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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

El Uritorco y sus Leyendas

Publicado en 5 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Leyendas de Nuestros Ancestros

Cerro Uritorco 
Cuenta la leyenda, que vivía, hace muchos siglos, una tribu de los comechingones, llamada Timbres. Su cacique, pacifico pero temido por su fuerza, desposase con un india, con quien se profesaban un entrañable amor. De ellos nacieron dos niñas mellizas, y luego otros hijos que vinieron a dar más felicidad a su vida de paz y trabajo. Envidioso de tanta felicidad, un cacique de otra tribu vecina pretendió robar la esposa del Thimbu. Enterado éste, se trabó en ruda lucha; pero quiso el destino que el demonio se posase sobre el brazo del indio ladrón y diese muerte al jefe Thimbu. Lucho luego con la amante esposa para poseerla, pero ésta para no traicionar a su marido muerto, se transformó en agua y comenzó a correr entre cerros y valles. 
El cacique Thimbu, muerto, es Utiroco, y quedó tendido mirando al cielo para siempre. Observando el cerro, veremos su semejanza con el perfil de un hombre yaciente. Y su compañera transformada en agua cristalina, entre cerro y quebradas, es el Río Calabalumba. Las hijas mellizas de este fiel matrimonio son Las Gemelas que nunca se alejaron de sus padres muertos. Uritorco, transformado en el actual cerro, siguió protegiendo a su pueblo; y a la verdad que su mole granítica, protege a la zona de tempestades y ventiscas. Calabalumba sirvió para refresco y alegría de su tribu, que siguió viviendo en sus riberas. Todo el Uritorco derrama sus aguas en él; tempestuoso en épocas de lluvias, oradó la piedra formando cavernas y refugios para su gente y, manso en épocas de sequía, trajo fecundidad para sus cultivos. 
Dicen los turistas que en él se bañan, que notan que sus aguas acarician y producen una sensación de infinita paz. 

Cerro Uritorco 2 
Nos cuenta que viril Cerro fue un joven indio enamorado de la bella hija de un hechicero, que se convirtió en una satánica figura para perseguir el amor maldecido de Uritorco y Calabalumba. 
Huyeron, fugitivos y acosados por el negro demonio de muerte, hasta que alcanzados por el Uturunco, se transformaron ambos… El, en el magnifico Cerro y Ella, en ese río de lagrimas que brota de su pecho de piedra. Pero el hechizo de ese amor perduró en conjuro para siempre. Por eso es que, el que contempla el Cerro queda embuido de ese halito de amor que irradia, hermoso y raro, sus camaleónicas tonalidades embriagan los sentidos y mareados de sensaciones, solo deseamos su presencia eterna en nuestra retina y el nunca acabar de mirarlo. Los que nacimos bajo la protección de su magnética influencia o aquellos que como turistas se plantaron asombrados por primera vez a la vista de su secular figura pétrea, jamás retrotraerse a su atracción que emana bienestar. Al Uritorco lo serpentea un camino que posibilita una vibrante emoción sobre los precipicios. 

El Comienzo 
Antes de la conquista de América, que concluyó con la muerte de casi todos los aborígenes y el robo de sus pertenencias, el Cerro Uritorco era considerado sagrado por los indígenas de la época. 
La tradición oral que llega a nosotros a través de las creencias populares de los ancianos lugareños, nos dice que estas tribus contemplaban extasiados las luces o entidades cósmicas que surcaban los cielos, atribuyendo ente fenómeno a los espíritus de los muertos milenarios que emergían de sus tumbas, cuanto mas grande era la luz, mayor energía demostraba tener el espíritu visitante. Los grupos aborígenes consideraron al Cerro Uritorco un centro de convocatoria energético y religioso donde se tuvieron lugar los rituales de acuerdo a sus calendarios, como la mayoría de las civilizaciones indígenas de todo el continente Americano. En cuanto a los indígenas de la zona, en este punto destacamos que realizaban bailes tomados de las manos y entonaban cantos llamados mantras (cantos especiales para llamar a entidades astrales). 
De acuerdo a estudios de expertos se puede determinar que los morteros que están en diferentes zonas cercanas al Uritorco, fabricados por los indígenas, eran empleados en rituales mágicos y sagrados, y con el uso de estos pozos en las piedras podían ver diferentes constelaciones, se ha determinado que en la parte inferior de los morteros estaba representado el cosmos con sus campos de fuerza. 
De acuerdo a la historia narrativa es posible afirmar que los indígenas de esas zonas podían ver hombres que caminaban, algunos sin tocar el suelo, por las sierras y desaparecer de forma imprevista, seres que tal vez venían de la profundidad del planeta o de planetas vecinos, es mas aceptada la versión que estos entes divinos provenían del interior de la tierra, tal vez desde una población intraterrena llamada ERKS. 

Ciudad de Erks. “El Misterio de la Ciudad Oculta” 
Los estudiosos del tema opinan que no todos los seres humanos comunes tenemos la suficiente capacidad para VER lo que esta ante nuestros ojos o bajo nuestros pies, esa capacidad solamente la tienen algunos elegidos o quienes se inclinan hacia el campo de la fe, que no solamente puede mover montañas sino que quizá logre que podamos VER lo que nuestros ojos no perciben y lo que nuestros pies no pueden pisar. 

Erks puede ser vista y visitada!! 
En la sierra del Pajarillo, ladera norte del Cerro Uritorco, por la acción del tiempo se acumularon distintos sedimentos que formaron extrañas formas en sus piedras y esta razón podemos encontrar distintas figuras relacionadas a los seres humanos, tales como obeliscos y hasta la silueta difusa de una ciudad perdida. Es un conjunto de piedras color rojo y el lugar se lo conoce con el nombre de “Los Terrones”, desde ese lugar y con la experiencia necesaria para el caso, podría ser divisada en una noche clara la ciudad perdida, o la ciudad que se encuentra en otra dimensión , cuya vista esta destinada par pocos mortales. 
Cientos de personas dicen haber ingresado mental o físicamente a esta ciudad, a la que describen como enorme y espaciosa, cruzada por canales secos por donde transitan naves de luminosas y etéreas, en el centro de la ciudad se encuentra el Templo de la Esfera o de los Tres Espejos, en estos espejos, los habitantes de Erks intercambian datos cósmicos. 
De tanto estudios que se han realizado, muchos estudiosos del tema afirman que se trata de una ciudad que sirve fundamentalmente para concretar una comunicación cósmica y contribuye al intercambio de sabiduría, por estas razones, la zona es considerada única en el planeta tierra ya que seria el primer epicentro energético cósmico comunicacional. ERKS significa: ENCUENTRO DE REMANENTES COSMICOS SIDERALES. 
Hay cientos de hipótesis tratando de explicar la razón de los fenómenos respecto de la ciudad ERKS y un “Bastón de Mando” o “Bastón del Mando”. Se hablo de que la estructura interna del cerro Uritorco, Cerro Macho o Cerro de los Loros, por contener elementos naturales (pirita, azufre y otros similares), es una fuente de abastecimiento extraterrestre, lo que llevo a pensar que la base de la montaña, en su interior, es una gran base construida por seres de otro planeta. 
Existen pruebas que en la década del 30, en las cercanías del Cerro Uritorco fue encontrado un elemento con forma de bastón. Este bastón es de piedra y recibió el nombre de “Bastón de Mando” o “Piedra que habla” 
La leyenda de este bastón se remonta, según los investigadores, a unos 8000 años, un jefe indio (cacique) llamado Voltán de la tribu de los Comechingones lo mando a construir y en este reside la forma mágica la gran sabiduría de la humanidad toda. Algunas mitologías muy antiguas de la India, Afganistán, Persia, Parir y el Tibet, extrañamente hablan de este hecho hace 7 u 8 mil años. 
Tales leyendas tomarían realismo en el siglo 12 con la aparición en Germania de un caballero que desempeñaba tareas en la corte Real Inglesa del Rey Arthur. Aparentemente, este hombre llamado Percifal, y trajo además una cruz de un templo y los depositó en las montañas denominadas de Viaravá en las llamadas Sierras Chicas de Córdoba. La leyenda está sostenida por un relato épico con escasa credibilidad histórica, pero en este caso, la existencia de una serie de textos aporta a este enigma, un carácter de realismo. Involucrando a las tierras de Argentina y fundamentalmente a Córdoba. Una de estas culturas indígenas fue llamada Ampajango con más de 10.000 años de antigüedad. 

Acerca del Bastón de Mando 
De acuerdo a datos encontrados en la Red, en 1948, el arqueólogo alemán Jorge von Hauenschild, estudioso de la tradición del Grial y el Bastón de Mando, examinó meticulosamente la pieza concluyendo que: -“El pulido es característico del período neolítico por lo cual se calcula su antigüedad en 8.000 años AC”. El Bastón tiene una longitud de 1,10 m., está trabajando de forma cónica, con 4 centímetros en su parte mas ancha en la base. El peso total es de cuatro kilos. Por estudios realizados con detectores electromagnéticos y espectrales, se comprobó que el mismo genera intensos campos electromagnéticos de origen desconocido. Se supone que estos campos podrían generar en alguien con ciertas condiciones energéticas específicas, una “conexión” parafisica con otras realidades o conocimientos extras. Otros opinan que este bastón es la “llave” para ingresar al Santo Grial, que no sería otra cosa más que un camino al conocimiento supremo y al cual se accederá únicamente teniendo el “Bastón de Mando”. 
“Únicamente es necesario tener fe para ver los que otros no pueden apreciar y poseer un tacto espiritual para tocar lo que otros no pueden palpar”. 

Los Terrones 
Entre los peñascos, vemos uno que es llamado por los lugareños como el Terrón Hablador. 
Así se lo denomina por la claridad con que repite -en eco- la palabra de sus visitantes. Los lugareños saben la historia triste de este Terrón hablador. 
Cuando los descendientes de Don Bartolomé Jaime, lugarteniente de Jerónimo Luis de Cabrera-fundador de Córdoba- estaba poblando esas comarcas, un criollo pobre pero muy trabajador, a quien la leyenda le llamó Eudoxio, se enamoró locamente de una china, trenzada y cariñosa: La Clemira. Juntos edificaron el rancho y lo rodearon de un corral de chivos, alguna vaca y caballada como para arar en el valle y sembrar el maíz de su mazamorra. Pero al tiempo, la Clemira, que resulto ser ligera como galgo y demasiado querendona, se le fugó con el Criaco, gaucho compadrito y vago, pero guitarrero, famoso por ladrón de chinas ajenas. Herido en su corazón de gaucho bueno, Eudosio, lloró a su prenda perdida y la busco por cerro y valles. 
A los años, flaca, clinuda y con mucha hacienda, pero toda sobre su cuerpo, volvió la Clemira; había sido reemplazada por el ladino ladrón, así como ella en su época reemplazó a otra. Estaba Eudoxio leñando en el monte unos quebrachos para subsistir sin tanto hambre –aunque todavía con dolor- al verla, su amor de antes se le transformó en sangre y brotó por sus ojos negros. 
Su cruza de quietud española y sabiduría india, de nada le sirvieron, y, de un golpe de hacha, partió el cráneo de la china. Atormentado por los demonios que entraron a poseerlo, enfiló para los montes y llegado a Los Terrones se sentó a llorar su desventura. Su pecho, sin él quererlo, empezó a gritar el nombre de su china amada y sentía que alguien le contestaba. Pero su mente atormentada, no sólo oía el eco -que de eso se trataba su audición- sino que también oía voces de llanto de la muerta. Ciego de miedo y dolor se paró sobre sus piernas temblorosas y quiso el destino, o el demonio que lo poseía, que la greda cediera bajo su peso y cayese entreverado con su tierra querida al vacío. Allí quedó en el fondo de una vertiente, hoy hecha arroyo, y su sangre fue abono para plantas que desde ese momento curarían los males físicos y de amor de los vecinos de la comarca. 

Ongamira 
A principios de siglo, paseó su desgarbada y mal vestida osamenta, un gaucho, muy rico por herencia en dinero y por experiencia en sabiduría. Anfitrión de muchos artistas argentinos que conocieron y gozaron de su hospitalidad en su tapera. Un hombre que a decir de los pocos que lo conocieron y que aún viven, sólo cambiaba su ropa, cuando estas se le caían de a pedazos. Este gaucho era Don Samuel Córdoba. Su tapera sirvió de recepción a artistas como Mecha Ötiz, Atahualpa Yupanqui y a personajes relevantes de la historia de Córdoba, como Don Deodoro Roca. Todos ellos saborearon sus famosos asados con cuero. Pero el gaucho Don Samuel Córdoba, no dormía en su tapera, sino que lo hacia donde lo sorprendiera la noche; y como sus dominios eran inmensos, la más de las veces lo sorprendía al sereno y hacia su cama con el inseparable apero, un cuero de oveja mal oliente por haberlo curtido el, si saber hacerlo, pues hasta las patas le había dejado y su perro con mas garrapatas de dientes. 

El Zapato “Cada trece lunas… en El Zapato” 
Hace cientos de años, los aborígenes, pobladores de la zona, se reunían en el lugar. Cuenta la leyenda que cada trece lunas -un año de nuestro calendario- en la zona al abrigo del “Zapato”, se reunían los caciques, hechiceros, curanderos y jefes guerreros de todas las tribus para meditar y deliberar. Mientras los hechiceros pedían amparo y sabiduría al Zapato; los caciques se reunían rodeando una mesa, que la naturaleza les había colocado a quinientos metros de esta joya de arquitectura natural, que es la mole del Zapato. Sobre uno de los muros naturales del cañón del Río Dolores, lugar elegido para la construcción del Dique El Cajón, más exactamente sobre la barranca del lado oeste, existe una piedra que adopta la forma de una mesa de tres patas. Esta seria la mesa deliberativa de la reunión de caciques de las tribus Comechingones cada trece lunas. 
Mientras sus hechiceros, magos y curanderos, pedían también reunidos al pie del Zapato, sabiduría y visión para seguir guando a sus tribus. 

Águila Blanca 
Aquí termino sus días el Gaucho Barce, fugitivo de la Justicia por varios años. 
Por cuestiones de “miedo reciproco”, según cuanta don Firulete, se cimentó un profundo odio entre el prófugo de la Justicia y quien la esgrimía en ese momento, “el Alcalde” del pueblo, un tal don Juan Manuel Olmos, hombre influyente, rico, justo y leal, muy apreciado por sus dones. 
Ambos sabían que eran contadas las horas que restaban para un definitivo enfrentamiento con mal fin. 
Una fría y oscura noche de Agosto, el pendenciero quiso madrugar. Armado con un trabuco naranjero y el infaltable facón al cinto, montado en un overo -que era una pinturita-, el gaucho Barce se llego hasta la casa de Don Juan Manuel, ubicada en Corral Viejo, hoy Águila Blanca. 
El dueño de casa recién terminaba de cenar y aun estaba en la mesa cuando irrumpió el gaucho Barce, trabuco en mano; asesto el arma sobre el pecho del azorado don Juan Manuel, tomándolo indefenso.-“vengo a verte, así no me seguís buscando”. Milagrosamente, el gatillo celoso y el índice tembloroso hicieron que el tiro se desviara y fuera a impactar en una imagen de San Antonio que estaba sobre una repisa. Ni lerdo ni perezoso, don Olmos, manoteó el machete y de un solo golpe cercenó la mano del agresor. –“Estoy rendido, no me mates…”, gritaba el gaucho Barce. Pero el fin era inevitable. Desde la cocina, la esposa del Alcalde, disparo sobre el maleante y termino con su vida. 
Lo importante, que don Juan Manuel Olmos, agradecido por vida de San Antonio, fue uno de los que ayudo a construir la nueva Capilla donde hoy se rinde culto al Santo Patrono.. 

Río Dolores 
Por las márgenes de este río paseó su figura de gaucho vago y ventajero a mediados del siglo pasado, Don Ceferino Quevedo, el tío Severo, para muchos de sus parientes que aun viven, allá por los altos. 
El tío Severo, gaucho mentiroso y embaucador, anduvo cosechando oro extraído por manos ajenas, mas trabajadoras que el. Juntó muy pocas pepitas y más piedras en una alforja y salió a realizar algún cuento del tío por las estancias vecinas. Hasta se afeitó esa vez su dura y poco espesa barba de charlatán 
Llego con su mulo y su alforja a un campo de gente rica y trabajadora. Con cara de comerciantes acaudalado, palabra amena y como si supiera, quiso comprar cien vacunos al dueño. Decía que tenía pensado echar mil a su campo. Confiado el hacendado encerró los 100 vacunos en un corral. 
El tío Severo le preguntó si sabia de algún otro ganadero que tuviese hacienda de primera para ir a comprarle más. Informole que a diez leguas estaba un amigo de él que tenía lo que buscaba. Entonces el tío Severo ofreció al hacendado dejar la hacienda cuatro o cinco días y le pidió efectivo en préstamo, pues no lo llevaba encima. Le dejaría en garantía la alforja llena de pepitas de oro del río Dolores y además parte de las monedas de oro del tesoro que el con un amigo habían descubierto, y, que en la época se comentaba que los Jesuitas habían escondido al ser echados del país. 
Palpó el hacendado el peso de la alforja y creyendo en la seriedad del comprador, entregó una fuerte suma, aceptando quedarse en garantía con la alforja. 
A los diez días, y como el tío Severo no volvía, dio parte a la policía para abrir la alforja con el oro, pues no quería demostrar estar aprovechándose. 
Cual no seria el disgusto cuando constató que en la alforja había solo piedras y tejuelas juntadas a la orilla del río dolores, y que sus pesos fuertes habían volado con el tío Severo, que le había hecho “El Cuanto del Tío”. 

Leyenda de los Molles “árboles sagrados” 
Cuenta la leyenda que había un cacique llamado Alimin, enamorado de la india Miskhi. A la llegada de los españoles, un oficial, Rodrigo de Soria, quiso raptar a la joven india. Los aborígenes enamorados huyen internándose en los bosques de Molles y viéndose rodeados por los perseguidores, se matan. De allí en más los molles, árboles sagrados de nuestra región flechan a los que buscan su sombra vengando así la muerte de los enamorados. 

Huertas Malas 
Detrás del Uritorco, y en un inmenso embudo entre cerros; tierra de una vegetación exuberante. 
Duraznillos florecidos en primavera, dan calidez al paisaje serrano. Su vegetación, vertientes y cuevas al pie del Cerro Macho, dan lugar a, pensar que en otras épocas sus pobladores vivían en el lugar como en el paraíso terrenal. La llamada “Cuevas de los Vientos”, curiosamente enclavada al pie del Cerro, produce una corriente de aire que con su fuerza no deja crecer malezas a su entrada. Plagada de víboras, -no todas venenosas- y pájaros; en días de verano sin brisa, la corriente de aire que expele produce un bramido, que en la noche, ante el silencio de la oscuridad, parece la boca del Uritorco que suspirase. Es el “bramido” del cerro, que a veces impresiona. 
Mas abajo, otra cueva; sus paredes son de un brillante gris acerado y se la conoce como “La cueva de la Plata”. 
Los paisanos de la zona, cuentan que sus abuelos, hablaban de un hombre, que bajaba de los Altos y vendía frutas secas a los vecinos del pueblo. Pedía en cambio ropas viejas y algún trozo de tocino o grasa. 
Era un hombre alto, muy rubio, de espesa y larga barba y cabello; ojos azules, buen mozo. Vestía pantalones ajustados, chaquetilla larga y calzaba con cuero de guanaco que cazaba en el lugar. Lo llamaban “El Ermitaño de la Huertas Malas”, y era amigo de las víboras, de los pájaros y de los pumas. 
Las frutas las cosechaba de plantas que el mismo había sembrado; y no son otras que los duraznillos e higueras, que hoy creemos salvajes y que en el lugar abundan. 
Vivía en una casa hecha contra la piedra, al pie del Úritorco. El mismo la fabricó con tino de arquitecto y todavía mantiene sus muros. Se alimentaba de yuyos, frutos y carne de animales salvaje que cazaba con trampas que el mismo fabricaba. 
Hacia 1870, dejó de bajar al pueblo; y dicen que fue asesinado por ladrones que lo creían rico en plata y oro, que suponían el había encontrado en la zona. Lo cierto es que los huesos no pudieron encontrarse. 
Los menos jóvenes del pueblo, dicen que “El Ermitaño de las Huertas Malas”, era un capitán Español, que lucho en la batalla de Tucumán, y que, en desbande y mal herido, perdió contacto con los suyos que huian hacia Salta y enfiló hacia el Sur. Así llego a las Huertas Malas y se afincó en el lugar hasta el día que lo mataron. Su acento muy castizo, que desentonaba con el serrano de los lugareños; su forma de vestir y su palabra década de costumbrismo español, pueden hacer verdad la leyenda que tras este personaje se ha creado. 


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