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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

La Iglesia y la Pobreza en la Argentina

Publicado en 21 Diciembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Realidad Argentina

“La Iglesia está preocupada y no dejará de hablar de la pobreza”

POR SERGIO RUBÍN

Si bien celebró que la Presidenta esté en contra del aborto, dijo que esa actitud no condicionará las críticas que puedan hacerle. “Hay gente que ahora consume, pero no tiene agua”, afirmó.

 

Con la elección de la nueva cúpula del Episcopado que usted encabeza, ¿comienza una nueva relación entre la Iglesia y el Gobierno tras choques y falta de diálogo al máximo nivel? No diría que está comenzando una nueva etapa, sino que hay una continuidad basada en la doctrina que fijó el Concilio Vaticano II sobre la relación Iglesia-Estado, que debe ser de autonomía y cooperación. Lo que puede haber es un cambio de estilo porque la elección de nuevas autoridades en el Episcopado supone la llegada de personas con diversidad de modos.

El ex presidente Néstor Kirchner y Jorge Bergoglio no hablaron por años. ¿Habrá ahora un canal fluido? Cuando le pedimos la audiencia a la Presidenta tras ser electos, me llamó la atención que nos la concedió para el día siguiente. Además, en la reunión noté de parte de ella una actitud de apertura, diálogo y escucha. Pudimos hablar con total libertad en un clima cordial y respetuoso que deberíamos continuar.

¿Cuánto favorece la relación el hecho de que la Presidenta les ratificara su oposición al aborto cuando el tema comienza a debatirse en el Congreso? Celebro que tenga un claro sentido de defensa de la vida. Ahora, no sé el impacto que tendrá entre los legisladores. Pero evidentemente su palabra importa en éste como en otros temas porque es la Presidenta, elegida además por el 54 % de los votos. Y porque tiene una personalidad decidida e ideas claras. Creo, en fin, que su opinión puede pesar.

La posición de la Presidenta en este tema, ¿puede llegar a condicionar eventuales críticas de la Iglesia al Gobierno? ¿No apostará el oficialismo a que sea una suerte de prenda de cambio? La Iglesia tiene 2.000 años de historia. Recuerdo las críticas que hacíamos durante el Gobierno de Carlos Menem y de sus enojos, pese a ciertas posiciones que él había asumido (N. de la R.: Menem se alineó en los foros internacionales con el Vaticano en la posición contraria al aborto). Lo que pasa es que la Iglesia debe ser fiel a la verdad y a su mensaje. Eso no puede ser prenda de cambio. Hay cosas que no son negociables.

¿Entonces la Iglesia seguirá hablando de los pobres? ¿Cree que el Gobierno escuchará mansamente las críticas? La Iglesia seguirá hablando de los pobres porque debe ser fiel al mensaje de Jesucristo. Una Iglesia que no esté cerca del que sufre no es una Iglesia coherente con el Evangelio que predica. Hablaría mal de ella que no ejercitara su libertad de decirle a éste u otro gobierno que en esto o aquello no estamos de acuerdo. Todos deben tener claro que nosotros no somos ni oficialistas, ni opositores. Esto se lo dijimos a la Presidenta.

¿Y cómo evalúan los obispos la situación social? La vemos con preocupación. Es cierto que se dieron pasos positivos. Pero faltan otros. Hay mucha gente que ahora consume, pero que no pudo salir de estructuras de pobreza como la carencia de vivienda digna o de acceso al agua potable. Y superar todo eso requiere políticas de largo plazo. Pero nos preocupa todo, no solo lo material, sino también lo espiritual y los valores morales que rigen la vida.

Por ejemplo, ¿cuales otras cuestiones puntales? Mencionaría fundamentalmente dos cosas. Una es el avance de la droga, frente a lo cual habría que ser muy firmes. Hace un tiempo dije que así como hay una AFIP que controla el pago de impuestos y de la cual no se escapa nadie, sería bueno que haya una suerte de AFIP que controle a los que manejan la droga y de la cual tampoco se escape nadie. Otra, que no es menor, es el juego, que está dañando mucho. No sé si en estas cosas hay una ausencia del Estado, que debería poner límites.

Ustedes cuestionaron en los últimos años el nivel de confrontación del oficialismo. ¿Tiene la esperanza de que baje? Sí. Creo que lo estamos deseando todos: el Gobierno, la oposición, todos los sectores. Todos queremos vivir en una sociedad con diálogo, paz social, sin crispaciones ni enfrentamientos estériles. Porque preocupa el grado de violencia al que se llegó en muchos lugares. Por no hablar de los casos de violencia familiar. Los dirigentes deben dar el ejemplo. El país tiene muchas potencialidades, pero si no se baja el nivel de confrontación van perdiendo fuerza.

¿Por qué entre sus prioridades acaban de ratificar, junto con el aliento a la lucha contra la pobreza, la promoción de la reconciliación? No se puede pensar en el futuro si no apostamos a la inclusión social, pero también a la amistad social, a una reconciliación, que no es impunidad porque necesita de la Justicia. Una reconciliación sin Justicia no es una reconciliación cristiana. Como también necesita de la verdad. Pero hace falta, además, un gesto de cercanía, de que el otro no es mi enemigo –a lo sumo, mi adversario político– de parte de toda la sociedad.

La Presidenta acaba de decir que anhela que durante su segundo mandato se completen los juicios por violaciones a los derechos humanos y se dicten las condenas… Pero ahí no se termina todo porque, como acabo de decir, el espíritu de reconciliación va más allá de un juicio. No es que uno tenga que ser necesariamente amigo del otro, sino de tener actitudes que nos hagan sentir parte de la misma sociedad. De lo contrario, no se sanan nunca las heridas. Y eso es lo que busca la reconciliación: sanar las heridas.

¿No es utópico? Hay gente, de un lado y del otro, de la subversión y la represión, hijos de esa gente, que quieren tener gestos de cercanía. Que creen que si nos quedamos anclados en el pasado corremos el riesgo de dividir el futuro.

 

Perfil
José María Arancedo
Edad: 71 años
Nacimiento: buenos aires
Enrolado en la corriente moderada del Episcopado, tiene buena sintonía con su antecesor, Jorge Bergoglio. Nacido en Buenos Aires, primo del expresidente Raúl Alfonsín, es licenciado en Teología y doctor en Derecho Canónico. Fue obispo de Mar del Plata y es arzobispo de Santa Fe.
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