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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

Una Vida dedicada al pasado aborìgen

Publicado en 5 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Comechingones

Una vida desenterrando el pasado de los aborígenes

Ana Buteleres docente jubilada y vive en un campo cerca de Berrotarán, donde halló miles de piezas que usaron siglos atrás los comechingones.

26/10/2010 00:01| Mariela Martínez

 

Ana Buteler. Frente al oratorio que se conserva en su campo. Esta docente jubilada atesora piezas indígenas que juntó con su esposo en esa zona de Berrotarán (La Voz).

Berrotarán. Peina canas con modesto rodete. Viste pollera amplia y botas campesinas. Ojos celestes, rostro despejado de maquillaje y complaciente sonrisa. En el patio de la antigua casona donde vive, al pie del cerro Potociorco, en las bajas sierras que se acercan a Berrotarán, convive con las ruinas del Oratorio de la Inmaculada Concepción de Las Peñas, una reliquia histórica erigida en 1733.

Ana Buteler de Antelme (68) prepara como cada mañana el fuego en una estufa a leña, rodeada de libros y muebles antiguos. Está sentada en un pequeño banco con base de cuero de vaca y con sus pies sobre una alfombra de piel de animal.

Ceba mates dulces acompañados de pan casero y pasta frola, horneados en la cocina a leña. “Todo casero, como siempre”, aclara.

En el patio de la vieja casona de campo, donde crió a sus ocho hijos junto a su esposo Louis –ya fallecido– se encuentran morteros, cananas, boleadoras, lanzas y numerosos elementos utilizados por los aborígenes que habitaron el lugar. Muchas de las piezas las hallaron y recuperaron ella misma y su esposo.

La casa, el oratorio, el patio terminan dando forma a un llamativo y atractivo museo casero, armado sin ayuda oficial y oculto en el bello paraje campestre, a 140 kilómetros al sur de Córdoba capital.

Su interés por la historia de la región nació de la mano de la curiosidad, en complicidad con su esposo. “Hacíamos un pozo para una planta y aparecían puntas de flecha. Mientras, nuestros hijos iban al río y les aparecían infinidad de objetos históricos”, describe. El lugar que habita –está claro– fue varios siglos atrás asentamiento de pueblos originarios, dueños primigenios del suelo cordobés.

–¿Cómo nació su inquietud para armar la historia de su región?

–Se me despertó después de criar a mis hijos, cuando tenía cerca de 40 años, en la década del ’80, cuando comencé a ejercer la docencia en el campo. En los libros había poco material y de la zona nada. Así fui armando para los siete grados la idea de regionalizar la enseñanza de la historia. Y con mi marido empezamos a investigar porque en nuestra casa encontrábamos tantos objetos que tenían que ver con la historia de los indígenas, como boleadoras, hachas de piedra, puntas de flecha, morteros, sobradores, manos de morteros. Cuando llovía, se lavaba el terreno y aparecían. Tenemos miles de esos objetos. Y fuimos indagando de qué cultura se trataba. En los libros había poco sobre los comechingones, entonces fuimos a bibliotecas, archivos, escarbábamos. Fuimos registrando lo que sabíamos junto con lo que encontrábamos acá. Y teníamos además, dentro de la propiedad, el Oratorio de Inmaculada Concepción, de 1733. Después vinieron las charlas a docentes y directoras de la zona. Posteriormente nos visitaban escuelas de todos lados. Con el tiempo formamos una Junta de Historia. De a poco aprendimos a investigar. Y sigo investigando. Participo de todos los encuentros de historia que puedo, sean regionales o provinciales.

–¿Siempre la remó sola?

–Me ha ayudado en algunos trabajos una colaboradora, Mercedes Álvarez. Y con mi marido recorrimos todas las sierras de Córdoba para investigar. Fui recopilando relatos de la gente, costumbres, dichos, vocabulario que en las sierras conservan la pureza del castellano antiguo. Rescatamos todo lo que pudimos, juntando testimonios de los indígenas que en los años ‘80 eran dos generaciones anteriores. Gente tradicionalista que se acordaba lo que le contaban sus abuelos. Hoy un adolescente no sabe ni el segundo apellido de su abuelo. Eso me de-sespera.

–¿Cómo conservar una reliquia como el oratorio?

–Se perdió muy mucho porque no hubo apoyo para conservarlo. Nosotros conseguimos ayuda y logramos rescatarlo para que no se viniera abajo del todo. Pero nosotros, con ocho hijos, en el campo, no teníamos medios. Salvamos las paredes donde está todo lo original. Un privado podría donar los materiales, después no sé cómo haré para la mano de obra, para seguir conservándolo en pie. Estamos en un momento difícil. La casa tiene paredes de más de 70 centímetros de ancho y la altura supera los seis metros, y se construyó antes que el oratorio, también está como cuando la compramos hace varias décadas atrás. Mi desvelo es cuidar la historia que me rodea, que me envuelve.

http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/una-vida-desenterrando-el-pasado-de-los-aborigenes

 

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