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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO (50-99)

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Apocrifos

50. Quien no hubiere entendido lo que digo lo comprenderá gracias a cierto juego muy común. Los que juegan con nueces acostumbran colocar tres nueces sobre una superficie plana, y luego añaden una más formando una figura piramidal. Pues bien, el triángulo del suelo se extiende hasta el número 3; la nuez agregada origina el número 4 en el orden numérico, y una pirámide, un cuerpo sólido ya, en el orden de las figuras.

 

51. Además de estas propiedades no debemos olvidar lo siguiente: el 4 es el primer cuadrado entre los números, producto de iguales factores multiplicados entre sí, medida de la justicia y la equidad;17y además el único que resulta indistintamente de la suma de 2 más 2, y de la multiplicación de 2 por 2, con lo que pone de manifiesto cierta hermosísima forma de consonancia, que a ninguno de los otros números es dada. Por ejemplo, el 6 es la suma de dos 3, pero no el producto de 3 por 3, que es 9.

17Las acepciones fundamentales del adjetivo griego ísos son igual, igualmente distribuido, equitativo. De allí que Filón afirme que el 4 es la medida de la justicia y la equidad, ya que es isákis ísos = igual número de veces igual número, es decir, dos veces dos, o 2 x 2, o el cuadrado de 2.

 

52. A muchas otras propiedades está vinculado también el 4, las que con mayor detenimiento habrán de ser expuestas en un trabajo especial sobre el mismo. Basta aquí con añadir lo siguiente: el 4 es el punto de partida de la creación del cielo y del mundo todo. En efecto, del número 4, como de una fuente, manaron los cuatro elementos con los que fue construido el universo. De él proceden además las cuatro estaciones del año, causas del nacimiento de los animales y las plantas, ya que el año ha sido dividido en cuatro partes: invierno, primavera, verano y otoño.

 

53. XVII. Pues bien, como dicho número ha sido considerado digno de tan gran preeminencia en la naturaleza, el Hacedor, como no podía ser de otro modo, llevó a cabo el ordenamiento del cielo en el cuarto día, y lo embelleció con el más hermoso y de más Divina forma entre los adornos: con los astros, portadores de claridad. Además, sabiendo que la luz es la mejor de todas las cosas, la convirtió en el instrumento del mejor de los sentidos, la vista; porque lo que la inteligencia es en el alma, lo es el ojo en el cuerpo. Tanto aquélla como éste ven: la inteligencia, las cosas aprehensibles por vía intelectual; el ojo, las sensibles. Y en tanto que la inteligencia ha menester de la ciencia para la aprehensión de las cosas incorpóreas, el ojo necesita dela luz para la visión de lo corpóreo.

 

54. La luz ha procurado a los hombres, aparte de muchos otros bienes, sobre todo el bien mayor, que es la filosofía. En efecto, conducida por la luz hacia las alturas, la vista contempla en ellas la naturaleza de los astros, su armonioso movimiento, las bien ordenadas órbitas de las estrellas fijas y de las errantes, las primeras recorriendo órbitas idénticas e invariables, las segundas circulando con revoluciones dobles, desiguales y opuestas; y las armoniosas danzas de todos ellos, coordinadas de acuerdo con las leyes de una música perfecta; y tal visión llena al alma de un gozo y placer indecible. El saborear sucesivas visiones, pues éstas se suceden unas a otras, trae aparejado un insaciable deseo de contemplaciones. Y entonces, como sucede habitualmente, el alma se pregunta intrigada cuál es la esencia de estas cosas visibles; si se trata de entes increados o comenzaron a existir en un momento dado; cuál es el mecanismo de su movimiento, y cuáles son los principios por los que cada uno de ellos se rige; problemas éstos de los que surgió la filosofía, el más acabado de los bienes incorporados a la humana existencia.

 

55. XVIII. Así pues, con la mirada fija en aquella forma ejemplar de luz intelectual, mencionada ya dentro del orden de las cosas incorpóreas, creó Dios los astros perceptibles por los sentidos, Divinas y hermosísimas imágenes, a las que colocó en el cielo, como en el más puro templo de la sustancia corpórea. Los fines que se proponía eran muchos: uno proporcionar la luz, otro que sirvieran de señales, otro fijar las estaciones del año, y por último, determinar los días, los meses y los años, los que seconvirtieron en las medidas del tiempo y originaron la naturaleza del número.

 

56. Cuánta utilidad y beneficio que proporciona cada uno de los mencionados astros se pone de manifiesto por su misma evidencia, pero para una más precisa comprensión no estará, sin duda, fuera de lugar seguir la pista de la verdad también mediante un razonamiento. Dividida la totalidad del tiempo en dos partes: el día y la noche, el Padre asignó el dominio del día al sol, como a un gran soberano; en tanto que el de la noche lo entregó a la luna y a la multitud de los restantes astros.

 

57. La magnitud del poderío y mando correspondientes al sol tiene una clarísima prueba en lo ya mencionado. Porque, siendo uno y solo, tiene asignado, como porción privada y en atención a sí mismo, el día, es decir, la mitad del total del tiempo, mientras la otra, que se conoce con el nombre de noche, correspondió a los demás astros incluida la luna. Además, cuando el sol se eleva, las figuras de tan gran número de astros no sólo empalidecen sino se tornan invisibles ante la irradiación de la claridad de aquél; y cuando el sol se pone, comienzan a mostrar todos conjuntamente sus propias cualidades.

 

58. XIX. Pero, como Él mismo 18lo ha dicho, no sólo para que esparcieran luz sobre la tierra fueron creados, sino también para que manifestaran señales de acontecimientos futuros. Efectivamente, por sus elevaciones, sus puestas, sus eclipses, o también por las épocas de sus apariciones y desapariciones o por otras variantes en sus movimientos, los hombres conjeturan lo que sobrevendrá: las buenas y malas cosechas, los nacimientos y las mortandades de animales, la claridad y nebulosidad del cielo, la calma y la violencia de los vientos, las crecidas y bajantes de los ríos, la tranquilidad y la agitación del mar, las irregularidades de las estaciones del año, así un verano frío, como un invierno cálido, o una primavera otoñal o un otoño primaveral.

18Gén. I, 14.

 

59. Ha habido quienes, por conjeturas basadas en los cambios que tenían lugar en el cielo, han preanunciado algún movimiento o conmoción terrestre y otros innumerables acontecimientos fuera de lo común, lo que prueba la suma verdad que contiene el aserto de que los astros “han sido creados para ser señales”.19Pero con el siguiente agregado: “y para los tiempos oportunos”. Por tales entendía Moisés las estaciones del año, y por cierto que con razón. Porque, ¿qué significación tiene el término “tiempo oportuno” sino la de “tiempo de buenos resultados”? Y buenos resultados son aquellos a los que conducen las estaciones anuales al llevar a la plenitud de su desarrollo todas las cosas, así las siembras y los crecimientos de los frutos como las pariciones y los crecimientos de los animales.

19Señales que marcan las divisiones del tiempo.

 

60. Los astros fueron creados además para determinar la medida de los tiempos. En efecto, los días, los meses y los años quedaron determinados por las regulares revoluciones del sol, la luna y los demás astros. Consecuencia inmediata de esto fue que se puso de manifiesto lo más útil de todo: la naturaleza del número, siendo los períodos de tiempo quienes nos la revelan. De un día, en efecto, llegamos a concebir el número uno, de dos días el dos, de tres días el tres, de un mes el treinta, de un año el número equivalente a los días contenidos en doce meses, de un tiempo ilimitado el número infinito.

 

61. Tantos y tan útiles beneficios tienden a proporcionarnos las naturalezas celestes y los movimientos de los astros. ¡Y a cuántos otros procesos naturales, desconocidos para nosotros, porque no todo está al alcance de la inteligencia de los mortales, pero que contribuyen a la conservación del universo y se cumplen en todas partes y en todos los casos según leyes y normas que Dios fijó inalterables en el universo; se extiende, diría yo, esa benéfica influencia!

 

62. XX. Ordenados convenientemente la tierra y el cielo, aquélla en el tercer día, éste en el cuarto, como se ha dicho, emprendió Dios la obra de crear, comenzando por los animales acuáticos, las especies mortales de criaturas vivientes en el quinto día, por considerar que no existe una relación más estrecha con el número 5 que la de las criaturas animales. No difieren, en efecto, las criaturas animadas de las inanimadas más que en la sensibilidad, y la sensibilidad está dividida en cinco partes: vista, oído, gusto, olfato y tacto. A cada una de ellas asignó el Hacedor un aspecto especial de la realidad material y un modo propio de captarlo, mediante el cual habría de obtener los datos sobre los objetos a su alcance. A la vista le fueron asignados los colores, al oído los sonidos, al gusto los sabores, al olfato los olores, al tacto la blandura y la dureza, el grado de calor y de frío, las suavidades y las asperezas.

 

63. Ordenó, pues, que se formase toda suerte de especies de peces y monstruos acuáticos, diferentes entre sí por los lugares de vida, los tamaños y las características, ya que para distintos mares se formaron distintas especies, aunque también las mismas correspondieron a veces a distintos mares. Mas no en todas partes se formaron todas, y sus razones hubo, ya que a algunas especies les placen las aguas de escasa altura, y de ningún modo el mar profundo, en tanto que otras prefieren los puertos y las radas, no pudiendo ni arrastrarse sobre la tierra ni nadar mar adentro, y otras, habituadas a vivir en las profundidades del mar, rehuyen la proximidad de los salientes cabos, de las islas y de las rocas. Otras se hallan a sus anchas en las aguas calmas y tranquilas, mientras otras se complacen en la violencia de las olas agitadas, como que, ejercitadas por los incesantes embates de éstas y embistiendo con fuerza contra su torrente, son más vigorosas y adquieren un desarrollo mayor. Acto seguido produjo también las distintas especies de aves, por tratarse de especies hermanas de las que viven en el agua, como que unas y otras son nadadoras; sin dejar incompleta ninguna clase de las criaturas que atraviesan el aire.

 

64. XXI. Una vez que el agua y el aire hubieron recibido, a manera de patrimonio propio, las especies de animales convenientes, llamó Dios una vez más a la tierra para que produjera la porción que había sido omitida, pues cuando creó los vegetales habían quedado postergados los animales terrestres; y dijo: “Produzca la tierra rebaños, bestias salvajes y reptiles, según cada especie” (Gén. I, 24). Al instante la tierra engendró las especies ordenadas, diferentes en la conformación, las fuerzas y la capacidad para dañar o beneficiar existentes en cada una.

 

65. En último término creó al hombre. De qué manera, lo diré un poco más adelante. Antes he de destacar la suma belleza del orden de sucesión con que procedió a concretar la creación de las criaturas animadas. De la vida animada, en efecto, la menos elaborada y de inferior configuración ha sido asignada al género de los peces; la más cuidadosamente forjada y superior en todos los aspectos, al género humano; la intermedia entre ambas, al de los animales terrestres y al de los voladores. Así, éstos tienen una capacidad de percepción sensorial más desarrollada que los peces pero menos aguda que los hombres.

 

66. Por tales razones de los seres animados creó primero Dios a los peces, más afines a la naturaleza puramente corpórea que a la anímica, en cierto modo animales y no animales, entes inanimados dotados de movimiento, a los que fue infundido el elemento espiritual con el solo objeto de la conservación de sus cuerpos, tal como dicen que se echan las sales a las carnes a fin de que no se pudran fácilmente. Después de los peces creó las aves y los animales terrestres. Éstosson ya de sensibilidad más desarrollada y ponen de manifiesto en su constitución orgánica las cualidades propias de lo anímico más claramente. Y como coronación de todo creó, según se ha dicho, al hombre, a quien dotó de una inteligencia eminente, alma del alma, como la pupila en el ojo; que también de ésta los que investigan más a fondo la naturaleza de las cosas dicen que es el ojo del ojo.

 

67. XXII. En aquel tiempo todas las cosas se constituían simultáneamente, es verdad. Pero, aunque todas se constituían a la vez, como en adelante la llegada de los seres animados a la existencia tendría lugar procediendo unos de otros, el orden de sucesión aparece necesariamente descrito en la narración. En lo que toca a las criaturas particulares el orden es el siguiente: su naturaleza comienza por lo más bajo de todo, y termina en lo más elevado. Hemos de demostrar qué quiere decir esto. El semen resulta ser el punto de partida de la generación de los seres animados. Salta a la vista que se trata de algo de calidad sumamente baja, parecido a la espuma. Pero, una vez que ha sido depositado en la matriz, se solidifica, y acto seguido, habiendo adquirido movimiento, se torna hacia su naturaleza.20Ésta es superior al semen, por cuanto en los seres creados el movimiento es superior a la inmovilidad. Como un artífice, o para decirlo con más precisión, con un arte irreprochable, ella plasma al ser animado distribuyendo la sustancia húmeda en los miembros y partes del cuerpo, y la aérea 21las facultades del alma, tanto en la de nutrición como en la de la aprehensión sensible. En cuanto a la facultad de razonar, hemos de diferir por ahora el ocuparnos de ella, teniendo en cuenta que hay quienes aseguran que la misma procede de fuera, siendo Divina y eterna.

20Vale decir, hacia su natural desarrollo como ser animado.

21Sustancia aérea o sustancia espiritual (pneûma).

 

68. La naturaleza animada se origina, pues, en algo tan vil como el semen, y acaba en lo más excelso: la formación del animal y del hombre. Y por cierto que esto mismo ocurrió también en ocasión de la creación del universo. Cuando el Creador decidió formar criaturas animadas, fueron los peces, o sea, los más ruines, por así decir, los primeros en el orden; en tanto que los últimos fueron los mejores, es decir, los hombres; y entre ambos extremos, los restantes, vale decir, los animales terrestres y aéreos, superiores a los primeros, e inferiores a los otros.

 

69. XXIII. Como se ha señalado ya, Moisés dice que después de todas las otras criaturas fue creado el hombre a imagen y semejanza de Dios.22Y lo dice con toda razón ya que ninguna criatura terrestre es más semejante a Dios que el hombre. Nadie, empero, imagine que la semejanza reside en las características corporales. Ni Dios tiene forma humana, ni el cuerpo humano se asemeja a Dios. El término “imagen” se aplica aquí a la parte rectora del alma, la inteligencia. Y efectivamente, la inteligencia de cada una de las criaturas que sucesivamente han llegado a existir ha sido conformada a imagen de una única inteligencia, aquella Inteligencia del universo, que es como un arquetipo, siendo, en cierto modo, un dios para aquel que la lleva y guarda reverentemente en su espíritu; porque, evidentemente, la inteligencia humana ocupa en el hombre la misma posición que el Gran Soberano ocupa en el mundo todo. Es, en efecto, invisible, mas ella lo ve todo; y siendo imposible de percibir su sustancia, ella aprehende las sustancias de todas las demás cosas. Además, mientras por obra de las artes y las ciencias abre caminos en todas direcciones, anchurosas vías todos ellos, marcha a través de la tierra y el mar investigando la naturaleza de cada una de las cosas.

22Gén. I, 26.

 

70. Y en una segunda etapa, después de remontarse como alada criatura y de contemplar el aire y sus cambios, se eleva más aún, hacia el éter 23y las circulares vías del cielo; y tras deambular mezclada en las danzas que cumplen los planetas y las estrellas fijas según los modos de la música perfecta, siguiendo al amor por la sabiduría que guía sus pasos, dejando atrás toda la sustancia aprehensible por los sentidos, se lanza desde allí en procura de la aprehensible por la inteligencia. Y al contemplar en aquella región las incomparables bellezas que son los modelos y formas ejemplares de las cosas sensibles que había visto aquí, presa de una sobria embriaguez, como los que experimentan el delirio de los Coribantes,24siéntese inspirada; y llena de un ansia distinta y de un deseo superior, por el que es conducida hacia la alta esfera de las cosas aprehensibles por la inteligencia, cree ir al encuentro del mismo Gran Rey.

23Región superior al aire según la cosmografía de los antiguos.

24Sacerdotes de la diosa Rea (Cibeles), que se entregaban al frenesí de desenfrenadas danzas rituales al son de embriagadora música, remedando al cortejo de los míticos servidores que se suponía acompañaban a la diosa frigia por montes cubiertos de bosques durante las noches a la luz de las antorchas que ellos portaban. Nephálios = sobrio, es un tecnicismo ritual que alude a las libaciones sin vino, solo con agua, leche y miel en honor de las Musas, las Ninfas y las Euménides.

 

71. Mas, cuando vivamente desea contemplarlo, puros e inmaculados rayos de compacta claridad se derraman como un torrente, de suerte que la mirada de la inteligencia es encandilada por los resplandores. Como no toda imagen corresponde a su modelo y arquetipo, siendo muchas de ellas diferentes, Moisés completa el sentido de la expresión “según la imagen” añadiendo “y semejanza”, para recalcar que se trata de una prolija reproducción de nítida impresión.

 

72. XXIV. No estaría desacertado quien se plantease la pregunta de por qué razón atribuye Moisés la creación del hombre no a un solo Creador como en el caso de las demás criaturas, sino a un mayor número, según parece desprenderse del texto. Presenta, efectivamente, al Padre del universo expresándose de esta manera: "Hagamos al hombre según nuestra imagen y semejanza." (Gén. I, 26.) 25Por ventura, entonces, diría yo, Aquél al que todas las cosas están sujetas, ¿tiene necesidad de otro alguno? Si cuando creaba el cielo, la tierra y el mar no tuvo necesidad de nadie que cooperara con Él, ¿no habría de ser capaz, sin la colaboración de otros, de crear por Sí mismo, Él personalmente, a una criatura tan débil y perecedera como el hombre? La verdad plena sobre la causa de ello por fuerza sólo Dios la sabe, pero la que parece por verosímil ser una conjetura digna de fe y razonable no hemos de omitir mencionarla.

25Obsérvense los plurales "hagamos" y "nuestra" (pluralidad de poseedores), que dan pie a la deducción de Filón.

 

73. Es la siguiente: de los demás seres creados unos no tienen parte ni en la virtud ni en el vicio, como ocurre con los vegetales y los animales irracionales, ya que los primeros carecen de vida animada y se desenvuelven regidos por una naturaleza incapaz de percibir sensorialmente; los segundos porque han sido privados de inteligencia y razón, y la inteligencia y la razón son como la residencia de la virtud y del vicio, a los que la naturaleza ha hecho para habitar en ellas. Otros, a su vez, participan sólo de la virtud, permaneciendo libres de todo vicio: tales los astros. Se dice, en efecto, que éstos no sólo son criaturas animadas sino criaturas animadas inteligentes; o más bien, que cada uno de ellos constituye de por sí una inteligencia, totalmente recta en todos los aspectos y al abrigo de todo mal. Otros son de naturaleza mixta, como el ser humano, que admite las condiciones opuestas: sabiduría e insensatez, prudencia e incontinencia, valentía y cobardía, justicia e injusticia, y, resumiendo, cosas buenas y malas, nobles y ruines, virtud y vicio.

 

74. Pues bien, en razón del parentesco de las criaturas excelentes con Dios, Padre del universo, muy propio de Él era el crearlas. En cuanto a las indiferentes, no le era ajeno el hacerlo, por cuanto también éstas se hallan exentas del vicio, que es Su enemigo; pero crear las de naturaleza mixta era propio de Él en determinado aspecto, en otro no. Le era propio por cuanto en su composición está contenido un principio superior; pero ajeno a causa del principio contrario e inferior.

 

75. Ésta es la causa por la que sólo en el caso de la creación del hombre Dios, según afirma Moisés, dijo "hagamos", plural que revela la coparticipación de otros como colaboradores. El objeto fue que, cuando el hombre obrara rectamente, con irreprochables designios y acciones, Dios, el Soberano del universo, fuera reconocido como el origen de ellos; y en los casos contrarios la responsabilidad fuera atribuida a otros del número de Sus subordinados; ya que no era posible que el Padre fuera causa de mal para Sus hijos, y el vicio y los actos viciosos son un mal.

 

76. Después de haber llamado “hombre” al género, muy acertadamente distingue Moisés sus especies diciendo que había sido creado “masculino y femenino”, no obstante que aún no habían adquirido forma sus miembros particulares.26Es que las especies más inmediatas al género existen desde el comienzo en él, y se muestran claramente, como en un espejo, a aquellos que poseen agudeza de visión.

26La aclaración de Filón viene a propósito de que el párrafo bíblico dice textualmente: “Y creó Dios al hombre según Su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó.” Filón sostiene que esta creación no es la del primer hombre y la primera mujer individuales, mortales, con cuerpo y alma, cuya creación tendrá lugar más tarde; sino de la forma ejemplar, género o arquetipo de orden intelectual de la raza humana, en el que las especies, es decir, los varones y las mujeres estaban potencialmente determinados o contenidos para que posteriormente se concretaran en los hombres y mujeres individuales. Ver 134 y ss.

 

77. XXV. Bien puede ser que alguien pregunte por qué motivo fue el hombre el último en la creación del mundo. El Hacedor y Padre, en efecto, como lo señalan las sagradas escrituras, lo creó después que a todas las otras criaturas. Pues bien, los que más han profundizado en la interpretación de las leyes de Moisés y han examinado con el máximo de minuciosidad su contenido, dicen que Dios, después de hacer al hombre partícipe del parentesco con Él mismo consistente en el uso de la razón, lo cual constituía el mejor de los dones, no quiso rehusarle la participación en los demás; y por tratarse del más afín a Él y más amado de los seres animados, puso a su alcance anticipadamente todas las cosas del mundo, deseoso de que al llegar a la existencia no careciera de cosa alguna de las que permiten vivir, y vivir bien. Para vivir le proporcionan lo necesario los abundantes aprovisionamientos de cuanto contribuye a su provecho; para vivir bien, la contemplación de las criaturas celestes, conmovido por la cual, la inteligencia concibe un amor y deseo ardiente de conocerlas. A partir de él floreció la filosofía, por la cual el hombre, aunque es mortal, es convertido en inmortal.

 

78. Tal pues, como los que ofrecen un banquete no invitan a pasar a comer hasta que están preparadas todas las cosas para el festín, y los organizadores de los certámenes atléticos y espectáculos teatrales antes de congregar a los espectadores en los teatros y estadios tienen preparada una multitud de competidores y de intérpretes de espectáculos y conciertos; de la misma manera el Soberano del universo, como si fuera un organizador de certámenes o un anfitrión, a punto ya de llamar al hombre a gozar de un festín y un espectáculo, tuvo prestadas previamente las cosas necesarias para uno y otro género de goces, a fin de que, apenas hubiese el hombre entrado en el mundo, hallase un sacratísimo banquete y espectáculo, un banquete plenamente provisto de todo cuanto proporcionan la tierra, los ríos, los mares y el aire para uso y disfrute; y un espectáculo pleno de toda suerte de visiones que abarcan las más sorprendentes sustancias, las más asombrosas cualidades, los más admirables movimientos y danzas en formaciones armoniosamente dispuestas, según numéricas proporciones y con acordes revoluciones, tales que no andaría errado quien afirmara que en todas ellas se encuentra la música arquetipo, verdadera y ejemplar, de la cual los hombres de los posteriores tiempos, después de trazar en sus almas esas imágenes, brindaron a la vida humana la más trascendental y provechosa de las artes.

 

79. XXVI. Ésta es, al parecer, la primera causa por la que el hombre fue creado en último término. Pero debemos mencionar una segunda, que no carece de verosimilitud. El motivo por el que tuvo el hombre a su disposición todas las provisiones para la vida en el mismo instante de llegar por primera vez a la existencia fue instruir a las futuras generaciones, pues fue casi como si la naturaleza proclamase abiertamente y a gritos que, al igual que el fundador del género humano, éstas habrían de vivir sin trabajo ni preocupación en medio de la más pródiga abundancia de todas las cosas necesarias; cosa que hubiera ocurrido, si no se hubieran enseñoreado del alma las irracionales pasiones, alzando contra ella el muro de la glotonería y el libertinaje; si las apetencias de gloria, riqueza y poder no le hubieran arrebatado el control de su vida; si las penas no hubieran abatido y torcido su entendimiento; si el temor, funesto consejero, no hubiese echado por tierra sus impulsos hacia las virtuosas acciones; y si no la hubieran asaltado la insensatez, la cobardía, la injusticia y la incontable multitud de los restantes vicios.

 

80. Porque en la actualidad, cuando prevalecen todos los mencionados vicios y los hombres se hallan entregados a las pasiones y a los incontrolados y reprochables impulsos que no es lícito mencionar siquiera, les ha salido al encuentro el merecido castigo, sanción por sus impías costumbres. Y este castigo consiste en la dificultad para obtener las cosas necesarias. Y así, arando trabajosamente la tierra llana e irrigándola con las corrientes de fuentes y ríos, sembrando y plantando, y soportando día y noche a lo largo del año la fatiga de los trabajos de la tierra, se procuran las provisiones necesarias, aunque a veces de calidad ínfima y en cantidad no suficiente del todo. Daño que les sobreviene por muchas causas; o bien porque los torrentes de sucesivas lluvias arrasan los cultivos; o bien porque el peso del granizo se precipita en masa sobre ellos y los arrasan; o bien porque la nieve los hiela; o bien porque la violencia de los vientos los arranca de raíz, pues son muchas las maneras como el agua y el aire convierten la producción de frutos en esterilidad.

 

81. En cambio, si los desmedidos impulsos de las pasiones fueran apaciguados por la prudencia; y las tendencias a delinquir y las ambiciones lo fueran por la justicia; y, para decirlo en pocas palabras, si los vicios y sus infructuosas prácticas cedieran ante las virtudes y las virtuosas acciones; eliminada la guerra del interior del alma, que es verdaderamente la más terrible y penosa de las guerras; prevaleciendo la paz íntima, y brindando ella, con calmos y suaves modos, un bien reglado orden a las facultades de nuestro ser, habría esperanza de que Dios, como amante que es de la virtud, de la rectitud, y además del hombre, procurara a la especie humana los bienes sin necesidad de producirlos y al alcance de su mano; que, evidentemente, sería más fácil para Él aún proporcionar abundantemente, sin necesidad del trabajo agrícola, el producto de criaturas ya existentes, que el traer a la existencia aquellas que no existen.27

27Es decir si fue capaz de crear a partir de lo no existente,¿cómo no lo será, con más razón aún, de hacer que lo ya existente produzca sus frutos espontáneamente, sin necesidad de cultivo?

 

82. XXVII. Baste con lo expuesto en lo que toca a esta segunda causa. Una tercera es la siguiente. Habiendo discurrido Dios establecer una vinculación de íntima y amistosísima armonía entre el principio y el fin de las cosas creadas, hizo que el principio fuera el cielo, y el fin el hombre; el más perfecto el primero entre los seres incorruptibles aprehensibles por los sentidos; el de mayor jerarquía el otro entre los nacidos de la tierra y perecederos, al que con acierto podríamos calificar de cielo en miniatura, que lleva en su propio ser cual sagradas imágenes muchas naturalezas semejantes a los astros, gracias a las artes, las ciencias y a las loables máximas relativas a cada una de las virtudes. Y así, puesto que lo corruptible y lo incorruptible son contrarios entre sí por naturaleza, Dios asignó al principio y al fin lo de mayor jerarquía en uno y otro orden: el cielo, como se dijo, al principio, y el hombre al fin.

 

83. XXVIII. Finalmente, se menciona también como explicación una convincente razón, que es la siguiente. Era preciso que el hombre fuera creado en último término, cuando estaban ya creadas todas las cosas, para que apareciendo imprevistamente a último momento ante las demás criaturas animadas, produjese admiración en ellas, por cuanto éstas, al verlo por primera vez, habrían de quedar pasmadas y de rendirle homenaje como a un natural soberano y señor. Resultado de ello fue que todos los animales, al contemplarlo, se tornaron mansos en todas sus especies, y cuantos eran más salvajes por sus naturalezas no bien lo contemplaron por primera vez al punto se convirtieron en los más dóciles, dando muestras de sus implacables furias unos contra otros y comportándose, en cambio, mansamente solo con el hombre.

 

84. Ésta fue, además, la causa por la que el Padre, al crearlo como criatura animada naturalmente capacitada para gobernar, lo estableció como rey de todas las criaturas sublunares: terrestres, acuáticas y aéreas, no sólo de hecho sino por elección expresa. Y efectivamente, cuantas criaturas mortales existen en los tres elementos: tierra, agua y aire, todas están subordinadas a él, excluidas las del cielo, por cuanto a éstas les ha correspondido una porción más cercana a Dios. La más clara prueba de esa soberanía la proporcionan los hechos que suceden ante nuestra vista. A veces innumerables multitudes de animales son conducidos por un solo hombre común, sin armas ni hierro ni otro medio alguno de defensa, sin más abrigo que una piel, y con sólo un bastón para señalarles el camino y apoyarse durante las marchas cada vez que se siente cansado.

 

85. Por ejemplo, un pastor, un cabrerizo o un boyero conducen inmensos hatos de ovejas, cabras y bueyes. Y no se trata de hombres de cuerpo robusto o fornido, como para que a causa precisamente de su corpulencia y vigor corporales provoquen abatimiento en quienes los ven. Y tan grandes vigores y poderes de tantos bien pertrechados animales; que, en verdad, poseen los medios de que los dotó la naturaleza para su defensa; se doblegan ante él, como esclavos ante un amo, y hacen lo que les va ordenando. Los toros son atados bajo el yugo para arar la tierra, y abriendo profundos surcos durante todo el día, y a veces también de noche, recorren su largo itinerario guiados por algún labrador. Carneros agobiados bajo el peso de las espesas lanas cuando al llegar la estación primaveral se cubren de vellones, se colocan pacíficamente a una orden del pastor, y echados en tierra se dejan trasquilar sin alterarse, acostumbrados, como están, a entregar su lana, como las ciudades el tributo anual, a su natural soberano.

 

86. Y hasta el caballo, el más irritable de los animales, fácilmente es controlado por el freno, de modo que no se encabrite y rebele. Y ahuecando su lomo a modo de muy cómodo asiento recibe al jinete y conduciéndolo en lo alto corre con rapidez suma presuroso por llegar y conducir a su amo a los lugares a los que éste tiene prisa por ir. Y el jinete, sentado sobre él sin molestias y con mucho reposo, cumple su itinerario empleando el cuerpo y los pies de otro.

 

87. XXIX. Muchas otras cosas podría decir quien deseara extenderse en la demostración de que ninguna criatura se emancipa y queda libre de la autoridad del hombre; pero con lo dicho basta para ponerla de manifiesto. Con todo, es preciso no pasar por alto lo siguiente: el hecho de haber sido el hombre creado en último término no involucra una inferioridad acorde con su lugar en el orden de sucesión.

 

88. Lo atestiguan los conductores de carros y los pilotos. Los primeros, marchando después de las bestias y ocupando su puesto detrás de ellas, las conducen por donde quieren teniéndolas sujetas de las riendas; lanzándolas unas veces en rápida carrera, y reteniéndolas otras, si corren con mayor velocidad que la necesaria. Los pilotos, por su parte, no obstante estar situados en la parte trasera de la nave, en la popa, son, por así decir, los de mayor jerarquía entre los que navegan, como que tienen en sus manos la seguridad de la embarcación y de los que viajan en ella. Pues bien, el Hacedor creó al hombre después de todas las cosas para que manejase las riendas y el timón de todos los seres que hay sobre la tierra, tomando a su cargo el cuidado de los animales y las plantas, como un gobernador dependiente del supremo y gran Rey.

 

89. XXX. Una vez que el mundo hubo sido concluido de conformidad con las propiedades del seis, número perfecto, el Padre honró al siguiente día, el séptimo, exaltándolo y declarándolo, santo. Se trata, en efecto, de la fiesta, no de una sola ciudad o de un solo país, sino del universo, la única a la que cabe denominar con toda propiedad fiesta de todo el pueblo y natalicio del mundo.

 

90. Dudo yo que alguien pueda celebrar dignamente la naturaleza del número 7, pues es superior a cuanto se pueda decir. Mas no, porque sea más admirable que cuanto se diga sobre ella, hemos por eso de callamos al respecto; y habremos de atrevemos a mostrar, ya que no es posible todos ni los más esenciales aspectos, al menos aquellos que están al alcance de nuestros entendimientos.

 

91. El término siete se emplea con dos sentidos diferentes.28 Hay un 7 comprendido dentro del 10, compuesto de siete unidades y determinado por la septuplicación de la unidad. Pero hay otro fuera del 10. Se trata de un número cuyo punto de partida es siempre la unidad y se forma por duplicación, triplicación o, en general, multiplicación en regular progresión, como, por ejemplo, el 64, que es el producto de duplicar a partir de la unidad; y el 729, que lo es de triplicar.29Cada una de estas formas del 7 ha de ser examinada con detenimiento.

28Como cardinal, igual a siete unidades, y como ordinal o séptimo.

29Se trata del séptimo término de las progresiones geométricas que tienen por punto de partida la unidad. En los ejemplos dados: 1 x 2 = 2; 2 x 2 = 4; 4 x 2 = 8; 8 x 2 = 16; 16 x 2 = 32; 32 x 2 = 64. Y 1 x 3 = 3; 3 x 3 = 9; 9 x 3 = 27; 27 x 3 = 81; 81 x 3 = 243; 243 x 3 = 729.

 

92. La segunda posee una muy manifiesta superioridad. En efecto, siempre el séptimo término de una progresión geométrica regular de razón 2, 3 u otro número cualquiera, si su punto de partida es la unidad, resulta a la vez cubo y cuadrado, abarcando así ambas especies de sustancias: la incorpórea y la corpórea; la incorpórea, que corresponde a la superficie, determinada por cuadrados; y la corpórea, que corresponde a lo sólido y está determinada por cubos.

 

93. Una clarísima prueba son los números ya mencionados. Por ejemplo, el que resulta de duplicar siete veces a partir de la unidad, es decir, el 64 es un cuadrado, producto de 8 por 8; y además un cubo, producto de 4 por 4 por 4. Por su parte, el que resulta de triplicar siete veces a partir de la unidad, o sea, el 729 es un cuadrado, producto de multiplicar 27 por sí mismo; y un cubo, pues resulta de multiplicar 9 por 9 por 9.

 

94. Además, si en vez de la unidad se toma como punto de partida el séptimo término, se hallará con seguridad que siempre el producto es cubo y cuadrado a la vez. Así, por ejemplo, tomando como punto de partida el 64 y formando la progresión geométrica de razón 2, se obtendrá un séptimo término, que es el 4096, cuadrado y cubo a la vez, cuadrado que tiene por lado a 64, y cubo con 16 por arista.30

30 64 x 2 = 128; 128 x 2 = 256; 256 x 2 = 512; 512 x 2 = 1024; 1024 x 2 = 2048; 2048 x 2 = 4096; y 16 x 16 = 96; 96 x 16 = 4096.

 

95. XXXI. Hemos de pasar a considerar también la otra especie de 7, la contenida dentro del 10, que presenta propiedades admirables y no inferiores a las de la primera especie. Por ejemplo, 7 es la suma de 1 más 2 más 4, números que contienen dos relaciones musicales de máxima armonía: la doble y cuádruple; de las que la primera produce la armonía del diapasón, y la cuádruple la del doble diapasón. Admite además el 7 otras divisiones, reunidas en pares como animales bajo el yugo. Se divide en primer lugar en 1 y 6, luego en 2 y 5, y finalmente en 3 y 4.

 

96. Musical en sumo grado es también la proporción de estos números. En efecto, la relación 6/1 es una proporción séxtuple, proporción que produce la mayor distancia musical que existe, y que es la que separa el sonido más agudo del más grave, como demostraremos cuando de los números pasemos a la proporción en las armonías. Que la proporción 5/2 manifiesta una inmensa potencia en lo que hace a la armonía, comparable casi a la del diapasón, es cosa que está muy claramente establecida en la teoría musical. Por su parte, la proporción 4/3 produce la primera armonía, es decir, la epítrita o del intervalo de cuarta.

 

97. XXXII. Pone además de manifiesto e17 otra belleza propia de él, muy sagrado asunto para la reflexión. Siendo, en efecto, la suma de 3 más 4, presenta lo que en las cosas existentes es estable y recto por naturaleza. Hemos de mostrar de qué manera. El triángulo rectángulo, que es el punto de partida de las cualidades,31está constituido por números: el 3, el 4 y el 5. El 3 y el 4, que son constituyentes del 7, producen el ángulo recto. Porque, mientras los ángulos obtuso y agudo evidencian la irregularidad, el desorden y la desigualdad, ya que unos resultan ser más obtusos o agudos que otros, el recto, en cambio, no admite comparación, ni puede ser más recto que otro, sino permanece siempre idéntico, sin cambiar jamás su propia naturaleza. Ahora bien, si el triángulo rectángulo es el punto de partida de las figuras y de las cualidades, y, por otra parte, lo esencial de este triángulo, es decir, el ángulo recto, está proporcionado por los números que constituyen al 7, o sea, el 3 y el 4 juntamente, con razón puede el 7 ser considerado la fuente de toda figura y de toda cualidad.

31Es decir, punto de partida de las figuras con formas definidas. Ver Platón, Timeo53 c.

 

98. XXXIII. A lo ya expuesto podría agregarse lo siguiente: que el 3 es el número correspondiente a la superficie, ya que el punto se clasifica en la categoría del 1, la línea en la del 2 y la superficie en la del 3; y el 4 corresponde a lo sólido por la adición de la unidad, es decir, agregando la profundidad a la superficie. Es por ello evidente que la naturaleza del 7 es el punto de partida de la geometría plana y de la sólida, y, para decirlo en pocas palabras, de las cosas incorpóreas y corpóreas conjuntamente.

 

99. Tal grado de sagrada dignidad se encierra en la naturaleza del 7, que en él se da una relación que ninguno de los demás números de la década posee. De éstos, en efecto, unos son factores sin ser a su vez divisibles; otros son divisibles y no son factores; otros, en fin, son ambas cosas: factores y múltiplos. Sólo el 7 no se observa en ninguna de estas categorías. Hemos de confirmar esta afirmación mediante una demostración. El 1 es factor de todos los otros números subsiguientes, en tanto que no es producto de ningún otro absolutamente. El 8 es producto de 4 por 2 pero no es factor de ningún otro número de la década. El 4, en cambio, pertenece a ambos órdenes: a los factores y a los múltiplos: duplicado da 8, y es divisible por 2 a la vez.

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