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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

LOS EXÁMENES DE JUVENTUD, PARA UN FARAÓN - por José Alvarez López

Publicado en 28 Octubre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Prof Alvarez Lopez

LOS EXÁMENES DE JUVENTUD, PARA UN FARAÓN

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por José Alvarez López

 

Podía ocurrir que el rejuvenecimiento de un Faraón en el ceremonia del Heb-Sed, no fuera efectivo. Es evidente que no en todos los casos las cosas se conducirían por el mismo camino, y cabía la posibilidad de que el proceso de rejuvenecimiento del Faraón fallase. Para aclarar tal circunstancia estaban previstos otros ceremoniales del Heb-Sed con sus correspondientes y grandiosas instalaciones.

 

Una representación muy común proveniente del antiguo Egipto presenta al Faraón corriendo a grandes zancadas con un mayal de trilla (un saco de cereal) en una mano y un pequeño portafolio o carpeta en la otra. En los templos donde aparece esta imagen se encuentra indicado en el suelo un largo circuito entre dos piedras en forma de cono truncado que el Faraón deberá recorrer cuatro veces a gran velocidad. La imagen del Faraón aparece representada cuatro veces en la misma actitud.

 

La interpretación de lo anterior estará clara para cualquier lector sin más que pensar que sólo un joven monarca podría correr la distancia exigida, de modo que si el monarca rejuvenecido no llenaba las necesarias condiciones era descartado y anulado su jubileo. Como prueba de vigor físico no puede pedirse nada más correcto.

 

Sin embargo hay que aclarar que el sucesor era “adosado” en el faraonato, e incorporado en forma igual con las mismas atribuciones, creándose una duplicidad faraónica. Sin más podemos ver que Akhenatón es ya Faraón en tiempos de su padre Amenhotep III, e incluso también había cambiado de nombre y comenzaba su revolución amárnica (pues llamábase antes Amenhotep IV). Amenhotep III obeso y adulto (pues su hijo varón nació luego de varias princesas) pasó al parecer muy bien su jubileo. No es imposible que esta duplicidad faraónica se valiera del más joven para las pruebas de Heb-Sed.

 

En Roma se tomó este modelo bajo los Flavios, dinastía que sucedió después de la época neroniana. Vespasiano incorporó como César a su hijo Tito, siguiendo la práctica egipcia que él conoció en Alejandría. De tal modo asumió el cesariato en Roma y dejó como César en Oriente a Tito, como podemos leer en Flavio Josefo, quien cuando habla del César en Judea se refiere a Tito. 

 

Volviendo al antiguo Egipto, vemos que el mayal de trilla con el cual corre el faraón en el Heb-Sed—una vara conectada a otra menor por medio de una correa— hace evidente que también se le exigía la prueba de vigor que corresponde a una dada capacidad de trillar. Cuando las mieses se trillan a mano, solamente los jóvenes vigorosos eran capaces de desgranar los haces y de cosechar la siembra. Un faraón viejo no podía por lo tanto, realizar esta tarea que también se le exigía como prueba.

 

Los imperios cerealeros han dado muestra de que los reyes participaban de la cosecha. En el Incaísmo podemos ver la misma representación por medio de los dibujos del príncipe Guaman Poma, quien presenta al Inca azadón en mano cortando el tallo del maíz junto con su pueblo. En Rusia la nobleza rural encabezaba la marcha hacia la cosecha con pala y pico al hombro. El conde León Tolstoy (gran novelista) está fotografiado en plena tarea, acompañando a sus peones. 

 

En cuanto al portafolio o libro en la otra mano correspondía a una prueba adicional de vigor físico que vendría posiblemente después de la trilla pero cuya naturaleza desconocemos.

 

No he mencionado todavía otra prueba de juventud que es la asociada con el vigor sexual y a la cual también se sometía al faraón resucitado. Entre las salas del Heb-Sed había una en cuyo lado Oeste aparecía la imagen del dios Min. El dios Min era el dios de la fertilidad, tratábase de un toro blanco que no tenía un solo pelo negro y al que se representaba con el falo erecto.

 

Al lado del toro in aparece un gran poste y del otro lado del poste, mirando hacia el toro, se encontraba el Faraón. El poste era sostenido en la parte superior por cuatro estacas, por arriba de una de las cuales se veía a un hombre, subido en los hombros de otro, saltando por sobre ellas. Entre el poste y las estacas se tendían cuatro sogas que eran, a su vez, levantadas por cuatro hombres que actuaban como asistentes.

 

Este deporte es desconocido por nosotros y como prueba de virilidad no adivinamos en qué podía consistir. Pero la presencia del toro Min no deja ninguna duda sobre la existencia de una prueba de virilidad a la cual, por otra parte, no podía negarse un joven Faraón.... los textos no ayudan a interpretar esta escena del Heb-Sed que por el momento deberá quedar como un misterio egipcio más.

 

Lo que sí corresponde plantear es si todos estos rigurosos exámenes eran una pura patraña o si había sinceridad en las pruebas a que se sometía al Faraón, luego de treinta años de reinado. Si todo hubiese sido nada más que un arreglo político no había necesidad —desde el momento en que el pueblo no tenía acceso a los templos egipcios— de hacer tan largas y complicadas pruebas de idoneidad física y mental para el nuevo Faraón (o faraón renovado con la muerte ritual). Si todo esto se hacía, si se dedicaban las riquezas del país al desarrollo de los edificios y pirámides requeridas para la ceremonia, si, en fin, el país entero quedaba paralizado durante los meses que duraba el Heb-Sed, debía tener todo esto algún contenido real. En otras palabras, el Faraón debía rejuvenecerse. Hay que tener en cuenta que Pepi II reinó 90 años, pasó tres Heb-Sed y vivió más de cien años, en la VI Dinastía. 

 

Respecto al Heb-Sed he citado textos y pictografías pertenecientes a períodos muy diferentes como, por ejemplo, la III Dinastía (Zoser), también textos de la V Dinastía (Unas), temas de la XI, pero también se puede tomar en consideración versiones mucho más antiguas de esta fiesta, como las provenientes de la I Dinastía. En efecto, tanto por textos de la famosa “Piedra de Palermo” (una lápida con textos egipcios) provenientes de la VI Dinastía, como por las inscripciones grabadas en una tableta de marfil, sabemos hoy que un rey de la I Dinastía (Udimu) era entronizado en una ceremonia que constaba de dos partes esenciales. La unión de la doble personalidad el rey y la carrera alrededor del muro. 

 

En efecto, el rey está representado llevando la Doble Corona (símbolo del faraonato). La corona blanca del Alto Egipto, y la corona roja del Bajo Egipto (el primero es el país del sur y el segundo el país del norte) y aparece, como era de esperar, dibujado dos veces. Una vez sentado en un trono bajo un toldo, y la otra vez corriendo entre seis piedras y seis signos jeroglíficos que significan “correr”, dispuestos en dos hileras de tres signos cada uno. 

 

En la Piedra de Palermo se habla de esta ceremonia. Pero el texto de la tableta de marfil añade otras “pruebas” de juventud a las ya mencionadas, pues el rey, dice el texto, “había violentado una fortaleza” y “destruido una ciudad”, luego de lo cual había pasado una prueba de fuego en el templo de Atum (dios de los fuegos subterráneos). Y es importante subrayas que un texto, pictografía o escrito proveniente de cualquier dinastía, tenía mucho más valor si era muy antiguo.

 

Es difícil leer un papiro egipcio, o una simple inscripción, en donde no se insista sobre el antiquísimo origen de los conceptos allí expuestos. En el papiro médico de Berlín se nos informa que fue encontrado entre antiguos escritos encerrados en un cofre del rey Udimu. En el papiro Smith se dice que el mismo contiene “el conocimiento secreto de la diosa Isis” que fue presentado a la majestad de Kheops (dando con esto nuevamente un testimonio de la mayor antigüedad). 

 

Este último papiro, como se sabe, corresponde a la XVIII Dinastía (Nuevo Imperio), pero el copista pretende haberlo obtenido de antiquísimos documentos provenientes de la XII Dinastía (Imperio Medio). En el templo de la diosa Hathor —en Denderah— un texto de las criptas precisa que su disposición se inspiró en viejos documentos “escritos en rollos de cuero en el tiempo de los servidores de Horus”. Es decir de los reyes predinásticos, anteriores todos a la I Dinastía.

 

Por este motivo las antiquísimas fiestas del Sed ya estaban completamente desarrolladas y establecidas en los tiempos predinásticos. Los patrones metrológicos —el Metro Absoluto— ya era conocido por los súbditos del rey Udimu según los demostró Petrie fehacientemente. Y en esta Primera Dinastía nos encontramos con trabajos y herramientas que, inclusive, superan la eficacia de lo que le atribuimos a la IV Dinastía. En efecto, como señala Petrie, en aquella época se efectuaban trabajos de taladrado en el pórfido blanco y negro que ya no volvieron a realizarse con posterioridad, inclusive hasta nuestros días. Este material tiene la cualidad de ser una mezcla de dos piedras de dureza diametralmente opuesta que, por ello, rompen las puntas de diamante cuando se quiere perforarlas con un trépano moderno.

 

Es innecesario insistir con el tema. Fórmulas de alquimia, recitaciones mágicas del “Libro de los Muertos” o del “Libro de las Pirámides”, inscripciones en templos, textos en papiros, etc., pretenden un origen antiquísimo que garantiza su sabiduría y su eficiencia. El espíritu entero de Egipto se vuelve reverente hacia el pasado ¿Quién puede aquí hablar de progreso, de elaboración de una ciencia? En los casos que conocemos, toda ciencia sagrada, toda cultura sacerdotal, es esencialmente estática. Y este estatismo lo vemos en la inmovilidad de una lengua, una vestimenta, una concepción del mundo que se mantiene durante 35 siglos que van desde el Predinástico (donde ya está estructurado el país) seguido inmediatamente por la I Dinastía hasta la dinastía ptolemaica (greco-egipcia) que finaliza con la muerte de Cleopatra. 

 

Una sobrevivencia romanizada subsiste a partir de allí (este es el Egipto que conocen Jesús y su familia) hasta el cierre definitivo de los templos egipcios por Teodosio, emperador cristiano de Constantinopla, que llevan al asesinato de Hipatías. Los egipcios del siglo IV después de Cristo ya no hablaban, pensaban ni vestían como los antiguos egipcios, pero sus sacerdotes usaban la escritura jeroglífica, hablaban una lengua arcaica y vestían a la manera antigua. El imperio romano siempre expansivo, dio lugar al surgimiento de iglesias egipcias por todas sus “provincias romanas” que se conocieron en Europa como “Templos de Isis” (muchas de ellas en España y Francia), quienes despertaron la curiosidad de los occidentales sobre el antiguo Egipto.

 

Así pues, las ceremonias que hemos venido analizando en relación al Heb-Sed son de origen antiquísimo pero es dable ver que los reyes abisinios de Meroé todavía eran invitados, en la época clásica, a suicidarse conjuntamente con sus súbditos en su jubileo, para dejar paso a un rey y a cortesanos más jóvenes. 

 

Según Diodoro, quienes eran invitados a suicidarse r4cibían un emisario que les hacía el signo de la muerte. Y estaban obligados a suicidarse pues sin lo hacían ello representaba una deshonra para la familia.

 

Todos los estudios arqueológicos efectuados en torno a este curioso problema nos llevan a la conclusión de que es posible que los egipcios conocieran métodos de rejuvenecimiento. Pero el problema merece ser abordado desde otros puntos de vista. Por ejemplo... ¿qué podría decir al respecto la biología moderna?

 

 

 

 

 

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