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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

El 11 y la Excepciòn por Jose Alvarez Lopez

Publicado en 6 Noviembre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Prof Alvarez Lopez

EL “ONCE Y LA EXCEPCIÓN” 

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por José Alvarez López

 

 

La Cábala trasunta conocimientos científicos a los cuales no ha accedido aún nuestra civilización moderna. 

 

Se puede además observar un notable paralelismo entre las proposiciones de la reciente física nuclear y los aforismos cabalísticos que Bertrand Russell calificó de “pitagóricos”. Entre estas proposiciones una de las más extrañas y también más difundida es la cábala del “Once y la Excepción”. No la explicaremos con palabras sino que daremos ejemplos que el lector sabrá interpretar. 

 

Lo más próximo a nosotros, indudablemente, es el caso de la “Ultima Cena” de Cristo, en donde había Once apóstoles, con la “excepción” que, cualquiera adivina, era Judas. 

 

Otro caso de total paralelismo cabalístico con éste, es el de la “Ultima Cena” de Sócrates (Simposium) en donde había Once discípulos varones, y la “excepción” era la única mujer : Diótima, la sacerdotisa de Mantinea. 

 

Tenemos una situación similar –repetida dos veces– en el caso de las Doce Tribus de los hijos de Israel que evidencia un esfuerzo bíblico por ajustarse a esta cábala. En efecto, leemos en la Biblia que los hijos de Jacob eran once varones y una niña llamada Dina. Pero Dina fue raptada por lo que, tiempo después, aparece, como descolgado, Benjamín, que es ahora la “excepción” frente a la mayor edad de sus hermanos. 

 

Pero la Biblia insiste en este juego pues, cuando el reparto de Tierras, la “excepción” la constituye la tribu de Leví. Tribu a la que el testamento de Jacob y luego el de Moisés, no darán tierras, aduciendo que los levitas son sacerdotes. Para cumplimentar la división de Judea en doce partes se divide en dos la descendencia de José (quien fuera visir de Egipto) formándose así las tribus de Manasés y Efrahim, que son en realidad una sola. 

 

Respecto a los dioses griegos prefiero citar literalmente a Platón en este pasaje del Fedro, completando así el párrafo anteriormente citado : 

 

“El Señor Omnipotente que está en los cielos, Zeus, se adelanta el primero, conduciendo su carro alado ordenando y vigilándolo todo. El ejército de los dioses y los demonios le sigue, dividido en once tribus; porque de las doce divinidades supremas sólo la pequeña Vesta queda en la residencia celeste; las once restantes, en el orden en que les está prescripto, conduce cada una la tribu que preside. ¡Qué encantador espectáculo nos ofrece la inmensidad del cielo cuando los inmortales bienaventurados realizan sus revoluciones llenando cada uno las funciones que les están encomendadas.” 

 

El lector adivinará fácilmente quienes son los Once dioses y quién la pequeña excepción... 

 

Respecto a los Doce Incas, Garcilazo de la Vega recuerda que en el templo de oro del Sol –en el Cuzco– sentados en sus sillas de oro sobre tablones de oro, mirando al público, estaban Once Incas, tan bien embalsamados que los españoles creyeron se trataba de una reunión de funcionarios. 

 

La excepción era Huayna Cápac, que estaba igualmente sentado en su silla de oro sobre su tablón de oro, pero mirando al Círculo de Oro del Sol, dando la espalda a los asistentes. 

 

Entre los celtas el concejo de la Mesa Redonda presidida por el rey Arturo (o Astur) está formada por doce caballeros donde la excepción es protagonizada por Lanzarote del Lago (o Lancelot) quien se aparta de Arturo luego de conquistar a su mujer, la reina Ginebra. 

 

En la lista de piedras preciosas del Apocalipsis hay Once planetas y la excepción, la Luna. Una prueba innegable del nivel de conocimiento que tuvieron los astrónomos de la Antigüedad es precisamente el orden en que están colocadas las piedras preciosas del Apocalipsis. 

 

En efecto la primera piedra es jaspe o sea una piedra amarilla opaca que corresponde a Mercurio. La segunda zafiro que corresponde a Venus que vemos como un hermoso zafiro en los atardeceres. El tercer cuerpo celeste que hay en el cielo viniendo del Sol es la Luna y la piedra que le corresponde es la calcedonia que, en efecto, es una piedra blanca lechosa y ,curiosamente, con agua ocluida, lo cual es también una nota lunar. El cuarto lugar, por supuesto, corresponde a la Tierra que vista desde el cielo es un planeta verde azulado y la piedra, como corresponde, es la esmeralda. 

 

Aquí termina el versículo 19 y comienza el 20 anotando ahora, la piedras correspondientes a los Planetas Exteriores : sardónice, sardio, crisólito, berilo, topacio, crisopraso, jacinto, amatista. 

 

La coloración de esta lista de piedras preciosas es, sucesivamente, rojo con vetas, anaranjado, amarillo, amarillo verdoso, verde, azul y violeta. Vale decir los colores del Espectro Solar descubiertos por Newton en el siglo XVII. O sea que los planetas exteriores forman un hermoso Arco Iris en el cielo. 

 

Nuestro almanaque –confeccionado sin lugar a dudas por astrólogos– también tiene Once meses y una excepción que todo el mundo conoce sin prestarle atención. 

 

Lógicamente, se puede pensar que el hecho de que Febrero sea distinto de los otros once meses, es una simple coincidencia. En esa cómoda postura de explicarlo todo por la vía más fácil también cabe pensar que la división de nuestro almanaque en tres estaciones de cuatro meses (un remanente de la división trinitaria del almanaque del Antiguo Egipto) es también una simple coincidencia... Me estoy refiriendo a la conocida división del nombre de los meses en 4 meses con R, 4 meses sin R y 4 meses numerados. 

 

Quiero considerar, vinculado con todo esto, la profecía del Apocalipsis de que cuando sobrevenga la Paz Mundial, y se instaure la Capital del Mundo en la Nueva Jerusalem, como una garantía de Paz Eterna se dará a los planetas los nombres de los “Doce Apóstoles del Cordero” y a los meses del año los nombres de las “Doce Tribus de los Hijos de Israel”. 

 

¿Podemos adivinar algunos nombres? La Tierra –sin lugar a dudas– será “PEDRO”. La Luna –la excepción– será “JUDAS”. Venus –casi seguro– “JUAN”. ¿Y los meses? Se me ocurre “BENJAMÍN” para Febrero... 

 

Todas las sociedades secretas conocieron y conocen estos secretos de la cabalística. Una prueba gráfica la encontramos en el respaldo de oro y piedras preciosas del trono de Akhenatón (XVIII Dinastía, Egipto) hallada en la tumba de su hijo Tutankhamón que aquí reproducimos y en donde el lector con suficiente habilidad cabalística descubrirá los Once planetas en la corona de Akhenatón y la “excepción” en la Luna, representada por la cofia real que luce Nefertiti. Para entretenimiento de los aficionados a la cábala aparecen a un costado adornos circulares en los cuales se podrá contar cinco veces treinta y tres esferitas... 

 

 

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