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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

Iglesia y Masonerìa (II)

Publicado en 15 Enero 2012 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in sectas

II.    JUICIO FUNDAMENTAL ACERCA DE LA MASONERIA

(7)   Varias son las sectas que, aunque diferentes en nombre, rito, forma y origen, al estar, sin embargo, asociadas
entre sí por la unidad de intenciones y la identidad en sus principios fundamentales, concuerdan de hecho con la
masonería, que viene a ser como el punto de partida y el centro de referencia de todas ellas.  Estas sectas, aunque
aparentan rechazar todo ocultamiento y celebran sus reuniones a la vista de todo el mundo y publican sus periódicos, sin
embargo, examinando a fondo el asunto, conservan la esencia y la conducta de las sociedades clandestinas.  Tienen muchas
cosas envueltas en un misterioso secreto.  Y es ley fundamental de tales sociedades el diligente y cuidadoso ocultamiento de
estas cosas no sólo ante los extraños, sino incluso ante muchos de sus mismos adeptos.  Tales son, entre otras, las
finalidades últimas y más íntimas, las jerarquías supremas de cada secta, ciertas reuniones íntimas y ocultas, los modos y
medios con que deben ser realizadas las decisiones adoptadas.  A este fin se dirigen la múltiple diversidad de derechos,
obligaciones y cargos existente entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad disciplinar con
que se rigen.  Los iniciados tienen que prometer, más aún, de ordinario tienen que jurar solemnemente, no descubrir nunca
ni en modo alguno a sus compañeros, sus signos, sus doctrinas.  Así, con esta engañosa apariencia y con un constante
disimulo procuran con empeño los masones, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que sus
propios conmilitones.  Buscan hábilmente la comodidad del ocultamiento, usando el pretexto de la literatura y de la ciencia
como si fuesen personas que se reúnen para fines científicos.  Hablan continuamente de su afán por la civilización, de su
amor por las clases bajas.  Afirman que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y extender al mayor número
posible de ciudadanos las ventajas propias de la sociedad civil.  Estos propósitos, aunque fuesen verdaderos, no son, sin
embargo, los únicos.  Los afiliados deben, además, dar palabra y garantías de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y
maestros; deben estar preparados a la menor señal e indicación de éstos para ejecutar sus órdenes; de no hacerlo así, deben
aceptar los más duros castigos, incluso la misma muerte.  De hecho, cuando la masonería juzga que algunos de sus
seguidores han traicionado el secreto o han desobedecido las órdenes recibidas, no es raro que éstos reciban la muerte con
tanta audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia.  Ahora
bien, esto de fingir y querer esconderse, de obligar a los hombres, como esclavos, con un fortísimo vínculo y sin causa
suficientemente conocida, de valerse para cualquier crimen de hombres sujetos al capricho de otros, de armar a los asesinos
procurándoles la impunidad de sus delitos, es un crimen monstruoso, que la naturaleza no puede permitir.  Por esto, la razón
y la misma verdad demuestran con evidencia que la sociedad de que hablamos es contraria a la justicia y a la moral natural.
(8)  Afirmación reforzada por otros argumentos clarísimos, que ponen de manifiesto esta contradicción de la masonería con
la moral natural.  Porque por muy grande que sea la astucia de los hombres para ocultarse, por muy excesiva que sea su
costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa.  No puede árbol
bueno dar malos frutos, ni árbol malo dar frutos buenos  (Mt.7,8).   Los frutos de la masonería son frutos venenosos y
llenos de amargura.  Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los
intentos masónicos; a saber:  la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y
la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo.
(9)   Todo lo que hemos dicho hasta aquí, y lo que diremos en adelante, debe entenderse de la masonería considerada en sí
misma y como centro de todas las demás sectas unidas y confederadas con ella, pero no debe entenderse de cada uno de sus
seguidores.  Puede haber, en efecto, entre sus afiliados no pocas personas que, aunque culpables por haber ingresado en
estas sociedades, no participan, sin embargo, por sí mismos en los crímenes de las sectas e ignoran los últimos intentos de
éstas.  De la misma manera, entre las asociaciones unidas a la masonería, algunas tal vez no aprueban en modo alguno
ciertas conclusiones extremas, que sería lógico abrazar como consecuencias necesarias de principios comunes, si no fuesepor el horror que causa su misma monstruosidad.  Igualmente algunas asociaciones, por circunstancias de tiempo y lugar, no
se atreven a ejecutar todo lo que querrían hacer y otras suelen realizar; no por esto, sin embargo, deben ser consideradas
como ajenas a la unión masónica, porque esta unión masónica debe ser juzgada, más que por los hechos y realizaciones que
lleva a cabo, por el conjunto de principios que profesa.
III.   NATURALEZA Y METODOS DE LA MASONERIA
[Autonomía de la razón]
(10)   Ahora bien, el principio fundamental de los que profesan el Naturalismo, como su mismo nombre declara, es que la
naturaleza humana y la razón natural del hombre han de ser en todo maestras y soberanas absolutas.  Establecido este
principio, los naturalistas, o descuidan los deberes para con Dios, o tienen de éstos un falso concepto impreciso y desviado.
Niegan toda revelación divina.  No admiten dogma religioso alguno.  No aceptan verdad alguna que no pueda ser alcanzada
por la razón humana.  Rechazan todo maestro a quien haya que creer obligatoriamente por la autoridad de su oficio.  Y
como es oficio propio y exclusivo de la Iglesia Católica guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito
de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del Magisterio y de los demás medios sobrenaturales para la salvación, de
aquí que todo el ataque iracundo de estos adversarios se haya concentrado sobre la Iglesia.  Véase ahora el proceder de la
masonería en lo tocante a la religión, singularmente en las naciones en que tiene una mayor libertad de acción, y júzguese si
es o no verdad que todo su empeño se reduce a traducir en los hechos las teorías del Naturalismo.  Hace mucho tiempo que
se trabaja tenazmente para anular todo posible influjo del Magisterio y de la autoridad de la Iglesia en el Estado.  Con este
fin hablan públicamente y defienden la separación total de la Iglesia y del Estado.  Excluyen así de la legislación y de la
administración pública el influjo saludable de la religión católica.  De lo cual se sigue la tesis de que la constitución total del
Estado debe establecerse al margen de las enseñanzas y de los preceptos de la Iglesia.  Pero no les basta con prescindir de
tan buena guía como es la Iglesia.  La persiguen, además, con actuaciones hostiles.  Se llega, en efecto, a combatir
impunemente de palabra, por escrito y con la enseñanza los mismos fundamentos de la religión católica.  Se niegan los
derechos de la Iglesia.  No se respetan las prerrogativas con que Dios la enriqueció.  Se reduce al mínimo su libertad de
acción, y esto con una legislación en apariencia no muy violenta, pero en realidad dada expresamente para impedir la
libertad de la Iglesia.  Vemos, además, al Clero oprimido con leyes singularmente graves, promulgadas para disminuir cada
día más su número y para reducir sus recursos; el patrimonio eclesiástico que todavía queda, gravado con todo género de
cargas y sometido enteramente al juicio arbitrario del Estado; y las Ordenes Religiosas suprimidas y dispersas.  Pero el
esfuerzo más enérgico de los adversarios se lanza principalmente contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice.
Primeramente le ha sido arrebatado a éste, con fingidos pretextos, el poder temporal, baluarte de su libertad y de sus
derechos.  A continuación ha sido reducido el Romano Pontífice a una situación injusta, a la par que intolerable, por las
dificultades que de todas partes se le oponen.  Finalmente, hemos llegado a una situación en la que los fautores de las sectas
proclaman abiertamente lo que en oculto habían maquinado durante largo tiempo; esto es, que hay que suprimir la sagrada
potestad del Pontífice y que hay que destruir por completo el pontificado instituído por derecho divino.  Aunque faltasen
otras pruebas, lo dicho está probado suficientemente por el testimonio de los mismos jefes sectarios, muchos de los cuales,
en diversas ocasiones, y últimamente en una reciente memoria, han declarado como objetivo verdadero de la masonería el
intento capital de vejar todo lo posible al Catolicismo como una enemistad implacable, sin descansar hasta ver deshechas
todas las instituciones establecidas por los Papas en la esfera religiosa.  Y si los afiliados a la masonería no están obligados a
abjurar expresamente de la fe católica, esta táctica está tan lejos de oponerse a los intentos masónicos, que más bien sirve a
sus propósitos.  En primer lugar, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos y a los incautos y de
multiplicar el número de adeptos.  Y en segundo lugar, porque al abrir los brazos a todos los procedentes de cualquier credo
religioso, logra, de hecho, la propagación del  gran error de los tiempos actuales:  el indiferentismo religioso y la
igualdad de todos los cultos.  Conducta muy acertada para arruinar todas las religiones, singularmente la Católica,
que, como única verdadera, no puede ser igualada a las demás sin suma injusticia.
 [Errores Metafísicos]

(11)   Pero los naturalistas avanzan más todavía.  Lanzados audazmente por la vía del error en los asuntos de mayor
importancia, caen despeñados por el precipicio de las conclusiones más extremistas, ya sea por la flaqueza de la naturaleza
humana, ya sea por justo juicio de Dios, que castiga el pecado de la soberbia naturalista.  De esta manera sucede que para
esos hombres pierden toda su certeza y fijeza incluso las verdades conocidas por la sola luz natural de la razón, como son la
existencia de Dios y la espiritualidad e inmortalidad del alma humana.  Por su parte, la masonería tropieza con estos mismos
escollos a través de un camino igualmente equivocado.  Porque si bien reconocen generalmente la existencia de Dios,
afirman, sin embargo, que esta verdad no se halla impresa en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio.
Reconocen, en efecto, que el problema de Dios es entre ellos la causa principal de sus divisiones internas.  Más aún, es cosa
sabida que últimamente ha habido entre ellos, por esta misma cuestión, una no leve contienda.  Pero, en realidad, la secta
concede a sus iniciados una libertad absoluta para defender la existencia de Dios o para negarla; y con la misma facilidad se
recibe a los que resueltamente defienden la opinión negativa como a los que piensan que Dios existe, pero tienen acerca de
Dios un concepto erróneo como los panteístas, lo cual equivale a conservar una absurda  idea de la naturaleza divina,
rechazando la verdadera noción de ésta.  Destruído o debilitado este principio fundamental, síguese lógicamente lainestabilidad en las verdades conocidas por la razón natural:  la creación libre de todas las cosas por Dios, la providencia
divina sobre el mundo, la inmortalidad de las almas, la vida eterna que ha de suceder a la presente vida temporal.
Articulo continua aqui:   Iglesia y Masonerìa (III)
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