he aquí que Miguel, el numen de Dios, me apareció, y me dijo: He sido enviado a ti por el Señor, y presido sobre el cuerpo humano. Y te declaro, Seth, que es inútil pidas y ruegues con lágrimas el aceite del árbol de la misericordia, para ungir a tu padre Adán, y para que cesen los sufrimientos de su cuerpo. Porque de ningún modo podrás recibir ese aceite hasta los días postrimeros, cuando se hayan cumplido cinco mil años. Entonces, el Hijo de Dios, lleno de amor, vendrá a la tierra, y resucitará el cuerpo de Adán, y al mismo tiempo resucitará los cuerpos de los muertos. Y, a su venida, será bautizado en el Jordán, y, una vez haya salido del agua, ungirá con el aceite de su misericordia a todos los que crean en él, y el aceite de su misericordia será para los que deban nacer del agua y del Espíritu Santo para la vida eterna. Entonces Jesucristo, el Hijo de Dios, lleno de amor, y descendido a la tierra, introducirá a tu padre Adán en el Paraíso y lo pondrá junto al árbol de la misericordia. 
3. Y, al oír lo que decía Seth, todos los patriarcas y todos los profetas se henchieron de dicha.

Discusión entre Satanás y la Furia en los infiernos

XXI 1. Y, mientras todos los padres antiguos se regocijaban, he aquí que Satanás, príncipe y jefe de la muerte, dijo a la Furia: prepárate a recibir a Jesús, que se vanagloria de ser el Cristo y el Hijo de Dios, y que es un hombre temerosísimo de la muerte, puesto que yo mismo lo he oído decir: Mi alma está triste hasta la muerte. Y entonces comprendí que tenía miedo de la cruz. 
2. Y añadió: Hermano, aprestémonos, tanto tú como yo, para el mal día. Fortifiquemos este lugar, para poder retener aquí prisionero al llamado Jesús que, al decir de Juan y de los profetas, debe venir a expulsarnos de aquí. Porque ese hombre me ha causado muchos males en la tierra, oponiéndose a mí en muchas cosas, y despojándome de multitud de recursos. A los que yo había matado, él les devolvió la vida. Aquellos a quienes yo había desarticulado los miembros, él los enderezó por su sola palabra, y les ordenó que llevasen su lecho sobre los hombros. Hubo otros que yo había visto ciegos y privados de la luz, y por cuya cuenta me regocijaba, al verlos quebrarse la cabeza contra los muros, y arrojarse al agua, y caer, al tropezar en los atascaderos, y he aquí que este hombre, venido de no sé dónde, y, haciendo todo lo contrario de lo que yo hacía, les devolvía la vista por sus palabras. Ordenó a un ciego de nacimiento que lavase sus ojos con agua y con barro en la fuente de Siloé, y aquel ciego recobró la vista. Y, no sabiendo a qué otro lugar retirarme, tomé conmigo a mis servidores, y me alejé de Jesús. Y, habiendo encontrado a un joven, entré en él, y moré en su cuerpo. Ignoro cómo Jesús lo supo, pero es lo cierto que llegó adonde yo estaba, y me intimó la orden de salir. Y, habiendo salido, y no sabiendo dónde entrar, le pedí permiso para meterme en unos puercos, lo que hice, y los estrangulé. 
3. Y la Furia, respondiendo a Satanás, dijo: ¿Quién es ese príncipe tan poderoso y que, sin embargo, teme la muerte? Porque todos los poderosos de la tierra quedan sujetos a mi poder desde el momento en que tú me los traes sometidos por el tuyo. Si, pues, tú eres tan poderoso, ¿quién es ese Jesús que, temiendo la muerte, se opone a ti? Si hasta tal punto es poderoso en su humanidad, en verdad te digo que es todopoderoso en su divinidad, y que nadie podrá resistir a su poder. Y, cuando dijo que temía la muerte, quiso engañarte, y constituirá tu desgracia en los siglos eternos. 
4. Pero Satanás, el príncipe de la muerte, respondió y dijo: ¿Por qué vacilas en aprisionar a ese Jesús, adversario de ti tanto como de mí? Porque yo lo he tentado, y he excitado contra él a mi antiguo pueblo judío, excitando el odio y la cólera de éste. Y he aguzado la lanza de la persecución. Y he hecho preparar madera para crucificarlo, y clavos para atravesar sus manos y sus pies. Y le he dado a beber hiel mezclada con vinagre. Y su muerte está próxima, y te lo traeré sujeto a ti y a mi. 
5. Y la Furia respondió, y dijo: Me has informado de que él es quien me ha arrancado los muertos. Muchos están aquí, que retengo, y, sin embargo, mientras vivían sobre la tierra, muchos me han arrebatado muertos, no por su propio poder, sino por las plegarias que dirigieron a su Dios todopoderoso, que fue quien verdaderamente me los llevó. ¿Quién es, pues, ese Jesús, que por su palabra, me ha arrancado muertos? ¿Es quizá el que ha vuelto a la vida, por su palabra imperiosa, a Lázaro, fallecido hacía cuatro días, lleno de podredumbre y en disolución, y a quien yo retenía como difunto? 
6. Y Satanás, el príncipe de la muerte, respondió y dijo: Ese mismo Jesús es. 
7. Y, al oírlo, la Furia repuso: Yo te conjuro, por tu poder y por el mío, que no lo traigas hacia mí. Porque, cuando me enteré de la fuerza de su palabra, temblé, me espanté y, al mismo tiempo, todos mis ministros impíos quedaron tan turbados como yo. No pudimos retener a Lázaro, el cual, con toda la agilidad y con toda la velocidad del águila, salió de entre nosotros, y esta misma tierra que retenía su cuerpo privado de vida se la devolvió. Por donde ahora sé que ese hombre, que ha podido cumplir cosas tales, es el Dios fuerte en su imperio, y poderoso en la humanidad, y Salvador de ésta, y, si le traes hacia mí, libertará a todos los que aquí retengo en el rigor de la prisión, y encadenados por los lazos no rotos de sus pecados y, por virtud de su divinidad, los conducirá a la vida que debe durar tanto como la eternidad.

Entrada triunfal de Jesús en los infiernos

XXII 1. Y, mientras Satanás y la Furia así hablaban, se oyó una voz como un trueno, que decía: Abrid vuestras puertas, vosotros, príncipes. Abríos, puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar. 
2. Y la Furia, oyendo la voz, dijo a Satanás: Anda, sal, y pelea contra él. Y Satanás salió. 
3. Entonces la Furia dijo a sus demonios: Cerrad las grandes puertas de bronce, cerrad los grandes cerrojos de hierro, cerrad con llave las grandes cerraduras, y poneos todos de centinela, porque, si este hombre entra, estamos todos perdidos. 
4. Y, oyendo estas grandes voces, los santos antiguos exclamaron: Devoradora e insaciable Furia, abre al Rey de la Gloria, al hijo de David, al profetizado por Moisés y por Isaías. 
5. Y otra vez se oyó la voz de trueno que decía: Abrid vuestras puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar. 
6. Y la Furia gritó, rabiosa: ¿Quién es el Rey de la Gloria? Y los ángeles de Dios contestaron: El Señor poderoso y vencedor. 
7. Y, en el acto, las grandes puertas de bronce volaron en mil pedazos, y los que la muerte había tenido encadenados se levantaron. 
8. Y el Rey de la Gloria entró en figura de hombre, y todas las cuevas de la Furia quedaron iluminadas. 
9. Y rompió los lazos, que hasta entonces no habían sido quebrantados, y el socorro de una virtud invencible nos visitó, a nosotros, que estábamos sentados en las profundidades de las tinieblas de nuestras faltas y en la sombra de la muerte de nuestros pecados.

Espanto de las potestades infernalesante la presencia de Jesús

XXIII 1. Al ver aquello, los dos príncipes de la muerte y del infierno, sus impíos oficiales y sus crueles ministros quedaron sobrecogidos de espanto en sus propios reinos, cual si no pudiesen resistir la deslumbradora claridad de tan viva luz, y la presencia del Cristo, establecido de súbito en sus moradas. 
2. Y exclamaron con rabia impotente: Nos has vencido. ¿Quién eres tú, a quien el Señor envía para nuestra confusión? ¿Quién eres tú, tan pequeño y tan grande, tan humilde y tan elevado, soldado y general, combatiente admirable bajo la forma de un esclavo, Rey de la Gloria muerto en una cruz y vivo, puesto que desde tu sepulcro has descendido hasta nosotros? ¿Quién eres tú, en cuya muerte ha temblado toda criatura, y han sido conmovidos todos los astros, y que ahora permaneces libre entre los muertos, y turbas a nuestras legiones? ¿Quién eres tú, que redimes a los cautivos, y que inundas de luz brillante a los que están ciegos por las tinieblas de sus pecados? 
3. Y todas las legiones de los demonios, sobrecogidos por igual terror, gritaban en el mismo tono, con sumisión temerosa y con voz unánime, diciendo: ¿De dónde eres, Jesús, hombre tan potente, tan luminoso, de majestad tan alta, libre de tacha y puro de crimen? Porque este mundo terrestre que hasta el día nos ha estado siempre sometido, y que nos pagaba tributos por nuestros usos abominables, jamás nos ha enviado un muerto tal como tú, ni destinado semejantes presentes a los infiernos. ¿Quién, pues, eres tú, que has franqueado sin temor las fronteras de nuestros dominios, y que no solamente no temes nuestros suplicios infernales, sino que pretendes librar a los que retenemos en nuestras cadenas? Quizá eres ese Jesús, de quien Satanás, nuestro príncipe, decía que, por su suplicio en la cruz, recibiría un poder sin límites sobre el mundo entero. 
4. Entonces el Rey de la Gloria, aplastando en su majestad a la muerte bajo sus pies, y tomando a nuestro primer padre, privó a la Furia de todo su poder y atrajo a Adán a la claridad de su luz.

Imprecaciones acusadoras de la Furiacontra Satanás

XXIV 1. Y la Furia, bramando, aullando y abrumando a Satanás con violentos reproches, le dijo: Belzebú, príncipe de condenación, jefe de destrucción, irrisión de los ángeles de Dios, ¿qué has querido hacer? ¿Has querido crucificar al Rey de la Gloria, sobre cuya ruina y sobre cuya muerte nos habías prometido tan grandes despojos? ¿Ignoras cuán locamente has obrado? Porque he aquí que este Jesús disipa, por el resplandor de su divinidad, todas las tinieblas de la muerte. Ha atravesado las profundidades de las más sólidas prisiones, libertando a los cautivos, y rompiendo los hierros de los encadenados. Y he aquí que todos los que gemían bajo nuestros tormentos nos insultan, y nos acribillan con sus imprecaciones. Nuestros imperios y nuestros reinos han quedado vencidos, y no sólo no inspiramos ya terror a la raza humana, sino que, al contrario, nos amenazan y nos injurian aquellos que, muertos, jamás habían podido mostrar soberbia ante nosotros, ni jamás habían podido experimentar un momento de alegría durante su cautividad. Príncipe de todos los males y padre de los rebeldes e impíos, ¿qué has querido hacer? Los que, desde el comienzo del mundo hasta el presente, habían desesperado de su vida y de su salvación no dejan oír ya sus gemidos. No resuena ninguna de sus quejas clamorosas, ni se advierte el menor vestigio de lágrimas sobre la faz de ninguno de ellos. Rey inmundo, poseedor de las llaves de los infiernos, has perdido por la cruz las riquezas que habías adquirido por la prevaricación y por la pérdida del Paraíso. Toda tu dicha se ha disipado y, al poner en la cruz a ese Cristo, Jesús, Rey de la Gloria, has obrado contra ti y contra mí. Sabe para en adelante cuántos tormentos eternos y cuántos suplicios infinitos te están reservados bajo mi guarda, que no conoce término. Luzbel, monarca de todos los perversos, autor de la muerte y fuente del orgullo, antes que nada hubieras debido buscar un reproche justiciero que dirigir a Jesús. Y, si no encontrabas en él falta alguna, ¿por qué, sin razón, has osado crucificarlo injustamente, y traer a nuestra región al inocente y al justo, tú, que has perdido a los malos, a los impíos y a los injustos del mundo entero? 
2. Y, cuando la Furia acabó de hablar así a Satanás, el Rey de la Gloria dijo a la primera: El príncipe Satanás quedará bajo tu potestad por los siglos de los siglos, en lugar de Adán y de sus hijos, que me son justos.

Jesús toma a Adán baj.o su protección y los antiguos profetas cantan su triunfo

XXV 1. Y el Señor extendió su mano, y dijo: Venid a mí, todos mis santos, hechos a mi imagen y a mi semejanza. Vosotros, que habéis sido condenados por el madero, por el diablo y por la muerte, veréis a la muerte y al diablo condenados por el madero. 
2. Y, en seguida, todos los santos se reunieron bajo la mano del Señor. Y el Señor, tomando la de Adán, le dijo: Paz a ti y a todos tus hijos, mis justos. 
3. Y Adán, vertiendo lágrimas, se prosternó a los pies del Señor, y dijo en voz alta: Señor, te glorificaré, porque me has acogido, y no has permitido que mis enemigos triunfasen sobre mí para siempre. Hacia ti clamé, y me has curado, Señor. Has sacado mi alma de los infiernos, y me has salvado, no dejándome con los que descienden al abismo. Cantad las alabanzas del Señor, todos los que sois santos, y confesad su santidad. Porque la cólera está en su indignación, y en su voluntad está la vida. 
4. Y asimismo todos los santos de Dios se prosternaron a los pies del Señor, y dijeron con voz unánime: Has llegado, al fin, Redentor del mundo, y has cumplido lo que habías predicho por la ley y por tus profetas. Has rescatado a los vivos por tu cruz, y, por la muerte en la cruz, has descendido hasta nosotros, para arrancarnos del infierno y de la muerte, por tu majestad. Y, así como has colocado el título de tu gloria en el cielo, y has elevado el signo de la redención, tu cruz, sobre la tierra, de igual modo, Señor, coloca en el infierno el signo de la victoria de tu cruz, a fin de que la muerte no domine más. 
5. Y el Señor, extendiendo su mano, hizo la señal de la cruz sobre Adán y sobre todos sus santos. Y, tomando la mano derecha de Adán, se levantó de los infiernos, y todos los santos lo siguieron. 
6. Entonces el profeta David exclamó con enérgico tono: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho cosas admirables. Su mano derecha y su brazo nos han salvado. El Señor ha hecho conocer su salud, y ha revelado su justicia en presencia de todas las naciones. 
7. Y toda la multitud de los santos respondió, diciendo: Esta gloria es para todos los santos. Así sea. Alabad a Dios. 
8. Y entonces el profeta Habacuc exclamó, diciendo: Has venido para la salvación de tu pueblo, y para la liberación de tus elegidos. 
9. Y todos los santos respondieron, diciendo: Bendito el que viene en nombre del Señor, y nos ilumina. 
10. Igualmente el profeta Miqueas exclamé, diciendo: ¿Qué Dios hay como tú, Señor, que desvaneces las iniquidades, y que borras los pecados? Y ahora contienes el testimonio de tu cólera. Y te inclinas más a la misericordia. Has tenido piedad de nosotros, y nos has absuelto de nuestros pecados, y has sumido todas nuestras iniquidades en el abismo de la muerte, según que habías jurado a nuestros padres en los días antiguos. 
11. Y todos los santos respondieron, diciendo: Es nuestro Dios para siempre, por los siglos de los siglos, y durante todos ellos nos regirá. Así sea. Alabad a Dios. 
12. Y los demás profetas recitaron también pasajes de sus viejos cánticos, consagrados a alabar a Dios. Y todos los santos hicieron lo mismo.

Llegada de los santos antiguos al Paraíso y su encuentro con Enoch y con Elías

XXVI 1. Y el Señor, tomando a Adán por la mano, lo puso en las del arcángel Miguel, al cual siguieron asimismo todos los santos. 
2. Y los introdujo a todos en la gracia gloriosa del Paraíso, y dos hombres, en gran manera ancianos, se presentaron ante ellos. 
3. Y los santos los interrogaron, diciendo: ¿Quiénes sois vosotros, que no habéis estado en los infiernos con nosotros, y que habéis sido traídos corporalmente al Paraíso? 
4. Y uno de ellos repuso: Yo soy Enoch, que he sido transportado aquí por orden del Señor. Y el que está conmigo es Elías, el Tesbita, que fue arrebatado por un carro de fuego. Hasta hoy no hemos gustado la muerte, pero estamos reservados para el advenimiento del Anticristo, armados con enseñas divinas, y pródigamente preparados para combatir contra él, para darle muerte en Jerusalén, y para, al cabo de tres días y medio, ser de nuevo elevados vivos en las nubes.

Llegada del buen ladrón al Paraíso

XXVII 1. Y mientras Enoch y Elías así hablaban, he aquí que sobrevino un hombre muy miserable, que llevaba sobre sus espaldas el signo de la cruz. 
2. Y, al verlo, todos los santos le preguntaron: ¿Quién eres? Tu aspecto es el de un ladrón. ¿De dónde vienes, que llevas el signo de la cruz sobre tus espaldas? 
3. Y él, respondiéndoles, dijo: Con verdad habláis, porque yo he sido un ladrón, y he cometido crímenes en la tierra. Y los judíos me crucificaron con Jesús, y vi las maravillas que se realizaron por la cruz de mi compañero, y creí que es el Creador de todas las criaturas, y el rey todopoderoso, y le rogué, exclamando: Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu reino. Y, acto seguido, accediendo a mi súplica, contestó: En verdad te digo que hoy serás conmigo en el Paraíso. Y me dio este signo de la cruz, advirtiéndome: Entra en el Paraíso llevando esto, y, si su ángel guardián no quiere dejarte entrar, muéstrale el signo de la cruz, y dile: Es Jesucristo, el hijo de Dios, que está crucificado ahora, quien me ha enviado a ti. Y repetí estas cosas al ángel guardián, que, al oírmelas, me abrió presto, me hizo entrar, y me colocó a la derecha del Paraíso, diciendo: Espera un poco, que pronto Adán, el padre de todo el género humano, entrará con todos sus hijos, los santos y los justos del Cristo, el Señor crucificado. 
4. Y, cuando hubieron escuchado estas palabras del ladrón, todos los patriarcas, con voz unánime, clamaron: Bendito sea el Señor todopoderoso, padre de las misericordias y de los bienes eternos, que ha concedido tal gracia a los pecadores, y que los ha introducido en la gloria del Paraíso, y en los campos fértiles en que reside la verdadera vida espiritual. Así sea.

Carino y Leucio concluyen su relato

XXVIII 1. Tales son los misterios divinos y sagrados que oímos y vivimos, nosotros, Carino y Leucio. 
2. Mas no nos está permitido proseguir, y contar los demás misterios de Dios, como el arcángel Miguel los declaró altamente, diciéndonos: Id con vuestros hermanos a Jerusalén, y permaneced en oración, bendiciendo y glorificando la resurrección del Señor Jesucristo, vosotros a quienes él ha resucitado de entre los muertos. No habléis con ningún nacido, y permaneced como mudos, hasta que llegue la hora en que el Señor os permita referir los misterios de su divinidad. 
3. Y el arcángel Miguel nos ordenó ir más allá del Jordán, donde están varios, que han resucitado con nosotros en testimonio de la resurrección del Cristo. Porque hace tres días solamente que se nos permite, a los que hemos resucitado de entre los muertos, celebrar en Jerusalén la Pascua del Señor con nuestros parientes, en testimonio de la resurrección del Cristo, y hemos sido bautizados en el santo río del Jordán, recibiendo todos ropas blancas. 
4. Y, después de los tres días de la celebración de la Pascua, todos los que habían resucitado con nosotros fueron arrebatados por nubes. Y, conducidos más allá del Jordán, no han sido vistos por nadie. 
5. Estas son las cosas que el Señor nos ha ordenado referiros. Alabadlo, confesadlo y haced penitencia, a fin de que os trate con piedad. Paz a vosotros en el Señor Dios Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Amén. 
6. Y, no bien hubieron terminado de escribir todas estas cosas sobre resmas separadas de papel, se levantaron. Y Carino puso lo que había escrito en manos de Anás, de Caifás y de Gamaliel. E igualmente Leucio dio su manuscrito a José y a Nicodemo. 
7. Y, de súbito, quedaron transfigurados, y aparecieron cubiertos de vestidos de una blancura deslumbradora, y no se los vio más. 
8. Y se encontró ser sus escritos exactamente iguales en extensión y en dicción, sin que hubiese entre ellos una letra de diferencia. 
9. Y toda la Sinagoga quedó en extremo sorprendida, al ter aquellos discursos admirables de Carino y de Leucio. Y los judíos se decían los unos a los otros: Verdaderamente es Dios quien ha hecho todas estas cosas, y bendito sea el Señor Jesús por los siglos de los siglos. Amén. 
10. Y salieron todos de la Sinagoga con gran inquietud, temor y temblor, dándose golpes de pecho, y cada cual se retiró a su casa. 
11. Y José y Nicodemo contaron todo lo ocurrido al gobernador, y Pilato escribió cuanto los judíos habían dicho tocante a Jesús, y puso todas aquellas palabras en los registros públicos de su Pretorio.

Pilatos en el templo

XXIX 1. Después de esto, Pilatos, habiendo entrado en el templo de los judíos, congregó a todos los príncipes de los sacerdotes, a los escribas y a los doctores de la ley. 
2. Y penetró con ellos en el santuario, y ordenó que se cerrasen todas las puertas, y les dijo: He sabido que poseéis en este templo una gran colección de libros, y os mando que me los mostréis. 
3. Y, cuando cuatro de los ministros del templo hubieron aportado aquellos libros adornados con oro y con piedras preciosas, Pilatos dijo a todos: Por el Dios vuestro Padre, que ha hecho y ordenado que este templo fuera construido, os conjuro a que no me ocultéis la verdad. Sabéis todos vosotros lo que en estos libros está escrito. Pues ahora manifestadme si encontráis en las Escrituras que ese Jesús, a quien habéis crucificado, es el Hijo de Dios, que debía venir para la salvación del género humano, y explicadme cuántos años debían transcurrir hasta su venida. 
4. Así apretados por el gobernador, Anás y Caifás hicieron salir de allí a los demás, que estaban con ellos, y ellos mismos cerraron todas las puertas del templo y del santuario, y dijeron a Pilatos: Nos pides, invocando la edificación del templo, que te manifestemos la verdad, y que te demos razón de los misterios. Ahora bien: luego que hubimos crucificado a Jesús, ignorando que era el Hijo de Dios, y pensando que hacía milagros por arte de encantamiento, celebramos una gran asamblea en este mismo lugar. Y, consultando entre nosotros sobre las maravillas que había realizado Jesús, hemos encontrado muchos testigos de nuestra raza, que nos han asegurado haberlo visto vivo después de la pasión de su muerte. Hasta hemos hallado dos testigos de que Jesús había resucitado cuerpos de muertos. Y hemos tenido en nuestras manos el relato por escrito de los grandes prodigios cumplidos por Jesús entre esos difuntos. Y es nuestra costumbre que cada año, al abrir los libros sagrados ante nuestra Sinagoga, busquemos el testimonio de Dios. Y, en el primer libro de los Setenta, donde el arcángel Miguel habla al tercer hijo de Adán, encontramos mención de los cinco mil años que debían transcurrir hasta que descendiese del cielo el Cristo, el Hijo bien amado de Dios, y consideramos que el Señor de Israel dijo a Moisés: Haz un arca de alianza de dos codos y medio de largo, de codo y medio de alto, y de codo y medio de ancho. En estos cinco codos y medio hemos comprendido y adivinado el simbolismo de la fábrica del arca del Antiguo Testamento, simbolismo significativo de que, al cabo de cinco millares y medio de años, Jesucristo debía venir al mundo en el arca de su cuerpo, y de que, conforme al testimonio de nuestras Escrituras, es el Hijo de Dios y el Señor de Israel. Porque, después de su pasión, nosotros, príncipes de los sacerdotes, presa de asombro ante los milagros que se operaron a causa de él, hemos abierto estos libros, y examinado todas las generaciones hasta la generación de José y de María, madre de Jesús. Y, pensando que era de la raza de David, hemos encontrado lo que ha cumplido el Señor. Y, desde que creó el cielo, la tierra y el hombre, hasta el diluvio, transcurrieron dos mil doscientos doce años. Y, desde el diluvio hasta Abraham, novecientos doce años. Y, desde Abraham hasta Moisés, cuatrocientos treinta años. Y, desde Moisés hasta David, quinientos diez años. Y, desde David hasta la cautividad de Babilonia, quinientos años. Y, desde la cautividad de Babilonia hasta la encarnación de Jesucristo, cuatrocientos años. Los cuales forman en conjunto cinco millares y medio de años. Y así resulta que Jesús, a quien hemos crucificado, es el verdadero Cristo, hijo del Dios omnipotente.

Primera carta de Pilatos a Tiberio

Carta de Pilatos al emperador

XXX 1. Poncio Pilatos a Claudio Tiberio César, salud. 
2. Por este escrito mío sabrás que sobre Jerusalén han recaído maravillas tales como jamás se vieran. 
3. Los judíos, por envidia a un profeta suyo, llamado Jesús, lo han condenado y castigado cruelísimamente, a pesar de ser un varón piadoso y sincero, a quien sus discípulos tenían por Dios. 
4. Lo había dado a luz una virgen, y las tradiciones judías habían vaticinado que sería rey de su pueblo. 
5. Devolvía la vista a los ciegos, limpiaba a los leprosos, hacía andar a los paralíticos, expulsaba a los demonios del interior de los posesos, resucitaba a los muertos, imperaba sobre los vientos y sobre las tempestades, caminaba por encima de las ondas del mar, y realizaba tantas y tales maravillas que, aunque el pueblo lo llamaba Hijo de Dios, los príncipes de los judíos, envidiosos de su poder, lo prendieron, me lo entregaron, y, para perderlo, mintieron ante mí, diciéndome que era un mago, que violaba el sábado, y que obraba contra su ley. 
6. Y yo, mal informado y peor aconsejado, les creí, hice azotar a Jesús y lo dejé a su discreción. 
7. Y ellos lo crucificaron, lo sepultaron, y pusieron en su tumba, para custodiarlo, soldados que me pidieron. 
8. Empero, al tercer día resucitó, escapando a la muerte. 
9. Y, al conocer prodigio tamaño, los príncipes de los judíos dieron dinero a los guardias, advirtiéndole: Decid que sus discípulos vinieron al sepulcro, y robaron su cuerpo. 
10. Mas, no bien hubieron recibido el dinero, los guardias no pudieron ocultar mucho tiempo la verdad, y me la revelaron. 
11. Y yo te la transmito, para que abiertamente la conozcas, y para que no ignores que los príncipes de los judíos han mentido.

Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco

 

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Apocalipsis de Pablo

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

Fuente: Textos Gnósticos - Biblioteca Nag Hammadi III, por Antonio Piñero.

Editorial Trotta (www.trotta.es)

 

 

APOCALIPSIS DE PABLO

(Texto copto de Nag Hammadi)

17 La revelación de Pablo.

[Laguna]

Visión de Pablo

18 [...] en el camino. Y [se dirigió a él], diciendo: ¿Qué camino [tomaré] para subir a [Jerusalén]? El niño [contestó diciendo]: Di tu nombre, a fin de que te [muestre] el camino. Sabía [quién era Pablo]. Quiso mostrarse afable con él por medio de sus palabras a fin de hallar excusa para conversar con él. El niño tomó la palabra y dijo: Sé quien eres, Pablo, que tú eres el que fue bendecido desde el vientre de su madre. Ahora bien, yo [he venido] a ti a fin de que [subas a Jerusalén] hacia tus colegas [apóstoles]. Por esto [has sido llamado]. Yo soy [el Espíritu que hace camino] contigo. [Alerta] tu mente, Pablo [...] 19 Pues [...] todo que [...] en los principados y estas potestades y arcángeles y poderes y toda clase de demonios [...] aquél que pone al descubierto cuerpos para ser desparramados entre almas.

Una vez hubo terminado esta alocución siguió hablando y me dijo: Alerta tu mente, Pablo, y percátate de que la montaña sobre la que estás es la montaña de Jericó, a fin de que conozcas las cosas ocultas que yacen bajo las cosas manifiestas. Sí, irás a los doce apóstoles, pues son espíritus elegidos, y te recibirán con un saludo.

(Pablo) levantó la vista y vio cómo lo saludaban. Entonces, el [Espíritu] Santo, que conversaba con él, lo arrebató hacia lo alto, hasta el tercer cielo. Luego pasó hasta el cuarto [cielo]. El Espíritu [Santo] se dirigió a él diciendo: Mira y ve tu semejanza sobre la tierra.

Él [miró] hacia abajo y vio las cosas que estaban sobre la tierra. Observó [y vio] las cosas que estaban sobre [...] 20 Fijó la mirada [hacia abajo] y vio a los doce apóstoles a su derecha y a su izquierda en la creación, y el Espíritu les precedía en el camino.

Visión de juicio de las almas

Ahora bien, en el cuarto cielo yo vi las cosas según sus clases. Vi, en efecto, a los ángeles que se asemejaban a dioses, a los ángeles que transfieren almas de la tierra de los muertos. La depositaron en la puerta del cuarto cielo, y los ángeles la azotaban. El alma levantó la voz diciendo: ¿Qué pecado he cometido en el mundo? El guardián que reside en el cuarto cielo le respondió diciendo: No era conveniente cometer todas aquellas transgresiones a la ley que se dan en el mundo de los muertos. El alma respondió diciendo: Aporta testigos y que [muestren] en qué cuerpo cometí transgresión. [¿Quieres] traer un libro [y leer en] él? Y acudieron tres testigos. El primero tomó la palabra y dijo: [¿Acaso] no estuve yo en el cuerpo en la segunda hora? [...] Me levanté contra ti 21 hasta que [te sumiste] en ira, en enojo y en envidia. El segundo habló y dijo: ¿Acaso no estaba yo en el cosmos? Entré en la hora quinta y te vi y te deseé. Y he aquí que ahora te acuso de los crímenes que cometiste. El tercero habló diciendo: ¿Acaso no me llegué a ti en la hora duodécima del día a la puesta del sol? Te di tinieblas hasta que remataras tus pecados.

Cuando el alma oyó todo esto bajó los ojos con tristeza. Luego miró hacia arriba y se precipitó hacia abajo. El alma que fue precipitada hacia abajo [accedió] a un cuerpo que había sido preparado [para ella]. Y he aquí que se terminaron sus testigos.

Ascensión a través de los cielos

[Yo, entonces, miré] hacia arriba y vi al Espíritu que me decía: Pablo, ven, acércate a mí. Y cuando yo [avanzaba], se abrió la puerta y entré en el quinto [cielo]. Y vi a mis colegas apóstoles [que me acompañaban] 22 mientras el Espíritu venía con nosotros. Y en el quinto cielo vi un gran ángel que enarbolaba en su mano una vara de hierro. Con él estaban otros tres ángeles y yo levanté la vista hacia ellos. Pero peleaban entre ellos enarbolando látigos, empujando a las almas hacia el juicio. Yo, por mi parte, avanzaba con el Espíritu y la puerta se me abrió. Entonces ascendimos al sexto cielo y vi a mis colegas apóstoles que me acompañaban, y el Espíritu Santo me conducía ante ellos. Levanté la mirada y vi una gran luz que resplandecía sobre el sexto cielo. Hablé y dije al guardián que estaba en el sexto cielo: [Abre] para mí y para el Espíritu [Santo] que me precede. Entonces me abrió y [ascendimos] al séptimo [cielo. Vi] un anciano [...] de luz cuya vestidura era blanca. [Su trono], que se halla en el séptimo cielo, resplandecía más que el sol, [siete] veces más. 23 El anciano tomó la palabra y me dijo: ¿A dónde vas, Pablo, el bendecido, el que fue separado desde el vientre de su madre?. Ahora bien, yo miraba al Espíritu, y él movía la cabeza diciéndome: Habla con él. Yo hablé y dije al anciano: Regreso al lugar del cual procedí. El anciano me contestó: ¿De dónde procedes? Yo le respondí diciendo: Desciendo al mundo de los muertos para llevar cautiva a la cautividad que fue cautivada en la cautividad de Babilonia. El anciano me contestó diciendo: ¿De qué manera podrás apartarte de mí? Mira y ve a los principados y a las potestades. El Espíritu intervino diciendo: Entrégale la señal que está en tu mano, y te abrirá. Entonces yo le di la señal. Él volvió el rostro hacia abajo, hacia su creación y los que son sus potestades. Entonces se abrió [el séptimo] cielo y ascendimos a la 24 Ogdóada. Y vi a los doce apóstoles. Me saludaron y ascendimos al noveno cielo. Yo saludé a todos los que se hallaban en el noveno cielo, y ascendimos al décimo cielo. Y yo saludé a mis espíritus compañeros.

La revelación de Pablo.


Nota: la numeración corresponde a las páginas del manuscrito.

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FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO (100-172)

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

150. Y así fue: Adán, siendo todavía pura la naturaleza racional que acababa de instalarse en su alma, y no habiéndose adentrado en su ser ni debilidad ni enfermedad ni pasión alguna, recibió de manera sumamente clara las imágenes de los cuerpos y de los hechos, y escogió las denominaciones exactas adecuándolas con sumo acierto a las cosas dadas a conocer por ellas, de tal modo que, al mismo tiempo que se las nombraba, se ponía de manifiesto la naturaleza de las mismas. A tal punto sobresalía el primer hombre en todas altas cualidades, alcanzando el límite mismo de la humana felicidad.

 

151. LIII. Mas, como ninguna de las cosas creadas es estable, y los seres mortales están sujetos fatalmente a transformaciones y cambios, era preciso que también el primer hombre experimentara alguna desventura. Y una mujer se convirtió para él en el principio de la vida reprochable. En efecto, mientras estaba solo, se asemejaba en virtud de su soledad, al mundo y a Dios, y recibía en su alma las impresiones de la naturaleza de uno y Otro; no todas, pero sí todas aquellas que su constitución mortal era capaz de recibir. Pero, una vez que hubo sido modelada la mujer, al contemplar una figura hermana de la suya, una forma de su misma estirpe, se alegró ante la visión, y aproximándose a ella la saludó con afecto.

 

152. Ella, no viendo otro ser viviente más parecido a sí misma que aquél, se alegra y devuelve el saludo con actitud modesta. Y sobreviene el amor, y reuniéndolos como si se tratara de dos partes separadas de una sola criatura viviente, los une en un mismo todo, tras haber afincado en cada uno de ellos el deseo de unirse con el otro a fin de producir un ser como ellos. Mas este deseo engendró también el placer corporal, el placer que es origen de iniquidades y procederes ilegales, y a causa del cual los hombres truecan una vida inmortal y dichosa por la mortal y desdichada.

 

153. LIV. Cuando el hombre vivía aún una vida solitaria, por no haber sido formada todavía la mujer, plantó Dios, según nuestro relato, un parque en nada semejante a los familiares a nosotros.52En éstos la vegetación es inanimada, llena de árboles de todas clases, de los que unos están siempre verdes para brindar ininterrumpido placer a la vista; otros rejuvenecen y retoñan cada primavera; unos proporcionan el cultivado fruto no sólo para el necesario consumo, sino también para el goce superfluo propio de la vida regalada; mientras otros lo producen de otra especie, destinado a las bestias para satisfacer sus necesidades. En cambio, en aquel Divino parque todas las plantas estaban dotadas de alma y razón, y los frutos que producían eran las virtudes y además el conocimiento y el discernimiento infalibles, mediante los cuales se conocen lo noble y lo vergonzoso, la vida libre de enfermedades, la incorruptibilidad y todas las cosas semejantes a éstas.

52Gén. II, 9 y ss.

 

154. Más, creo que esta descripción se interpreta mejor simbólicamente que literalmente. Porque, ni hasta ese momento habían aparecido sobre la tierra árboles de vida y de ciencia, ni es verosímil que hayan aparecido posteriormente. Lo que, en cambio, quiso, al parecer, significar Moisés mediante “el parque” fue la parte rectora del alma, que está llena de innumerables opiniones, cual si fueran plantas; mediante “el árbol de la vida”, la reverencia a Dios, que es la virtud suprema; virtud por la cual alcanza el alma la inmortalidad; y mediante “el árbol del conocimiento del bien y del mal”, la prudencia, virtud intermedia, por la cual se disciernen las cosas opuestas por naturaleza.

 

155. LV. Habiendo establecido en el alma estas pautas, observaba Dios, como un juez, hacia cuál de las dos partes se inclinaría. Y cuando la vio inclinada hacia la maldad, y despreocupada de la piedad y la santidad, de las que procede la vida inmortal, la arrojó y desterró del parque, como correspondía, sin concederle ni siquiera la esperanza de un posterior retorno, ya que sus ofensas eran imposibles de reparar y remediar, siendo, además, sobremanera reprochable la excusa dada para justificar el engaño; excusa que merece una explicación.

 

156. Se dice que en los antiguos tiempos la venenosa serpiente, nacida de la tierra, emitía sonidos propios de la voz humana, y que, habiéndose aproximado cierta vez a la mujer del primer hombre, le echó en cara su irresolución y exceso de escrúpulo, ya que tardaba y no se decidía a saborear un fruto de hermosísimo aspecto y gratísimo sabor, y además sumamente provechoso, mediante el cual podría conocer el bien y el mal. Ella, irreflexivamente y con criterio inseguro y sin fundamento, consintió, comió el fruto y dio una parte al hombre. Esto al punto los cambió trocando sus inocentes y sencillas costumbres en malicia. E irritado por ello, el Padre fijó contra ellos los castigos merecidos; que bien merecía Su cólera lo hecho, puesto que, pasando de largo junto a la planta de la vida inmortal, es, decir, junto a la plena adquisición de la virtud, por la cual hubieran podido recoger el fruto de una vida prolongada y feliz, habían escogido una existencia efímera y mortal, que no merece llamarse vida sino tiempo de desventura.

 

157. LVI. Pero estos relatos no son invenciones míticas de aquellas en las que se complacen los poetas y los sofistas, sino indicaciones de signos, las cuales nos invitan a la interpretación alegórica según las explicaciones logradas mediante conjeturas. Y siguiendo una hipótesis verosímil, estaremos en lo justo si decimos que la serpiente en cuestión es un símbolo del placer. Lo es porque, en primer lugar, se trata de un animal carente de pies, echado boca abajo y caído sobre su vientre; en segundo lugar, porque consume terrones de tierra como alimento; en tercer lugar, porque lleva en sus dientes el veneno de que la naturaleza le ha provisto para matar a los mordidos por ella.

 

158. De ninguna de estas características está exento el amante de los placeres. Oprimido y agobiado, a duras penas levanta la cabeza, por cuanto su incontinencia lo doblega y derriba; y se alimenta, no del celestial manjar que ofrece la sabiduría mediante razonamientos y doctrinas a los amantes de la contemplación, sino del que produce en el curso de las estaciones del año la tierra, del que proceden la embriaguez, el refinamiento en los manjares y la glotonería, los que, haciendo estallar y encenderse los apetitos del vientre, acrecientan la gula y estimulan también la violencia de los arrebatos sexuales. Se relame, en efecto, con cuanto produce el esfuerzo de proveedores de alimentos y cocineros; y, haciendo girar su cabeza, se afana por aspirar el aroma que despiden las esencias; y, cuando advierte una mesa suntuosamente provista, deja caer toda su persona precipitándose sobre las cosas preparadas, ansioso de devorar todo a la vez. Y no es el saciar su apetito lo que persigue, sino el que no sobre nada de cuanto tiene a su disposición. De donde resulta que lleva en sus dientes el veneno no menos que la serpiente.

 

159. Éstos, en efecto, son los agentes y ministros del desenfreno, y cortan y desmenuzan todo cuanto sirve de alimento, y lo entregan en primer término a la lengua para que ésta, como juez en materia de sabores, decida; y a continuación a la faringe. Y el comer sin medida es algo mortífero y venenoso por naturaleza, puesto que, a causa del torrente de las sucesivas viandas que se presentan antes que las anteriores estén digeridas, es imposible su asimilación.

 

160. Se nos dice que la serpiente emitía voz humana, porque el placer cuenta con muchísimos campeones y defensores que tienen a su cargo su defensa y protección, los cuales se atreven a proclamar que él tiene asignada la soberanía sobre todas las cosas pequeñas y grandes, sin que nada absolutamente esté libre de ella.

 

161. LVII. Alegan que los primeros contactos del ser masculino con el femenino contienen un placer que los impulsa, y a través del cual se forjan las generaciones y nacimientos. Y que por ley natural la primera cosa que la prole persigue es el placer, gozando de él y soportando con desagrado lo opuesto, es decir, el sufrimiento. Por eso el tierno vástago, no bien nace, llora como si padeciese frío. Es que, habiendo pasado repentinamente del más cálido y ardiente de los lugares, la matriz, en la cual había habitado largo tiempo, al aire, lugar frío y desacostumbrado para él, ha sido fuertemente afectado, y se desata en llanto, señal clarísima de su dolor y de su desagrado por el sufrimiento.

 

162. Todo ser animado, dicen, se apresura tras el placer como tras su más necesario y esencial fin, y sobre todo el hombre. Porque, mientras los demás seres animados se lo procuran solamente a través del gusto y de los órganos de la reproducción, el hombre lo alcanza también a través de los demás sentidos, persiguiendo mediante la vista y el oído cuantos espectáculos y sonidos pueden procurarle deleite. Como éstos son muchísimos los otros alegatos en alabanza de esta experiencia, y sobre su estrechísima relación y parentesco con los seres animados.

 

163. LVIII. Pero ya es suficiente con lo dicho hasta aquí para explicar por qué la serpiente parecía emitir voz humana. Lo que precede explica, a mi parecer, que también en las detalladas prescripciones donde el legislador, refiriéndose a los animales, registra cuáles es preciso comer y cuáles no, apruebe muy especialmente al llamado ofiómaca,53un reptil que encima de los pies tiene patas, de las que la naturaleza lo ha dotado para saltar desde el suelo y elevarse por los aires como las langostas.

53Lev. XI, 22. El ophiomákhes = que combate a las serpientes, es una especie de saltamontes.

 

164. El ofiómaca, en efecto, no es, en mi opinión, otra cosa que la representación simbólica de la moderación, la que libra una batalla implacable, una guerra sin tregua contra la intemperancia y el placer. Ella, en efecto, acoge afablemente a la sencillez, a la temperancia y a todo cuanto es necesario para una vida austera y digna; en tanto que la intemperancia lo hace con lo superfluo y el derroche, causas para el alma y para el cuerpo de molicie y enervamiento, de los cuales resulta una vida culpable y más penosa aún que la misma muerte, a juicio de las personas sensatas.

 

165. El placer no se atreve a ofrecer sus seducciones y engaños al hombre, pero sí a la mujer, y por medio de ésta a aquél. Este procedimiento es apropiado y acertado en sumo grado. En efecto, en nuestro ser la inteligencia equivale al hombre, y la sensibilidad a la mujer; y el placer sale primeramente al encuentro de los sentidos, traba relación con ellos, y por mediación de ellos engaña también a la soberana inteligencia. Porque, cuando cada uno de los sentidos ha sido subyugado por sus atractivos, complacido con las cosas ofrecidas: la vista, con la variedad de colores y formas; el oído, con las armonías de los sonidos; el gusto, con las delicias de los sabores; y el olfato, con las gratas fragancias de los perfumes que aspira; después de recibir esos regalos, los ofrecen, a la manera de las criadillas, a la razón, como a un amo, llevando consigo para que alegue en su favor a la persuasión a fin de que aquélla no rechace nada en absoluto. La razón es al punto atrapada y se convierte de soberana en subordinada, de ama en esclava, de ciudadana en desterrada, de inmortal en mortal.

 

166. LIX. En suma, pues, no debemos olvidar que el placer, cual una cortesana o mujer lasciva, desea vivamente procurarse un amante, y busca rufianes, por cuya mediación habrá de seducirlo; y que el papel de los rufianes que le procurarán el amante está a cargo de los sentidos. Una vez que los ha seducido, tiene sin dificultad a su arbitrio a la inteligencia, pues ellos le llevan a ésta las representaciones de afuera, se las anuncian, se las muestran, e imprimen en ella las formas de cada una engendrando la pasión correspondiente, pues la inteligencia es como una cera que recibe las impresiones a través de los sentidos, gracias a los cuales aprehende las cosas corpóreas, que por sí misma no puede aprehender, según he dicho ya.

 

167. LX. Los primeros 54que se convirtieron en esclavos de una penosa e incurable pasión, al punto descubrieron cuáles son las recompensas del placer. A la mujer le sobrevinieron los violentos dolores del parto y las penas que una tras otra se suceden durante el resto de la vida, en especial las causadas por los alumbramientos de hijos y la crianza de los mismos, en las enfermedades y cuando están sanos, cuando les sonríe la fortuna y cuando les es adversa; y además la privación de la libertad, y el peso de la autoridad del hombre unido a ella en matrimonio, cuyos mandatos le es preciso acatar. Por su parte el hombre experimentó trabajos, fatigas y continuos desvelos para la obtención de las cosas necesarias; y la privación de los espontáneos bienes que la tierra había sido enseñada a producir por sí sola sin la labor del agricultor; quedando atado a ininterrumpidos esfuerzos para procurarse medios de vida y alimentos, de modo de no perecer de hambre.

54Vale decir, el primer hombre y la primera mujer.

 

168. Creo yo, en efecto, que, así como el sol y la luna emiten sus luces siempre, habiendo recibido el mandato en una única ocasión, en el instante mismo de la creación original del universo, y observan el Divino precepto no por otra razón que porque el vicio se halla desterrado lejos de los confines del cielo; de la misma manera también el pingüe y fértil suelo de la tierra produciría copiosos frutos con el correr de las estaciones del año, sin que interviniera la habilidad y colaboración de los agricultores. Pero, cuando el vicio comenzó a ser preferido a las virtudes, como actualmente, se cerraron las perennes fuentes de las gracias Divinas para que no las procuraran a quienes eran considerados indignos de ellas.

 

169. La verdad es que, si el género humano hubiera debido soportar un castigo acorde con la culpa, hubiera sido preciso que, por su ingratitud para con Dios, su benefactor y preservador, fuera aniquilado; pero, siendo Él misericordioso por naturaleza, movido a piedad, moderó la pena, permitiendo que la raza humana subsistiese; pero no ya como antes, es decir, recogiendo sus alimentos sin esfuerzo, a fin de evitar que los hombres, entregados a dos males, la indolencia y la saciedad, cometieran faltas y se ensoberbecieran.

 

170. LXI. Ésa es la vida de los que al principio se caracterizan por la inocencia y la sencillez, pero luego prefieren el vicio a la virtud. A través del relato de la creación del mundo a que nos hemos referido, además de muchas otras cosas nos enseña Moisés cinco, que son las más hermosas y excelentes de todas. En primer lugar, que la Divinidad existe y Su existencia es eterna.55Esto, a propósito de los ateos, algunos de los cuales han dudado sin decidirse en uno u otro sentido respecto de Su eterna existencia; en tanto que otros, más osados, han llevado su audacia hasta el extremo de afirmar que no existe en absoluto, y que se trata nada más que de afirmaciones provenientes de hombres que obscurecen la verdad mediante la invención de mitos.

55Es decir, previa a la existencia de todos los demás seres. Entiendo que en este sentido debe tomarse aquí el verbo hypárkhein, que también significa gobernar. Filón en este párrafo se está refiriendo a la existencia Divina, no a su poder. Renglones más abajo lo reitera empleando el sustantivo hypárxis, con neto sentido de existencia. El gobierno Divino es tratado en la quinta de las enseñanzas: la relativa a la providencia.

 

171. En segundo lugar, que Dios es uno. Esto, a causa de los que han enseñado la creencia politeísta, sin avergonzarse de trasladar desde la tierra al cielo el gobierno de la multitud (okhlocracia), es decir, el peor de los regímenes políticos. En tercer lugar, que el mundo, como ya queda dicho, ha sido creado. Esto, lo enseña teniendo presentes a aquellos que piensan que el mundo es increado y eterno, con lo que no asignan a Dios superioridad ninguna. En cuarto lugar, que también el mundo es uno solo, por cuanto uno es su Creador, quien hizo Su obra semejante a Sí mismo en cuanto a la unicidad, y empleó la totalidad de la materia para la creación del universo. Éste, en efecto, no hubiera podido ser universo 56si no hubiera sido formado y constituido de partes que eran totalidades. Existen, ciertamente, quienes suponen que hay más de uno, y otros los consideran infinitos. Se trata de ignorantes 57y profanos respecto de la verdad de las cosas que merecen conocerse. En quinto lugar, que la providencia de Dios se extiende sobre el mundo. En efecto, las leyes y normas de la naturaleza, conforme con las cuales también los padres velan por sus hijos, exigen que el Hacedor vele siempre por lo creado por Él.

56Universo o totalidad. Es imposible reproducir cabalmente el juego de palabras que el adjetivo hólos = todo permite a Filón explicar la contradicción que implicaría un universo que no fuera único y contuviera la totalidad de la materia.

57Otro juego de palabras intraducible: ápeiros expresa dos conceptos: infinito (a y peîrar = sin límite) e ignorante (a y peîra = sin experiencia).

 

172. Quien ha comenzado por aprender estas cosas tanto por haberlas oído como por haber reflexionado sobre ellas, y ha impreso en su alma concepciones admirables y dignas de sostener, a saber: que Dios existe y Su existencia es eterna; que el que realmente Eses uno; que creó el mundo; y que creó uno solo, según se ha dicho, asemejándolo a Sí mismo en cuanto a la unicidad; y que siempre vela por Su creación; ése gozará de una vida dichosa y feliz pues lleva impresas en sí las enseñanzas de la piedad y la santidad.

 

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FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO (100-149)

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

100. Solamente el 7, como digo, es de naturaleza tal, que ni divide ni es divisible. Por esta razón los otros filósofos asimilan este número a la no engendrada y virgen Nice,32la que, según la tradición, surgió de la cabeza de Zeus; en tanto que los pitagóricos lo identifican con el Soberano del universo. Se fundan éstos en que lo que ni engendra ni es engendrado permanece inmóvil, puesto que es la generación lo que implica movimiento, como que ni lo que engendra ni lo que es engendrado pueden darse sin movimiento; lo primero para engendrar, lo segundo para ser engendrado. Y sólo un ser existe que ni mueve ni es movido: el venerable Soberano y Guía, del que acertadamente podría decirse que el 7 es una imagen. Confirma esta aserción mía Filolao 33en estas palabras: “Existe”, dice, “un Guía y Soberano de todas las cosas, Dios, que es siempre uno, permanente, inmóvil, idéntico a Sí mismo, distinto de los demás.”

32Trátase de Palas Atenea (Minerva), divinidad nacida, según una tradición, de la cabeza de Zeus, abierta de un hachazo por Hefesto (Vulcano). Téngase presente que ser factor y ser divisible o producto se expresan en griego por gennán = engendrar en voz activa y en pasiva respectivamente.

33Filósofo pitagórico del siglo V a. C.

 

101. XXXIV. En el orden, pues, de las cosas aprehensibles por la inteligencia el 7 pone de manifiesto lo carente de movimiento y libre de pasión; en tanto que en el de las cosas sensibles exhibe una inmensa potencia, de trascendencia suma [en el movimiento de los planetas], de los que se derivan naturales ventajas para todas las cosas de la tierra; y en las revoluciones de la luna. Hemos de examinar de qué manera. La suma de los números de 1 a 7 da 28,34número perfecto éste e igual a la suma de sus factores.35El número resultante es el de los días en que se cumple un ciclo lunar completo, y retorna la luna, menguando su tamaño, a aquella forma desde la que había comenzado su crecimiento de manera perceptible. Crece, en efecto, desde el primer brillo de la etapa creciente hasta la media luna en siete días; luego al cabo de otros tantos tiene lugar el plenilunio; y retorna en sentido inverso, como un corredor en la carrera de doble recorrido, por el mismo camino desde la luna llena hasta la media luna, otra vez en siete días, para luego desde ésta volver a la luna nueva en la misma cantidad de días, siendo la suma de todos los días empleados igual al ya mencionado número.

34 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 = 28.

35Igual a la suma de sus factores, como el 6 (ver 13): 1 + 2 + 4 + 7 + 14 = 28; siendo los sumandos sus factores porque 1 x 28 = 28; 2 x 14 = 28; 4 x 7 = 28.

 

102. Quienes acostumbran asignar nombres con toda propiedad llaman también “portador de perfección” al 7, por cuanto por él todas las cosas alcanzan su perfección. Pruebas de ello pueden extraerse del hecho de que todo cuerpo orgánico tiene tres dimensiones: largo, ancho y alto; y cuatro límites: punto, línea, superficie y sólido, sumados los cuales conjuntamente resultan ser 7. Mas hubiera sido imposible que estos cuerpos fueran medidos por el 7 de acuerdo con su constitución a partir de tres dimensiones y cuatro límites, si no ocurriera que las formas de los primeros números, 1, 2, 3 y 4, que son los fundamentos del 10,36contienen la naturaleza del 7, por cuanto dichos números contienen cuatro límites: el primero, el segundo, el tercero y el cuarto;37y tres intervalos: el primero, que va de 1 a 2; el segundo, que se extiende de 2 a 3; y el tercero, que separa 3 de 4.

36Porque 1 + 2 + 3 + 4 = 10.

37Los cuatro límites o términos son en este caso el 1, el 2, el 3 y el 4, números que encierran o limitan los tres intervalos: el que va del 1 al 2, el que va del 2 al 3, y el que va del 3 al 4. Nuestro vocablo término viene del latino términus = linde o límite.

 

103. XXXV. Aparte de las pruebas ya mencionadas, evidencian clarísimamente también la potencia perfeccionadora del 7 las etapas de la vida humana desde la infancia hasta la vejez, las que se distribuyen de la siguiente manera: durante los siete primeros años tiene lugar el crecimiento de los dientes; durante el segundo sobreviene la época de la posibilidad de emitir semen fecundante; en el tercero se produce el crecimiento de la barba; en el cuarto, el progresivo acrecentamiento de las fuerzas; en el quinto, la ocasión oportuna para los matrimonios; durante el sexto, la madurez del entendimiento; durante el séptimo, el mejoramiento y acrecentamiento progresivo de la inteligencia y la razón; en el octavo, la perfección de una y otra; en el noveno, la amabilidad y suavidad de trato, apaciguadas cada vez más las pasiones; y durante el décimo, el fin apetecible de la vida, cuando todavía los miembros del organismo se mantienen firmes. Porque una vejez prolongada suele abatidos y destruir a cada uno de ellos.

 

104. Entre los que han descrito estas edades está el legislador ateniense Solón, quien compuso estos versos elegíacos: “El niño, impúber aún y tierno infante, las hileras de dientes produce y echa fuera primeramente durante siete años; cuando Dios ha completado los otros siete años aparecen las señales de la juventud que sobreviene; en el tercer septenio la barba, a la par del desarrollo de sus miembros, le brota como flor de su cambiante piel; en el cuarto cada uno alcanza el tope de su vigor, el que los hombres tienen por signo de calidad personal; en el quinto sobreviene el momento oportuno para que el hombre se acuerde del matrimonio y se preocupe en adelante por engendrar hijos; en el sexto la inteligencia del hombre se ejercita en todo saber, y no desea ya, como antes, realizar acciones descabelladas; en el séptimo y el octavo, catorce años entre los dos septenios, llega a la suma excelencia en inteligencia y habla; en el noveno conserva, ciertamente, su fuerza, pero mengua la capacidad de su saber y su lengua para las realizaciones de alta calidad; y quien llegare a completar el décimo exactamente no llegará a la inevitable muerte en edad inoportuna.”

 

105. XXXVI. En los diez mencionados septenios distribuye pues, Solón la existencia humana. En cambio, el médico Hipócrates dice que las etapas de la vida son siete: infancia, niñez, adolescencia, mocedad, edad adulta, edad madura y vejez; y que estas etapas se miden por múltiplos de 7, aunque no según la sucesión regular. Dice así: “En la vida humana hay siete, etapas, que se llaman edades: infante, niño, adolescente, mozo, hombre adulto, hombre maduro y anciano. Se es infante durante siete años, mientras van creciendo los dientes; niño, hasta la emisión del semen, vale decir, hasta dos veces siete años; adolescente, hasta el crecimiento del pelo de la barba, o sea, hasta tres veces siete años; mozo, hasta el desarrollo total del cuerpo, es decir, hasta cuatro veces siete años; hombre adulto, hasta los cuarenta y nueve años, vale decir, hasta siete veces siete años; hombre maduro, hasta los cincuenta y seis, o sea, hasta siete veces ocho. A partir de entonces se es anciano.”

 

106. En ponderación de la admirable posición que el número siete ocupa en la naturaleza se menciona también lo siguiente, por cuanto se trata de la suma de 3 más 4. Si se multiplica por 2, se halla que el tercer número a contar desde la unidad es un cuadrado, y que el cuarto es un cubo, mientras el séptimo, y número que procede de ambos, es un cuadrado y un cubo a la vez.38En efecto, el tercer número en esta multiplicación por 2, a partir de la unidad, vale decir, el 4 es un cuadrado; el cuarto, o sea, el 8 es un cubo; y el séptimo, vale decir, el 64 es a la vez cubo y cuadrado. De modo que el número siete es realmente portador de perfección, como que proclama ambas correspondencias: con la superficie, a través del cuadrado en virtud de su parentesco con el 3; y con el sólido, a través del cubo en razón de su vinculación con el 4; puesto que 3 más 4 suman 7.

38Primer número: 1; segundo: 2 (2 x 1); tercero: 4 (2 x 2); cuarto: 8 (2 x 4); quinto: 16 (2 x 8); sexto: 32 (2 x 16); séptimo: 64 (2 x 32). El tercero de ellos, es decir, el 4, es un cuadrado (2 x 2); el cuarto, o sea el 8, es un cubo (2 x 2 x 2); en tanto que el séptimo, el 64 es un cuadrado (8 x 8) y un cubo (4 x 4 x 4).

 

107. XXXVII. Mas no es sólo portador de perfección, sino también, por así decir, armonioso en sumo grado y, en cierto modo, fuente de la más hermosa de las escalas, la que contiene todas las armonías: la de cuarta, la de quinta y la de octava, y además todas las proporciones, a saber: la aritmética, la geométrica y también la armónica. El esquema está formado con los siguientes números: 6, 8, 9, 12. El 2 se halla con respecto al 6 en la proporción 4/3, a la que se ajusta la armonía de 4; el 9 con respecto al 6, en la proporción 3/2, por la que se rige la armonía de 5; el 12 con respecto al 6, en la proporción 2/1, que regula la armonía de octava.

 

108. Como digo, encierra además todas las progresiones: la aritmética formada por 6, 9 y 12, pues el segundo término es mayor que el primero en tres unidades, y el tercero sobrepasa al segundo en el mismo número de ellas; la geométrica formada por los cuatro números, por cuanto la misma relación que existe entre 12 y 9, se da entre 8 y 6, siendo la proporción 4/3; y la armónica, formada por tres números: 6, 8 y 12.

 

109. Hay dos maneras de distinguir una progresión armónica. Una es la siguiente: se da tal progresión cuando la relación entre el último término y el primero es igual a la relación que existe entre la diferencia del último al intermedio, y la de éste al primero. Un ejemplo clarísimo puede hallarse en los números que tenemos ante nosotros: el 6, el 8 y el 12. El último es el doble del primero, y la diferencia 39también es el doble. En efecto, el 12 sobrepasa al 8 en cuatro unidades, y el 8 al 6 en dos, y 4 es el doble de 2.

39La diferencia entre el último (el 12) y el intermedio (el 8) es 4, en tanto que la diferencia entre el intermedio (8) y el primero (el 4) es 2, la mitad de 4.

 

110. Otra manera de comprobar la existencia de una proporción armónica es ésta. Se da esa proporción cuando el término intermedio sobrepasa a uno de los extremos en la misma proporción en que es sobrepasado por el otro. Así, el 8, que es el término intermedio, sobrepasa al primer extremo en un tercio, pues restándole 6 queda 2, que es un, tercio de 6; y es sobrepasado por el último en la misma fracción, pues restando 8 a 12 queda 4, que es un tercio de 12.

 

111. XXXVIII. Baste con lo dicho acerca de la alta dignidad que encierra esa figura, esquema o como deba llamársele. Tan grandes cualidades y otras más pone el 7 de manifiesto en orden de las cosas incorpóreas y aprehensibles por la inteligencia. Mas su naturaleza trasciende esa esfera y se extiende a toda sustancia visible sin excepción, al cielo y a la tierra, hasta los extremos del universo. Porque, ¿qué sector del universo no es amante del 7, hallándose dominado por el amor y apasionado deseo hacia él?

 

112. Por ejemplo, se nos dice que el cielo está ceñido por siete círculos, cuyos nombres son ártico, antártico, trópico estival, trópico invernal, equinoccio, zodíaco y además la Vía Láctea. El horizonte, en cambio, es una impresión subjetiva nuestra solamente y su circunferencia aparece ora mayor ora menor según sea penetrante nuestra vista o lo contrario. Siete, también, son precisamente los órdenes en que están distribuidos los planetas, la hueste contrapuesta a la de las estrellas fijas, los que manifiestan una inmensa simpatía hacia el aire y la tierra. Alteran, en efecto, y hacen variable al primero, de modo que resulten las llamadas estaciones del año, produciendo en el transcurso de cada una de ellas innumerables cambios mediante períodos de calma, de atmósfera serena, de nubes espesas y de vientos excesivamente violentos; y al mismo tiempo provocan las crecientes y las bajantes de los ríos; convierten llanuras en pantanos e, inversamente, las desecan; ocasionan cambios en los mares, cuando las aguas fluyen o refluyen.

 

113. A veces, en efecto, producido el reflujo de las aguas del mar, amplios golfos se convierten en bajo litoral repentinamente; y poco después, al volver el mar a derramarse, toman a ser profundísimo mar, navegable no sólo por pequeñas embarcaciones chatas sino también por naves de pesadas cargas. Y hacen, asimismo, crecer y llegar a su completo desarrollo a todas las cosas terrestres, tanto a las criaturas animadas como a las plantas productoras de frutos, preparándolas para perpetuar la naturaleza propia de cada una de ellas, de modo que nuevos individuos florezcan desde los viejos y lleguen a su plena madurez para proveer indefinidamente a los que los necesitan.

 

114. XXXIX. Siete, también, son las estrellas que forman la Osa Mayor, que dicen ser la guía de los navegantes. Con la vista puesta en ella los pilotos han trazado las innumerables rutas del mar, empeñados en una empresa increíble y superior a lo que cabe dentro de la humana naturaleza. Haciendo conjeturas basadas en las mencionadas estrellas, descubrieron los países hasta entonces desconocidos, islas los habitantes del continente, y tierras continentales los isleños. Correspondía, en efecto, que las partes más recónditas, así de la tierra como del mar, fueran puestas al alcance del conocimiento de la raza humana, es decir, de la criatura animada más amada por Dios, por lo más puro que existe en la naturaleza, el cielo.

 

115. Además de los grupos mencionados ya, también el coro de las Pléyades se compone de siete estrellas, cuyas apariciones y desapariciones llegan a ser origen de grandes beneficios para todos, pues cuando ellas se ocultan se trazan los surcos para la siembra; cuando están próximas a reaparecer, anuncian el tiempo de la cosecha; y, elevadas ya, excitan a los jubilosos labradores para la recolección de los indispensables alimentos, y ellos con alegría acopian las reservas para el diario consumo.

 

116. También el sol, el magno señor del día, que dos veces cada año, en primavera y en otoño, produce sendos equinoccios, el de primavera en la constelación de Aries, y el de otoño en la de Libra,40ofrece una clarísima prueba de la excelsa dignidad del número siete. Cada uno de los equinoccios, en efecto, tiene lugar en el séptimo mes, y durante ellos se distribuyen por disposición de la ley las celebraciones de las más importantes y más vinculadas a la nación entre las fiestas, por cuanto en uno y otro llegan a su madurez todos los frutos de la tierra; en primavera el fruto del trigo y de todos los demás sembrados; en otoño el de la viña y de la mayoría de los otros árboles frutales.

40En la época de Filón (s. I d. C.) los judíos hacían comenzar el año sagrado o religioso en primavera, y el civil en otoño.

 

117. XL. Dado que las cosas de la tierra dependen de las del cielo de conformidad con cierta natural simpatía, el principio del número siete habiendo comenzado desde lo alto, descendió también hacia nosotros y visitó a las especies mortales. Por ejemplo, si no contamos a la parte rectora de nuestra alma,41el resto está dividido en siete partes, que son: los cinco sentidos, el órgano de la expresión y finalmente el de la generación. Todos ellos, como en los espectáculos de títeres, movidos por los hilos de la inteligencia, ora permanecen quietos ora se mueven, cada uno con las actitudes y los movimientos apropiados.

41Es decir, la inteligencia.

 

118. Hallará, asimismo, que son siete tanto unas como otras, quien se abocare a examinar las partes externas y las internas de nuestro cuerpo. En efecto, las partes visibles son: cabeza, pecho, vientre, dos brazos y dos piernas; y las internas, llamadas entrañas, son: estómago, corazón, pulmón, bazo, hígado y dos riñones.

 

119. Es más, la cabeza, que es parte principal de la criatura animada, hace uso de siete partes esencialísimas: dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales y, en séptimo término, la boca; a través de la cual, como dijo Platón,42tienen su entrada las cosas mortales, y su salida las inmortales. Penetran, en efecto, por ella comidas y bebidas, alimentos perecederos de un cuerpo perecedero, en tanto que salen palabras, normas inmortales de un alma inmortal, mediante las cuales es guiada la vida racional.

42Platón, Timeo75 d.

 

120. XLI. Los objetos que se distinguen a través del más elevado de los sentidos, la vista, participan de este número por sus clases. Siete, en efecto, son las especies visibles: cuerpo, distancia, forma, tamaño, color, movimiento y reposo; fuera de las cuales no hay otra alguna.

 

121. Mas he aquí que también las variantes de la voz son siete en total: aguda, grave, circunfleja, aspirada la cuarta, no aspirada la quinta, larga la sexta, y breve la séptima.

 

122. Y ocurre también que los movimientos son siete: hacia arriba, hacia abajo, hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia delante, hacia atrás y en círculo; movimientos que se distinguen con el máximo de claridad en los espectáculos de danza.

 

123. A dicho número, también, se limitan, así aseguran, las secreciones que fluyen a través del cuerpo, a saber: las lágrimas, que se derraman a través de los ojos; los flujos cefálicos, que lo hacen a través de las fosas nasales; la saliva, que se escupe por la boca; a los que hay que agregar dos receptáculos, uno delante y otro detrás, para la eliminación de las sustancias superfluas; la sexta es el sudor, que fluye a través de todo el cuerpo, y la séptima, la muy acorde con la naturaleza, emisión de semen a través de los órganos genitales.

 

124. Asegura, además, Hipócrates, hombre versado en los procesos naturales, que el semen se solidifica y fija formándose el embrión en siete días. Por otra parte, a las mujeres les sobreviene el flujo mensual hasta un máximo de siete días y siete meses tarda la naturaleza en hacer que los frutos del vientre se desarrollen plenamente; de lo que resulta algo sumamente paradójico: los infantes sietemesinos sobreviven, en tanto que los gestados durante ocho meses normalmente no pueden conservarse vivos.

 

125. También las graves enfermedades corporales, en especial los persistentes ataques de fiebre, debidos al desequilibrio de nuestras potencias interiores, hacen crisis generalmente en el séptimo día; él, efectivamente, decide la lucha por la vida, asignando a unos el restablecimiento, y a otros la muerte.

 

126. XLII. El poder de este número no sólo está estrechamente afincado en los campos ya mencionados, sino también en las más excelentes de las ciencias, es decir, la gramática y la música. En efecto, la lira de siete cuerdas, correspondiente al coro de los planetas, produce las melodías preferidas, y constituye prácticamente la pauta a la que se ajusta toda la construcción de instrumentos musicales. Y en la gramática, siete son las letras llamadas propiamente vocales en razón de que es evidente que suenan por sí mismas, y cuando se unen a otras letras producen sonidos articulados.43Por una parte, en efecto, completan aquello que les falta a las semivocales haciendo que los sonidos de éstas se tornen plenos; y por otra, transforman la naturaleza de las consonantes infundiéndoles su propio poder para que de letras impronunciables que sonse conviertan en pronunciables.

43Vocales, en griego phonéenta = sonantes, por oposición a las hemíphona = semisonantes o semivocales, que según los gramáticos griegos eran l, m, n, r, ps, x, ds;y a las áphona = nosonantes o consonantes. Filón justifica el nombre de las sonantes o vocales asociando su efecto acústico con el hecho de sonar (phoneisthal)y el sonido (phoné).

 

127.Estas razones explican a mi parecer, por qué los que originalmente asignaron nombres a las cosas, como sabios que eran, llamaron “siete” a este número derivándolo de la veneración de que es objeto y de la majestad que le es propia.44Los romanos, al añadir la letra s, omitida por los griegos, destacan, conmás claridad aún el parentesco, pues lo llaman, con más propiedad, “septem” derivándolo, según se ha dicho, de “majestuoso” y de “veneración”.45

44Establece Filón un imaginario parentesco entre la familia de palabras formada por los términos sebasmós = reverencia; semnótes = majestad; semnós = venerable, entre otros, y heptá (derivado de septá, y éste de septm) = siete.

45En cuanto a la sinicial del término romano o latino septem, que, según nuestro autor, hace más patente ese parentesco, se trata simplemente de la conservación de la forma primitiva, no de un agregado; en tanto que en la forma griega, dicha sse transformó en la aspirada que transliteramos al español por h.

 

128. XLIII. Éstas y otras más son aseveraciones y meditaciones filosóficas, acerca del número siete, merced a las cuales este número ha alcanzado las más altas honras en la naturaleza. Lo honran los más ilustres investigadores griegos y no griegos que se ocupan de la ciencia matemática, y muy especialmente ha sido honrado por Moisés, el amante de la virtud. Moisés registró su hermosura en las sacratísimas tablas de la ley, y la imprimió en las inteligencias de todos los que lo han acatado, al disponer que al cabo de cada seis días observaran como sagrado el séptimo, absteniéndose de todas las labores destinadas a procurarse sustento, y aplicados a una sola cosa: a meditar con miras a un mejoramiento del carácter y a someterse a la prueba de su conciencia, la cual, establecida en el alma como un juez, no se queda corta en sus reprimendas, empleando unas veces enérgicas amenazas, y otras, suaves advertencias, amenazas en los casos de mal proceder evidentemente premeditado, advertencias a fin de que no se vuelva a incurrir en lo mismo en los casos en que se ha faltado involuntariamente y por falta de previsión.

 

129. XLIV. En un sumario epílogo del relato de la creación del mundo dice Moisés: “Este es el libro de la creación del cielo y de la tierra, cuando comenzaron a existir, en el día en que Dios hizo el cielo y la tierra, y toda verdura del campo antes que existiera sobre la tierra, y toda hierba del campo antes que brotase” (Gén. II, 4-5.) ¿No nos está presentando claramente a las incorpóreas formas ejemplares, aprehensibles por la inteligencia, que sirvieron como sellos para la completa conformación de los objetos sensibles? Antes que la tierra produjera verdes brotes, la verde vegetación en sí existía, se nos dice, en la naturaleza de las cosas incorpóreas; y antes que la hierba surgiese en el campo, había una hierba invisible.

 

130. Hemos de suponer que también el caso de cada uno de los demás objetos que distinguen nuestros sentidos, previamente existieron formas y medidas más antiguas mediante las cuales adquirían forma y dimensión las cosas que llegaban a existir; porque si bien no ha tratado todas las cosas en detalle sino de manera conjunta, preocupado como el que más por ser breve en las exposiciones, no es menos cierto que las pocas cosas que ha dicho son indicaciones que valen para la naturaleza de todas las cosas, la cual no lleva a cabo la producción de ninguna de las cosas de orden sensorial sin recurrir a un modelo incorpóreo.

 

131. XLV. Ateniéndose a la sucesión de los hechos, y observando fielmente el encadenamiento de las cosas precedentes con las siguientes, dice a continuación: “Y de la tierra brotó una fuente, y regó toda la superficie de la tierra” (Gén. II, 6.) Los demás filósofos afirman que toda el agua es uno de los cuatro elementos de que está hecho el mundo. Moisés, en cambio, gracias a que con visión más aguda está habituado a contemplar y aprehender exactamente aún las cosas más remotas, entiende que el gran mar que sus continuadores llaman océano, reconociendo que los mares navegados por nosotros tienen dimensiones de puertos comparados con él, es uno de los elementos, una cuarta porción del universo; pero distinguió el agua dulce y potable del agua salada del mar, y la asignó a la tierra, considerándola una parte de ella, no del mar, por la razón expuesta anteriormente, es decir, que la tierra mantiene su cohesión, cual si estuviese atada, gracias a la dulce cualidad del agua, semejante a una adherente cola. Porque, si se la hubiese dejado seca sin que la humedad la penetrase y se esparciese en todos los sentidos a través de sus poros, estaría ya desintegrada. Conserva, sin embargo, su cohesión y perdura gracias, en parte, al poder unificador del aliento vital, y en parte, porque la humedad impide que, desecada, se desintegre en pequeños y grandes fragmentos.

 

132. Esa es una causa; pero hemos de mencionar también otra que apunta hacia la verdad como hacia un blanco. Es ley natural que ninguna de las criaturas nacidas de la tierra adquiera su conformación sin sustancia húmeda. Lo ponen en evidencia las simientes depositadas, las que o son húmedas, como las de los seres animados, o no germinan sin humedad, tal como sucede con las de las plantas. Se colige de ello claramente que dicha sustancia húmeda no puede ser sino parte de la tierra, que engendra todas las cosas; siendo su papel análogo al de la corriente de los flujos mensuales para las mujeres. Entre los estudiosos de las cosas de la naturaleza se dice, en efecto, que estos flujos constituyen la sustancia corpórea de los embriones.

 

133. Lo que he de mencionar también está de acuerdo con lo que acabamos de decir. La naturaleza, preparando de antemano la alimentación del futuro hijo, ha proporcionado a cada madre, como parte esencialísima de ella, senos, de los que dicho alimento mana como de una fuente. También la tierra es, evidentemente, una madre; y por eso los primeros hombres consideraron apropiado llamarla Deméter, combinando los términos “madre” y “tierra”.46No es la tierra, en efecto, quien imita a la mujer, sino la mujer quien imita a la tierra, como dice Platón.47Los poetas acostumbran llamarla acertadamente “madre universal”, “portadora de frutos”, “dadora de todas las clases de frutos”, porque es la causa del nacimiento y conservación de todos los animales y las plantas por igual. Con razón, pues, también a la tierra, la más antigua y fecunda de las madres, ha proporcionado la naturaleza, a modo de senos maternos, corrientes de ríos y fuentes para el riego de las plantas y para que los seres animadosdispongan de abundante bebida.

46O sea, = tierra, y méter = madre.

47Platón, Menéxeno238 a.

 

134. XLVI. A continuación dice que “Dios formó al hombre tomando polvo de la tierra, y sopló en su cara el aliento de la vida” (Gén. II, 7.) También con estas palabras establece clarísimamente que existe una total diferencia entre el hombre formado ahora y aquel que anteriormente había llegado a la existencia “a imagen de Dios”.48En efecto, el hombre formado ahora era perceptible por los sentidos, partícipe ya de la cualidad, compuesto de cuerpo y alma, varón o mujer, mortal por naturaleza; en tanto que el creado a imagen de Dios era una forma ejemplar, un ente genérico, un sello, perceptible por la inteligencia, incorpóreo, ni masculino ni femenino, incorruptible por naturaleza.

48Ver el parágrafo 76.

 

135. Dice que el hombre individual, perceptible por los sentidos, es por su constitución un compuesto de sustancia terrestre y aliento Divino. Dice, en efecto, que, después que el Artífice hubo tomado polvo, y de haber modelado con éste una forma humana, el cuerpo adquirió existencia; pero que el alma no se originó de ninguna cosa creada en absoluto, sino del Padre y Soberano del universo, porque no otra cosa era lo que Éste sopló sino un Divino aliento llegado desde aquella dichosa y feliz naturaleza a esta colonia que es nuestro mundo, para provecho de nuestra especie, a fin de que, aunque su porción visible es mortal, pudiera en lo que respecta a la porción invisible convertirse en inmortal. Por ello, con toda razón se puede decir que el hombre está en el límite entre la naturaleza mortal y la inmortal, participando de una y de otra en la medida de lo necesario, y que ha sido creado mortal e inmortal al mismo tiempo, mortal en lo que atañe al cuerpo, inmortal en lo que toca a su inteligencia.

 

136. XLVII. En mi opinión, aquel primer hombre nacido de la tierra, fundador de todo el género humano, al ser creado fue dotado de las mejores cualidades en una y otra parte de su ser, es decir, en su alma y en su cuerpo, y fue muy superior a los que vinieron después por sus sobresalientes cualidades en ambos elementos. Es que aquel hombre era realmente hermoso y bueno de verdad. Con tres hechos podría probarse que era hermosa la constitución de su cuerpo. El primero es el siguiente: como hacía poco que había aparecido la recién formada tierra, al separarse de ella la gran masa de agua que recibió el nombre de mar, sucedía que la materia de las cosas creadas era sin mezcla, pura e incontaminada, y aun maleable y fácil de trabajar, y que las cosas producidas con ella eran, naturalmente, irreprochables.

 

137. La segunda prueba es ésta: no es verosímil que Dios haya tomado polvo de la porción de tierra que primero le vino a mano, al concretar con diligencia suma su propósito de modelar esta figura de forma humana; antes bien es razonable pensar que haya seleccionado lo mejor de toda la tierra, lo más puro y altamente refinado de la materia pura, lo que más se adaptaba para su estructura. Porque lo que fabricaba era una residencia o sagrado santuario para el alma racional; alma que el hombre había de llevar como una sagrada imagen, la más semejante a Dios de todas las imágenes.

 

138. La tercera prueba, incomparablemente más convincente que las ya mencionadas, es que el Creador, así como es excelente en las demás cosas, lo es también en la ciencia, como para hacer que cada una de las partes del cuerpo tuviera en sí misma individualmente las debidas proporciones, y resultara exactamente apropiada para participar en la conformación del todo; y así, ajustándose a esa simetría de las partes, modeló carnes lozanas y las pintó con bellos tonos, queriendo que el primer hombre ofreciera a la vista el más hermoso aspecto posible.

 

139. XLVIII. Es evidente que también el alma del primer hombre era excelente. No cabe pensar que para su formación el Creador haya empleado como modelo a otra cosa alguna de las creadas, sino solamente, como dije, a Su propio logos. Por eso dice Moisés que el hombre ha sido creado como imagen e imitación de éste al ser soplado en el rostro, donde se halla la sede de los sentidos. Con éstos el Creador tornó animado al cuerpo, y, una vez que hubo instalado en la parte rectora de ésta 49a la soberana razón, se los concedió como escoltas para las percepciones de los colores, sonidos, sabores, olores y cualidadessemejantes, que sin la percepción sensorial ella por sí misma no hubiera sido capaz de aprehender. Ahora bien, fuerzaera que la imitación de un modelo de belleza plena fuera plenamente hermosa; y el logos Divino es superior a la bellezamisma, a la belleza tal cual existe en la naturaleza; no porque esté adornado por la belleza, sino porque él mismo, a decir verdad, es el más hermoso adorno de la belleza.

49En la inteligencia.

 

140. XLIX. Con esas cualidades fue creado el primer hombre, a mi parecer, superior en el cuerpo y en el alma a los hombres de nuestra época y a los que han existido antes de nosotros. Es que a aquél lo creó Dios, en tanto que nuestro nacimiento procede de hombres, y cuanto mayor es la calidad del autor, tanto mayor es también la de lo producido. Por cierto que, así como lo que se halla en la plenitud de su ser es superior a aquello cuya plenitud pertenece al pasado, ya se trate de un animal, de una planta, de un fruto o de cualquier otra cosa de las que existen en la naturaleza, del mismo modo cabe pensar que el primer hombre que fue modelado constituyó la plenitud del ser de toda nuestra especie, en tanto que sus descendientes ya no alcanzaron esa plenitud igualmente, y fueron recibiendo formas y poderes siempre más apagados de generación en generación.

 

141. Yo he observado idéntica cosa en el caso de las esculturas y pinturas: las copias son inferiores a los originales, y las pinturas y modelados sacados de copias, mucho más inferiores aún debido a la gran distancia que los separa del original. También el imán presenta una experiencia análoga: aquel de los anillos de hierro que está en contacto con él cuelga adherido con toda firmeza; el que toca al que está en contacto directo lo hace con menos fuerza; el tercero pende del segundo; el cuarto del tercero, el quinto del cuarto y los demás unos de otros en larga serie, unidos todos por una sola fuerza de atracción, sólo que no de la misma manera, puesto que los que están suspendidos lejos del punto de partida lo están con menos intensidad siempre, por cuanto la fuerza de atracción se debilita y ya no puede retener en la medida de los primeros. Es evidente que algo análogo le ocurre también a la raza de los hombres, los que de generación en generación han ido recibiendo más debilitadas las fuerzas y cualidades.

 

142. Ajustándonos a la más estricta verdad, diremos que aquel primer antepasado de la raza humana fue no sólo el primer hombre sino además el único ciudadano del mundo. El mundo, en efecto, era su morada y su ciudad, y, aunque no hubiera sido erigida construcción alguna de piedra y de madera, pasaba sus días con total seguridad como en su país natal, ajeno al temor, ya que había sido considerado digno de regir a todos los seres terrestres, y todas las criaturas mortales temblaban ante él y habían sido enseñadas y forzadas a obedecerle como a un señor; y vivía libre de todo peligro en medio de los goces propios de una paz nunca interrumpida por guerras.

 

143. L. Ahora bien, puesto que todo estado bien regido se ajusta a una constitución, era necesario que el ciudadano del mundo se rigiese por la constitución por la que se rige el mundo entero. Y esta constitución es el recto orden de la naturaleza, llamada con más propiedad “sagrada norma”,50pues se trata de una Divina ley, conforme con la cual fue asignado a cada cosa lo que le convenía y correspondía. Preciso era que en este estado y bajo esta constitución existieran antes del hombre ciudadanos, a los que con justicia podría calificarse de ciudadanos del Gran Estado, ya que les cupo como residencia el más dilatado de los ámbitos, y fueron inscriptos en el padrón del más grande y perfecto de los estados.

50Thesmós, término que expresa toda norma o disposición emanada de la voluntad de los dioses, la ley divina o natural por oposición al nómos, o ley redactada por legisladores humanos.

 

144. ¿Y qué podían ser estos ciudadanos sino racionales y Divinas naturalezas, unas incorpóreas y aprehensibles por la inteligencia, [y] otras no carentes de cuerpos, como en el caso de los astros? En estrecha relación y convivencia con ellos, el hombre pasaba sus días en medio de una felicidad pura; y siendo estrechísimo su parentesco con el Soberano pues el Divino aliento se había derramado abundantemente sobre él, se empeñaba en decir y hacer todo de modo de complacer a su Padre y Rey, siguiéndolo paso a paso por las sendas que las virtudes trazan a modo de caminos reales, porque únicamente a las almas que tienen por meta el asemejarse a Dios, su Creador, les es lícito aproximarse a Él.

 

145. LI. Aunque con trazos muy inferiores a la verdad, hemos señalado en la medida de nuestras posibilidades al menos, la hermosura que en ambas partes de su ser, el cuerpo y el alma, poseía el primero que fue creado entre los hombres. En cuanto a sus descendientes, partícipes, como son, de la misma forma ejemplar que aquél, necesariamente habrían de conservar las marcas de su parentesco con su primer antepasado, aun cuando ellas estén borrosas.

 

146. Pero, ¿en qué consiste ese parentesco? Todo hombre por su inteligencia está íntimamente vinculado con ellogosDivino, pues es como una impresión, fragmento e irradiación de aquella bienaventurada naturaleza; en tanto que en la conformación de su cuerpo está vinculado con el mundo todo, pues es un compuesto de los mismos elementos de que lo está éste, a saber: tierra, agua, aire y fuego, habiendo aportado cada uno de ellos la porción necesaria para completar la cantidad exactamente suficiente, que el Creador habría de tomar para elaborar esta imagen visible.

 

147. Además, el hombre reside, como en sitios sumamente familiares y afines a él, en todos los mencionados elementos, cambiando de lugares y frecuentando ora uno ora otro; de modo que con toda propiedad se puede decir que el hombre es un ser de todos ellos: de la tierra, del agua, del aire y del cielo. En cuanto que habita y transita sobre la tierra es un animal terrestre; en cuanto que muchas veces se zambulle, nada y navega es acuático. Clarísimo testimonio de esto último son los mercaderes, los capitanes de barcos, los pescadores de púrpuras y todos los que se aplican a la pesca de ostras y peces. Por cuanto su cuerpo es elevado y está suspendido apuntando desde la tierra hacia lo alto, bien puede decirse que es una criatura del aire; y también podemos decir que es del cielo, puesto que está en estrecho contacto con el sol, la luna y cada uno de los restantes astros errantes y fijos a través del sentido de mayor autoridad, es decir, la vista.

 

148. LII. Totalmente acertado es el haber atribuido al primer hombre la asignación de los nombres.51Porque tarea es ésta propia de la sabiduría y la realeza, y el primer hombre era sabio con un saber adquirido espontáneamente sin mediación de maestro alguno, como que se trataba de un ser salido de las manos Divinas; y además rey. Y compete a un soberano el dar nombre a cada uno de sus súbditos. Y es razonable pensar que el poder de mando de que estaba investido aquel primer hombre, al que Dios había modelado con solicitud y había considerado digno del segundo lugar, colocándolo como Su propio virrey y como soberano de todas las demás criaturas, era extraordinario; pues los hombres nacidos muchas generaciones después, aunque han perdido ya la vitalidad de la especie a causa de las largas edades transcurridas, conservan todavía sin mengua su dominio sobre las criaturas irracionales manteniendo la que podríamos llamar antorcha de la soberanía y la realeza heredada del primer hombre.

51Gén. II, 19.

 

149. Así, dice Moisés que Dios condujo todos los animales a la presencia de Adán, queriendo ver qué nombre asignaría a cada uno de ellos; no porque tuviera alguna duda; que nada hay oculto para Dios; sino porque sabía que había forjado en un ser mortal la natural capacidad de razonar por su propio impulso, para, de ese modo, permanecer Él mismo sin participación alguna en el vicio. Lo que hacía, en realidad, era poner a prueba a aquél, como quien guía a un discípulo, despertando la capacidad en él depositada, e impulsándolo a dar pruebas de suspropias obras, a fin de que confiriera por sí mismo las denominaciones, y no inadecuadas ni desacordes, sino tales que pusieran de manifiesto con toda claridad los rasgos de las criaturas que los llevarían. 

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FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO (50-99)

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

50. Quien no hubiere entendido lo que digo lo comprenderá gracias a cierto juego muy común. Los que juegan con nueces acostumbran colocar tres nueces sobre una superficie plana, y luego añaden una más formando una figura piramidal. Pues bien, el triángulo del suelo se extiende hasta el número 3; la nuez agregada origina el número 4 en el orden numérico, y una pirámide, un cuerpo sólido ya, en el orden de las figuras.

 

51. Además de estas propiedades no debemos olvidar lo siguiente: el 4 es el primer cuadrado entre los números, producto de iguales factores multiplicados entre sí, medida de la justicia y la equidad;17y además el único que resulta indistintamente de la suma de 2 más 2, y de la multiplicación de 2 por 2, con lo que pone de manifiesto cierta hermosísima forma de consonancia, que a ninguno de los otros números es dada. Por ejemplo, el 6 es la suma de dos 3, pero no el producto de 3 por 3, que es 9.

17Las acepciones fundamentales del adjetivo griego ísos son igual, igualmente distribuido, equitativo. De allí que Filón afirme que el 4 es la medida de la justicia y la equidad, ya que es isákis ísos = igual número de veces igual número, es decir, dos veces dos, o 2 x 2, o el cuadrado de 2.

 

52. A muchas otras propiedades está vinculado también el 4, las que con mayor detenimiento habrán de ser expuestas en un trabajo especial sobre el mismo. Basta aquí con añadir lo siguiente: el 4 es el punto de partida de la creación del cielo y del mundo todo. En efecto, del número 4, como de una fuente, manaron los cuatro elementos con los que fue construido el universo. De él proceden además las cuatro estaciones del año, causas del nacimiento de los animales y las plantas, ya que el año ha sido dividido en cuatro partes: invierno, primavera, verano y otoño.

 

53. XVII. Pues bien, como dicho número ha sido considerado digno de tan gran preeminencia en la naturaleza, el Hacedor, como no podía ser de otro modo, llevó a cabo el ordenamiento del cielo en el cuarto día, y lo embelleció con el más hermoso y de más Divina forma entre los adornos: con los astros, portadores de claridad. Además, sabiendo que la luz es la mejor de todas las cosas, la convirtió en el instrumento del mejor de los sentidos, la vista; porque lo que la inteligencia es en el alma, lo es el ojo en el cuerpo. Tanto aquélla como éste ven: la inteligencia, las cosas aprehensibles por vía intelectual; el ojo, las sensibles. Y en tanto que la inteligencia ha menester de la ciencia para la aprehensión de las cosas incorpóreas, el ojo necesita dela luz para la visión de lo corpóreo.

 

54. La luz ha procurado a los hombres, aparte de muchos otros bienes, sobre todo el bien mayor, que es la filosofía. En efecto, conducida por la luz hacia las alturas, la vista contempla en ellas la naturaleza de los astros, su armonioso movimiento, las bien ordenadas órbitas de las estrellas fijas y de las errantes, las primeras recorriendo órbitas idénticas e invariables, las segundas circulando con revoluciones dobles, desiguales y opuestas; y las armoniosas danzas de todos ellos, coordinadas de acuerdo con las leyes de una música perfecta; y tal visión llena al alma de un gozo y placer indecible. El saborear sucesivas visiones, pues éstas se suceden unas a otras, trae aparejado un insaciable deseo de contemplaciones. Y entonces, como sucede habitualmente, el alma se pregunta intrigada cuál es la esencia de estas cosas visibles; si se trata de entes increados o comenzaron a existir en un momento dado; cuál es el mecanismo de su movimiento, y cuáles son los principios por los que cada uno de ellos se rige; problemas éstos de los que surgió la filosofía, el más acabado de los bienes incorporados a la humana existencia.

 

55. XVIII. Así pues, con la mirada fija en aquella forma ejemplar de luz intelectual, mencionada ya dentro del orden de las cosas incorpóreas, creó Dios los astros perceptibles por los sentidos, Divinas y hermosísimas imágenes, a las que colocó en el cielo, como en el más puro templo de la sustancia corpórea. Los fines que se proponía eran muchos: uno proporcionar la luz, otro que sirvieran de señales, otro fijar las estaciones del año, y por último, determinar los días, los meses y los años, los que seconvirtieron en las medidas del tiempo y originaron la naturaleza del número.

 

56. Cuánta utilidad y beneficio que proporciona cada uno de los mencionados astros se pone de manifiesto por su misma evidencia, pero para una más precisa comprensión no estará, sin duda, fuera de lugar seguir la pista de la verdad también mediante un razonamiento. Dividida la totalidad del tiempo en dos partes: el día y la noche, el Padre asignó el dominio del día al sol, como a un gran soberano; en tanto que el de la noche lo entregó a la luna y a la multitud de los restantes astros.

 

57. La magnitud del poderío y mando correspondientes al sol tiene una clarísima prueba en lo ya mencionado. Porque, siendo uno y solo, tiene asignado, como porción privada y en atención a sí mismo, el día, es decir, la mitad del total del tiempo, mientras la otra, que se conoce con el nombre de noche, correspondió a los demás astros incluida la luna. Además, cuando el sol se eleva, las figuras de tan gran número de astros no sólo empalidecen sino se tornan invisibles ante la irradiación de la claridad de aquél; y cuando el sol se pone, comienzan a mostrar todos conjuntamente sus propias cualidades.

 

58. XIX. Pero, como Él mismo 18lo ha dicho, no sólo para que esparcieran luz sobre la tierra fueron creados, sino también para que manifestaran señales de acontecimientos futuros. Efectivamente, por sus elevaciones, sus puestas, sus eclipses, o también por las épocas de sus apariciones y desapariciones o por otras variantes en sus movimientos, los hombres conjeturan lo que sobrevendrá: las buenas y malas cosechas, los nacimientos y las mortandades de animales, la claridad y nebulosidad del cielo, la calma y la violencia de los vientos, las crecidas y bajantes de los ríos, la tranquilidad y la agitación del mar, las irregularidades de las estaciones del año, así un verano frío, como un invierno cálido, o una primavera otoñal o un otoño primaveral.

18Gén. I, 14.

 

59. Ha habido quienes, por conjeturas basadas en los cambios que tenían lugar en el cielo, han preanunciado algún movimiento o conmoción terrestre y otros innumerables acontecimientos fuera de lo común, lo que prueba la suma verdad que contiene el aserto de que los astros “han sido creados para ser señales”.19Pero con el siguiente agregado: “y para los tiempos oportunos”. Por tales entendía Moisés las estaciones del año, y por cierto que con razón. Porque, ¿qué significación tiene el término “tiempo oportuno” sino la de “tiempo de buenos resultados”? Y buenos resultados son aquellos a los que conducen las estaciones anuales al llevar a la plenitud de su desarrollo todas las cosas, así las siembras y los crecimientos de los frutos como las pariciones y los crecimientos de los animales.

19Señales que marcan las divisiones del tiempo.

 

60. Los astros fueron creados además para determinar la medida de los tiempos. En efecto, los días, los meses y los años quedaron determinados por las regulares revoluciones del sol, la luna y los demás astros. Consecuencia inmediata de esto fue que se puso de manifiesto lo más útil de todo: la naturaleza del número, siendo los períodos de tiempo quienes nos la revelan. De un día, en efecto, llegamos a concebir el número uno, de dos días el dos, de tres días el tres, de un mes el treinta, de un año el número equivalente a los días contenidos en doce meses, de un tiempo ilimitado el número infinito.

 

61. Tantos y tan útiles beneficios tienden a proporcionarnos las naturalezas celestes y los movimientos de los astros. ¡Y a cuántos otros procesos naturales, desconocidos para nosotros, porque no todo está al alcance de la inteligencia de los mortales, pero que contribuyen a la conservación del universo y se cumplen en todas partes y en todos los casos según leyes y normas que Dios fijó inalterables en el universo; se extiende, diría yo, esa benéfica influencia!

 

62. XX. Ordenados convenientemente la tierra y el cielo, aquélla en el tercer día, éste en el cuarto, como se ha dicho, emprendió Dios la obra de crear, comenzando por los animales acuáticos, las especies mortales de criaturas vivientes en el quinto día, por considerar que no existe una relación más estrecha con el número 5 que la de las criaturas animales. No difieren, en efecto, las criaturas animadas de las inanimadas más que en la sensibilidad, y la sensibilidad está dividida en cinco partes: vista, oído, gusto, olfato y tacto. A cada una de ellas asignó el Hacedor un aspecto especial de la realidad material y un modo propio de captarlo, mediante el cual habría de obtener los datos sobre los objetos a su alcance. A la vista le fueron asignados los colores, al oído los sonidos, al gusto los sabores, al olfato los olores, al tacto la blandura y la dureza, el grado de calor y de frío, las suavidades y las asperezas.

 

63. Ordenó, pues, que se formase toda suerte de especies de peces y monstruos acuáticos, diferentes entre sí por los lugares de vida, los tamaños y las características, ya que para distintos mares se formaron distintas especies, aunque también las mismas correspondieron a veces a distintos mares. Mas no en todas partes se formaron todas, y sus razones hubo, ya que a algunas especies les placen las aguas de escasa altura, y de ningún modo el mar profundo, en tanto que otras prefieren los puertos y las radas, no pudiendo ni arrastrarse sobre la tierra ni nadar mar adentro, y otras, habituadas a vivir en las profundidades del mar, rehuyen la proximidad de los salientes cabos, de las islas y de las rocas. Otras se hallan a sus anchas en las aguas calmas y tranquilas, mientras otras se complacen en la violencia de las olas agitadas, como que, ejercitadas por los incesantes embates de éstas y embistiendo con fuerza contra su torrente, son más vigorosas y adquieren un desarrollo mayor. Acto seguido produjo también las distintas especies de aves, por tratarse de especies hermanas de las que viven en el agua, como que unas y otras son nadadoras; sin dejar incompleta ninguna clase de las criaturas que atraviesan el aire.

 

64. XXI. Una vez que el agua y el aire hubieron recibido, a manera de patrimonio propio, las especies de animales convenientes, llamó Dios una vez más a la tierra para que produjera la porción que había sido omitida, pues cuando creó los vegetales habían quedado postergados los animales terrestres; y dijo: “Produzca la tierra rebaños, bestias salvajes y reptiles, según cada especie” (Gén. I, 24). Al instante la tierra engendró las especies ordenadas, diferentes en la conformación, las fuerzas y la capacidad para dañar o beneficiar existentes en cada una.

 

65. En último término creó al hombre. De qué manera, lo diré un poco más adelante. Antes he de destacar la suma belleza del orden de sucesión con que procedió a concretar la creación de las criaturas animadas. De la vida animada, en efecto, la menos elaborada y de inferior configuración ha sido asignada al género de los peces; la más cuidadosamente forjada y superior en todos los aspectos, al género humano; la intermedia entre ambas, al de los animales terrestres y al de los voladores. Así, éstos tienen una capacidad de percepción sensorial más desarrollada que los peces pero menos aguda que los hombres.

 

66. Por tales razones de los seres animados creó primero Dios a los peces, más afines a la naturaleza puramente corpórea que a la anímica, en cierto modo animales y no animales, entes inanimados dotados de movimiento, a los que fue infundido el elemento espiritual con el solo objeto de la conservación de sus cuerpos, tal como dicen que se echan las sales a las carnes a fin de que no se pudran fácilmente. Después de los peces creó las aves y los animales terrestres. Éstosson ya de sensibilidad más desarrollada y ponen de manifiesto en su constitución orgánica las cualidades propias de lo anímico más claramente. Y como coronación de todo creó, según se ha dicho, al hombre, a quien dotó de una inteligencia eminente, alma del alma, como la pupila en el ojo; que también de ésta los que investigan más a fondo la naturaleza de las cosas dicen que es el ojo del ojo.

 

67. XXII. En aquel tiempo todas las cosas se constituían simultáneamente, es verdad. Pero, aunque todas se constituían a la vez, como en adelante la llegada de los seres animados a la existencia tendría lugar procediendo unos de otros, el orden de sucesión aparece necesariamente descrito en la narración. En lo que toca a las criaturas particulares el orden es el siguiente: su naturaleza comienza por lo más bajo de todo, y termina en lo más elevado. Hemos de demostrar qué quiere decir esto. El semen resulta ser el punto de partida de la generación de los seres animados. Salta a la vista que se trata de algo de calidad sumamente baja, parecido a la espuma. Pero, una vez que ha sido depositado en la matriz, se solidifica, y acto seguido, habiendo adquirido movimiento, se torna hacia su naturaleza.20Ésta es superior al semen, por cuanto en los seres creados el movimiento es superior a la inmovilidad. Como un artífice, o para decirlo con más precisión, con un arte irreprochable, ella plasma al ser animado distribuyendo la sustancia húmeda en los miembros y partes del cuerpo, y la aérea 21las facultades del alma, tanto en la de nutrición como en la de la aprehensión sensible. En cuanto a la facultad de razonar, hemos de diferir por ahora el ocuparnos de ella, teniendo en cuenta que hay quienes aseguran que la misma procede de fuera, siendo Divina y eterna.

20Vale decir, hacia su natural desarrollo como ser animado.

21Sustancia aérea o sustancia espiritual (pneûma).

 

68. La naturaleza animada se origina, pues, en algo tan vil como el semen, y acaba en lo más excelso: la formación del animal y del hombre. Y por cierto que esto mismo ocurrió también en ocasión de la creación del universo. Cuando el Creador decidió formar criaturas animadas, fueron los peces, o sea, los más ruines, por así decir, los primeros en el orden; en tanto que los últimos fueron los mejores, es decir, los hombres; y entre ambos extremos, los restantes, vale decir, los animales terrestres y aéreos, superiores a los primeros, e inferiores a los otros.

 

69. XXIII. Como se ha señalado ya, Moisés dice que después de todas las otras criaturas fue creado el hombre a imagen y semejanza de Dios.22Y lo dice con toda razón ya que ninguna criatura terrestre es más semejante a Dios que el hombre. Nadie, empero, imagine que la semejanza reside en las características corporales. Ni Dios tiene forma humana, ni el cuerpo humano se asemeja a Dios. El término “imagen” se aplica aquí a la parte rectora del alma, la inteligencia. Y efectivamente, la inteligencia de cada una de las criaturas que sucesivamente han llegado a existir ha sido conformada a imagen de una única inteligencia, aquella Inteligencia del universo, que es como un arquetipo, siendo, en cierto modo, un dios para aquel que la lleva y guarda reverentemente en su espíritu; porque, evidentemente, la inteligencia humana ocupa en el hombre la misma posición que el Gran Soberano ocupa en el mundo todo. Es, en efecto, invisible, mas ella lo ve todo; y siendo imposible de percibir su sustancia, ella aprehende las sustancias de todas las demás cosas. Además, mientras por obra de las artes y las ciencias abre caminos en todas direcciones, anchurosas vías todos ellos, marcha a través de la tierra y el mar investigando la naturaleza de cada una de las cosas.

22Gén. I, 26.

 

70. Y en una segunda etapa, después de remontarse como alada criatura y de contemplar el aire y sus cambios, se eleva más aún, hacia el éter 23y las circulares vías del cielo; y tras deambular mezclada en las danzas que cumplen los planetas y las estrellas fijas según los modos de la música perfecta, siguiendo al amor por la sabiduría que guía sus pasos, dejando atrás toda la sustancia aprehensible por los sentidos, se lanza desde allí en procura de la aprehensible por la inteligencia. Y al contemplar en aquella región las incomparables bellezas que son los modelos y formas ejemplares de las cosas sensibles que había visto aquí, presa de una sobria embriaguez, como los que experimentan el delirio de los Coribantes,24siéntese inspirada; y llena de un ansia distinta y de un deseo superior, por el que es conducida hacia la alta esfera de las cosas aprehensibles por la inteligencia, cree ir al encuentro del mismo Gran Rey.

23Región superior al aire según la cosmografía de los antiguos.

24Sacerdotes de la diosa Rea (Cibeles), que se entregaban al frenesí de desenfrenadas danzas rituales al son de embriagadora música, remedando al cortejo de los míticos servidores que se suponía acompañaban a la diosa frigia por montes cubiertos de bosques durante las noches a la luz de las antorchas que ellos portaban. Nephálios = sobrio, es un tecnicismo ritual que alude a las libaciones sin vino, solo con agua, leche y miel en honor de las Musas, las Ninfas y las Euménides.

 

71. Mas, cuando vivamente desea contemplarlo, puros e inmaculados rayos de compacta claridad se derraman como un torrente, de suerte que la mirada de la inteligencia es encandilada por los resplandores. Como no toda imagen corresponde a su modelo y arquetipo, siendo muchas de ellas diferentes, Moisés completa el sentido de la expresión “según la imagen” añadiendo “y semejanza”, para recalcar que se trata de una prolija reproducción de nítida impresión.

 

72. XXIV. No estaría desacertado quien se plantease la pregunta de por qué razón atribuye Moisés la creación del hombre no a un solo Creador como en el caso de las demás criaturas, sino a un mayor número, según parece desprenderse del texto. Presenta, efectivamente, al Padre del universo expresándose de esta manera: "Hagamos al hombre según nuestra imagen y semejanza." (Gén. I, 26.) 25Por ventura, entonces, diría yo, Aquél al que todas las cosas están sujetas, ¿tiene necesidad de otro alguno? Si cuando creaba el cielo, la tierra y el mar no tuvo necesidad de nadie que cooperara con Él, ¿no habría de ser capaz, sin la colaboración de otros, de crear por Sí mismo, Él personalmente, a una criatura tan débil y perecedera como el hombre? La verdad plena sobre la causa de ello por fuerza sólo Dios la sabe, pero la que parece por verosímil ser una conjetura digna de fe y razonable no hemos de omitir mencionarla.

25Obsérvense los plurales "hagamos" y "nuestra" (pluralidad de poseedores), que dan pie a la deducción de Filón.

 

73. Es la siguiente: de los demás seres creados unos no tienen parte ni en la virtud ni en el vicio, como ocurre con los vegetales y los animales irracionales, ya que los primeros carecen de vida animada y se desenvuelven regidos por una naturaleza incapaz de percibir sensorialmente; los segundos porque han sido privados de inteligencia y razón, y la inteligencia y la razón son como la residencia de la virtud y del vicio, a los que la naturaleza ha hecho para habitar en ellas. Otros, a su vez, participan sólo de la virtud, permaneciendo libres de todo vicio: tales los astros. Se dice, en efecto, que éstos no sólo son criaturas animadas sino criaturas animadas inteligentes; o más bien, que cada uno de ellos constituye de por sí una inteligencia, totalmente recta en todos los aspectos y al abrigo de todo mal. Otros son de naturaleza mixta, como el ser humano, que admite las condiciones opuestas: sabiduría e insensatez, prudencia e incontinencia, valentía y cobardía, justicia e injusticia, y, resumiendo, cosas buenas y malas, nobles y ruines, virtud y vicio.

 

74. Pues bien, en razón del parentesco de las criaturas excelentes con Dios, Padre del universo, muy propio de Él era el crearlas. En cuanto a las indiferentes, no le era ajeno el hacerlo, por cuanto también éstas se hallan exentas del vicio, que es Su enemigo; pero crear las de naturaleza mixta era propio de Él en determinado aspecto, en otro no. Le era propio por cuanto en su composición está contenido un principio superior; pero ajeno a causa del principio contrario e inferior.

 

75. Ésta es la causa por la que sólo en el caso de la creación del hombre Dios, según afirma Moisés, dijo "hagamos", plural que revela la coparticipación de otros como colaboradores. El objeto fue que, cuando el hombre obrara rectamente, con irreprochables designios y acciones, Dios, el Soberano del universo, fuera reconocido como el origen de ellos; y en los casos contrarios la responsabilidad fuera atribuida a otros del número de Sus subordinados; ya que no era posible que el Padre fuera causa de mal para Sus hijos, y el vicio y los actos viciosos son un mal.

 

76. Después de haber llamado “hombre” al género, muy acertadamente distingue Moisés sus especies diciendo que había sido creado “masculino y femenino”, no obstante que aún no habían adquirido forma sus miembros particulares.26Es que las especies más inmediatas al género existen desde el comienzo en él, y se muestran claramente, como en un espejo, a aquellos que poseen agudeza de visión.

26La aclaración de Filón viene a propósito de que el párrafo bíblico dice textualmente: “Y creó Dios al hombre según Su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó.” Filón sostiene que esta creación no es la del primer hombre y la primera mujer individuales, mortales, con cuerpo y alma, cuya creación tendrá lugar más tarde; sino de la forma ejemplar, género o arquetipo de orden intelectual de la raza humana, en el que las especies, es decir, los varones y las mujeres estaban potencialmente determinados o contenidos para que posteriormente se concretaran en los hombres y mujeres individuales. Ver 134 y ss.

 

77. XXV. Bien puede ser que alguien pregunte por qué motivo fue el hombre el último en la creación del mundo. El Hacedor y Padre, en efecto, como lo señalan las sagradas escrituras, lo creó después que a todas las otras criaturas. Pues bien, los que más han profundizado en la interpretación de las leyes de Moisés y han examinado con el máximo de minuciosidad su contenido, dicen que Dios, después de hacer al hombre partícipe del parentesco con Él mismo consistente en el uso de la razón, lo cual constituía el mejor de los dones, no quiso rehusarle la participación en los demás; y por tratarse del más afín a Él y más amado de los seres animados, puso a su alcance anticipadamente todas las cosas del mundo, deseoso de que al llegar a la existencia no careciera de cosa alguna de las que permiten vivir, y vivir bien. Para vivir le proporcionan lo necesario los abundantes aprovisionamientos de cuanto contribuye a su provecho; para vivir bien, la contemplación de las criaturas celestes, conmovido por la cual, la inteligencia concibe un amor y deseo ardiente de conocerlas. A partir de él floreció la filosofía, por la cual el hombre, aunque es mortal, es convertido en inmortal.

 

78. Tal pues, como los que ofrecen un banquete no invitan a pasar a comer hasta que están preparadas todas las cosas para el festín, y los organizadores de los certámenes atléticos y espectáculos teatrales antes de congregar a los espectadores en los teatros y estadios tienen preparada una multitud de competidores y de intérpretes de espectáculos y conciertos; de la misma manera el Soberano del universo, como si fuera un organizador de certámenes o un anfitrión, a punto ya de llamar al hombre a gozar de un festín y un espectáculo, tuvo prestadas previamente las cosas necesarias para uno y otro género de goces, a fin de que, apenas hubiese el hombre entrado en el mundo, hallase un sacratísimo banquete y espectáculo, un banquete plenamente provisto de todo cuanto proporcionan la tierra, los ríos, los mares y el aire para uso y disfrute; y un espectáculo pleno de toda suerte de visiones que abarcan las más sorprendentes sustancias, las más asombrosas cualidades, los más admirables movimientos y danzas en formaciones armoniosamente dispuestas, según numéricas proporciones y con acordes revoluciones, tales que no andaría errado quien afirmara que en todas ellas se encuentra la música arquetipo, verdadera y ejemplar, de la cual los hombres de los posteriores tiempos, después de trazar en sus almas esas imágenes, brindaron a la vida humana la más trascendental y provechosa de las artes.

 

79. XXVI. Ésta es, al parecer, la primera causa por la que el hombre fue creado en último término. Pero debemos mencionar una segunda, que no carece de verosimilitud. El motivo por el que tuvo el hombre a su disposición todas las provisiones para la vida en el mismo instante de llegar por primera vez a la existencia fue instruir a las futuras generaciones, pues fue casi como si la naturaleza proclamase abiertamente y a gritos que, al igual que el fundador del género humano, éstas habrían de vivir sin trabajo ni preocupación en medio de la más pródiga abundancia de todas las cosas necesarias; cosa que hubiera ocurrido, si no se hubieran enseñoreado del alma las irracionales pasiones, alzando contra ella el muro de la glotonería y el libertinaje; si las apetencias de gloria, riqueza y poder no le hubieran arrebatado el control de su vida; si las penas no hubieran abatido y torcido su entendimiento; si el temor, funesto consejero, no hubiese echado por tierra sus impulsos hacia las virtuosas acciones; y si no la hubieran asaltado la insensatez, la cobardía, la injusticia y la incontable multitud de los restantes vicios.

 

80. Porque en la actualidad, cuando prevalecen todos los mencionados vicios y los hombres se hallan entregados a las pasiones y a los incontrolados y reprochables impulsos que no es lícito mencionar siquiera, les ha salido al encuentro el merecido castigo, sanción por sus impías costumbres. Y este castigo consiste en la dificultad para obtener las cosas necesarias. Y así, arando trabajosamente la tierra llana e irrigándola con las corrientes de fuentes y ríos, sembrando y plantando, y soportando día y noche a lo largo del año la fatiga de los trabajos de la tierra, se procuran las provisiones necesarias, aunque a veces de calidad ínfima y en cantidad no suficiente del todo. Daño que les sobreviene por muchas causas; o bien porque los torrentes de sucesivas lluvias arrasan los cultivos; o bien porque el peso del granizo se precipita en masa sobre ellos y los arrasan; o bien porque la nieve los hiela; o bien porque la violencia de los vientos los arranca de raíz, pues son muchas las maneras como el agua y el aire convierten la producción de frutos en esterilidad.

 

81. En cambio, si los desmedidos impulsos de las pasiones fueran apaciguados por la prudencia; y las tendencias a delinquir y las ambiciones lo fueran por la justicia; y, para decirlo en pocas palabras, si los vicios y sus infructuosas prácticas cedieran ante las virtudes y las virtuosas acciones; eliminada la guerra del interior del alma, que es verdaderamente la más terrible y penosa de las guerras; prevaleciendo la paz íntima, y brindando ella, con calmos y suaves modos, un bien reglado orden a las facultades de nuestro ser, habría esperanza de que Dios, como amante que es de la virtud, de la rectitud, y además del hombre, procurara a la especie humana los bienes sin necesidad de producirlos y al alcance de su mano; que, evidentemente, sería más fácil para Él aún proporcionar abundantemente, sin necesidad del trabajo agrícola, el producto de criaturas ya existentes, que el traer a la existencia aquellas que no existen.27

27Es decir si fue capaz de crear a partir de lo no existente,¿cómo no lo será, con más razón aún, de hacer que lo ya existente produzca sus frutos espontáneamente, sin necesidad de cultivo?

 

82. XXVII. Baste con lo expuesto en lo que toca a esta segunda causa. Una tercera es la siguiente. Habiendo discurrido Dios establecer una vinculación de íntima y amistosísima armonía entre el principio y el fin de las cosas creadas, hizo que el principio fuera el cielo, y el fin el hombre; el más perfecto el primero entre los seres incorruptibles aprehensibles por los sentidos; el de mayor jerarquía el otro entre los nacidos de la tierra y perecederos, al que con acierto podríamos calificar de cielo en miniatura, que lleva en su propio ser cual sagradas imágenes muchas naturalezas semejantes a los astros, gracias a las artes, las ciencias y a las loables máximas relativas a cada una de las virtudes. Y así, puesto que lo corruptible y lo incorruptible son contrarios entre sí por naturaleza, Dios asignó al principio y al fin lo de mayor jerarquía en uno y otro orden: el cielo, como se dijo, al principio, y el hombre al fin.

 

83. XXVIII. Finalmente, se menciona también como explicación una convincente razón, que es la siguiente. Era preciso que el hombre fuera creado en último término, cuando estaban ya creadas todas las cosas, para que apareciendo imprevistamente a último momento ante las demás criaturas animadas, produjese admiración en ellas, por cuanto éstas, al verlo por primera vez, habrían de quedar pasmadas y de rendirle homenaje como a un natural soberano y señor. Resultado de ello fue que todos los animales, al contemplarlo, se tornaron mansos en todas sus especies, y cuantos eran más salvajes por sus naturalezas no bien lo contemplaron por primera vez al punto se convirtieron en los más dóciles, dando muestras de sus implacables furias unos contra otros y comportándose, en cambio, mansamente solo con el hombre.

 

84. Ésta fue, además, la causa por la que el Padre, al crearlo como criatura animada naturalmente capacitada para gobernar, lo estableció como rey de todas las criaturas sublunares: terrestres, acuáticas y aéreas, no sólo de hecho sino por elección expresa. Y efectivamente, cuantas criaturas mortales existen en los tres elementos: tierra, agua y aire, todas están subordinadas a él, excluidas las del cielo, por cuanto a éstas les ha correspondido una porción más cercana a Dios. La más clara prueba de esa soberanía la proporcionan los hechos que suceden ante nuestra vista. A veces innumerables multitudes de animales son conducidos por un solo hombre común, sin armas ni hierro ni otro medio alguno de defensa, sin más abrigo que una piel, y con sólo un bastón para señalarles el camino y apoyarse durante las marchas cada vez que se siente cansado.

 

85. Por ejemplo, un pastor, un cabrerizo o un boyero conducen inmensos hatos de ovejas, cabras y bueyes. Y no se trata de hombres de cuerpo robusto o fornido, como para que a causa precisamente de su corpulencia y vigor corporales provoquen abatimiento en quienes los ven. Y tan grandes vigores y poderes de tantos bien pertrechados animales; que, en verdad, poseen los medios de que los dotó la naturaleza para su defensa; se doblegan ante él, como esclavos ante un amo, y hacen lo que les va ordenando. Los toros son atados bajo el yugo para arar la tierra, y abriendo profundos surcos durante todo el día, y a veces también de noche, recorren su largo itinerario guiados por algún labrador. Carneros agobiados bajo el peso de las espesas lanas cuando al llegar la estación primaveral se cubren de vellones, se colocan pacíficamente a una orden del pastor, y echados en tierra se dejan trasquilar sin alterarse, acostumbrados, como están, a entregar su lana, como las ciudades el tributo anual, a su natural soberano.

 

86. Y hasta el caballo, el más irritable de los animales, fácilmente es controlado por el freno, de modo que no se encabrite y rebele. Y ahuecando su lomo a modo de muy cómodo asiento recibe al jinete y conduciéndolo en lo alto corre con rapidez suma presuroso por llegar y conducir a su amo a los lugares a los que éste tiene prisa por ir. Y el jinete, sentado sobre él sin molestias y con mucho reposo, cumple su itinerario empleando el cuerpo y los pies de otro.

 

87. XXIX. Muchas otras cosas podría decir quien deseara extenderse en la demostración de que ninguna criatura se emancipa y queda libre de la autoridad del hombre; pero con lo dicho basta para ponerla de manifiesto. Con todo, es preciso no pasar por alto lo siguiente: el hecho de haber sido el hombre creado en último término no involucra una inferioridad acorde con su lugar en el orden de sucesión.

 

88. Lo atestiguan los conductores de carros y los pilotos. Los primeros, marchando después de las bestias y ocupando su puesto detrás de ellas, las conducen por donde quieren teniéndolas sujetas de las riendas; lanzándolas unas veces en rápida carrera, y reteniéndolas otras, si corren con mayor velocidad que la necesaria. Los pilotos, por su parte, no obstante estar situados en la parte trasera de la nave, en la popa, son, por así decir, los de mayor jerarquía entre los que navegan, como que tienen en sus manos la seguridad de la embarcación y de los que viajan en ella. Pues bien, el Hacedor creó al hombre después de todas las cosas para que manejase las riendas y el timón de todos los seres que hay sobre la tierra, tomando a su cargo el cuidado de los animales y las plantas, como un gobernador dependiente del supremo y gran Rey.

 

89. XXX. Una vez que el mundo hubo sido concluido de conformidad con las propiedades del seis, número perfecto, el Padre honró al siguiente día, el séptimo, exaltándolo y declarándolo, santo. Se trata, en efecto, de la fiesta, no de una sola ciudad o de un solo país, sino del universo, la única a la que cabe denominar con toda propiedad fiesta de todo el pueblo y natalicio del mundo.

 

90. Dudo yo que alguien pueda celebrar dignamente la naturaleza del número 7, pues es superior a cuanto se pueda decir. Mas no, porque sea más admirable que cuanto se diga sobre ella, hemos por eso de callamos al respecto; y habremos de atrevemos a mostrar, ya que no es posible todos ni los más esenciales aspectos, al menos aquellos que están al alcance de nuestros entendimientos.

 

91. El término siete se emplea con dos sentidos diferentes.28 Hay un 7 comprendido dentro del 10, compuesto de siete unidades y determinado por la septuplicación de la unidad. Pero hay otro fuera del 10. Se trata de un número cuyo punto de partida es siempre la unidad y se forma por duplicación, triplicación o, en general, multiplicación en regular progresión, como, por ejemplo, el 64, que es el producto de duplicar a partir de la unidad; y el 729, que lo es de triplicar.29Cada una de estas formas del 7 ha de ser examinada con detenimiento.

28Como cardinal, igual a siete unidades, y como ordinal o séptimo.

29Se trata del séptimo término de las progresiones geométricas que tienen por punto de partida la unidad. En los ejemplos dados: 1 x 2 = 2; 2 x 2 = 4; 4 x 2 = 8; 8 x 2 = 16; 16 x 2 = 32; 32 x 2 = 64. Y 1 x 3 = 3; 3 x 3 = 9; 9 x 3 = 27; 27 x 3 = 81; 81 x 3 = 243; 243 x 3 = 729.

 

92. La segunda posee una muy manifiesta superioridad. En efecto, siempre el séptimo término de una progresión geométrica regular de razón 2, 3 u otro número cualquiera, si su punto de partida es la unidad, resulta a la vez cubo y cuadrado, abarcando así ambas especies de sustancias: la incorpórea y la corpórea; la incorpórea, que corresponde a la superficie, determinada por cuadrados; y la corpórea, que corresponde a lo sólido y está determinada por cubos.

 

93. Una clarísima prueba son los números ya mencionados. Por ejemplo, el que resulta de duplicar siete veces a partir de la unidad, es decir, el 64 es un cuadrado, producto de 8 por 8; y además un cubo, producto de 4 por 4 por 4. Por su parte, el que resulta de triplicar siete veces a partir de la unidad, o sea, el 729 es un cuadrado, producto de multiplicar 27 por sí mismo; y un cubo, pues resulta de multiplicar 9 por 9 por 9.

 

94. Además, si en vez de la unidad se toma como punto de partida el séptimo término, se hallará con seguridad que siempre el producto es cubo y cuadrado a la vez. Así, por ejemplo, tomando como punto de partida el 64 y formando la progresión geométrica de razón 2, se obtendrá un séptimo término, que es el 4096, cuadrado y cubo a la vez, cuadrado que tiene por lado a 64, y cubo con 16 por arista.30

30 64 x 2 = 128; 128 x 2 = 256; 256 x 2 = 512; 512 x 2 = 1024; 1024 x 2 = 2048; 2048 x 2 = 4096; y 16 x 16 = 96; 96 x 16 = 4096.

 

95. XXXI. Hemos de pasar a considerar también la otra especie de 7, la contenida dentro del 10, que presenta propiedades admirables y no inferiores a las de la primera especie. Por ejemplo, 7 es la suma de 1 más 2 más 4, números que contienen dos relaciones musicales de máxima armonía: la doble y cuádruple; de las que la primera produce la armonía del diapasón, y la cuádruple la del doble diapasón. Admite además el 7 otras divisiones, reunidas en pares como animales bajo el yugo. Se divide en primer lugar en 1 y 6, luego en 2 y 5, y finalmente en 3 y 4.

 

96. Musical en sumo grado es también la proporción de estos números. En efecto, la relación 6/1 es una proporción séxtuple, proporción que produce la mayor distancia musical que existe, y que es la que separa el sonido más agudo del más grave, como demostraremos cuando de los números pasemos a la proporción en las armonías. Que la proporción 5/2 manifiesta una inmensa potencia en lo que hace a la armonía, comparable casi a la del diapasón, es cosa que está muy claramente establecida en la teoría musical. Por su parte, la proporción 4/3 produce la primera armonía, es decir, la epítrita o del intervalo de cuarta.

 

97. XXXII. Pone además de manifiesto e17 otra belleza propia de él, muy sagrado asunto para la reflexión. Siendo, en efecto, la suma de 3 más 4, presenta lo que en las cosas existentes es estable y recto por naturaleza. Hemos de mostrar de qué manera. El triángulo rectángulo, que es el punto de partida de las cualidades,31está constituido por números: el 3, el 4 y el 5. El 3 y el 4, que son constituyentes del 7, producen el ángulo recto. Porque, mientras los ángulos obtuso y agudo evidencian la irregularidad, el desorden y la desigualdad, ya que unos resultan ser más obtusos o agudos que otros, el recto, en cambio, no admite comparación, ni puede ser más recto que otro, sino permanece siempre idéntico, sin cambiar jamás su propia naturaleza. Ahora bien, si el triángulo rectángulo es el punto de partida de las figuras y de las cualidades, y, por otra parte, lo esencial de este triángulo, es decir, el ángulo recto, está proporcionado por los números que constituyen al 7, o sea, el 3 y el 4 juntamente, con razón puede el 7 ser considerado la fuente de toda figura y de toda cualidad.

31Es decir, punto de partida de las figuras con formas definidas. Ver Platón, Timeo53 c.

 

98. XXXIII. A lo ya expuesto podría agregarse lo siguiente: que el 3 es el número correspondiente a la superficie, ya que el punto se clasifica en la categoría del 1, la línea en la del 2 y la superficie en la del 3; y el 4 corresponde a lo sólido por la adición de la unidad, es decir, agregando la profundidad a la superficie. Es por ello evidente que la naturaleza del 7 es el punto de partida de la geometría plana y de la sólida, y, para decirlo en pocas palabras, de las cosas incorpóreas y corpóreas conjuntamente.

 

99. Tal grado de sagrada dignidad se encierra en la naturaleza del 7, que en él se da una relación que ninguno de los demás números de la década posee. De éstos, en efecto, unos son factores sin ser a su vez divisibles; otros son divisibles y no son factores; otros, en fin, son ambas cosas: factores y múltiplos. Sólo el 7 no se observa en ninguna de estas categorías. Hemos de confirmar esta afirmación mediante una demostración. El 1 es factor de todos los otros números subsiguientes, en tanto que no es producto de ningún otro absolutamente. El 8 es producto de 4 por 2 pero no es factor de ningún otro número de la década. El 4, en cambio, pertenece a ambos órdenes: a los factores y a los múltiplos: duplicado da 8, y es divisible por 2 a la vez.

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FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO (1-49)

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) en Apocrifos

Fuente: Filón. Obras completas de Filón de Alejandría, en 5 volúmenes traducidos del griego al español por José María Triviño.

(Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1975.) De Opificio Mundi: vol. 1, pp. 71-127.

 

 

FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO

 

(De Opificio Mundi)

 

 

1. I.Al codificar los demás legisladores las normas consideradas justas por los mismos, unos lo hicieron en forma desnuda y carente de todo atractivo; en tanto que otros, revistiendo sus pensamientos con ociosos agregados, confundieron a las multitudes ocultando la verdad tras el velo de míticas ficciones.

 

2. En cambio, Moisés, desdeñando una y otra modalidad, la una como irreflexiva, superficial e indigna de la filosofía, la otra por engañosa y llena de imposturas, compuso para su legislación un exordio pleno de belleza y magnificencia, evitando tanto el dictar sin preámbulo alguno los deberes y prohibiciones como el inventar mitos o aprobar los forjados por otros ante la necesidad de preparar el entendimiento de quienes habrían de regirse por sus leyes.

 

3. Su exordio es, como digo, admirable en sumo grado. Consiste en el relato de la creación, y de él se desprende que entre el mundo y la ley existe una recíproca armonía, y que, de ese modo, el hombre respetuoso de la ley es ciudadano del mundo, ya que ajusta su conducta a los dictados de la naturaleza, de conformidad con la cual es regido el mundo entero.

 

4. Poeta ni prosista alguno podría, por lo tanto, celebrar dignamente la belleza de los pensamientos contenidos en su relato de la creación, ya que ellos están más allá de nuestra capacidad de expresarnos y escuchar, siendo demasiado grandes y sublimes para que puedan adaptarse a las palabras y al oído de mortal alguno.

5. Mas no por ello hemos de callarlos; antes bien, por consideración al amado de Dios,1 habremos de aventuramos aún más allá de nuestra capacidad. Nada de lo que digamos procede de nosotros mismos, y sólo nos referiremos a unas pocas de las muchas consideraciones hasta las cuales es dable avanzar a la inteligencia humana impulsada por el amor y el ansia de sabiduría.

Es decir, Moisés.

6. El más pequeño de los sellos recibe al ser modelado las imágenes de cosas de colosales dimensiones, y cabe pensar que del mismo modo las excelsas hermosuras del relato de la creación del mundo contenido en la legislación, aunque con su deslumbradora luz turben las almas de los que las leen, serán puestas de manifiesto a través de los más diminutos trazos. Pero antes hemos de indicar algo que no cabe pasar en silencio.

7. II. Algunos, efectivamente, admirando más al mundo que al Creador del mundo, han sostenido que el primero es increado y eterno, y afirmado falsa e impíamente la doctrina de una inmensa inactividad de Dios; cuando, por el contrario, deberían quedar pasmados ante Sus poderes como Creador y Padre, y no asignar al mundo una desmedida grandeza.

8. Moisés, en cambio, merced a que alcanzó la cúspide misma de la filosofía y a que fue profundamente instruido por Divinas revelaciones en los múltiples y más fundamentales conocimientos relativos a la naturaleza, comprendió que nada hay más necesario en lo existente que el que exista una causa activa y una pasiva, y que la causa activa es la purísima e inmaculada Inteligencia del universo, superior a la virtud, superior a la sabiduría, superior al bien y a la belleza misma;

9. en tanto que la pasiva, inanimada e inmóvil de por sí, evolucionó, movida, configurada y vivificada por la Inteligencia, hacia la obra perfectísima que es este mundo. Los que sostienen que éste es increado no se dan cuenta de que eliminan el más provechoso y necesario de los incentivos hacia la piedad, vale decir, la providencia.

10. Porque, como lo demuestra la razón, el Padre y Hacedor vela por lo que ha llegado a la existencia. Un padre, en efecto, procura preservar a los nacidos de él, y un artífice los productos de su labor, y no escatiman medios para evitarles cuanto hay de funesto y dañoso, a la vez que anhelan procurarles cuanto les resulta útil y ventajoso. En cambio, ningún vínculo liga a lo que no ha sido creado con quien no ha creado.

11. Se trata, pues, de una doctrina indigna de sostenerse y trivial, que pretende que este mundo es semejante a una ciudad anárquica, carente del jefe, árbitro o juez que se encargue de administrarlo y presidirlo todo.

12. El gran Moisés, por el contrario, comprendiendo que lo inengendrado es de una naturaleza completamente distinta de cuanto está al alcance de nuestra vista, ya que todo lo perceptible por los sentidos está sujeto al nacimiento y a cambios y no permanece jamás en el mismo estado, atribuyó la eternidad a lo invisible y aprehensible por la inteligencia, como algo connatural y afín; y asignó a lo perceptible por los sentidos el apropiado nombre de “génesis”.2Siendo, pues, visible, perceptible por los sentidos este mundo, necesariamente se sigue que es además creado. De allí el acierto de Moisés al describir también la génesis del mismo, manifestando así la grandiosa majestad de la obra de Dios.

2O creación, y por lo tanto, mundo de lo no eterno, de lo perecedero.

13. III. Dice que el mundo fue creado en seis días, mas no porque el Hacedor hubiera menester de una determinada cantidad de días; que Dios puede hacer todas las cosas simultáneamente, tanto ordenar las obras como concebirlas; sino porque en las cosas creadas era necesario un orden. El orden, por su parte, involucra número, y de los números, por imperio de las leyes de la naturaleza, el más vinculado a la generación de seres es el 6. Se trata, en efecto, del primer número perfecto a contar desde la unidad, y es igual al producto de sus factores, y, a la vez, a la suma de los mismos,3siendo el 3 su mitad, el 2 su tercera parte y el 1 su sexta parte. Y su naturaleza es, por así decir, masculina y femenina, resultado de combinar la potencia de uno y otro sexo. En las cosas existentes, en efecto, lo impar es masculino, y lo par femenino; y he aquí que la serie de los números impares comienza por el 3, y la de los pares por el 2, números de los que el 6 es producto.

31 + 2 + 3 = 6; y 1 x 2 x 3 = 6.

14. Siendo el mundo la más perfecta de las cosas que adquirieron existencia, preciso era que fuera conformado de acuerdo con un número perfecto, es decir, el 6; y que, habiendo de contener en sí a las criaturas nacidas de la unión sexual, recibiera la impresión de un número mixto, el primero que contiene lo par y lo impar, y encierra la forma ejemplar 4del elemento masculino inseminador y del femenino receptor de las simientes.

4Traduzco así al término griego idéa,para evitar el equívoco que traería aparejado el traducirlo por la palabra española idea. "Forma ejemplar" contiene las dos connotaciones que le atribuye Filón, de conformidad con la doctrina platónica al respecto: forma y modelo.

15. A cada uno de los días asignó Dios una de las porciones del universo mas no incluyó al primero, al que evitó llamar “primero”, a fin de que no fuera enumerado junto con los otros. Lo llamó, en cambio, “uno” (Gén. I, 15), asignándole así una denominación exacta puesto que mediante tal nombre reconoce en él y le atribuye expresamente la naturaleza y denominación de la unidad. IV. Como es imposible enumerar todos los elementos que este número encierra en sí, hemos de limitamos a los más que nos sea posible. Como elemento especial encierra al mundo aprehensible por la inteligencia, según se indica en el tratado acerca de dicho número.

16. Dios, en efecto, como que es Dios, conocía de antemano que ninguna copia hermosa podría ser producida jamás sino a partir de un modelo hermoso, y que ninguna de las cosas sensibles podría ser irreprochable si no era hecha como copia de un arquetipo y forma ejemplar aprehensible por la inteligencia. Y así, habiéndose propuesto crear este mundo visible, modeló previamente el mundo aprehensible por la inteligencia, a fin de usarlo como modelo incorpóreo y acabada imagen de la Divinidad en la producción del mundo corpóreo, creación posterior, copia de una anterior, que había de encerrar tantas clases de objetos sensibles cuantas de objetos mentales contenía ésta.

17. No es legítimo suponer o decir que el mundo constituido por las formas ejemplares se halla en un determinado lugar, pero sabremos cómo está constituido si consideramos atentamente cierta imagen tomada de nuestra propia experiencia. Cuando se va a fundar una ciudad para satisfacer los ambiciosos proyectos de algún rey o gobernante que, apropiándose de un poder sin límites y a la vez concibiendo brillantes ideas, busca añadir nuevo lustre a su prosperidad, algún arquitecto experto, tras acudir una y otra vez al lugar y observar sus ventajas de clima y posición, concibe primero en su mente el plano de casi todas las partes de la ciudad que se está a punto de fundar: templos, plazas, puertos, depósitos, calles, emplazamientos de murallas, ubicación de casas y demás edificios públicos.

18. Luego, habiendo recibido en su alma, como en una cera, las imágenes de cada una de ellas, lleva consigo la representación de una ciudad concebida por la inteligencia; y después de haber retenido 5esas imágenes mediante su innata capacidad de recordar, e impreso sus rasgos con más intensidad aún en su inteligencia, comienza, como avezado artífice, con la vista puesta en el modelo, a construirla con piedras y maderas, cuidando que los objetos corpóreos sean iguales totalmente a cada una de las incorpóreas formas ejemplares.

5La mnéme = memoria, es, según Filón la facultad de conservar presentes los recuerdos, a diferencia de la anámnesis = reminiscencia, que, es la capacidad de reactualizarlos tras el olvido. Ver Interpretación alegórica III, 93.

 

19. Pues bien, en lo que a Dios hace hemos de pensar que procedió de manera análoga; que, resuelto a fundar la gran ciudad,6concibió primero las características de la misma, y habiendo conformado mediante ellas un mundo aprehensible por la inteligencia, fue produciendo en acabada forma también el mundo perceptible por los sentidos, empleando para ello aquél como modelo.

6Es decir, el mundo o universo.

20. V. Así, pues, como la ciudad concebida previamente en el espíritu del arquitecto no ocupa lugar alguno fuera de él, sino se halla impresa en el alma del artífice, de la misma manera el mundo de las formas ejemplares no puede existir en otro lugar alguno que no sea el logosDivino, que las forjó con ordenado plan. Porque, ¿qué otro lugar habría apto para recibir y contener en su pureza e integridad, no digo todas, pero ni siquiera una sola cualquiera de ellas, aparte de Sus potencias?

21. Y una de esas potencias es la creadora del mundo, potencia que tiene por fuente al verdadero bien. Porque entiendo yo que no andará errado quien desea averiguar la causa por la que este universo fue creado, si afirma, como, por otra parte, lo afirmó ya uno de los antiguos, que el Padre y Hacedor del universo es bueno, y que esa bondad hizo que no viera con malos ojos que participara de Su propia naturaleza excelsa una entidad carente de por sí de toda hermosura, aunque capaz de convertirse en la totalidad de las cosas.

22. Porque esta entidad era de por sí desordenada, sin cualidades, sin vida, sin semejanzas, llena de inconsistencia, de desarmonía y de desproporción; pero recibió una transformación, un cambio hacia las opuestas y más hermosas características, vale decir, orden, cualidad, vida, semejanza, cohesión, armonía y proporción, o sea, todo cuanto es propio de la forma ejemplar más excelente.7

7Platón, Timeo29 e, donde se lee: “El que ha formado el de venir y el mundo... ha querido que todas las cosas nacieran lo más parecidas a él que fuera posible.”

 

23. VI. Sin intervención de consejero alguno (¿qué otro ser existía aparte de Él?), por Su sola determinación resolvió Dios que habría de beneficiar con pródigos y valiosos dones a esa naturaleza, incapaz sin las Divinas larguezas de alcanzar por sí misma bien alguno. Mas no es en proporción a la grandeza de Su propia bondad como concede Sus beneficios, ya que esa bondad es infinita e inagotable; sino en la medida de la capacidad de los que son beneficiados. Porque no es la misma la natural capacidad de Dios para prodigar el bien que la de las criaturas para recibirlo. Los poderes de Dios sobrepasan toda medida; en tanto que el mundo, siendo, como es, demasiado débil para recibir tan inmensos dones, hubiera sucumbido si Dios no hubiera medido y distribuido los mismos en la debida proporción asignando a cada cosa lo que le correspondía.

24. Si alguien quiere expresarse en forma más simple y directa, bien puede decir que el mundo aprehensible por la inteligencia no es otra cosa que ellogos de Dios entregado ya a la obra de la creación del mundo: la ciudad concebida por la inteligencia no es, en efecto, sino el entendimiento del arquitecto en el acto de proyectar la fundación de la ciudad.

 

25. Esta es doctrina de Moisés, no mía. Al referirse, por ejemplo, más adelante a la creación del hombre, reconoce en forma explícita que éste fue modelado “según la imagen de Dios” (Gén. I, 27) y si la parte 8es imagen de una imagen, es evidente que también lo es el todo. Y si este mundo entero perceptible por los sentidos es una copia, mayor que la humana, de la Divina imagen, es asimismo evidente que ese sello arquetípico que decimos es el mundo aprehensible por la inteligencia, no puede ser otro que ellogos de Dios.

8La parte, es decir, el hombre.

 

26. VII. Dice Moisés que “en el principio hizo Dios el cielo y la tierra”, pero no atribuye al término “principio” un sentido cronológico, como piensan algunos, pues no existía, ciertamente, el tiempo antes de existir el mundo, sino comenzó juntamente con él o después de él. El tiempo, en efecto, es un intervalo determinado por el movimiento del mundo, y el movimiento no podía haber existido antes de existir el objeto móvil, sino debió aparecer o posterior o simultáneamente con éste, de lo que por fuerza se sigue que el tiempo es o coetáneo del mundo o más reciente que él; y osar sostener que es más antiguo que el mundo carece de base filosófica.

 

27. Ahora bien, puesto que el término “principio” no está tomado en este caso en sentido cronológico, bien cabe pensar que lo que indica es el principio en el orden numérico, de tal modo que la expresión “en el principio hizo” equivaldría a “hizo primero el cielo”. Y es, efectivamente, razonable que éste fuera lo primero en llegar a la existencia, ya que es lo más excelso de la creación y está formado con lo más puro que existe, pues estaba destinado a ser la sacratísima mansión de los dioses visibles, perceptibles por los sentidos.9

9Filón emplea la terminología platónica para designar a los astros. Ver Timeo40.

 

28. Aunque el Hacedor creó todas las cosas simultáneamente, ello no significó menoscabo alguno para el orden que acompañaba a cuanto llegaba a la existencia. Ellas estaban dotadas de hermosura, y la belleza no existe en medio del desorden. Ahora bien, el orden es la sucesión y encadenamiento de determinadas cosas precedentes con otras que vienen después, encadenamiento que, aunque no se haga patente en las cosas ya acabadas, existe, sin embargo, en los designios de sus autores, ya que sólo de ese modo esas cosas podían llegar a ser hechas con precisión, estables y libres de confusión.

 

29. En primer lugar, pues, hizo el Hacedor un cielo incorpóreo, una tierra invisible, la forma ejemplar del aire y la del vacío. Al aire lo llamó “obscuridad”, puesto que es negro por naturaleza; y al vacío “abismo”, ya que la inmensa abertura del vacío es precisamente una gran profundidad. Luego creó la esencia incorpórea del agua y la del aliento vital 10y finalmente la de un séptimo elemento: la luz, la que, a su vez, fue el incorpóreo modelo, de naturaleza intelectual, del sol y de todos los luminosos astros que habrían de llegar a existir en la extensión celeste.

10Gén. I, 2.

 

30. VIII. Dignos de especial distinción fueron considerados por Moisés el aliento vital y la luz; y así, llamó al primero “aliento de Dios” por cuanto el aliento vital es el principio por excelencia de la vida, y Dios el autor de ésta. De la luz dice que es hermosura sin par.11Y en verdad, tanto la luz aprehensible por la inteligencia sobrepasa por su brillo resplandeciente a la visible, cuanto, a mi parecer, supera el sol a las tinieblas, el día a la noche, y la inteligencia, que es la parte rectora del alma, toda, a los ojos del cuerpo.

11Gén. I, 4.

 

31. Aquella invisible luz aprehensible por la inteligencia adquirió existencia como una imagen del logosDivino, en quien halla explicación su nacimiento. Trátase de un astro más que celestial, fuente de los astros perceptibles por los sentidos, al que no estaría desacertado llamar claridad universal, de la que el sol, la luna, los astros errantes y los fijos reciben las claridades apropiadas, cada uno según su propia capacidad. Aquella inmaculada y pura claridad empalidece tan pronto como comienza a transformarse trocándose de luz intelectual en luz visible, ya que nada de lo que se halla al alcance de nuestros sentidos está libre de impureza.

 

32. IX. Correcto es también afirmar que “la obscuridad estaba sobre el abismo” (Gén. I, 2). Porque, en cierto modo, el aire 12se halla sobre el vacío, puesto que, descendiendo sobre él, llena completamente la desértica y vacía región que se extiende desde el ámbito lunar hasta nosotros.

12El aire, que es negro, según lo señalado en 29.

 

33. Después que comenzó a brillar la luz aprehensible por la inteligencia, creada antes que lo fuera el sol, la enemiga obscuridad retrocedió. Es que Dios, consciente de su recíproca oposición y connatural hostilidad mutua, estableció entre ellas un muro de separación. Para evitar que la discordia sobreviniera como resultado de la permanente vecindad de ambas, y la guerra prevaleciera sobre la paz, con lo que hubiera establecido el desorden en el orden universal, no sólo separó la luz de la obscuridad, sino colocó además en los espacios intermedios vallas de separación, mediante las cuales retuvo a una y a otra en las partes extremas. Si hubieran permanecido vecinas, hubieran seguramente engendrado la confusión, enfrentadas en intensa e incesante lucha por la preeminencia; lo que hubiera ocurrido si límites erigidos entre ambas no las hubiera separado evitando así la mutua agresión.

 

34. Estos límites son el ocaso y el alba. Esta anticipa la buena nueva de que el sol está a punto de elevarse, a la par que aleja suavemente a la obscuridad; el ocaso sobreviene con la puesta del sol, recibiendo apaciblemente el compacto avance de la sombra. También a éstos, me refiero al alba y al ocaso, ha de incluírseles en el orden de los objetos incorpóreos y aprehensibles por la inteligencia. Nada sensible, en efecto, hay en ellos, siendo, por el contrario, totalmente formas ejemplares, medidas, figuras y sellos, cosas incorpóreas destinadas a engendrar otras corpóreas.

 

35. Una vez que la luz hubo sido creada y la obscuridad se hubo retirado cediéndole lugar, y quedaron ya fijados como barreras en los intervalos entre ambas el ocaso y el alba, como lógica consecuencia quedó al punto determinada una medida del tiempo, que el Hacedor llamó “día”; y no día “primero”, sino día “uno”, denominación aplicada teniendo presente la unicidad del mundo aprehensible por la inteligencia, cuya naturaleza está vinculada a la unidad.

 

36. X. Hallándose, pues, concluido ya y firmemente fijado en el logosDivino el mundo incorpóreo, el sensible fue engendrado en su término preciso conforme con el diseño de aquél. Y de sus partes la más excelsa de todas, la primera que el Hacedor creó fue el cielo, al que con todo acierto llamó "firmamento", 13como que es corpóreo, y el cuerpo es sólido por naturaleza ya que se trata de un ente tridimensional. ¿Qué otra noción tenemos de sólido y de cuerpo sino que es lo que se extiende en todas las direcciones? Con razón, pues, oponiendo al cielo intelectual e incorpóreo este otro sensible y de aspecto corpóreo, llamó a éste “firmamento”.

13En griego: steréoma = construcción sólida o firme, firmamento; y stereós = sólido, firme, por lo que el demiourgós (artesano) al llamarlo así destaca su naturaleza.

 

37. Un poco más adelante, con toda exactitud y propiedad, lo denominó “cielo”, en parte porque es límite de todas las cosas, y en parte por haber sido la primera de todas las cosas visibles.14Al que siguió a su creación lo llama segundo día, con lo que asigna al cielo el espacio y duración de un día entero, lo que se explica por la jerarquía y dignidad del cielo entre las cosas sensibles.

14Disquisición etimológica sin fundamento. Con todo, para los oídos griegos no dejaría de existir cierto parentesco fonético entre el término ouranós = cielo, de etimología incierta, cuyo dígrama inicial ou-pronunciábase como ocerrada o como utal vez, y las voces hóros = límite, y horân = ver. Contribuía a borrar las diferencias el hecho de que la aspiración inicial (h-) ni se pronunciaba ni se escribía en la época helenística.

 

38. XI. Después de esto, como el agua toda se derramaba sobre la totalidad y penetraba en todas sus partes, como a través de una esponja saturada de líquido, con lo que la tierra resultaba un pantano y un fango profundo, por hallarse ambos elementos entremezclados y confundidos a modo de amasijo en una única sustancia indiscernible y amorfa, dispuso Dios que toda el agua salada, que hubiera sido causa de esterilidad para sembrados y árboles, se concentrase afluyendo desde los intersticios de la tierra toda y ésta apareciese seca, quedando en ella una reserva de agua dulce para su conservación, pues el agua dulce en cantidad adecuada sirve de elemento de cohesión que une las porciones separadas; para evitar que, completamente desecada, se convirtiera en estéril e improductiva, y para que como una madre, proveyera a los que podríamos llamar sus hijos no de un solo género de alimentos: el sólido, sino de uno y otro: el sólido y el líquido. Ésa es la causa por la que la tierra contó con abundantes conductos de agua, semejantes a senos maternos, que, una vez abiertos, habrían de hacer brotar ríos y fuentes.

 

39. En no menor cantidad extendió Dios los ocultos cursos de agua a través de toda la tierra pingüe y fecunda para que la producción de frutos fuese inagotable. Habiendo ordenado estos elementos, les asignó nombres, llamando “tierra” a la región seca, y “mar” a la separada de ella.

 

40. XII. El siguiente paso fue organizar la tierra. Mandóle que se cubriera de verduras y espigas, y produjera toda clase de plantas, ubérrimos prados y todo cuanto habría de servir para forraje de las bestias y para alimento de los hombres. Además de todo ello produjo todas las especies de árboles sin omitir ninguna, ni de las silvestres ni de los llamados árboles de cultivo. Y, contrariamente a lo que ocurre actualmente, todos ellos al comenzar a existir estaban ya cargados de frutos.

 

41. Ahora, en efecto, el desarrollo tiene lugar progresivamente en etapas sucesivas, y no conjuntamente en un momento único. ¿Quién ignora que primero se realiza la siembra y la plantación, y luego el crecimiento de los sembrados y plantas; las primeras para hacer que las raíces se extiendan hacia abajo a modo de basamento, y el segundo mientras se elevan y desarrollan hacia lo alto los tallos y troncos? Siguen luego la germinación y los brotes de las hojas, y finalmente la producción del fruto. Y aquí se repite el proceso: el fruto no ha llegado a su pleno desarrollo, sino está sujeto a toda suerte de cambios, unos cuantitativos, es decir, de tamaño; otros cualitativos, o sea, en la variedad de aspecto. En efecto, al nacer el fruto se asemeja a indivisibles copos, apenas visibles a causa de su diminuto tamaño, a los que no estaría desacertado calificar de las primeras cosas perceptibles por los sentidos. Después, por efecto de su gradual desarrollo, de la nutrición por irrigación, que proporciona humedad al árbol, y de la bien equilibrada temperatura de los aires, que se vivifican y nutren con frescas y delicadas brisas, irá creciendo hasta alcanzar su tamaño completo. Y con el tamaño múdase también su aspecto, como si el experto pincel de un pintor lo fuera matizando con variados colores.

 

42. XIII. Pero, como dije, en la primera creación del universo hizo Dios que de la tierra nacieran ya plenamente desarrollados los vegetales, cargados de frutos, no inmaduros sino en plena sazón, para su inmediato uso y consumo por los animales que a continuación serían creados.

 

43. Dios ordenó a la tierra engendrados, y ésta, como si hubiera estado desde largo tiempo preñada y gestándolos en su seno, dio a luz todas las especies de plantas, todas las de árboles, y además las incontables clases de frutos. Pero los frutos no sólo servían de alimento para los animales, sino también como dispositivos naturales para la perpetua generación de seres de la misma especie, puesto que contienen en su seno las sustancias fecundantes, en las que háyanse ocultos e invisibles los principios 15de todas las cosas, los que se tornan manifiestos y visibles con el correr de las estaciones.

15El término griego logoi, traducido aquí por principios,contiene una clara referencia a los logoi spermatikói = rationes seminales de la filosofía estoica.

 

44. Dios, en efecto, por perpetuar y hacer partícipes de la inmortalidad a las especies, quiso que la naturaleza recorriera ciclos con retorno al punto de partida, y a tal efecto estableció que el principio avanzase hasta el fin, y que inversamente el fin retornase hacia el punto de partida. Y así, el fruto procede de las plantas, como un fin procedente de un principio; e inversamente, del fruto, que contiene en su interior la simiente, procede la planta, como un principio derivado de un fin.

 

45. XIV. En el cuarto día estableció Dios el orden en el cielo adornándolo con matizada belleza. Lo hizo cuando ya la tierra estaba completa, no porque colocara el cielo en un plano de inferior jerarquía al de la tierra, confiriendo preeminencia a la naturaleza inferior y considerando secundaria a la más alta y divina, sino para poner de manifiesto sin lugar a dudas la magnitud de Su poder. Es que, conociendo de antemano cuáles serían las maneras de pensar de los por entonces inexistentes hombres, quienes, atentos siempre a las apariencias y a la fuerza persuasiva de las prolijas argumentaciones antes que a la pura verdad, confiarían más en los testimonios de su vista que en Dios, admirando más a la sofística que a la sabiduría; y seguro de que, al observar la periodicidad de las revoluciones solar y lunar, de acuerdo con las cuales transcurren los veranos e inviernos, y retornan la primavera y el otoño, supondrían que son los astros del cielo el origen de todas las cosas que todos los años se engendran y nacen; para que nadie, ni por desvergonzada osadía ni por supina ignorancia, se atreviera a atribuir el primer puesto a una criatura mortal.

 

46. Dice así: Vuelvan con el pensamiento hacia la creación inicial de todas las cosas, cuando, antes de que existiesen el sol y la luna, la tierra producía toda suerte de vegetales y toda clase de frutos; y, al contemplar esto con el pensamiento, tengan por seguro que también en adelante los producirá conforme con lo que el Padre dispusiere, cuando Él lo juzgare oportuno, pues Él no ha menester de Sus criaturas del cielo, a las que concedió poderes pero no independientes, ya que, del mismo modo que un auriga que empuña las bridas o un piloto atento al timón, guía Dios todas las cosas por donde desea, de conformidad con la ley y la justicia sin necesidad de colaboración de otro alguno. Porque todo es posible para Dios.

 

47. XV. Tal es la causa por la cual la tierra germinó y se cubrió de verdor antes ya de que fuera ordenado el cielo. La ordenación de éste tuvo lugar después en un número perfecto, el 4. De este número no estaría desacertado decir que es la base y fuente del número completo,16es decir, el 10. Porque lo que el 10 es en acto, lo es evidentemente el 4 en potencia. Así, si se suman los números del 1 al 4 el resultado será 10, número éste que constituye el límite de la infinita serie de los números, los que en torno de él, como alrededor de un eje, giran y vuelven sobre sus pasos.

16El 10 contiene a todos los números de la tetractys o serie de los cuatro primeros (1, 2, 3, 4), pues 1 + 2 + 3 + 4 = 10. Según los pitagóricos, la tetractys “contiene en sí la fuente y la raíz de la eterna naturaleza”.

 

48. Además el 4 encierra las relaciones de las consonancias musicales producidas por los intervalos de cuatro notas, de cinco, de octava y de doble octava, de los cuales resulta la más perfecta armonía. Del de cuatro notas la relación es 1 1/3, del de cinco 1 1/2, del de octava 2, del de doble octava 4; a todas las cuales encierra en sí el 4: a 1 1/3 en la relación 4/3, a 1 1/2 en la relación 6/4, a 2 en la relación 4/2, y a 4 en la relación 4/1.

 

49. XVI. Existe otra propiedad del número 4 cuya mención y consideración provocan suma admiración. Dicho número, en efecto, fue el primero en poner de manifiesto la naturaleza de lo sólido, en tanto que los anteriores estaban relacionados con cosas incorpóreas. Porque lo que en geometría se denomina punto se clasifica en la esfera del 1; y la línea en la del 2, como que de la extensión del 1 queda determinado el 2, y de la del punto la línea. A su vez, si a la línea, que es un largo sin anchura, se le añade la anchura se origina la superficie, la que está situada en la esfera del número 3. Y la superficie, para transformarse en un cuerpo, necesita de una dimensión más: la profundidad, cuya adición al 3 produce 4. De todo lo cual resulta que este número es una cosa sumamente importante, ya que desde la existencia incorpórea y aprehensible por la inteligencia nos introduce en la noción de cuerpo de tres dimensiones, es decir, lo primero que por su naturaleza entra en el campo de la percepción sensorial.

 

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