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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

FILÓN. SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO (100-172)

Publicado en 12 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Apocrifos

150. Y así fue: Adán, siendo todavía pura la naturaleza racional que acababa de instalarse en su alma, y no habiéndose adentrado en su ser ni debilidad ni enfermedad ni pasión alguna, recibió de manera sumamente clara las imágenes de los cuerpos y de los hechos, y escogió las denominaciones exactas adecuándolas con sumo acierto a las cosas dadas a conocer por ellas, de tal modo que, al mismo tiempo que se las nombraba, se ponía de manifiesto la naturaleza de las mismas. A tal punto sobresalía el primer hombre en todas altas cualidades, alcanzando el límite mismo de la humana felicidad.

 

151. LIII. Mas, como ninguna de las cosas creadas es estable, y los seres mortales están sujetos fatalmente a transformaciones y cambios, era preciso que también el primer hombre experimentara alguna desventura. Y una mujer se convirtió para él en el principio de la vida reprochable. En efecto, mientras estaba solo, se asemejaba en virtud de su soledad, al mundo y a Dios, y recibía en su alma las impresiones de la naturaleza de uno y Otro; no todas, pero sí todas aquellas que su constitución mortal era capaz de recibir. Pero, una vez que hubo sido modelada la mujer, al contemplar una figura hermana de la suya, una forma de su misma estirpe, se alegró ante la visión, y aproximándose a ella la saludó con afecto.

 

152. Ella, no viendo otro ser viviente más parecido a sí misma que aquél, se alegra y devuelve el saludo con actitud modesta. Y sobreviene el amor, y reuniéndolos como si se tratara de dos partes separadas de una sola criatura viviente, los une en un mismo todo, tras haber afincado en cada uno de ellos el deseo de unirse con el otro a fin de producir un ser como ellos. Mas este deseo engendró también el placer corporal, el placer que es origen de iniquidades y procederes ilegales, y a causa del cual los hombres truecan una vida inmortal y dichosa por la mortal y desdichada.

 

153. LIV. Cuando el hombre vivía aún una vida solitaria, por no haber sido formada todavía la mujer, plantó Dios, según nuestro relato, un parque en nada semejante a los familiares a nosotros.52En éstos la vegetación es inanimada, llena de árboles de todas clases, de los que unos están siempre verdes para brindar ininterrumpido placer a la vista; otros rejuvenecen y retoñan cada primavera; unos proporcionan el cultivado fruto no sólo para el necesario consumo, sino también para el goce superfluo propio de la vida regalada; mientras otros lo producen de otra especie, destinado a las bestias para satisfacer sus necesidades. En cambio, en aquel Divino parque todas las plantas estaban dotadas de alma y razón, y los frutos que producían eran las virtudes y además el conocimiento y el discernimiento infalibles, mediante los cuales se conocen lo noble y lo vergonzoso, la vida libre de enfermedades, la incorruptibilidad y todas las cosas semejantes a éstas.

52Gén. II, 9 y ss.

 

154. Más, creo que esta descripción se interpreta mejor simbólicamente que literalmente. Porque, ni hasta ese momento habían aparecido sobre la tierra árboles de vida y de ciencia, ni es verosímil que hayan aparecido posteriormente. Lo que, en cambio, quiso, al parecer, significar Moisés mediante “el parque” fue la parte rectora del alma, que está llena de innumerables opiniones, cual si fueran plantas; mediante “el árbol de la vida”, la reverencia a Dios, que es la virtud suprema; virtud por la cual alcanza el alma la inmortalidad; y mediante “el árbol del conocimiento del bien y del mal”, la prudencia, virtud intermedia, por la cual se disciernen las cosas opuestas por naturaleza.

 

155. LV. Habiendo establecido en el alma estas pautas, observaba Dios, como un juez, hacia cuál de las dos partes se inclinaría. Y cuando la vio inclinada hacia la maldad, y despreocupada de la piedad y la santidad, de las que procede la vida inmortal, la arrojó y desterró del parque, como correspondía, sin concederle ni siquiera la esperanza de un posterior retorno, ya que sus ofensas eran imposibles de reparar y remediar, siendo, además, sobremanera reprochable la excusa dada para justificar el engaño; excusa que merece una explicación.

 

156. Se dice que en los antiguos tiempos la venenosa serpiente, nacida de la tierra, emitía sonidos propios de la voz humana, y que, habiéndose aproximado cierta vez a la mujer del primer hombre, le echó en cara su irresolución y exceso de escrúpulo, ya que tardaba y no se decidía a saborear un fruto de hermosísimo aspecto y gratísimo sabor, y además sumamente provechoso, mediante el cual podría conocer el bien y el mal. Ella, irreflexivamente y con criterio inseguro y sin fundamento, consintió, comió el fruto y dio una parte al hombre. Esto al punto los cambió trocando sus inocentes y sencillas costumbres en malicia. E irritado por ello, el Padre fijó contra ellos los castigos merecidos; que bien merecía Su cólera lo hecho, puesto que, pasando de largo junto a la planta de la vida inmortal, es, decir, junto a la plena adquisición de la virtud, por la cual hubieran podido recoger el fruto de una vida prolongada y feliz, habían escogido una existencia efímera y mortal, que no merece llamarse vida sino tiempo de desventura.

 

157. LVI. Pero estos relatos no son invenciones míticas de aquellas en las que se complacen los poetas y los sofistas, sino indicaciones de signos, las cuales nos invitan a la interpretación alegórica según las explicaciones logradas mediante conjeturas. Y siguiendo una hipótesis verosímil, estaremos en lo justo si decimos que la serpiente en cuestión es un símbolo del placer. Lo es porque, en primer lugar, se trata de un animal carente de pies, echado boca abajo y caído sobre su vientre; en segundo lugar, porque consume terrones de tierra como alimento; en tercer lugar, porque lleva en sus dientes el veneno de que la naturaleza le ha provisto para matar a los mordidos por ella.

 

158. De ninguna de estas características está exento el amante de los placeres. Oprimido y agobiado, a duras penas levanta la cabeza, por cuanto su incontinencia lo doblega y derriba; y se alimenta, no del celestial manjar que ofrece la sabiduría mediante razonamientos y doctrinas a los amantes de la contemplación, sino del que produce en el curso de las estaciones del año la tierra, del que proceden la embriaguez, el refinamiento en los manjares y la glotonería, los que, haciendo estallar y encenderse los apetitos del vientre, acrecientan la gula y estimulan también la violencia de los arrebatos sexuales. Se relame, en efecto, con cuanto produce el esfuerzo de proveedores de alimentos y cocineros; y, haciendo girar su cabeza, se afana por aspirar el aroma que despiden las esencias; y, cuando advierte una mesa suntuosamente provista, deja caer toda su persona precipitándose sobre las cosas preparadas, ansioso de devorar todo a la vez. Y no es el saciar su apetito lo que persigue, sino el que no sobre nada de cuanto tiene a su disposición. De donde resulta que lleva en sus dientes el veneno no menos que la serpiente.

 

159. Éstos, en efecto, son los agentes y ministros del desenfreno, y cortan y desmenuzan todo cuanto sirve de alimento, y lo entregan en primer término a la lengua para que ésta, como juez en materia de sabores, decida; y a continuación a la faringe. Y el comer sin medida es algo mortífero y venenoso por naturaleza, puesto que, a causa del torrente de las sucesivas viandas que se presentan antes que las anteriores estén digeridas, es imposible su asimilación.

 

160. Se nos dice que la serpiente emitía voz humana, porque el placer cuenta con muchísimos campeones y defensores que tienen a su cargo su defensa y protección, los cuales se atreven a proclamar que él tiene asignada la soberanía sobre todas las cosas pequeñas y grandes, sin que nada absolutamente esté libre de ella.

 

161. LVII. Alegan que los primeros contactos del ser masculino con el femenino contienen un placer que los impulsa, y a través del cual se forjan las generaciones y nacimientos. Y que por ley natural la primera cosa que la prole persigue es el placer, gozando de él y soportando con desagrado lo opuesto, es decir, el sufrimiento. Por eso el tierno vástago, no bien nace, llora como si padeciese frío. Es que, habiendo pasado repentinamente del más cálido y ardiente de los lugares, la matriz, en la cual había habitado largo tiempo, al aire, lugar frío y desacostumbrado para él, ha sido fuertemente afectado, y se desata en llanto, señal clarísima de su dolor y de su desagrado por el sufrimiento.

 

162. Todo ser animado, dicen, se apresura tras el placer como tras su más necesario y esencial fin, y sobre todo el hombre. Porque, mientras los demás seres animados se lo procuran solamente a través del gusto y de los órganos de la reproducción, el hombre lo alcanza también a través de los demás sentidos, persiguiendo mediante la vista y el oído cuantos espectáculos y sonidos pueden procurarle deleite. Como éstos son muchísimos los otros alegatos en alabanza de esta experiencia, y sobre su estrechísima relación y parentesco con los seres animados.

 

163. LVIII. Pero ya es suficiente con lo dicho hasta aquí para explicar por qué la serpiente parecía emitir voz humana. Lo que precede explica, a mi parecer, que también en las detalladas prescripciones donde el legislador, refiriéndose a los animales, registra cuáles es preciso comer y cuáles no, apruebe muy especialmente al llamado ofiómaca,53un reptil que encima de los pies tiene patas, de las que la naturaleza lo ha dotado para saltar desde el suelo y elevarse por los aires como las langostas.

53Lev. XI, 22. El ophiomákhes = que combate a las serpientes, es una especie de saltamontes.

 

164. El ofiómaca, en efecto, no es, en mi opinión, otra cosa que la representación simbólica de la moderación, la que libra una batalla implacable, una guerra sin tregua contra la intemperancia y el placer. Ella, en efecto, acoge afablemente a la sencillez, a la temperancia y a todo cuanto es necesario para una vida austera y digna; en tanto que la intemperancia lo hace con lo superfluo y el derroche, causas para el alma y para el cuerpo de molicie y enervamiento, de los cuales resulta una vida culpable y más penosa aún que la misma muerte, a juicio de las personas sensatas.

 

165. El placer no se atreve a ofrecer sus seducciones y engaños al hombre, pero sí a la mujer, y por medio de ésta a aquél. Este procedimiento es apropiado y acertado en sumo grado. En efecto, en nuestro ser la inteligencia equivale al hombre, y la sensibilidad a la mujer; y el placer sale primeramente al encuentro de los sentidos, traba relación con ellos, y por mediación de ellos engaña también a la soberana inteligencia. Porque, cuando cada uno de los sentidos ha sido subyugado por sus atractivos, complacido con las cosas ofrecidas: la vista, con la variedad de colores y formas; el oído, con las armonías de los sonidos; el gusto, con las delicias de los sabores; y el olfato, con las gratas fragancias de los perfumes que aspira; después de recibir esos regalos, los ofrecen, a la manera de las criadillas, a la razón, como a un amo, llevando consigo para que alegue en su favor a la persuasión a fin de que aquélla no rechace nada en absoluto. La razón es al punto atrapada y se convierte de soberana en subordinada, de ama en esclava, de ciudadana en desterrada, de inmortal en mortal.

 

166. LIX. En suma, pues, no debemos olvidar que el placer, cual una cortesana o mujer lasciva, desea vivamente procurarse un amante, y busca rufianes, por cuya mediación habrá de seducirlo; y que el papel de los rufianes que le procurarán el amante está a cargo de los sentidos. Una vez que los ha seducido, tiene sin dificultad a su arbitrio a la inteligencia, pues ellos le llevan a ésta las representaciones de afuera, se las anuncian, se las muestran, e imprimen en ella las formas de cada una engendrando la pasión correspondiente, pues la inteligencia es como una cera que recibe las impresiones a través de los sentidos, gracias a los cuales aprehende las cosas corpóreas, que por sí misma no puede aprehender, según he dicho ya.

 

167. LX. Los primeros 54que se convirtieron en esclavos de una penosa e incurable pasión, al punto descubrieron cuáles son las recompensas del placer. A la mujer le sobrevinieron los violentos dolores del parto y las penas que una tras otra se suceden durante el resto de la vida, en especial las causadas por los alumbramientos de hijos y la crianza de los mismos, en las enfermedades y cuando están sanos, cuando les sonríe la fortuna y cuando les es adversa; y además la privación de la libertad, y el peso de la autoridad del hombre unido a ella en matrimonio, cuyos mandatos le es preciso acatar. Por su parte el hombre experimentó trabajos, fatigas y continuos desvelos para la obtención de las cosas necesarias; y la privación de los espontáneos bienes que la tierra había sido enseñada a producir por sí sola sin la labor del agricultor; quedando atado a ininterrumpidos esfuerzos para procurarse medios de vida y alimentos, de modo de no perecer de hambre.

54Vale decir, el primer hombre y la primera mujer.

 

168. Creo yo, en efecto, que, así como el sol y la luna emiten sus luces siempre, habiendo recibido el mandato en una única ocasión, en el instante mismo de la creación original del universo, y observan el Divino precepto no por otra razón que porque el vicio se halla desterrado lejos de los confines del cielo; de la misma manera también el pingüe y fértil suelo de la tierra produciría copiosos frutos con el correr de las estaciones del año, sin que interviniera la habilidad y colaboración de los agricultores. Pero, cuando el vicio comenzó a ser preferido a las virtudes, como actualmente, se cerraron las perennes fuentes de las gracias Divinas para que no las procuraran a quienes eran considerados indignos de ellas.

 

169. La verdad es que, si el género humano hubiera debido soportar un castigo acorde con la culpa, hubiera sido preciso que, por su ingratitud para con Dios, su benefactor y preservador, fuera aniquilado; pero, siendo Él misericordioso por naturaleza, movido a piedad, moderó la pena, permitiendo que la raza humana subsistiese; pero no ya como antes, es decir, recogiendo sus alimentos sin esfuerzo, a fin de evitar que los hombres, entregados a dos males, la indolencia y la saciedad, cometieran faltas y se ensoberbecieran.

 

170. LXI. Ésa es la vida de los que al principio se caracterizan por la inocencia y la sencillez, pero luego prefieren el vicio a la virtud. A través del relato de la creación del mundo a que nos hemos referido, además de muchas otras cosas nos enseña Moisés cinco, que son las más hermosas y excelentes de todas. En primer lugar, que la Divinidad existe y Su existencia es eterna.55Esto, a propósito de los ateos, algunos de los cuales han dudado sin decidirse en uno u otro sentido respecto de Su eterna existencia; en tanto que otros, más osados, han llevado su audacia hasta el extremo de afirmar que no existe en absoluto, y que se trata nada más que de afirmaciones provenientes de hombres que obscurecen la verdad mediante la invención de mitos.

55Es decir, previa a la existencia de todos los demás seres. Entiendo que en este sentido debe tomarse aquí el verbo hypárkhein, que también significa gobernar. Filón en este párrafo se está refiriendo a la existencia Divina, no a su poder. Renglones más abajo lo reitera empleando el sustantivo hypárxis, con neto sentido de existencia. El gobierno Divino es tratado en la quinta de las enseñanzas: la relativa a la providencia.

 

171. En segundo lugar, que Dios es uno. Esto, a causa de los que han enseñado la creencia politeísta, sin avergonzarse de trasladar desde la tierra al cielo el gobierno de la multitud (okhlocracia), es decir, el peor de los regímenes políticos. En tercer lugar, que el mundo, como ya queda dicho, ha sido creado. Esto, lo enseña teniendo presentes a aquellos que piensan que el mundo es increado y eterno, con lo que no asignan a Dios superioridad ninguna. En cuarto lugar, que también el mundo es uno solo, por cuanto uno es su Creador, quien hizo Su obra semejante a Sí mismo en cuanto a la unicidad, y empleó la totalidad de la materia para la creación del universo. Éste, en efecto, no hubiera podido ser universo 56si no hubiera sido formado y constituido de partes que eran totalidades. Existen, ciertamente, quienes suponen que hay más de uno, y otros los consideran infinitos. Se trata de ignorantes 57y profanos respecto de la verdad de las cosas que merecen conocerse. En quinto lugar, que la providencia de Dios se extiende sobre el mundo. En efecto, las leyes y normas de la naturaleza, conforme con las cuales también los padres velan por sus hijos, exigen que el Hacedor vele siempre por lo creado por Él.

56Universo o totalidad. Es imposible reproducir cabalmente el juego de palabras que el adjetivo hólos = todo permite a Filón explicar la contradicción que implicaría un universo que no fuera único y contuviera la totalidad de la materia.

57Otro juego de palabras intraducible: ápeiros expresa dos conceptos: infinito (a y peîrar = sin límite) e ignorante (a y peîra = sin experiencia).

 

172. Quien ha comenzado por aprender estas cosas tanto por haberlas oído como por haber reflexionado sobre ellas, y ha impreso en su alma concepciones admirables y dignas de sostener, a saber: que Dios existe y Su existencia es eterna; que el que realmente Eses uno; que creó el mundo; y que creó uno solo, según se ha dicho, asemejándolo a Sí mismo en cuanto a la unicidad; y que siempre vela por Su creación; ése gozará de una vida dichosa y feliz pues lleva impresas en sí las enseñanzas de la piedad y la santidad.

 

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