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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

La Inadaptaciòn del Hombre

Publicado en 24 Octubre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Prof Alvarez Lopez

LA INADAPTACIÓN DEL HOMBRE

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por José Alvarez López

 

La cuestión de si hay o no seres inteligentes en otras partes del Universo ha sido considerada hasta ahora como un tema de conversaciones de café o a lo sumo, un recurso sensacionalista del periodismo. Sin embargo, es un tema capital, dado que todo el pasado y todo el futuro de la Humanidad están pendientes de esta circunstancia.

 

En efecto, si hay seres inteligentes en otras partes del Universo, ellos, tarde o temprano, tomarán contacto con nosotros y si, como es posible, las civilizaciones del espacio tienen millones de años de antigüedad, de más está decir que este momento será el punto final de toda la actual cultura humana. Cuando ello se produzca, el hombre saltará automáticamente a una dimensión desconocida : se transmutará en un ser inimaginable para nosotros los humanos de hoy; podrá ser como un dios capaz de mover montañas con el pensamiento, o de modificar las órbitas de los satélites y planetas mediante una tecnología en la cual el poder del átomo será un entretenimiento infantil.

 

Si hubiera seres inteligentes en otras partes del Universo, las supercivilizaciones del espacio ya habrían tenido contactos con la Tierra, y es perfectamente posible por ello que los humanos de hoy seamos el producto de cruzamientos, científicamente planeados, de seres espaciales con otros, autóctonos, llegados a cierto estadío de evolución. La idea según la cual el hombre es producto de un cruce de animales terrestres con seres provenientes del espacio no es, de modo alguno una idea moderna. Por el contrario, corresponde a las más antiguas tradiciones de todos los pueblos.

 

Las leyendas de comercio sexual entre seres celestes y terrestres pertenecen a la mitología universal. Algunas de ellas como las relatadas en “Los Jubileos”, el “Libro de Enoch” y “El Libro de Baruch”, contienen precisiones muy claras en este sentido. El último de estos libros dice que los ángeles caídos enseñaron a las mujeres de la Tierra el arte de la seducción y a los gigantes que engendraron en ellas, el arte de la magia y de la guerra.

 

El Génesis recoge esta misma tradición oral en los siguientes términos : “Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron mujeres escogiendo entre ellas”. Luego continúa diciendo ...“Había gigantes en la Tierra en aquellos días, y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos, estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de nombre”.

 

Un comentarista greco-egipcio del siglo III se hace eco de la misma leyenda expresándola de forma más romántica : Dice Zósimo el Panopolitano que los ángeles caídos, enamorados de las mujeres de la tierra, tuvieron hijos con ellas y les dejaron en prueba de su amor los secretos de las ciencias. Estos descendientes del comercio carnal entre ángeles y mujeres fueron los gigantes.

 

Otras muchas leyendas antiguas recogen la misma tradición, pero los textos citados, absolutamente idénticos, no admiten más interpretación que aquella tan claramente sugerida. Como es sabido, por la experiencia antropológica, la memoria de la especie mantiene vívidos, a través de la leyenda, los más remotos acontecimientos, insistiendo en recordarnos que, si bien los hombres vivimos en la Tierra, nuestra patria está en los Cielos.

 

 

Si hay civilizaciones galácticas el hombre no iría de abajo para arriba, sino al revés, de arriba para abajo. Seríamos seres superiores venidos a menos. Sabios caídos en la ignorancia por olvido de las ciencias de nuestros antepasados. Seres perfectos condenados a la imperfección. Dioses obligados a la esclavitud del trabajo. Inmortales reducidos a la condición animal de la reproducción y la mortalidad. El hombre movido por una extraña fatalidad, habría salido del Jardín del Edén para ir a vivir al este del Paraíso... 

 

Si el hombre fuera originario de la Tierra podría acomodarse a los distintos climas del planeta, o por lo menos a algunos de ellos. No obstante, vemos que no hay una sola tribu humana que viva en condiciones naturales. Todos los hombres necesitan recursos artificiales para vivir en este planeta. A diferencia de los animales, el hombre dejado en cualquier lugar del planeta es rápidamente destruido por el medio ambiente. No le es posible vivir sin el uso del fuego. Todas las razas humanas se defienden del ataque de los insectos mediante recursos artificiales como el vestido, el fuego, los ungüentos, etc. El hombre necesita de la ropa o de la choza para su protección durante el día o la noche. El hombre es un ser totalmente inadaptado a todos los climas y circunstancias del planeta Tierra.

 

El hombre es un extranjero en este planeta. Pero aquí hay que subrayar un hecho adicional : el hombre es el único extranjero en la superficie de la Tierra. No comparte su ostracismo planetario con ningún otro animal. Es una situación que singulariza su jerarquía y su independencia frente a todos los otros seres que pueblan el planeta. Todos los seres salvo él, heredan la totalidad del conocimiento que después habrán de necesitar para vivir, y si se trata de animales sociales, heredarán también los conocimientos culturales y técnicos que requerirá su desenvolvimiento societario, como es el caso de hormigas y abejas.

 

Pero el hombre tiene que aprenderlo todo : comer, caminar, amar, dormir, respirar, hablar, contar, pensar, etc. Es un ser totalmente artificial a quien le es dificultoso vivir en la Naturaleza. Tiene que aprenderlo todo, pero nadie es capaz de enseñarle nada. Intenta resolver el problema con el auxilio de la tradición y la ciencia, pero, como lo enseñan recientes estudios, y lo subraya Alexis Carrell, en “La Incógnita del Hombre”, el hombre es un desconocido para esta tradición y para esta ciencia. 

 

Si se trata de enseñarle a caminar, puede observarse que el andar de los humanos civilizados es patológico, y no hay todavía estudios completos sobre la funcionalidad ortodoxa de la locomoción humana. Si se trata de enseñarle a hablar, descubrimos que todas las voces humanas –salvo la de aquéllos que han realizado entrenamientos foniátricos– están anómalamente impostadas. Podemos decir lo mismo de su actividad sexual que constituye un insoluble problema para sociólogos, psicólogos, religiosos, filósofos, sexólogos, quienes dan infinidad de reglas higiénicas y consejos, todos ellos basados en un real desconocimiento del problema. 

 

Podemos concluir diciendo que el hombre realiza mal todas aquellas funciones que tiene que aprender por necesidad, lo cual prueba que es el producto de una evolución cultural y técnica cuya información se interrumpió en algún momento. De qué forma se produjo esta interrupción en el pasado humano, no lo sabemos a ciencia cierta, pero el fenómeno de la involución idiomática nos señala una línea de claro descenso cultural. En efecto al constatar la factura claramente inferior de los idiomas modernos, comparándolos con los que se hablaban en la antigüedad, no cabe duda de que el hombre, en muchos aspectos fundamentales de su vida y su cultura, va olvidando y por consiguiente, decayendo.

 

Con esto queda probado de que el hombre no puede provenir de la selva, sino de la ciudad. No es un hecho accidental que hoy emigre masivamente a su auténtico hábitat : la ciudad. Y aunque nuestra ciudad actual no está todavía en condiciones de habitabilidad, el hombre se acomoda a ella mejor que a cualquier ambiente natural que la superficie de la Tierra pueda brindarle. El esfuerzo que cuesta al hombre vivir en la Tierra es producto de su total inadaptación. Y la forma más simple de explicar este fenómeno curioso, es pensar que el hombre no es originario de este planeta.

 

 

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