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El blog de JULIO

Blog de Difusion de La Obra Profetica de Benjamin Solari Parravicini y Otros Profetas

Apertura Alquimica por Jose Alvarez Lopez

Publicado en 28 Octubre 2011 por EL BLOG DE JULIO (La Biblia y B.S.Parravicini) in Prof Alvarez Lopez

APERTURA ALQUÍMICA 

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por José Alvarez López 

 

 

La ciencia puede decir muy poco con respecto al rejuvenecimiento de los Faraones egipcios, tal como se asegura en los textos jeroglíficos. Pero si vamos a hablar de rejuvenecimiento tenemos antiguas tradiciones que se han ocupado, y mucho, del asunto. Por ejemplo ¿quién no ha oído hablar del explorador español Ponce de León que transitó toda la península de La Florida buscando la “Fuente de Juvencia”? O sea la Fuente de la Juventud. En cuyo honor lleva su nombre una de las más bellas avenidas de Miami. Numerosas fuentes de agua son señaladas en esta península casi acuática, de un líquido elemento excelente, como probables fuentes de juventud, que recogen habitantes y turistas. 

 

Se sabe que lo único que sacó en limpio el explorador de La Florida fue un gran conocimiento de su geografía y una gran depuración sanguínea por la ingestión de agua. El era un explorador y no un conquistador. Este antiguo territorio español (donde se habla un muy buen castellano) es considerado de un clima benéfico y terapéutico para múltiples enfermedades actuales. Y la ingestión de agua del lugar, continúa siendo una convicción entre la gente moderna. 

 

Mucho más frecuente y extendido que el caso de Ponce de León es la preocupación a todo lo largo del Medioevo de encontrar la “Piedra Filosofal” o la “Piedra de Proyección” como también se la llamaba, cuya posesión aseguraba, según decían, la transformación del mercurio en oro y la formación del “Elixir” o sea el agua de la juventud. Quienes tomaban el agua sobre la que se había proyectado la piedra filosofal, curaban sus dolencias y reconstruían su juventud. Alquimistas que se habían vuelto viejos en la búsqueda de la “Piedra” persistían hasta el último aliento en su investigación, como única esperanza de retornar a la ansiada edad. 

 

Pero si bien nuestra biología actual no puede decirnos nada sobre la Fuente de Juvencia, el Elixir ni sobre las Pirámides rejuvenecedoras, puede permitirnos importante profundización en el problema del envejecimiento que hoy preocupa a la gerontología. 

 

Encarando el problema en su máxima generalidad, podemos decir, con Schrödinger, que el envejecimiento es el aumento de entropía inevitable para todo sistema termodinámico es el aumento de entropía inevitable para todo sistema termodinámico aislado. En términos menos técnicos, lo que Schrödinger dijo es que es inevitable que en el proceso de la vida se vayan deteriorando los tejidos, sin posibilidad de reconstitución total. Lo importante de la expresión de Schrödinger es que invoca el “Principio de Clausius” o “Principio de Entropía” que como saben todos los químicos, físicos e ingenieros se enuncia diciendo: 

 

“En todo sistema termodinámico la entropía siempre aumenta”. 

 

Lo notable, y que llamaba la atención de Schrödinger y de Palacios, es que en los organismos vivientes se da la posibilidad de una disminución de entropía. Sin entrar en tecnicismos, podríamos decir que la vida es la negación del principio de Clausius. Todavía en otros términos, podríamos concluir que el rejuvenecimiento de un objeto vital (un ser viviente) es posible siempre que se logre disminuir la entropía. 

 

Como un caso importante de los fenómenos que produce el aumento de entropía en los sistemas físico-químicos tenemos la precipitación de los coloides. Un coloide es algo que todo el mundo conoce aunque no le presta atención. Un coloide, o con más propiedad, un líquido coloidal, por ejemplo, es la leche. Otro ejemplo es el agua turbia. La tierra en suspensión en el agua es un auténtico coloide que Obras Sanitarias precipita con sulfato de Aluminio proveyéndonos de esta manera el agua clara de nuestras ciudades. El agua clara de Buenos Aires y Montevideo proviene del agua turbia del Río de la Plata mediante la precipitación del coloide que la obscurecía. 

 

De todo esto quiero sacar una sola conclusión. La precipitación de los coloides se produce por un aumento de entropía. La conclusión subsiguiente que quiero presentar es la opuesta y muy simple. Para solubilizar el coloide hay que disminuir la entropía. Pero como hemos dicho que lo fácil o inevitable es el aumento de entropía, una vez precipitado el coloide es sumamente difícil volverlo a “coloidar” o liofilizar. 

 

La conexión que todo esto tiene con el problema que abordamos es que el envejecimiento es debido, principalmente, a la precipitación de los coloides que constituyen el protoplasma celular. A medida que progresa la edad los coloides van precipitando y disminuye el contenido de agua del organismo cuyos tejidos se espesan progresivamente. Si consiguiéramos un recurso para volver al estado coloidal los precipitados celulares tendríamos un seguro método de rejuvenecimiento. Pero nuestra ciencia conoce muchos medios para precipitar coloide y muy pocos o ninguno para regenerarlo. 

 

Habíamos visto hace un momento que para precipitar la tierra del agua bastaba con echarle un poco de sulfato de aluminio que es, dijimos, lo que hacen los purificadores de agua, inclusive, nosotros mismos cuando en verano aclaramos el agua de nuestras piletas de natación. Los clarificadores están constituidos básicamente por sulfato de aluminio. 

 

Pero si tenemos un coloide precipitado, por ejemplo, la caseína precipitada que llamamos queso, va a ser bastante difícil volverlo a transformarlo en leche (caseína coloidal). Así, pues, para prolongar la vida de un coloide tenemos muy pocos métodos a nuestra disposición salvo el —muy poco conocido por los químicos— recurso de adicionarle un “coloide protector”. Cuando un químico prepara una solución de oro coloidal, por ejemplo, para evitar que precipite —que es lo muy probable— le agrega una gota de goma arábiga y el coloide puede así durar mucho tiempo en suspensión. 

 

Pero fuera de este recurso y la acción un tanto ambigua y débil de las ondas electromagnéticas de cierta frecuencia, y de algunas frecuencias de supersonido, nuestra ciencia desconoce métodos de protección coloidal que podrían ser empleados para la prolongación de la vida. Sin entrar en el dorado sueño del rejuvenecimiento creemos que si nuestra ciencia lograra, por lo menos, prolongar nuestra juventud ya podríamos considerarnos satisfechos. 

 

Pero tales posibilidades no están al alcance de nuestros recursos químicos, físicos y físico-químicos que nuestra ciencia posee. Por ello la idea de que las pirámides puedan rejuvenecer a un individuo es exótica a nuestro conocimiento científico desde el momento que ni siquiera se puede admitir a una pirámide prolongar su duración. 

 

E ahí que el problema planteado por las ceremonias piramidales del Heb-Sed deba ser rechazado por la ciencia, desde su propio planteo, en sentido de rejuvenecimiento real. 

 

 

 

 

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